En Deprisa Jorie Graham explora qué significa vivir y morir en el siglo XXI, ahora que la tecnología y la crisis medioambiental han transformado nuestra existencia. Al mismo tiempo que realiza una conmovedora elegía por sus padres e indaga en su propia finitud como individuo, Jorie Graham radiografía los sueños de la posthumanidad: la hibridez entre el hombre y la máquina, la proliferación de la inteligencia artificial, la metamorfosis de las emociones y de la conciencia a través de rutinas médicas e informáticas, la necesidad de redefinir la empatía y el contacto.
«… Mientras muere solo las manos de madre siguen sin morir, cortando el aire…» JG
«Cenizas»
Maniatada a una tromba. Pedí a las plantas que me dieran mi pequeña identidad. No, a los planetas. Los que giran en arco, las flameantes entrañas de sus órbitas, y un gusano en una hoja, moho, campanas, una pérgola—todo mutando—desplegándose—vaciándose en un poco más de vida célula tras célula en el viento como este sonido de garabatear en papel. Creo que estoy cayendo. Recuerdo la tierra. La marga se asienta silenciosa, debajo de mí, esperando a hacer de nosotros lo que pueda, incluso humo, esperando a convertirse en un nuevo lugar de origen, el otro fantasmal, trabado de entrada, más entrada aún—me pasé la vida entrando—la cuestión del lugar pendiendo sobre mí año tras año—yo desapareciendo pero casi aquí en espíritu, aún, muy dentro, muy atrás, detrás, sabiendo que el insecto, el ave, el pez—no son allí sino víctimas— que podría volverme cristal—que después nos volveríamos deshielo—la morrena revelando agropiros, gramíneas, una prehistórica caricia materna congelada—o un dedo a punto de tocar una tranquila piel, de recorrer su polvo, la uña inquietando el filo del aire, rastreando su absurdo y perpetuamente imaginado final—saltando—aterrizando al tacto. Una mano. Sobre quién. Un surco recorrido donde un dios muere. Y sedoso antes de amoratado. Un universo puede morir. Lo que siempre podíamos tener, o ser un cuerpo. Luego agarrado por la cabellera e incrustado a presión en la existencia. Una. Ahora intenta escuchar los pinos, la floración, su destello, la salvaje tos del mar, meandro de cada río, torbellino de meandros—escucha—oye todas las pieles en maraña, incesantes—oye una piel que se cierra aprisionando lo que ya dejó de estar ausente. Aquí estás dice una voz en la luz, la luz atrapada. Sé feliz.
Jorie Graham
«Deprisa», 2017 Traducción y prólogo de Rubén Martín y Antonio F. Rodríguez Bartleby Editores, 2020
Manacled to a whelm. Asked the plants to give me my small identity. No, the planets. The arcing runners, their orbit entrails waving, and a worm on a leaf, mold, bells, a bower—everything transitioning—unfolding—emptying into a bit more life cell by cell in wind like this sound of scribbling on paper. I think I am falling. I remember the earth. Loam sits quietly, beneath me, waiting to make of us what it can, also smoke, waiting to become a new place of origin, the other one phantasmal, trammeled with entry, ever more entry—I spent a lifetime entering—the question of place hanging over me year after year—me thinning but almost still here in spirit, far in, far back, behind, privy to insect, bird, fish—are there nothing but victims— that I could become glass—that after that we would become glacial melt—moraine revealing wheatgrass, knotgrass, a prehistoric frozen mother’s caress—or a finger about to touch a quiet skin, to run along its dust, a fingernail worrying the edge of air, trawling its antic perpetually imagined end—leaping—landing at touch. A hand. On whom. A groove traversed where a god dies. And silken before bruised. A universe can die. That we could ever have, or be one body. Then picked up by the long hair and dragged down through shaft into being. One. Now listen for the pines, the bloom, its glittering, the wild hacking of sea, bend in each stream, eddy of bend—listen—hear all skins raveling, unending—hear one skin clamp down upon what now is no longer missing. Here you are says a voice in the light, the trapped light. Be happy.
Jorie Graham, «Fast», 2017.
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Jorie Graham nació en Nueva York, el 9 de Mayo de 1950. Es de los poetas más famosos e importantes de la generación de la postguerra americana. Se crió en Roma, y estudió filosofía en la Sorbona, aunque sería expulsada por participar en protestas estudiantiles. Completó sus estudios universitarios en la Universidad de Nueva York. Reemplazó al poeta Seamus Heaney como profesor Boylston en Harvard , convirtiéndose en la primera mujer en ser nombrada para este cargo. Fue galardonada con el Premio Pulitzer de Poesía en 1996, por su libro «The Dream of the Unified Field» – Selected Poems 1974-1994. Fue canciller de la Academia de Poetas Americanos de 1997 a 2003.
El botánico Francis Hallé cree que ha llegado el momento de reconocernos como otra más de las especies que habitan el planeta. Su libro ‘La vida de los árboles’ sostiene que. como depuradoras de aire, son herramientas de futuro con un pasado arraigado
Ilustración de Francis Hallé para un taller en la Fundación Cartier de París.
“Solo me dedico a plantar árboles: sé que soy demasiado viejo y que no disfrutaré de sus frutos ni de su sombra, pero no veo una manera mejor de ocuparme del porvenir”. Jean Giono escribió esto en El hombre que plantaba árboles (1953).
Lo único que pide un árbol es que se le deje en paz. Discretos, totalmente pacíficos y extraordinariamente autónomos, los árboles son muy útiles para los humanos. Por eso el biólogo y botánico Francis Hallé (82 años) lleva media vida tratando de demostrarlo con libros y conferencias. La que dio en 2011, La vida de los árboles (Gustavo Gili), acaba de ser traducida por Cristina Zelich. En ella parte de que el 90% de la biomasa, es decir, el peso acumulado de todo lo que está vivo, está compuesto de árboles. Para afirmar que si eres comerciante, pescador, músico, arzobispo o médico, tarde o temprano tendrás la impresión de estar perdiendo el tiempo. Solo existe una excepción: si plantas árboles seguro que lo que haces está bien.
Hallé deja claro que no todo el mundo valora igual la importancia de los árboles. Cuenta que en Esperando a Godot (1952) Samuel Beckett hace decir a Estragón, uno de sus personajes: “el árbol no sirve para nada, solo puede servir para que uno se ahorque”. Y recuerda que, siendo presidente de Estados Unidos, cuando Ronald Reagan fue a visitar las secuoyas de California, la visita fue breve: “vista una, vistas todas”, dijo.
Él remite al ensayista y poeta Francis Ponge para establecer que “los animales equivalen a lo oral y las plantas a lo escrito”. Por eso cita una frase certera de Valéry, “el árbol deja ver su tiempo”, escrita en el Diálogo del árbol. Para Hallé, un árbol es “el tiempo hecho visible”.
Algunos árboles son potencialmente inmortales. El Pinus Longaeva, californiano, tiene 5.000 años. Germinaron cuando los faraones egipcios construían las pirámides. Aunque Hallé señala que el más antiguo actualmente es un acebo real que está en Tasmania y data del Pleistoceno, la era geológica anterior a la actual: tiene 43.000 años. Está convencido de que se encontrarán más antiguos.
Nelson Mandela pasó 27 años encarcelado en la isla de Robben, frente a la Ciudad del Cabo. Siempre contó que logró sobrevivir gracias a los bidones donde cultivaba plantas. Comenzó sembrando para sus compañeros de celda. Luego pasó a hacerlo para todos los prisioneros. Terminó plantando para toda la isla de Robben. También árboles frutales. “Estoy en prisión, pero mis plantas son libres”, dijo. Y Hallé recuerda que “los árboles necesitan muy poco y logran mucho”. No solo frenan el viento, también dan sombra y frutos, protegen las cosechas, vallan sin separar, también son fundamentales para terminar con la polución. Consumen CO2. Un árbol es una depuradora de aire. También parece un salvoconducto frente al cambio climático, basta con unas hectáreas de bosque para que llueva.
Tenemos 26.000 genes. Nacemos y morimos con ellos. Pero algunos se desactivan con el paso de los años. El arroz tiene muchos más genes que nosotros porque esta más evolucionado. El genetista Axel Kahn explica por qué: “Intentad pasar el invierno con los pies metidos en agua fría, alimentándoos exclusivamente de un sol pálido de dióxido de carbono. Nuestro genoma es demasiado pequeño para alcanzar ese tipo de rendimiento. Las plantas son mucho más resistentes que nosotros porque tienen muchos más genes. “Han ido más lejos en su dirección que nosotros en la nuestra”, añade Hallé.
Ilustración de Francis Hallé para ‘The Atlas of poetic botany’. MIT PRESS
El libro es en realidad una conferencia que el botánico y biólogo dio hace una década e incluye las preguntas del público y las respuestas del conferenciante. En él habla de la comunicación entre los árboles, algo que hacía reír al mundo hasta que en 1990, en la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica, Wouter Van Hoven demostró que las acacias caffra se comunicaban para evitar ser devoradas por los antílopes Kudús. Lo hacían cambiando la bioquímica de sus hojas, volviéndose tóxicas y poniéndose a favor del viento. No son las raíces la vía de comunicación de los árboles, son sus hojas que, en un tamaño diminuto, también se encuentran en las raíces.
Los árboles son testigos del tiempo. Y el tiempo ha enseñado a acompañarlos, a tratarlos y a aprovecharlos. Hallé explica por qué en Suiza una casa hecha de madera puede durar cientos de años y por qué pueden existir hasta chimeneas de madera: “Hay que cortar la leña para la calefacción en la fase creciente y la madera para los edificios en la decreciente”. En pleno invierno, cuando la luna es invisible, es cuando los leñadores que trabajan para hacer Stradivarius talan sus árboles.
Buda Gautama supo ver la generosidad de los árboles: “Tan generosos que ofrecen su sombra a quienes van a cortarlo”. Y Hallé lo cuenta en su libro. Al diferencia de Mandela, él no ha vivido nunca en la cárcel, pero durante la ocupación alemana vivió con su familia (de nueve personas) en un terreno que no medía ni una hectárea. Su padre, que era agrónomo, cultivó plantas para todos, incluso para sus vecinos. Desde entonces, desde su infancia, para Hallé los árboles son el lugar donde sacar frutos y leña. “Son la solución. Siempre lo serán”.
Preparación del Sabat de las brujas. DAVID TENIERS II
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Rescatadas como icono de las reivindicaciones feministas o como filón comercial de la cultura popular, las hechiceras han regresado y se prodigan en libros, revistas, películas y series de televisión.
Alba E. Nivas – 29/01/2020
Soy una bruja. En este momento puedo escuchar el peso de la carga semántica cayendo en el cerebro del lector. Percibo su agitación momentánea. Adivino las fugaces conjeturas que resolverá antes de seguir leyendo el artículo: es una broma / una provocación / una majadería.
Bruja. Pocas palabras designan una realidad tan elástica, inaprehensible y ambigua. Pocas excitan la imaginación de manera tan poderosa y subjetiva. En cada persona el término parece activar una peculiar alquimia de fantasías, deseos y temores infantiles bullendo en el caldo del imaginario colectivo. Ambiguo como pocos, el arquetipo de la bruja suscita una clara división entre los géneros. Por contraste con la hechicera estilo Circe bajo cuyos encantadores filtros pueden acabar convertidos en cerdos amnésicos, para los hombres heterosexuales la bruja es una vaga encarnación de la madre malvada, la mujer cruel, el poder manipulador, la furia y la impredecibilidad femeninas. Las mujeres por su parte, ante la disyuntiva entre la candorosa princesa que, con un simple bocado de la jugosa manzana, se duerme a la espera del príncipe destinado, se decantan mayoritariamente por la bruja, símbolo de potencia y sabiduría clandestina, una llamada a la subversión y la liberación del patriarcado.
Por suerte, los tiempos han cambiado. Las brujas regresan. Rescatadas como icono de las reivindicaciones feministas o como filón comercial de la cultura popular o el crecimiento personal, las brujas se prodigan en libros, revistas, películas y series de televisión; su estética se divulga en cuentas de Instagram y tiendas online de artilugios y productos mágicos… ¿Casualidad? ¿Una moda cualquiera? ¿Por qué justo ahora?
Reinvindicarme bruja es una manera de apropiarme del viejo estigma y enarbolarlo en defensa de otra manera de aprehender y vivir la realidad
Vivimos tiempos sombríos. La década 2.0 se anuncia tensa. Los conflictos sociales estallan por todas partes. Es cada vez más evidente que el discurso neoliberal ha perdido legitimidad y se sostiene a costa de una ominosa represión policial. Difundida en tiempo real por las redes sociales, la violencia provoca consternación e indignación colectivas. Ante la cuestión ambiental, la brecha entre las generaciones se hace patente incluso en el seno de las familias. Pese a las armas de distracción masiva que saturan el espacio mental humano, los cuerpos se sienten amenazados por el cambio climático y la destrucción del mundo vivo. Presienten el peligro, sobre todo los más jóvenes. El enigma de lo que está por venir en las próximas décadas, la angustiosa imposibilidad de proyectarse en el futuro, la dificultad misma de enraizarse en un presente convulso y precario, acaso nos incitan a rescatar esa ignota figura femenina del granero de la historia. Quizá, inconscientemente, deseamos invocar el favor de las brujas y su trato privilegiado con una Naturaleza, cuyo implacable poder destructivo encoge secretamente el corazón seco de una sociedad envanecida.
Reinvindicarme bruja es una manera de apropiarme del viejo estigma y enarbolarlo en defensa de otra manera de aprehender y vivir la realidad. El mío no es un caso aislado. En Francia, país donde resido, las brujas salen a la luz sin complejos. Cometen fechorías de todo tipo: celebran rituales durante los equinoccios y los solsticios, militan por la justicia social y climática, pronuncian maleficios contra dirigentes políticos y entidades bancarias, escriben libros, crean piezas de teatro, ruedan documentales, películas. Incluso France Culture les dedica programas de vez en cuando. Tratándose de la cuna del racionalismo, el fenómeno puede sorprender, pero no es nuevo.
En 1975 se fundó la Revista Sorcières (‘Brujas’, subtitulada “Las mujeres viven”), un espacio de expresión literaria y artística para indagar sobre la particularidad de la creación femenina. Su manifiesto rezaba: “¿Por qué brujas ? Porque curaban. O envenenaban. Nada sobrenatural. Eran las curanderas y las sanadoras del pueblo. Eran las comadronas, quienes ayudaban a las mujeres a parir, a dar vida. También quienes las ayudaban a librarse de los embarazos no deseados. ¡Era demasiado! En el siglo XIV la Iglesia declara que si una mujer se atreve a curar, es una bruja y por lo tanto debe morir”. Fundada por la escritora y editora Xavière Gauthière, la revista se publicó durante ocho años. Entre sus colaboradoras figuran novelistas, poetas, académicas, psicoanalistas y artistas como Marguerite Duras, Hélène de Cixous, Julia Kristeva, Françoise Dolto, Leonor Fini, Chantal Chawaf, Michèle Perrot, por citar solo algunas.
Pocos años antes, en 1968, en Estados Unidos, nacía W.I.T.C.H. (Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno). Este colectivo de feminismo radical irrumpió en una escena contracultural e izquierdista ampliamente dominada por los hombres. Relegadas a papeles de espectadoras o taquígrafas en las asambleas, a estos les reprocharon su paternalismo y la repetición de los viejos esquemas machistas. El colectivo reivindicaba “un concepto total de identidad revolucionaria femenina”, considerándose “el brazo activista del Movimiento para la Liberación de las Mujeres, teniendo como principal objetivo la América financiera y corporativa, aquellas instituciones que tienen el poder de controlar y definir la vida humana”; “W.I.T.C.H. significa romper el concepto de mujer como criatura biológica y sexualmente definida”; “Implica la destrucción del fetichismo de la pasividad, el consumismo y la mercancía”. Se propuso ampliar los términos del debate feminista más allá de la cuestión económica o de clase, insistiendo en la concepción del patriarcado como superestructura cultural. Dentro de la izquierda, el debate sobre el machismo resultaba incómodo y áspero para muchos militantes, de tal suerte que su discurso fue infravalorado o ridiculizado, cuando no calificado de contrarrevolucionario. Ajenas a las críticas, autónomas e ingobernables, las integrantes de W.I.T.C.H. se lanzaron a la calle, que utilizaron como escenario de teatro guerrillero, conjuros y protestas. Su actividad fue original y frenética, con acciones tan espectaculares como boicotear una edición de Miss América o un acto de Playboy con la aparición de una militante que se paseó desnuda portando una bandeja con una cabeza de cerdo entre los asistentes. Su discurso, crudo y demoledor, se reclamaba heredero de la brujería, recuperaba un lenguaje místico y colocaba la filosofía oculta al servicio de la herejía feminista. Difundía la idea de que cualquier mujer podía ser una bruja con tan solo repetir tres veces “soy una bruja” (“Si eres una mujer y te atreves a mirar dentro de ti, eres una bruja. Crea tus propias normas”). Su análisis enfatizaba el “poder interior” y “la revolución desde dentro”, revelando que la rutina de la vida diaria debía ser el teatro de la lucha.
Esa misma idea de poder interior está presente en The Spiral Dance, obra acerca del culto a la Diosa publicada en 1979 por Starhawk. La autora norteamericana es una célebre bruja y activista ecologista y altermundialista cuya influencia ha sido decisiva en el resurgimiento de covens (grupos de brujas de la tradición Wicca) por todo el mundo. La inteligencia sensible, pragmática, lúcida y lúdica de Starhawk ha contribuido a desterrar prejuicios y malentendidos sobre los nexos entre espiritualidad y política. Recientemente traducidos y difundidos en Francia, sus libros inspiran por igual a brujas, activistas y teóricas del ecofeminismo.
Publicada en pleno franquismo, en España ocupa un lugar destacado la obra de Julio Caro Baroja Las brujas y su mundo. De un rigor, apertura de miras y honestidad intelectual fuera de lo común, su estudio antropológico abarca un amplio ámbito histórico y cultural: la magia en el mundo grecolatino y los pueblos eslavos y germánicos, la demonología medieval, la brujería vasca en el S.XVI, los procesos inquisitoriales del siglo XVII, la crítica de la Ilustración y la permanencia de creencias mágicas, ya de modo residual, en el siglo XX.
Federici apunta que la persecución de las brujas fue una cuestión tan importante como la colonización o la expropiación de las tierras a los campesinos
Tratar de desbrozar la realidad de la brujería y de lo acontecido durante la caza de brujas no es tarea fácil. Sorprende y entristece la escasez de estudios históricos sobre el asunto, un verdadero genocidio hasta hace poco trivializado o rebajado a la categoría de anécdota folklórica. Hay que esperar a la publicación de Calibán y la Bruja, en 2004, la excelente obra de la historiadora Silvia Federici, para comprender en toda su magnitud el papel que la caza de brujas desempeñó no sólo en cuanto al destino de las mujeres, sino en el establecimiento de las relaciones de dominación y explotación que persisten hoy en día.
Federici apunta que la persecución de las brujas fue una cuestión tan importante como la colonización o la expropiación de las tierras a los campesinos durante el nacimiento y desarrollo del capitalismo. Su estudio incluye factores que Marx no tuvo en cuenta al examinar la acumulación primitiva durante la transición del feudalismo al capitalismo, como la creación de una nueva división sexual del trabajo que fue subyugando paulatinamente el rol de las mujeres a la producción y reproducción de la mano de obra, a la vez que se establecía un nuevo orden patriarcal que las subordinaba a los hombres y las excluía del trabajo asalariado.
Qué sentido tiene, cabe preguntarse, indagar sobre hechos tan lejanos en el tiempo, oscuros, truculentos, propios de una mentalidad irracional y supersticiosa ampliamente superada en la era científica. Para qué escarbar en el inconsciente colectivo femenino y hurgar en sus heridas; corremos el riesgo de activar el trauma y caer en un victimismo retrospectivo carente de sentido. Cierto. Podemos conformarnos con la rehabilitación cultural de las brujas, calarnos el sombrero negro puntiagudo y disfrutar de ese engendro lúdico-festivo halloweenesco que llena de fantasmas e improbables calabazas los bares y las tiendas. Renunciar a pensar siempre es una opción tentadora; sin duda la más promovida y aplaudida, se regodea con su masivo éxito. Pero también podemos tratar de comprender y desenmarañar una historia que nos concierne directamente, pues justifica la pervivencia de dogmas, categorías y valores que es necesario abolir y reformular. Aspiración de la que acaso participa también esa otra tendencia reciente a narrar una visión no idealizada de la maternidad, hasta ahora ausente del relato dominante. El deseo de confrontar al público con la realidad de una experiencia central de la vida humana, y por ello repleta de ambivalencia, vulnerabilidad, desgarro, frustración, fatiga y dependencia.
La necesidad de narrar esa complejidad es, por qué no, una forma de terapia colectiva. Cuántas lectoras y escritoras, al ser madres por primera vez, no han experimentado una desconcertante y dolorosa orfandad literaria. Cuántas no han experimentado la penosa soledad de avanzar en un territorio incógnito sin ninguna heroína novelesca de referente, convertidas en el escenario de una épica a la inversa: el “yo” dejándose colonizar por “el otro” durante nueve meses de paciente ternura e intermitentes sublevaciones inconfesables, hasta la ruptura de la bolsa amniótica y los últimos diques de contención psicológica….
En tiempos de crisis y desintegración cultural, el momento parece cuando menos propicio para observar con atención el reverso del mundo, la cara de una moneda que la Historia lanzó al aire y acabó estrellada contra el suelo.
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STARHAWK
Starhawk, Miriam Simos, nacida en St. Paul, Minnesota el 17 de junio de 1951, es escritora, activista y bruja americana. Es bien conocida como propulsora del Paganismo y es una de las primeras voces del ecofeminismo. Starhawk vive en San Francisco, en donde trabaja con una tradición de brujería que co-fundó a finales de los 70. Internacionalmente se le conoce como postulante en la no-violencia y la acción directa, y como activista dentro del movimiento de la paz, del movimiento feminista, del movimiento ambiental, y del movimiento del anti-globalizacion. Viaja y enseña extensamente en Norteamérica, Europa y el Oriente Medio, dando conferencias y talleres. Está trabajando actualmente con la unión para la paz y la justicia y otros grupos. Starhawk junto a otras brujas y sacerdotisas se ha dedicado a la formación espiritual de las mujeres en las asambleas y círculos con conciencia de género. Han publicaron libros con rituales para los Sabbats estacionales y los Esbats lunares. Y proponen ritos de iniciación a la menstruación, la mediana edad, la maternidad y la menopausia. Y otros rituales para afrontar problemáticas como el abuso sexual, detener a un violador, decidir la interrupción de un embarazo no deseado, tratar la baja autoestima, el odio hacia el cuerpo o la depresión. También hechizos de magia femenina como medios para dirigir la conciencia ante necesidades básicas de trabajo, vivienda, sanación, estudio, pareja.
Es una espiritualidad donde la magia se suma al trabajo político o psicológico por los derechos de las mujeres, y en la que la sabia serpiente, el triángulo de la vulva y la sangre menstrual son algunos de los símbolos de sacralidad femenina que vuelven a ser utilizados por las mujeres.En este movimiento no existen estructuras eclesiales ni dogmas ni papas y toda mujer puede celebrar a la Diosa tenga mucha o poca formación previa, convocando a otras y formando un grupo.
“Invierno, primavera, verano, otoño. Nacimiento, crecimiento, decadencia, muerte. Nacen ideas, se consuman proyectos, algunos planes resultan poco prácticos y mueren. Nos enamoramos, sufrimos pérdidas, consumamos relaciones, damos a luz, envejecemos. Los Sabbats –las Ocho Fiestas Sagradas- son puntos en los que unimos los ciclos interiores y exteriores: los interticios donde lo estacional, lo celestial, lo comunal, lo creativo y lo personal se encuentran. Cuando representamos cada drama ritual en su época nos transformamos. Somos renovados; renacemos incluso mientras decaemos y morimos. No estamos separados unos de los otros, del amplio mundo que nos rodea; somos una/uno con la Diosa, con el Dios. Mientras el cono de Poder se eleva, Mientras las estaciones cambian, Nosotras despertamos el poder que proviene del interior, El poder para sanar, El poder para cambiar nuestra sociedad, El poder para renovar la Tierra.”
En “La Danza en Espiral”, Starhawk expresa que el movimiento feminista de por sí es mágico-espiritual, además de político. Es espiritual porque está dirigido a la liberación del espíritu humano, a sanar nuestra fragmentación, a llegar a estar completas. Es mágico porque cambia la conciencia, expande nuestra percepción y nos da una nueva visión, utilizando un concepto de la brujería, esto es, el arte de cambiar la conciencia a voluntad. “Para mí había una conexión natural entre el movimiento para darle poder a las mujeres y una tradición espiritual basada en la Diosa”, expresa Starhawk.Para las mujeres de la Diosa, la religión es una dimensión de la vida demasiado importante para dejarla sólo en manos de los varones y de las religiones patriarcales como únicas opciones de espiritualidad. Las mujeres que no se identifican con el ateísmo o el agnosticismo, desean terminar con el vacío de sacralidad que el patriarcado dejó en sus almas y cuerpos. Un vacío casi siempre ocupado por imágenes negativas de sí mismas. El retorno de la Diosa expresa esa necesidad y ese derecho.
Samain (Samhain en irlandés, Samhainn ou Samhuinn en gaélico escocés, Sauin en mannois), pronunciado /ˈsɑːwɪn/, /ˈsaʊ.ɪn/, ou /ˈsaʊn/ es la primera de las cuatro grandes fiestas religiosas del año céltico protohistórico, celebrado en torno de nuestro 1 de noviembre. Es también el nombre de Halloween (una contracción de “All Hallows’ evening”) y del mes de noviembre en las lenguas gaélicas. Esta festividad viene después de Lugnasad y antes de Yule, y marca el inicio del periodo sombrío del año. Es una fiesta de transición — el paso de un año al siguiente — y de apertura hacia el Otro mundo, el de los dioses (el Sidh). Es propicia a los acontecimientos mágicos y míticos. Su importancia en los Celtas es incontestable, pues la reencontramos en la Gala bajo el nombre de Tri nox Samoni (las tres noches de Samain), durante el mes de Samonios (en torno al mes de noviembre), en el calendario de Coligny.
El calendario celta dividía el año en dos partes, la mitad oscura comenzaba en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre), y la mitad clara, a partir del mes de Giamonios (lunación abril-mayo). Se consideraba que el año empezaba con la mitad oscura; así, Samonios se convertía en el año nuevo celta. Todos los meses comenzaban con la luna llena, y la celebración del año nuevo tomaba lugar durante las «tres noches de Samonios», la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Las lunas llenas marcaban el punto medio de cada mitad del año durante las cuales se celebraban festivales. El calendario de Coligny marca la luna de pleno verano; sin embargo, omite la de pleno invierno. El calendario fue diseñado para alinear las lunaciones con el ciclo agrícola, y la posición astronómica exacta del Sol se consideraba menos importante.
En la Irlanda medieval, Samhain permaneció como la principal festividad, celebrada con una gran asamblea en la corte real de Tara, durando tres noches, consistente con el testimonio galo.
En la mitología celta, los sidhe, o pueblos feéricos, también celebraban Samhain; al parecer, ellos fueron los que patrocinaban la Fiesta de los Muertos. En la víspera de noviembre las hadas podían tomar maridos mortales y se abrían todas las grutas de las hadas para que cualquier mortal que fuera lo suficientemente valiente pudiera echar un vistazo en aquellos dominios, para admirar sus palacios llenos de tesoros. Pero eran pocos los celtas que se aventuraban voluntariamente en aquel reino encantado, pues sentían por las hadas un gran respeto, teñido de terror. La festividad celta se describe como una comunión con los espíritus de los difuntos que, en esta fecha, tenían autorización para caminar entre los vivos, dándosele a la gente la oportunidad de reunirse con sus antepasados muertos. Para mantener a los espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares, dejaban comida fuera, una tradición que se convirtió en lo que hoy hacen los niños yendo de casa en casa pidiendo dulces.
Después de que los romanos conquistaran gran parte de los territorios celtas, estos influyeron en el mundo céltico con sus festivales a la diosa romana de la cosecha, Pomona. Más tarde, los cristianos calificaron las celebraciones celtas como una práctica herética, y con este pretexto destruyeron gran cantidad de la cultura, monumentos y tradiciones celtas, para afianzar su dominio político y social del viejo continente. Fue la época de sometimiento de los pueblos libres paganos, que eran convertidos al cristianismo demonizando sus creencias y adoptando sus festivales. Así, el de Samain se convirtió en el día de Todos los Santos, de donde deriva el nombre inglés de Halloween.
Por el Samhain era costumbre vaciar nabos (posteriormente calabazas, debido a una tradición irlandesa) para ponerles dentro velas. Varios siglos después, esta tradición (que renace en la actualidad gracias al movimiento neopagano) tiene continuidad en el actual Halloween, exportación de los irlandeses a Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX.
Bona castanyada i suculents panellets malgrat les restriccions, llobes!
Esta conversación entre la poeta y filósofa Chantal Maillard y el sanscritista Òscar Pujol tuvo lugar por vía zoom desde el Instituto Cervantes New Delhi, India, el miércoles 21 de octubre 2020.
El concierto “Circles” de Jocelyn Mienniel se inspira en 5 pinturas de Fabienne Verdier. El flautista invitó a cuatro músicos del mundo a dialogar con los signos dibujados por una de las más grandes pintoras de la actualidad.
Debido al toque de queda que se ha impuesto en Francia, el concierto, programado para ayer por la noche, tuvo que suspenderse, pero tocaron sin público (sólo las personas alojadas en la abadía pudieron asistir), y lo compartieron en streaming por el canal YouTube de la Fundation Royaumont.
Jocelyn Mienniel flautas, tratamientos electrónicos, composición-encargo de la Fondation Royaumont, dirección artística ; Naomi Sato: órgano de boca « sho » ; Yaping Wang: yangqin ; Ingar Zach: percusiones ; Jozef Dumoulin: m’bira, tratamientos electrónicos ; Romain Al’l: creación vídeo, encargo de la Fondation Royaumont ; Jean-François Domingues: sonido y luces.
Fabienne Verdier Polyphonie, 2011 Les vitraux de “La Vierge au chanoine Van der Paele” Ink, pigments and varnish on canvas 183 × 408 cm
Las 5 pinturas de Fabienne Verdier:
Polyphonie, 2011 y Polyphonie-Palimpseste, 2017 | Diálogo con Jocelyn Mienniel Mutation, 2016 | Diálogo con avec Jozef Dumoulin Onde-Ordre, 2016 | Diálogo con Naomi Sato Table d’harmonie, 2015 | Diálogo con Yaping Wang Perpetuum mobile II/IV, 2017 | Diálogo con Ingar Zach
Fabienne Verdier Mutation, 2016 Acrylic and mixed media on canvas 183 × 407 cm Photograph by Inès Dieleman
El periódico Le Monde está entusiasmado con este artista visual “cuyas obras abstractas son de una fuerza y audacia impresionantes”. La revista Elle la describe simplemente como “una de las pintoras más famosas del mundo”. Formada por los más grandes literatos chinos, habitada por los maestros flamencos del siglo XV, Fabienne Verdier es una de las pocas artistas de nuestro tiempo en conseguir unanimidad. Abrumado por sus pinturas, el flautista y compositor Jocelyn Mienniel invita a otros cuatro deslumbrantes improvisadores a dialogar con los signos que traza. Sobre una cortina de tul claro, las pinturas aparecen y luego se deshilachan. Detrás, una colorida orquesta, que reúne a músicos e instrumentos de Asia y Europa, destila un material sonoro granular y líquido, puntillista y en movimiento, que estalla y luego se extiende como círculos en el agua. Fabienne Verdier, que siempre se ha inspirado en la música e incluso ha sido invitada-residente en la Juilliard School of Music de Nueva York y luego en el festival musical de Aix-en-Provence, encuentra en las volutas de sonido de Jocelyn Mienniel un maravilloso eco a sus creaciones.
Fabienne Verdier Perpetuum mobile II / IV, 2017 Acrylic and mixed media on canvas 183 × 320 cm Photograph by Inès Dieleman
“Fabienne Verdier lleva, desde hace ya varios años, una serie de experiencias en pintura: pinta en compañía de cantantes y músicos que tocan junto a ella en tiempo real, para crear una obra pictórica en total simbiosis con las notas musicales. Circles parte de la idea contraria: se inspira de cinco cuadros de Fabienne Verdier para crear un nuevo lenguaje vídeo con el artista camarógrafo Romain Al’l, estableciendo modos de juego e improvisación. Entre sonidos acústicos reales y sonidos procesados electrónicamente, la “orquesta” de Circles, con sonoridades perturbadoras, casi chamánicas, reúne a cinco músicos improvisadores provenientes de diferentes culturas y países, que van jugando con ilusiones sonoras y persistencias auditivas. El enfoque musical se incrementa gracias a un perturbador dispositivo escénico y fantasmal. Colocados detrás de una pantalla en tul transparente, sobre el que se proyectan las pinturas de Fabienne Verdier que van mezclándose en los videos de Romain Al’l, los músicos entran en la imagen dando al espectador la impresión de estar sobre un escenario tridimensional. La orquestación muy singular revela un material sonoro tanto líquido como granular, incluso a veces espectral. La mezcla de todo ello revela la verdadera modernidad de unos antiguos instrumentos que se pueden confundir con instrumentos electrónicos contemporáneos.” —Jocelyn Mienniel.
Fabienne Verdier Onde – Ordre, 2016 Acrylic and mixed media on canvas 120 × 251 cm Le Petit Robert dictionary project Photograph by Inès Dieleman
Como no va a ser posible, este año, acercarnos presencialmente a la Galería londinense Waddington Custot, traigo este vídeo para que podamos sumergirnos entre los vórtices de las pinturas de Fabienne Verdier aunque sea virtualmente (¡ah, el poder de la imaginación!). A partir del minuto 13′, Fabienne nos acompaña en la experiencia de sus vortex, en su taller, en su biblioteca (donde largos periodos de investigación y de contemplación preceden el inicio de nuevas obras), en su jardín cuyo “silencio activo” dice Verdier, “da vida a estas pinturas”… Un gustazo!
Para celebrar el lanzamiento de ‘Vortex’, la última exposición de las nuevas obras monumentales de la reconocida artista contemporánea Fabienne Verdier, Waddington Custot organiza un evento digital multisensorial que reúne el arte y la ópera.
Presentando un primer acercamiento a ‘Fabienne Verdier: Vortex‘ en su inauguración, el evento incluye una gira dirigida por el editor de Frieze Matthew McLean, junto con la talentosa soprano Ana Beard Fernández, quien interpretará las mismas arias que inspiraron las pinturas de Verdier.
Entrad en el vídeo abriendo la pantalla completa para disfrutar de la experiencia.
‘Fabienne Verdier: Vortex’ en la galería Waddington Custot de Londres del 6 de octubre al 17 de noviembre de 2020.
Fabienne Verdier, Deh, vieni a consolar il pianto mio, 2020, acrylique et technique mixte sur toile, 183 x 135 cm
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A través de su trabajo, Verdier da forma física a las fuerzas habitualmente invisibles e intangibles que obran en la naturaleza, incorporando una amplia gama de fenómenos naturales, desde la gravedad y la energía cinética hasta las ondas sonoras y las vibraciones. En estas pinturas a gran escala, mostradas por primera vez en la galería londinense Waddington Custot, Verdier continúa su exploración pictórica con los sonidos y la música, en particular con la representación visual de las técnicas de respiración empleadas por sopranos que interpretan las arias de Mozart. Las pinturas de Vortex se caracterizan por una única gran hélice giratoria que domina la composición y se hace eco del sonido ascendente de un aria.
Verdier inició las obras de la serie Vortex durante su estancia como primera artista residente en 2014 en la Juilliard School, la prestigiosa escuela de artes escénicas de Nueva York. Allí, trabajando a pequeña escala con lápices y rotuladores, Verdier plasmó de forma visual las prácticas y técnicas de respiración de destacados cantantes y músicos. Comenzó a visualizar las voces cantando arias como columnas de respiración elevándose en el aire, cada pieza musical engendraba una forma de vórtice única y singular.
En el trabajo de Verdier, la forma se crea sobre el lienzo con pinceles gigantes y herramientas de su propia invención que están suspendidos del techo de su estudio. Para esta nueva serie, la artista ha adaptado el entorno de su estudio para incorporar una plataforma móvil. Esto le permite pararse directamente sobre el lienzo, que está colocado en el suelo, y pintar nuevas expresiones fluidas desde el centro mismo del cuadro.
En la serie Vortex, Verdier captura melodías y ritmos de arias individuales a través de curvas ascendentes, ondulaciones y frecuencias que detecta mientras escucha la música. Las pinturas dan una sensación de ingravidez, que refleja la ligereza de la emoción y la sensación de “elevación” que se experimenta al escuchar voces cantando un aria.
Como lo describe Fabienne Verdier: “Esta serie representa la energía del ser humano y de la naturaleza que, reunidos, se convierte en un estado de completa inmersión. Es una experiencia de disolución del yo en el sonido, en el entorno, en la atmósfera. En mi trabajo, intento capturar la voz invisible que viaja sobre las ondas sonoras, visualizar la energía y todo aquello que sentimos pero no vemos ”.
La serie Vortex son las nuevas realizaciones pictóricas de Fabienne Verdier después de su gran retrospectiva en Francia, que tuvo lugar en tres instituciones, incluido el Musée Granet en Aix-en-Provence. Estos nuevos trabajos revelan la evolución, profundidad y variedad de la práctica de Verdier, abarcando exploraciones con el sonido y la geología dentro de una amplia gama de fenómenos naturales.
No esperaba sobrevivir tierra suprimiéndome. No esperaba despertarme de nuevo, sentirme en tierra húmeda mi cuerpo capaz de responder de nuevo, recordando después de tanto tiempo cómo abrir de nuevo en la luz fría de la primavera más temprana –
Miedo, sí, pero entre ustedes nuevamente llorando si arriesgan alegría
en el viento crudo del nuevo mundo.
Louise Glück, El iris salvaje (The Wild Iris), Trad. Eduardo Chirinos Arrieta, Pre-Textos, 2006.
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Louise Glück (1943, Nueva York) es autora de más de nueve libros de poesía y de una colección de ensayos, Proofs and Theories, que obtuvo el Premio PEN/Martha Albrand. Fue galardonada con el Premio Nacional de la Crítica por The Triumph of Achilles, el Premio Pulitzer por The Wild Iris (El iris salvaje, Pre-Textos, 2006), y el primer Premio otorgado por los lectores del New Yorker, además del Premio Bollingen, por Vita Nova (Pre-Textos). Entre otros, cuenta también con el Premio Nacional Bobbit otorgado por la Biblioteca del Congreso, el Premio William Carlos Williams otorgado por la Asociación de Poetas de Estados Unidos, el Premio Fundación Lannan y el Premio Ambassador, otorgado por la Unión de Hablantes de lengua inglesa. Louise Glück es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras y profesora en el Williams College. Vive en Cambridge, Massachusetts. La editorial Pre-Textos también publicó su libro de poemas Ararat, en 2008, Las siete edades y Averno, en 2011.
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Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado.
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Louise Glück, Proofs and Theories (colección de ensayos).
Los seres humanos siempre se han sentido cautivados por los sueños y por el misterioso poder que transmiten sus imágenes. El antiguo Egipto nos ha legado insólitos sumarios de fragmentos oníricos, cada uno acompañado de su puntual interpretación, que se remontan al segundo milenio a.C. Dos son las grandes perplejidades que a lo largo de los siglos han fascinado a la imaginación humana: por una parte, el significado que tienen los sueños en relación con nuestra vida y personalidad; por otra, el grado de realidad que podemos atribuirles. Por ejemplo, algunos durmientes acceden a imágenes oníricas premonitorias que luego son constatadas con toda exactitud en el mundo de la vigilia. Este dilema plantea la duda ontológica de si un sueño es igual de real que los hechos que acontecen en nuestra vida. Todas estas cuestiones gravitan sobre los textos literarios de la presente antología, que se inicia con un sugerente corpus inédito de antiguas narraciones chinas y prosigue con una notable nómina de autores occidentales tan heterogéneos como Apuleyo, Prosper Mérimée, Edgar Allan Poe, Théophile Gautier, Ambrose Bierce, Ksaver Šandor Gjalski, Jean Lorrain, Rudyard Kipling, H. G. Wells, Oliver Onions, W. Somerset Maugham, Bruno Schulz, Vladimir Nabokov, Louis Golding, Henry Kuttner y C. L. Moore, Luisa Mercedes Levinson, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Bernard Groethuysen.
Poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois, Atalanta, 2020.
En portada: Escena de una bacanal, Richard Dadd, 1862.
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Os recuerdo que acerca del mundo de los sueños encontraréis también en Atalanta, El mundo bajo los párpados de Jacobo Siruela.
Aurora Luque nació en Almería en 1962 y pasó su infancia en Cádiar, la Alpujarra granadina. Estudió en Granada, en cuya Universidad se licenció en Filología Clásica en 1987. Es profesora de Griego Clásico en la ciudad de Málaga; escritora, poeta, articulista, editora, traductora de, entre otros, Meleagro, Safo, María Lainá, Louisa Labé o Renée Vivien.
Aurora Luque es poeta del amor, del mar y de la noche, del gusto por la vida, los sabores, los tactos y los aromas, del paso implacable del tiempo y la vecina muerte. También de la ironía, del juicio crítico y el escepticismo. Mujer viajera, nos lleva por ciudades o islas, abraza los siglos, los recrea y los honra en sus escritoras, músicos o pintores con quienes a menudo dialoga. Nos hace mirar con mirada de cine, renueva las metáforas de la naturaleza o la publicidad y actualiza una y otra vez el mundo clásico. Recorrer sus poemas, pudiera ser un sentirse embarcado en el ritmo vivo de la palabra y sus sonidos, pero también a menudo releer, recordar, investigar y comprender. Sentir y aprender en el viaje.
Fernando Jaén: ‘Gavieras’, con el que has obtenido el prestigioso XXXII Premio Loewe, es un libro que nos lleva de viaje por el mundo clásico, subidos al mástil de la historia. La poeta que escribe las historias de estas mujeres desde la atalaya de su navío, ¿lo hace mirando al presente, al pasado o al futuro que vislumbra? ¿Qué testimonio te ha faltado por incorporar en este magnífico poemario?
Aurora Luque: El viaje por el mundo clásico es apasionante siempre que se emprenda como búsqueda de tesoros reciclables, de restos palpitantes, de ideas todavía estimulantes y vivas. Más que escribir historias de mujeres, dialogo con ellas en algunos momentos críticos y audaces de sus trayectorias. Y les pregunto por cosas que sintieron y aprendieron pero que no quedaron recogidas en los relatos canónicos. Los mitos nos permiten todo eso: darles la vuelta y mirar lo que esconden por detrás, sus penumbras.
F.J.: En ‘Gavieras’ reivindicas la voz de personajes femeninos silenciados y tergiversados por la historia, como Medusa o Anfitrite, la diosa del mar en calma enfrentada a la imagen de un Neptuno furioso y desatado. ¿Es tu poesía una forma de reparar tanto olvido? ¿Se puede aún restaurar la imagen distorsionada que nos ha llegado de alguna de estas figuras clásicas?
Aurora Luque: La reparación estaría en cada lectura, en cada lector y lectora. Yo me limito a cantar: a recordar, a celebrar o a lamentar. No soy abogada de Medusa o de Dafne, ni experta en restauración. Pero escucho cómo susurran todavía, cómo protestan y quieren contarnos otras versiones que difieren del relato oficial. De verdad, hablan ellas. Yo sólo escucho y transcribo. Presento. No invento. El germen de sus disidencias ya lo pusieron los poetas antiguos: Eurípides nos hace empatizar con Medea.
«La vida está hecha de lenguaje y la poesía es el mayor ejercicio de rebeldía e indagación que se hace con/sobre él»
Javier Gilabert: El compromiso es una constante en ‘Personal y político’, tu poemario anterior, pero también está presente en ‘Gavieras’. De hecho, ambos libros están conectados mediante un poema. ¿Es el mismo compromiso el que se entrevera en ambos poemarios? ¿Por qué es necesario el compromiso en la literatura y en la poesía?
Aurora Luque: Porque la vida está hecha de lenguaje y la poesía es el mayor ejercicio de rebeldía e indagación que se hace con/sobre él. Ante los discursos falsificadores y manipuladores, la poesía es la encargada de gritar que el emperador va desnudo.
El compromiso de los escritores con su presente es ineludible: en mi caso defiendo la utopía feminista y por ello he dedicado mucho tiempo y energía al rescate de antepasadas aplastadas por la misoginia y sus olvidos: Renée Vivien, Mercedes Matamoros, la dramaturga ilustrada María Rosa de Gálvez, la embajadora y escritora republicana Isabel Oyarzábal…
F.J.: Descubro en la segunda parte de ‘Gavieras’ un poema dedicado a la gran (debo confesar que me fascina su obra) Chantal Maillard, ‘Mailardiana’, ¿qué relación te une a esta «noctívaga» poeta?
Aurora Luque: Somos amigas y vecinas en Málaga. No es noctívaga en absoluto. Nadie está indagando con tanta penetración en el dolor como ella. Su poesía nace de la tremenda clarividencia de la filósofa que también es. Su Medea varada es potentísima.
J.G.: En el recientemente publicado ‘Grecorromanas’ recuperas una serie de autoras de la Antigüedad Clásica olvidadas por la tradición literaria. Desde el s. VII a.C. hasta el IV d.C. ¿Da la tradición literaria andaluza para una antología similar? ¿Crees que nuestras autoras contemporáneas necesitarán en el futuro que alguien realice con su obra una labor parecida, o por fin las cosas están cambiando de verdad?
Aurora Luque: Creo que las cosas han cambiado sustancialmente desde los años ochenta, con Juana Castro y Ana Rossetti. Pero, ay, la libertad es frágil y ya sabemos lo fortísima que se muestra la reacción antifeminista en nuestro país. Ocho años -pongamos- de gobierno de derecha cuasifascista nos harían volver a niveles de desigualdad casi preconstitucionales. Lo temo de verdad. Ayer (12 de septiembre de 2020) paseé por un pueblo costero de Málaga y la presencia de signos reaccionarios en balcones e indumentarias era abrumadora. No es cosa frívola. Hay una hostilidad tremenda a los logros conseguidos por las mujeres libres.
Se odia la realidad, y la realidad es que la única revolución progresista en marcha es la feminista, global e imparable. Pero el antifeminismo está incluso en las firmas de los grandes periódicos: lo llaman ‘ir contra lo políticamente correcto’, pero es misoginia pura y dura.
«Hay una hostilidad tremenda a los logros conseguidos por las mujeres libres»
J.G.: Tu traducción de ‘Si no, el invierno. Fragmentos de Safo’, de Anne Carson, editado el pasado otoño, vuelve a estar de actualidad gracias a que recientemente dicha autora fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. ¿En qué medida ha influido en tu obra la autora canadiense? ¿La ves como ganadora del Nobel?
Aurora Luque: Ojalá consiga el galardón sueco, su poesía lo merece. La he leído en los últimos años: ojalá hubiera podido encontrar una escritura como la suya en mis años de formación. Lo que admiro más en Carson es su absoluta libertad: hace lo que le apetece, mezcla géneros hasta extremos extravagantes, une a Cátulo con su hermano; a Keats con su marido y con el tango; a Simónides con Paul Celan y recicla a Estesícoro en clave anglosajona. Envidio esa libertad insolente.
F.J.: Hay una corriente en la actualidad que pretende reescribir los mitos desde una mirada contemporánea, femenina y alejada de los antiguos valores clásicos que se le han atribuido al sexo femenino. Ejemplos de esta corriente son el poemario ‘Medea’ de Maillard, la revisión de Penélope, de Margaret Atwood o ‘Circe’ de Madeline Miller. ¿Por qué se hace tan necesario actualizar estas figuras clásicas y reivindicarlas desde un nuevo enfoque? ¿Qué es lo que atrae de este mundo clásico y qué enseñanzas se pueden extraer y aplicar a nuestra sociedad actual?
Aurora Luque: Los mitos son tan elásticos y flexibles que no han envejecido ni caducado en absoluto. Contienen capas y capas de significados. Los propios poetas griegos nos ofrecieron ya variaciones sobre ellos. Y además nuestra sociedad no es tan distinta de la que creó esos mitos: subsiste el mismo durísimo esqueleto patriarcal. Mujeres que esperan pasivamente (Penélope), que son acosadas (Dafne) o violadas y culpadas por ello (Medusa), o repudiadas y humilladas por reyes (Medea) o condenadas a muerte por mostrarse rebeldes (Antígona)… Todas ellas podrían haber sufrido lo mismo en la dictadura franquista o en un régimen islamofascista actual. El enfoque nuevo está en escuchar sus argumentos: escuchar al Otro. A la Otra, a las Otras. Decir ‘basta’ e inventar otro contenido para la vieja caja de Pandora.
«Los mitos son tan elásticos y flexibles que no han envejecido ni caducado en absoluto»
F.J.: La edición y los textos de Safo que traduces en el fantástico ‘Safo, poemas y testimonios’ para Acantilado constituyen un trabajo memorable. ¿Con qué dificultades te has encontrado a la hora de recopilar y traducir sus textos? ¿Has incluido material novedoso con respecto a otras recopilaciones? ¿Qué peso tiene la obra de esta poeta con mayúsculas en tu obra y en la historia de la poesía occidental?
Aurora Luque: Sí, he incorporado los textos de algunos poemas descubiertos en este siglo, en 2004 y 2014, en papiros muy fragmentarios, pero legibles. La papirología nos concede estos regalos. Hay un poema nuevo completo, la ‘Canción de los hermanos’. Las dificultades al traducir a Safo son de dos tipos: de un lado, las que provienen del deterioro textual de los fragmentos; de otro lado está el peso de todas las traducciones ya existentes, que están ahí, vigilantes. Safo es la primera poeta de Occidente y resulta que es excelente, como Homero lo es en lo suyo. Safo inventa/traduce el amor y el deseo como experiencias humanas íntimas con una complejidad y hondura inigualables y con una belleza deslumbrante. ¿Cómo no aprender de ella? Todos los grandes romanos fueron sus discípulos rendidos: Horacio, Catulo, Ovidio… No ha dejado de enseñarnos en veintiséis siglos. Tiene algo nuevo que contar en cada época.
F.J.: Destacan en tu producción poética, entre otros, títulos como ‘Problemas de doblaje’ (Accésit al premio Adonais), ‘Carpe noctem’, ‘Transitoria’, ‘Camaradas de Ícaro’, ‘Haikus de Narila’ y ‘La siesta de Epicuro’. ‘Fabricación de las islas (Poesía y metapoesía)’, es una antología de tu obra publicada en Pre-Textos y realizada y prologada por Josefa Álvarez Valadés, nos da una idea del peso y trascendencia de tu poesía. Esta edición cuenta además con un prefacio de Caballero Bonald. ¿Qué se siente al ser estudiada por grandes nombres como estos?
Aurora Luque: Mucha gratitud por las palabras generosas de mi admirado Caballero Bonald. La profesora Álvarez Valadés se ocupa desde hace quince años de mis libros con inteligencia y viva erudición: gratitud enorme, porque ha sabido estudiarlos desde ángulos diferentes con una mirada que los enriquece y clarifica. Aprendo inesperadas cosas de mí misma cuando leo sus artículos.
F.J.: Tus reflexiones sobre la poesía, los poetas y la traducción literaria se recogen en tu curioso texto ‘Una extraña industria’. ¿Qué cimientos de la tradición poética abordas en este libro?
Aurora Luque: Es una recopilación de artículos y reseñas previamente publicados, editada por la universidad de Valladolid en 2008, con una maravillosa fotografía de Juan Bonilla en la cubierta y un admirable y consistente prólogo de José Andújar. Ahí están mis obsesiones: el mar primordial, la poesía como incubadora de utopías, los lemas éticos y estéticos que derivan de mi plagio horaciano (carpe noctem, carpe mare, carpe verbum, carpe amorem…) Y los y las poetas que he ido encontrando y amando a lo largo de mi vida.
«Juan Ramón no habría llegado a ser lo que es sin una traductora de poesía americana a su lado»
J.G.: ¿Traducir poesía es un ejercicio poético en sí mismo?
Aurora Luque: Si amas y respetas a la poesía, sí. Para mí es un apasionante entrenamiento, una especie de atletismo puro y solitario, un gimnasio en el que practicas desnuda. Es la lectura más honda que puede hacerse. Comencé a traducir a partir de la relectura repetida de los líricos griegos arcaicos. Ahora casi es un vicio. Traduzco por placer siempre. ¡Debemos tanto a los traductores-amantes de la poesía! Yo no estaría aquí si no hubiera leído a Hölderlin de la mano de Cernuda o si no hubiera tropezado con las versiones griegas de Joan Ferraté. Y, salvando las distancias gigantescas, Juan Ramón no habría llegado a ser lo que es sin una traductora de poesía americana a su lado.
‘Personal & político’ estaba más vinculado a la crisis de 2011, con la degeneración turística, las series de TV y sus héroes más ácidos, etc. ‘Gavieras’ es clamorosa, orgullosamente feminista en buena parte de sus textos.
J.G.: “La cultura patriarcal ha evitado un modelo de mujer intelectual”, afirmas. ¿Estamos, por fin, ante un cambio de paradigma, o no se ha avanzado en ese sentido? ¿Qué modelo de mujer van a encontrar l@s lector@s de ‘Gavieras’ en sus páginas?
Aurora Luque: El feminismo ha venido para quedarse en el ámbito de los grandes logros intelectuales de la Humanidad, como los derechos humanos o la abolición de la esclavitud. La práctica política, ya sabemos, es otra cosa. La mujer intelectual no ha tenido referente simbólico: en la cultura judeocristiana no hay sabias, sólo madres-vírgenes, cuidadoras o prostitutas arrepentidas. A Teresa de Ávila se la deja estar por santa, no por doctora. Gloria Fuertes tuvo que disfrazarse de poeta infantil. Al rector de la UNAM no le parecía conveniente que María Zambrano diera clases de filosofía en la ciudad de México y la mandó a Morelia. Estaba todo por hacer.
El cambio de paradigma está en camino, sí, de consolidarse: quiero pensar que será irreversible.
En ‘Gavieras’ están la espigadora Agnès Varda, Poimenia la peregrina, la revolucionaria napolitana Eleonora Fonseca Pimentel, la exiliada Isabel Oyarzábal, la no-Marisol, Eurídice que cuenta su descensus ad inferos, la editora almeriense y gaviera Ana Santos Payán… Y las Danaides, un mito con el que ando obsesionada.
J.G.: Llegamos al “momento Carta Blanca”. Nos encantará que cierres esta entrevista como te apetezca.
Aurora Luque: Pues voy a hablar de los higos y de otras frutas, y de cómo nos acompañan y confortan las cosas más sencillas y gratuitas en los tiempos oscuros.
Cuando ya había muerto, preguntaron a Adonis en el Hades qué era lo más hermoso que había dejado aquí arriba, en el mundo de los vivos. Y contestó: «Lo más hermoso que dejo es la luz del sol. Después, los astros luminosos y el rostro de la luna y los higos maduros, las manzanas, las peras».
Esto lo cuenta en un poema una mujer, Praxila de Sición, que se dedicaba a componer ‘paroinia’, canciones para acompañar el vino en los banquetes. Los listos de turno pensaron que Praxila había dado voz a un Adonis necio, porque mezclaba los higos y las peras con la luna y el sol, y se inventaron un refrán para escarnecer a Adonis y de paso a la autora de los versos: «Eres más tonto que el Adonis de Praxila». Yo, en cambio, creo que Adonis sentía nostalgia de lo verdaderamente valioso: el sabor de la fruta fresca y madura, la contemplación de los astros, por ejemplo. Digamos que es tarea de la poesía recordarnos la emoción de lo sencillo, el valor de lo primario, de los dones primordiales: la contemplación lenta del mundo y el placer de saborearlo, de cantarlo y celebrarlo con unos pocos buenos amigos. Afanes, ruidos, hipocresías, velocidad: de nada de eso sentiremos nostalgia. Unos higos frescos recogidos temprano en el árbol: a la memoria no la engañaremos.
POEMAS DE AURORA LUQUE
Rumbo al este
Escucho al mediodía. Un presidente torpe poil de carotte cerebro de boniato manda bombardear una noche de enero un pedazo de Persia y mata a muchos.
A la noche siguiente escucho en Radio Clásica a Maja Vasiljevic: …el tanbur, un instrumento clásico otomano que por la procedencia de sus maderas simboliza un amplio abrazo fraternal. Se ensambla su cuerpo abovedado con tiras de maderas diferentes: el arce flameado, la caoba, el nogal persa, el árbol de bálsamo de Meca, el castaño español, el albaricoquero, el palo de rosa de la India, el enebro de Grecia, la morera…
De pronto escucho hojas. Huelo maderas. Lloro. Árboles veteranos, cobijo de la música. Música voladora, cobijo de la noche. Noche, cobijo mío, ¿no está pidiendo el mundo una liberación como una danza?
Espigar
A Agnes Varda y al LP de La rosa del azafrán que había en mi casa
La segunda existencia de las cosas derecho de espigueo le glâneur / la glâneuse
un edicto del siglo dieciséis autorizaba a espigar a los pobres después de la cosecha tras la puesta del sol y antes de amanecer
esta mañana muy tempranico coros de espigadoras encerradas en un círculo negro de vinilo hambre de trigos vístete de canciones hambre de canciones sáciate de pasiones diminutas
por los carriles de los rastrojos la espigada la muchacha-espiga pasó a ser la mujer espigante
si a tu lado me aguarda un querer no me importan los aires ni el sol ni que arranques de cuajo la mies.
Agnes glâneuse de nuevo va a nombrar este desatendido microamor hacia el mundo
-Dos momentos son buenos para espigar moluscos en la arena después de las tormentas fabulosas o tras la alta marea (pues llega la tormenta de la trágica muerte desordena lo alzado en las orillas y has de salir descalza solitaria a espigar los residuos de ánima y de ánimo caracolas con un poco de carne salada y comulgable)
Agnes ha regresado de Japón la espigadora con su esportilla entra en su casa vieja trae su maleta llena de trouvailles soy la hormiguita de los despojos -Hormiguea y espiga, mas no pierdas tu musical carácter de cigarra canta la dignidad de lo que arrastra vida con ahínco nadie escriba por ti la canción de lo útil
por esos trigos van ellas solas y se engalanan con amapolas la mujer espigante pasó a ser la anciana espigadora
Agnes filma su mano izquierda con una cámara en la derecha y encuentra a un animal autónomo. -Me gusta ser vieja, creo –dice.
Y como tiene muy buenos ojos, espiga a veces de los manojos
Varda espiga espigadores. Me quisiera enrolar ser una de las suyas en los silencios de horas despojadas contra el mundo que eleva vacíos deslumbrantes y luminosas nadas flatulentas que fabrica furiosamente ruidos y ficción de alimentos impolutos
ir detrás de las hoces cuidando los descartes espigas en el borde lodoso de la acequia manzanas olvidadas en lo alto de las ramas la carne irregular la piel manchada los malformados frutos las horas malvividas calientes y deformes palabras averiadas que olvidamos guardar y están a la intemperie entre los surcos
levantarse y volverse a agachar todo el día a los aires y al sol si acaricio lo roto entre mis manos volverá a germinar
¿y si escribir no fuera sino un himno al final de la cosecha sino un recolectar despreocupadas aceitunas o díscolas espigas o un racimo en la helada
celebrar la segunda existencia de las cosas recuperar la vida que acusaron de inútil el amor del camino?
Ten memoria de mí, segadora.
La no Marisol
Este sueño insolente ventila un diminuto teatro de memoria -microcámara negra que quisiste sellada- la refresca y reanima aquel terror cándido y necrosado, aquel de no acertar a sacar de tu boca tan torpe de ocho años la palabra exigida, el candor elocuente. Los vecinos, los amigos paternos, los tenderos, los tíos, los maestros esperaban que aquella niña flaca tan lectora hablara bien, con gracia de muñeca parlante y bien criada. No nacían palabras para ellos. Qué pavor, los adultos. Qué inhóspitas sus fórmulas sus misas sus amenazas bíblicas sus pobres vaticinios sus ramplonas ideas de belleza sus cálculos sus calderas de aceite hirviendo los pecados sus marisoles y sus risas. Líquenes enfermizos implantaba aquel miedo en los pliegues más húmedos del telón que colgaste. Desde esa concha asalta todavía un pánico ulcerante no medicalizado a no entender las voces de la vida.
(De Gavieras)
Ha muerto Umberto Eco. Epitafio
Los dioses, nos tememos, son también imperfectos. No han sido diseñados satisfactoriamente. A unos falta elegancia, a otros misericordia. Los hay tacaños, broncos, rencorosos, por exceso de celo, de justicia o de amor irritantemente puro. Nadie pensó en soñarlos eruditos. Si hubiera al menos ángeles leídos. Lo peor es, quizá, la Casa Eterna. No tienen bibliotecas en los cielos. Oh, sí, suplicaríamos por una tibia cápsula sin tiempo, alcanzada por voces de poetas amados. Mas ¿cómo se podría soportar la eterna eternidad sin libro alguno? Ese diseño habrá que mejorarlo.
(Inédito en libro)
Carboneras, verano 2013
“Empápate de vino los pulmones que ya llega la estrella del verano”. Esto cantaba Alceo, señalando las cargas de molicie y de sensualidades que traía el calor, el centro de la vida. Llénate las entrañas con faenas de eros, que vendrán tiempos hoscos cuando acabe el verano.
“Empápate de yodo los pulmones”, nos decía mi padre al llegar a la playa cada agosto. Respirad hondo; así, quedarán protegidos en invierno contra todo catarro y pulmonía. Yo imaginaba dentro un charquito de yodo reposado y oscuro, como un vaso con restos de café. Vinieron tiempos fríos. Una huella de aquel yodo marino quizá conforte aún en las borrascas.
Empápate de luz azul los ojos. Esta mañana de olas voluptuosas arde el mundo de pura plenitud. Arenas primordiales, azul denso, sol claro. Guárdalo en la memoria, protegido, como licor que abrigue cuando llegue el glaciar de la vejez.