El oso. Chantal Maillard

Takeuchi Seiho


EL OSO

Que llegue la noche, mamma,
que llegue la noche pronto
que cuando llega se encienden
los ojos de los que quiero
y los diablos se duermen.

Que venga la noche, mamma,
que venga la noche pronto
que en el día no hay tregua
ni en la vida reposo.

Que pronto la noche llegue
y que me trague el oso.

Chantal Maillard


Esta nana de Chantal Maillard fue publicada en el número 40 de la Revista Eñe (la temática de este número era “Madres y madres”), en enero 2015. 


Imagen: Takeuchi Seiho (Kyoto, 20 Diciembre 1864 – 23 Agosto 1942)

https://en.wikipedia.org/wiki/Takeuchi_Seihō

 

Nature 365: Haikus-vídeos de Jim Brandenburg

Cada día, a lo largo de todo un año, el fotógrafo y cineasta Jim Brandenburg nos ofrece un haiku-vídeo de apenas un minuto de duración. Desde su depurada mirada poética, el cineasta nos abre al mundo salvaje del magnífico entorno natural donde vive. Bosques, nieve, lagos, ríos, luna, grandes y pequeños mamíferos, pájaros y cuervos y, para nuestro regocijo, muchos lobos son los protagonistas de estos poemas visuales. El minucioso cuidado que el cineasta ha puesto a lo largo de 10 años en este work-in-process, tanto en sus filmaciones como en la edición sonora de sus vídeos, es de una gran delicadeza. Todo su trabajo y sus filmaciones, reconoce Laurent Joffrion, el director del proyecto, son un valioso archivo representativo de los grandes paisajes bioclimáticos (o Bioma) del hemisferio norte –el bosque boreal o las grandes praderas– si permaneciesen o, mejor dicho, hubiesen permanecido en su estado salvaje…

La colección completa de este diario documental está editada por Nature365.tv y dirigida por Laurent Joffrion (La duración total del proyecto es de 5h 52mns). Un espléndido trabajo!

Aquí podéis visionar en 4 mns. el vídeo de presentación del proyecto:

Y aquí tenéis acceso a todos los haikus-vídeos: http://www.nature365.tv

https://en.wikipedia.org/wiki/Jim_Brandenburg

http://www.jimbrandenburg.com

https://www.facebook.com/jimbrandenburg/?fref=nf&pnref=story


jim brandenburg 

Jim Brandenburg es un cineasta y fotógrafo estadounidense (nacido el 23 noviembre 1945 en Luverne, Minnesota) que ha marcado estilo en los fotógrafos de la naturaleza, sobre todo en la técnica. En sus más de 3 décadas trabajando para National Geographic, ha viajado por el mundo haciendo fotos para la revista. Además de trabajar para esta sociedad (donde publicó más de 20 foto reportajes, realizó varias presentaciones en televisión y participó en la edición de muchos libros) ha participado activamente en otras publicaciones fotográficas norteamericanas e internacionales como New York Times, Life, Time, Audubon, Smithsonian, Natural History, GEO, Modern Maturity, BBC Wildlife, Outdoor Photographer, National Wildlife y Outside. En el transcurso de su larga carrera, ha recibido multitud de prestigiosos premios nacionales e internacionales por su trabajo.

Libros

 

De mujeres y de focas: “El secreto de la isla de las focas”

The Secret of Roan Inish [El secreto de la isla de las focas] de John Sayles, 1994, Irlanda (103 min.) De la novela de Rosalie K. Fry. Música: Mason Daring. Fotografía: Haskell Wexler. Reparto: Mick LallyEileen ColganJohn LynchJeni CourtneyRichard SheridanCillian ByrneSusan Lynch.

Sinopsis: Fiona, una niña de diez años que se ha quedado huérfana, se va a vivir con sus abuelos a la costa oeste de Irlanda. Desde su casa se divisa la lejana “isla de las focas humanas”. El abuelo le cuenta a Fiona cómo perdió a su hermano Jamie: su cuna fue arrebatada por una ola y transportada mar adentro. El primo de Fiona se hace eco de los rumores según los cuales Jamie sigue navegando en la cuna en torno a la isla. Una hermosa leyenda sobre las focas podría ayudarles a encontrar al pequeño Jamie. (FILMAFFINITY)

Pensando en el cuento de Piel de foca, piel del alma, en el que seguimos buceando con uno de los grupos, extraigo este pasaje del libro de Mujeres que corren con los lobos donde Clarissa P. Estés hace referencia a la “mujer medial”, un aspecto del yo salvaje que vive en el intersticio de los mundos, entre la superficie terrestre y la profundidad oceánica, entre la realidad ordinaria y la dimensión simbólica, entre el mundo humano y el mundo animal:

“Existe en el núcleo esencial de las mujeres lo que Toni Wolff, una analista junguiana que vivió en la primera mitad del siglo XX, llamó “la mujer medial”. La mujer medial está situada entre los mundos de la realidad consensual y del inconsciente místico y actúa de mediadora entre ambos. La mujer medial es la transmisora y receptora de dos o más series de valores e ideas. Es la que da vida a nuevas ideas, cambia las ideas antiguas por las innovadoras, se traslada desde el mundo de lo racional al mundo de la imaginación. “Oye” cosas, “sabe” cosas e “intuye” lo que va a ocurrir a continuación.

El punto intermedio entre los mundos de la razón y de la imagen, entre la sensación y el pensamiento, entre la materia y el espíritu, entre todos los contrarios y todos los matices de significado que se puedan imaginar, es el hogar de la mujer medial. La mujer foca del cuento es una emanación del alma. Puede vivir en todos los mundos, en el mundo de arriba de la materia y en el mundo lejano o mundo subterráneo que es su hogar espiritual, pero no puede permanecer demasiado tiempo en la tierra. Ella y el pescador, el ego de la psique, crean un hijo que también puede vivir en ambos mundos, pero no puede permanecer demasiado tiempo en el hogar del alma.

La mujer foca y el niño forman en la psique femenina un sistema que es más bien un equipo de emergencia. La mujer foca, el yo del alma, transmite pensamientos, ideas, sentimientos e impulsos desde el agua al yo medial, que a su vez sube todas estas cosas a la tierra y a la conciencia del mundo exterior. El sistema funciona también en sentido contrario. Los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, nuestros pasados traumas y alegrías, nuestros temores y esperanzas para el futuro se transmiten al alma, la cual hace comentarios acerca de ellos durante nuestros sueños nocturnos, transmite sus sentimientos a través de nuestro cuerpo o nos traspasa con un instante de inspiración que da nacimiento a una idea.

La Mujer Salvaje es una combinación de sentido común y de sentido del alma. La mujer medial es su doble y es también capaz de experimentar ambas cosas. Como el niño del cuento, la mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren y lo cultivan. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene de un estrato al otro.”


La canción de Heather Dale, The Maiden and the Selkie:

 

De patos y de cisnes (2): Nómadas del viento de Jacques Perrin

Le peuple migrateur (Nómadas del viento; Winged Migration), 2001 (90 min.), Francia. Director: Jacques PerrinMichel DebatsJacques Cluzaud. Música: Bruno Coulais (‘Microcosmos‘, ‘Himalaya‘); Fotografía: Olli Barbé, Michel Benjamin, Sylvie Carcedo-Dreujou, Laurent Charbonnier, Luc Drion, Laurent Fleutot, Philippe Garguil, Dominique Gentil, Bernard Lutic, Thierry Machado, Stéphane Martin, Fabrice Moindrot, Ernst Sasse, Michel Terrasse, Thierry Thomas. France 2 Cinéma / France 3 Cinéma / Galatée Films / Bac Films

Película completa (en francés): 

Nómadas del viento: http://www.terra.org/categorias/peliculas/nomadas-del-viento

Le peuple migrateur: https://fr.wikipedia.org/wiki/Le_Peuple_migrateur

La hermosa canción de Nick Cave: To be by your side, es uno de los temas de la banda sonora de Nómadas del viento compuesta por Bruno Coulais.

¡Para alzar el vuelo!

Participan en la banda sonora de Nómadas del viento [Le peuple migrateur]: Nick Cave (‘To Be By Your Side‘), Robert Wyatt (‘Masters of The Field‘ y ‘The Highest Gander‘), Gabriel Yacoub, el Quartet Bulgarka, el coro Lyliana Botcheva, el coro de bajos Orthodoxes de Sofia, los dos jóvenes solistes Marie y Laura Giansily y las voces de Alain Maneval y de Joniece Jamison.

 

La práctica de lo salvaje. Prólogo de Gary Snyder

jim-brandenburg_timber-wolf-canis-lupus-three-running-across-frozen-lake_-minnesota

Todos nosotros, especialmente cuando somos jóvenes, nos enfrentamos a preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando? Crecí en una pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga. Las aguas colmadas de salmones del estrecho de Puget estaban cerca, y “lo que estaba pasando” era la implacable deforestación de uno de los más imponentes bosques de todos los tiempos.

La vasta extensión de enormes árboles en el litoral del Pacífico Noroeste era un fenómeno botánico y ecológico de formidables proporciones. Originó, junto con los bosques de secuoya roja algo más al sur, las coníferas más grandes del mundo. A esta expresión maravillosa de los procesos naturales llegaron los euroamericanos, que, de inmediato, devastaron el crecimiento de siglos para transformarlo en las casas de las ciudades cada vez más grandes de la Costa Oeste. Para mí, la pregunta “¿quién soy yo?” estaba ligada a mi pertenencia juvenil a una sociedad en expansión sin conciencia alguna del pasado o del futuro medioambiental. Nuestra granja se encontraba lo bastante cerca de ese mundo original de la naturaleza salvaje como para absorber algunas enseñanzas de primera mano de las lagunas, los bosques y la alta montaña. El valor de esas experiencias se consolidó con mi posterior formación intelectual, y me dediqué al estudio juvenil de la historia humana y natural, con un ojo puesto en reconocer las huellas de la injusticia y la explotación.

A los diecisiete años me hice socio de la Wilderness Society, una organización que todavía lleva a cabo una buena labor, y más tarde me afilié a un club de montañismo llamado Mazamas, con sede en Oregón. Me convertí no solo en montañero y trabajador forestal temporal –incluyendo faenas de leñador–, sino también en un defensor de la naturaleza salvaje. A lo largo de los años he desempeñado mi trabajo en montañas y bosques de todo el Oeste americano, y después en Japón, y un poco en Taiwán y Nepal. Comencé a impartir talleres para pequeños grupos, y clases por toda Norteamérica, enseñando la disciplina, el conocimiento y las destrezas que creía necesarias para apreciar la feroz ordenación de lo salvaje.

Trabajar con personas de lugares remotos de Alaska, o del centro de Manhattan o de Tokio en cuestiones relacionadas con la ecología y las estrategias medioambientales, las especies amenazadas, las culturas primarias y las religiones de Asia oriental es lo que ha dado pie a estos ensayos.

También plantean un enfoque espiritual. Mi propio camino es una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas. El respeto por todos los seres vivos es una parte primordial de esta tradición. He intentado enseñar a otros a meditar y adentrarse en las zonas salvajes de la mente. Como sugiere uno de estos ensayos, incluso el lenguaje puede ser visto como un sistema salvaje.

Un término clave es la práctica, entendida como un esfuerzo sostenido, deliberado y consciente por acompasarnos con mayor sutileza con nosotros mismos y la verdadera condición del mundo existente. El mundo, exceptuando una mínima intervención humana, es en última instancia un lugar salvaje. Es esa la parte de nuestro ser que dirige la respiración y la digestión, y cuando se observa y aprecia es una fuente de lúcida inteligencia. Las enseñanzas del budismo son realmente sobre la práctica y muy poco teóricas, aunque la teoría es tan atrayente que a lo largo de su historia ha provocado una ligera y sugerente desorientación en muchos.

La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo. Una recopilación de ensayos posterior, A place in Space, sugiere que la mayor parte de ese arraigo tiene lugar en comunidades, que existen, lo sepamos o no, en “naciones naturales” conformadas por cadenas de montañas, cursos de ríos, planicies y humedales.

Nada de lo que aquí se dice pretende poner en duda la elegancia, el refinamiento, la belleza o la llamativa complejidad de eso que llamamos civilización, particularmente aquella que prima la cualidad sobre la cantidad y que no es solo una excusa para la piratería global internacional. Me atrae la idea de que la cultura misma tenga un sesgo salvaje. Como manifestó hace años Claude Lévi-Strauss, las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación, como parques nacionales en el interior de las mentes civilizadas. El abandono y el deleite al hacer el amor, tantas veces cantado, es parte de nuestro gozoso carácter salvaje. ¡Sexo y arte por igual! Lo que quizás no vimos con tanta claridad era que la realización personal, e incluso la iluminación, es otro aspecto de nuestra condición salvaje, un vínculo de esa cualidad que hay en nosotros con los procesos (salvajes) del universo.

Mi motivación debe mucho a ser un euroamericano viviendo en el Nuevo Mundo, en un lugar semisalvaje. Considerando el planeta en su conjunto, se observa que los problemas no son muy diferentes en cualquier lugar de la Tierra. El mundo entero tenía buenos bosques y mucha fauna salvaje hasta hace unos cuantos siglos. Las comunidades humanas disfrutaban de un gran espacio, excelente agua y buena tierra. Y sumando o restando unos pocos miles de años, todos hemos estado viviendo en pequeñas comunidades de subsistencia durante la mayor parte de la historia humana. Ese tipo de vida tenía sus inconvenientes, pero hay lecciones y destrezas relativas a esa larga historia que todavía no hemos asumido ni incorporado a nuestras actuales ocupaciones.

Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre. Su expresión, la plenitud de la vida animal y vegetal en el planeta, que incluye las tormentas, los vendavales, las serenas mañanas de primavera y a nosotros mismos, es el mundo real, al que todos pertenecemos. Estoy profundamente agradecido por haber podido recorrer este sendero, estudiando con maestros en Oriente y Occidente, y haber disfrutado de la oportunidad de escribir y expresar mis ideas para todo aquel que ha querido escuchar.

Gary Snyder 25.10.98-12.05.10


Gary SnyderLa práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2016

Fotografía de Jim Brandenburg. Timber Wolf (Canis lupus) three running across frozen lake in Minnesota.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/05/17/gary-snyder-a-barcelona-primeres-impressions/


La práctica de lo salvaje. Gary Snyder

La práctica de lo salvaje_Gary Snyder111210snyder12LS


Hace tiempo que esperábamos la traducción de este ensayo de Gary Snyder sobre la vida salvaje! Reconoceréis muchos de los temas que abordamos en los talleres. Su aparición en las librerías es ahora inminente! Para hacer boca y compartirlo, me he permitido traducir, humilde y torpemente, algunos fragmentos de la edición francesa, “La pratique sauvage”:


Una palabra clave aquí es la “práctica”, en el sentido de un esfuerzo sostenido, consciente y deliberado para aprender a encontrar un modo de armonización con nosotros mismos y con la verdadera condición del mundo. A fin de cuentas, el mundo, exceptuando una ínfima parte de intervención humana, es un lugar salvaje. Es aquella faceta connatural de nuestro ser humano que guía no sólo la respiración y la digestión sino que es también, cuando sabemos observarla y apreciarla, una fuente de profunda inteligencia. […]

*

Así que, de nuevo, hay que comprender la sutil pero esencial diferencia de sentido que existe entre las palabras naturaleza y salvaje. Decimos que la naturaleza es el objeto de la ciencia. Podemos testar y examinar la naturaleza en sus mínimos detalles, tal como lo hace la microbiología. Lo salvaje, en cambio, no es sujeto ni objeto de estudio; para aproximarnos a él, hay que aceptarlo desde dentro, como una cualidad intrínseca de lo que somos. La naturaleza, en última instancia, no está amenazada: lo salvaje sí lo está. Aun cuando lo salvaje es indestructible, es posible que lo perdamos de vista.

Es entonces cuando se da forma a una cultura del espacio salvaje. La civilización está en la naturaleza: nuestros egos se enraízan en el terreno del inconsciente, la historia tiene lugar en el Holoceno, la cultura humana está enraizada en lo primitivo y el Paleolítico, y nuestras almas están allí fuera en el espacio salvaje.

*

La idea que la cultura esté sostenida por una fuerza salvaje me intriga profundamente. Tal como Claude Lévi-Strauss lo anotó hace ya muchos años, las modalidades artísticas son unas zonas salvajes que sobreviven en el imaginario, como parques naturales en el centro de las mentes civilizadas. El sentimiento de gozo y de abandono que procuran el amoroso acto sexual forma parte de nuestra naturaleza salvaje. ¡El sexo y el arte al lado el uno del otro! ¡Nos lo imaginábamos! En cambio, quizá no habíamos percibido claramente que la realización de uno mismo, incluso el despertar de la conciencia, representa otra dimensión de nuestro ser salvaje mediante la relación que se establece entre lo salvaje en nosotros y la realidad absoluta del universo.

Si consideramos el planeta en su conjunto, nos damos cuenta que los problemas, estemos donde estemos, son más o menos similares. Hace tan sólo algunos siglos, el mundo entero era bastante salvaje, rebosaba de bosques sanos y de animales en libertad. Podemos también reconocer que hace miles de años aún, es decir, durante la mayor parte de la historia humana, todos vivíamos en el seno de pequeñas comunidades caracterizadas por culturas de subsistencia. Existen lecciones y técnicas de este largo pasado que todavía no hemos sabido apreciar en su justo valor o que no hemos integrado en nuestra práctica de vida.

Lo Salvaje, sinónimo en la civilización occidental de salvajismo y de caos, es, de manera imparcial e implacable, fundamentalmente libre en su belleza formal. Y su expresión —la riqueza de la vida vegetal y animal (nosotros incluidos) sobre el planeta, las lluvias torrenciales, los vientos violentos y las tranquilas mañanas de primavera, la curva de un meteoro cruzando la oscuridad— es la auténtica realidad de este mundo al que pertenecemos.

*

Sepamos apreciar la elegancia de las fuerzas que dan forma al mundo y a la vida, las que modelan las líneas de nuestros cuerpos, nuestras uñas y nuestros dientes, nuestras cejas, nuestros pezones. Procuremos también comportarnos de la manera menos nociva posible, no sólo con nuestros hermanos humanos, sino también con todos los seres vivos. Seamos abiertos y generosos, procuremos no explotar a nadie. Hay suficiente sufrimiento en el mundo tal y como está.

*

«Salvaje y libre». […] Mi intención aquí es contemplar la palabra salvaje en todos sus aspectos, y estudiar los lazos que teje con la idea de libertad, poniendo de relieve el profundo alcance de este vínculo. Para ser verdaderamente libre, hemos de aceptar nuestra condición tal como es en sí misma, dolorosa, efímera, abierta, imperfecta, y sentir agradecimiento por esta no-permanencia y la libertad que nos ofrece. Pues, en un universo fijo y estable no existiría libertad. Es esta libertad la que nos permite mejorar el hábitat, educar a nuestros hijos y cazar a los tiranos. El mundo es natural e inevitablemente salvaje a largo plazo, porque lo salvaje, que es la esencia y el proceso mismo de la naturaleza, es el principio de orden en el corazón de la no-permanencia.

Aunque el término naturaleza no sea en sí mismo amenazador, la idea de “salvaje” a menudo viene acompañada, en las sociedades civilizadas (tanto en Europa como en Asia), de las nociones de desorden, indisciplina y violencia. El término chino para naturaleza, zi-ran (shizen en japonés), significa “la talidad”. […] La idea según la cual la sabiduría pueda surgir de lo no-civilizado tan sólo se llega a concebir en los primeros taoístas.

Thoreau decía: «Busco un estado natural, salvaje, que ninguna civilización sabría sostener». Esto no es algo difícil. Lo que resulta mucho más dificultoso es concebir una civilización que un estado natural, salvaje, lograría sostener y, sin embargo, esa es la meta a alcanzar. El entorno salvaje no es sólo la “condición de existencia del mundo”, es el mundo. Hace mucho tiempo que las civilizaciones, tanto en el Este como en el Oeste, entraron en colisión con la naturaleza salvaje, y hoy en día, son en su mayoría los países desarrollados los que, por su poder absurdo, destruyen no sólo individuos sino también especies enteras, mecanismos enteros, hasta la Tierra incluso. Necesitamos una civilización que sepa desplegarse plenamente y en armonía con el espacio natural.

*

Nuestros cuerpos son salvajes. El repentino movimiento de la cabeza en respuesta a un grito, la sensación de vértigo frente al precipicio, la garganta anudada ante un momento de peligro, el aliento cortado, los momentos de calma cuando nos relajamos, la mirada fija cuando reflexionamos: todas son respuestas universales de nuestros cuerpos de mamíferos. Podemos observarlas en cualquier entorno. El cuerpo no necesita intervención alguna del intelecto consciente para respirar, o para mantener las pulsaciones cardíacas. Se regula perfectamente él solo, él es su propia vida.[…]

Las profundidades de la mente, el inconsciente, son nuestras propias extensiones salvajes; de hecho, en este mismo instante, un lobo habita en ellas, no un lobo connatural a la psique de cada uno, sino aquel lobo que aparece en nuestros sueños. El ego consciente y planificador ocupa una porción ínfima del territorio, apenas una pequeña garita cerca de la puerta, vigilando las entradas y las salidas (tramando de vez en cuando complots expansionistas); todo lo demás cuida de sí mismo. El cuerpo en cierto modo está en la mente. Ambos son salvajes. […] Sería falso creer que los seres humanos se han vuelto “más inteligentes” en un momento dado, inventando primero el lenguaje, y luego la sociedad. El lenguaje y la cultura surgen de nuestra existencia natural social y biológica… El lenguaje es un sistema del cuerpo-mente que evolucionó al mismo tiempo que nuestro sistema nervioso y nuestras necesidades. Del mismo modo que la imaginación, el lenguaje se despliega sin ser solicitado. Su complejidad escapa a nuestras capacidades intelectuales y racionales. […]

*

Toda tierra, sin importar su grado de explotación y de devastación, alcanzará un punto de equilibrio entre productividad y estabilidad biológica en cuanto esté abandonada a sí misma (“zi-ran“, la talidad). Una forma de agricultura posindustrial que fuera a la vez una “vía primitiva y del porvenir” plantea la siguiente pregunta: ¿No habría un modo de ir en el sentido de la naturaleza en lugar de ir en su contra?
*

En el taoísmo chino primitivo, “formarse” no significaba eliminar de sí mismo todo elemento salvaje, sino desembarazarse de todo condicionamiento arbitrario e ilusorio. Tchuang Tse parece decir que todos los valores sociales son artificiales y al servicio del ego.

*

No nos precipitemos en sacralizar de nuevo todas las cosas. Seamos pacientes, hay que dar mucho tiempo a la tierra para que esté en condiciones de poder hablar de nuevo, sea a nuestra generación o a las del futuro. El grito de un pájaro carpintero, el curioso chirrido apresurado de una ardilla gris, el sonido seco de las bellotas que caen sobre el tejado de la granja son otras tantas señales…

*

Cada sistema ecológico es un mandala diferente, una retícula imaginaria única. De nuevo, viene a mi mente el término ainu “iworu”, el campo de los seres. […] Ya es hora de imaginar y visualizar la disposición (l’agencement) de las jerarquías y de las redes de la realidad no-dualista. La teoría de los sistemas nos proporciona ecuaciones pero pocas metáforas. En el “Sutra de las montañas y de los ríos“, leemos: “No es sólo que hay agua en el mundo, sino que, más bien, hay todo un mundo en el agua. Y esto no sucede sólo con el agua. En las nubes, en el viento, en el fuego, en la tierra también hay todo un mundo de seres sensibles […], incluso en una brizna de hierba.”

*

Los relatos son una de las trazas que dejamos en el mundo. Todas nuestras literaturas son residuos, son del mismo orden que los mitos de los pueblos del espacio salvaje que no dejan tras sí más que historias y algunas herramientas de piedra.

Continuará…

Fragmentos extraidos del libro “The practice of the Wild“, de Gary Snyder, North Point Press, San Francisco, 1990.
Versión castellana de Muriel Chazalon a partir de la traducción francesa, “La pratique sauvage” , Éditions du Rocher, 1999. Mi agradecimiento a Susanna por revisar la traducción.

Próximamente en las librerías, Gary Snyder. La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek Ediciones, 2016

La princesa Mononoke. Hayao Miyazaki

Princesa Mononoke_cartel japonés Princess Mononoke_Cartel minimalista


La princesa Mononoke (1997) es un canto visual a la naturaleza en la que el director japonés Hayao Miyazaki (“El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”) reflexiona sobre la difícil convivencia entre el hombre y la naturaleza. Pero este sobrecogedor film de animación no es un cuento simple centrado en el bien y el mal, sino la compleja historia de cómo los seres humanos, animales del bosque y dioses de la naturaleza luchan por su participación en el nuevo orden emergente

mononoke-2La película está ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573). Para proteger a su pueblo, el príncipe guerrero Ashitaka opta por matar a un espíritu del bosque, un dios jabalí que está maldito, pero uno de los tentáculos de la bestia antes de morir le alcanza un brazo y extiende por éste una maldición que hace peligrar su vida. Su única esperanza es viajar hacia el oeste en busca de respuestas, allí donde vive el espíritu del bosque, Shishi Gami, una antigua deidad, translúcida y multiforme, ajena al devenir y al tiempo de los hombres. En su camino, llega a la ciudad de Tatara Ba, liderada por la guerrera Eboshi-sama, una fortaleza en la montaña que se dedica a la fundición de hierro para la fabricación de armas, provocando la tala de los bosques y la destrucción del entorno. Allí, nuestro joven protagonista se verá envuelto en una cruel batalla que enfrenta a mononoke_bosquelos habitantes de dicha ciudad y los clanes de lobos y jabalíes entre sí, estos últimos movidos por el odio y el recelo que tienen a los humanos por sus repetidos ataques al bosque y sus seres. Las criaturas del bosque están encabezados por San, la princesa Mononoke (que significa “espíritu vengador”), una princesa guerrera que fue criada por los lobos en las montañas, y que asocio en mi mente con nuestra Mujer salvaje y, a su vez, con su hermana especular, Hainuwele –uno de los alter ego de la poeta Chantal Maillard– enamorada del Señor de los bosques…

tumblr_mzkcr9llsv1rkeknyo1_500
Estas pequeñas criaturas de cabeza giratoria son llamadas Kodama que en japonés significa “eco”; al estar escrito en Katakana, también puede traducirse por “bolita” o “pequeño espíritu”.

 

 

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/La_princesa_Mononoke

http://www.filmaffinity.com/es/film890814.html

Banda sonora de Joe Hisaishi [extracto]: 

 

 

Lullaby to elephant



En el vídeo, Lek está cantando una nana al elefante Faa Mai. Esta mujer sabia proviene de una tribu de las montañas del norte de Tailandia, más arriba de Chiang Mai. Creó Elephant Nature Park Chiang Mai, un santuario y un centro de rescate para los elefantes maltratados. Lek vuelve a comprar elefantes maltrechos a los mahout (palabra que significa en hindi “montador de elefantes”, los que manejan y conocen a los elefantes) y los acoge en este lugar único, abierto, donde los elefantes forman de nuevo grupos, familias, se curan y se ayudan mutuamente. Un lugar sin cercados en el que vuelven a ser elefantes…

Entrad también vosotr@s en el apaciguamiento del canto…

http://www.elephantnaturepark.org

www.saveelephant.org

 

Hallar un pueblo sabio. Chantal Maillard

 

Hieronymus Bosch _detail from The Garden of Earthly Delights_ca. 1490-1510


Diez millones.

Un número.

Un número tan sólo

para diez

millones

de casas incendiadas

de cuerpos mutilados

de gritos

silenciados

uno

a

uno

en boca que arde y

no entiende.

 

1

0

 

0

0

0

 

0

0

0

 

siete

veces

el signo de la nada sobre

diez

millones

de historias

que nunca contará

la lengua de los otros.

 

Dos palabras.

Cuatro sílabas.

 

Un globo que soltamos

Al final de la fiesta.

La piñata que espera

el golpe de una mano

nunca

inocente.

 

*

 

Pero he aquí que diez

millones de tigres

elefantes

y ballenas

de aves

y de lobos de

reptiles

diez millones

por diez

millones de panteras

de seres voladores

animales que duermen

con los ojos abiertos

insectos, musarañas

y grandes paquidermos

diez millones por diez

millones de hormigas,

de abejas y de búfalos,

diez millones de seres

unidos por un fin

en la tregua del hambre

barrieron los humanos

como si fuese arena

y empujándoles hasta

los confines del mundo

devolvieron

al caos

lo que le pertenece.

 

(Sobrevivió una anciana.

Viste la piel de un perro vagabundo.

Sin luces, balbucea.

No tiene descendencia.)

 

*

 

¿Que qué pasó? Señora, eso aquí nadie lo pregunta.

El diablo se escapó y anduvo por los poblados.

Durante cien días anduvo entre nosotros con

el machete afilado.

No, Señora, aquí nadie pregunta.

Quien no aprende a perdonar

no tendrá paz dentro de sí.

(le respondió a la periodista la

                                                                superviviente de un genocidio.)

 

*

 

El campo de Kobe, al sudeste de Etiopía.

Los campos saharauis de Tinduf.

los campos de Saklepeha, en Liberia.

Los campos de Bahai, Ereba, Guerida, Forshana, Goz-

Beida y Nigrana, Djabal y Goz Amer, en el Chad.

Los campos de Kibati, Bulenbgo, Buhimba y

Mugunga, en la República congoleña. Los de Mweso y

Masisi.

El campo somalí de Dadaab, al noreste de Kenia. Los

de Hagadera, Ifo, Dagahale, en su frontera.

El campo de Domeez, en el Kurdistán iraquí.

El campo sirio de Za’atari, en Jordania. El de

Muraiyeb al Fohud y el de Anmar al Hmud.

La Franja de Gaza.

 

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,

duerme como aquel monje su sueño de

trescientos años oyendo cantar a un pájaro.

Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.

 

*

[…]

*

 

Hocicos temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. –El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. –Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro para contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.

 

*

 

No nos enseñaron a desconfiar de los buenos.

La tierra yerma se estremece. Bajo su piel el pueblo de las ratas huye en desbandada.

 

*

 

Nunca suficientemente desolados para tocar fondo y arañar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permitidos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el trayecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un grito. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin preguntas, sin temor y sin vergüenza.


*


Desandar lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio, un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuera no estuviese al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que tan sólo exigiese que se respetará su derecho de paso: el camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios sin dañarlos.

Hallar un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se hallase uno.


Chantal Maillard. La herida en la lengua. Tusquets, 2015


Imagen: Hieronymus Bosch, detalle de The Garden of Earthly Delights, ca. 1490-1510


 

“S’abêtir”: abestiarse. Chantal Maillard

Gato&Buddha


Hay en el animal una inocencia que se me antoja camino de vuelta al origen. Anterior al juicio que distingue y sopesa, le procura al gesto la precisión que la razón le niega cuando se activa en los territorios que no le pertenecen. Y cuánto esfuerzo le cuesta lograr un “acierto” donde, sin ella por guía, habría certeza. El ser humano “desarrollado” se enorgullece de los logros de su inteligencia, pero cuán torpe es, cuán pobre y desasistido cuando pretende comportarse de acuerdo con la naturaleza. Yo aprendo de un animal todo aquello que mi voluntad traba. Y aprendo, también, mi desgracia, mi inferioridad y mi condición de extraña en este mundo que no sabemos proteger lo suficiente. Contemplo, voy hacia ellas, hacia las bestias, me “abestio”, je m’abêtis, como sugería Montaigne. Aunque para el hombre enaltecido s’abêtir (“idiotizarse” sería la traducción de la palabra en su uso común) es rebajarse, volver al estado de salvajismo en el que, según sus teorías, estábamos al principio y en el que la carencia de leyes nos llevarían a matarnos unos a otros “sin razón”. Olvidan que las reglas que acorde a razones han de darse los seres humanos para convivir sin daños no son en absoluto necesarias en el reino animal. La acción de un animal, que nunca opera contra el bien de todos, no se diferencia de la ley natural.

La inocencia de las bestias, la aceptación incondicional por parte de cada una del lugar que ocupa en la cadena y la asunción, por otra parte, de ese ejercicio de crueldad que es, para cualquier buen entendimiento, un mundo organizado sobre el hambre en una rueda sin fin de resistencia, miedo, dolor y muerte, es para mí algo más que una lección de humildad. Chuang Tsé, cuya sabiduría era grande, refiere este consejo, que daba el Señor del Mar del Norte al Conde de los Ríos: “Procura que lo humano no destruya lo Celestial en ti; procura que lo intencional no destruya lo necesario”. Para conseguirlo, para conservar lo necesario se ejercitaban los taoístas en la espontaneidad. El recogimiento (no-mente) antes de lanzar la flecha o trazar la línea con el pincel, la “détente du tigre”, como decía Michaux aludiendo al gesto certero del tigre que salta sobre su presa, pero también la conciencia del gesto cotidiano, esos gestos que realizamos sin necesidad de que el pensamiento los anticipe. No creo equivocarme al pensar que también a ello aludían Hui-Neng y otros maestros del budismo chan cuando hablaban de la necesidad de hallar el “rostro original”. Lo celestial, el rostro original, no es otra cosa, a mi entender, que la sabiduría de las bestias.

Chantal Maillard. Hainuwele y otros poemas. Nota a la edición. Tusquets, 2009

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/09/23/el-animal-perdido-en-mi-chantal-maillard/