El poema de la unidad | Jesús Aguado

Joseph Campbell estudió en los cuatro tomos de ‘Las máscaras de Dios’ los arquetipos comunes a toda humanidad.

JESUS AGUADO

El mitólogo Joseph Campbell.El mitólogo Joseph Campbell. BETTMANN / GETTY IMAGES

Estamos vivos, pero se nos ha olvidado. Peor todavía: se nos ha olvidado que lo hemos olvidado. Estamos vivos, pero pensamos, actuamos y nos organizamos como si estuviéramos muertos. Una tragedia, invisible para la mayoría, que el mito debería ayudarnos a visibilizar primero y a afrontar después. Porque el mito hace esto según Joseph Campbell: ayudarnos a entrar en contacto con la experiencia de estar vivo. Algo para lo cual se necesita despertar a ese héroe que todos llevamos dentro (quizá su libro más conocido sea El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito) y al que se han confiado las diferentes culturas para sostener sus valores, sus aspiraciones privadas y colectivas, y su energía espiritual. Otra afirmación de Campbell sobre el mito es que nos hace avanzar por la vida como por un poema (conectados a un ritmo esencial, atentos a las metáforas y a los símbolos, confiando en los pasadizos que abren los silencios en las palabras, organizando el pensar no con silogismos, sino con resonancias y armonías), un descubrimiento en sí revolucionario porque la religión institucionalizada y sus códigos derivados, desde la teología hasta el derecho, nos obligan a traducirlo a mala prosa cotidiana.

La obra entera de Joseph Camp­­bell, y en especial los cuatro tomos de Las máscaras de Dios, intenta reconstruir el poema de la vida con los materiales que el mito le proporciona. Un poema muy deteriorado, el de la unidad de la raza humana más allá de épocas, mentalidades o geografías, que hemos de restaurar antes de que sea demasiado tarde con los instrumentos de la arqueología, la filología, la filosofía, la psicología, la mitología y la religión comparadas, o el folclore. Una tarea de cuya urgencia dan cuenta los dos principios centrales que inspiran los tomos primero y último de esta tetralogía. En ‘Mitología primitiva’, el autor sugiere que el “profundo pozo del pasado” esconde partes del conocimiento que han quedado inacabadas o abandonadas, restos de sabiduría sobre los que hemos de interrogar tanto a los cazadores o plantadores de los orígenes como a los chamanes, los niños, los soñadores o los moribundos. O a ciertos escritores cercanos (él cita, entre otros, a Novalis, SchopenhauerKierkegaard, Goethe, Nietzsche, Melville o Thomas Mann) que hacen de puente, varios cientos de páginas después, con las tesis de ‘Mitología creativa’. Aquí defiende la necesidad de que, invirtiendo el orden clásico consagrado por la historia, en adelante los mitos se originen en experiencias individuales que no surjan de los dictados de la autoridad, sino de las intuiciones, los sentimientos y los pensamientos de personas dotadas con la gracia suplementaria de saber cómo hacerlas comunicables. Estos “maestros creadores” serán modelos evocadores, no coercitivos; despertarán con su ejemplo a la humanidad dormida, y nos revelarán que el verdadero paraíso es darse cuenta de que dentro de uno están todos los dioses.

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Campbell, que enuncia el objetivo de este trabajo como “el primer esbozo de una historia natural de los dioses y los héroes”, se detiene en episodios ejemplares (que narra de manera tan hipnótica como Heinrich Zimmer, del que fuera amigo y de cuyas obras póstumas fue editor, y tan inspirada y transversal como Jung, otro de sus principales referentes), ciclos mitológicos de Oriente y Occidente (consagra los tomos intermedios a ellos: ‘Mitología oriental’ y ‘Mitología occidental’), temas (el ego, el amor, la muerte, la madre virgen y el nacimiento milagroso, el diluvio, el estado, la cruz y la media luna, el dios perdido, las supersticiones, el éxtasis, el animal totémico, el sufrimiento, el juego, el misterio, la luz, el demonio, la servidumbre, el asombro y decenas más que en bastantes ocasiones están acompañados de ilustraciones) o figuras arquetípicas (el caballero de la triste figura, el vidente, el profeta, Isolda, Eloísa, Galileo, Cristo, Buda, Krishna). Materiales heterogéneos que hace sonar como una sinfonía (la palabra es suya) y que teje sin perder el hilo en ningún momento porque lo que le mueve, algo que deja claro desde el prólogo, no es alardear de erudito, aunque pocos lo sean como él, sino quitarle pesos y opacidades al mundo mientras restituye o reescribe el poema de la vida verdadera.

¿Qué haremos, entonces, con este poema con mil caras y voces del que hablan, desde dentro de Las máscaras de Dios, las diversas mitologías? Campbell también se anticipa a esta pregunta: las personas razonables lo usarán para fines razonables; los poetas, para fines poéticos, y los insensatos, para la necedad y el desastre. Intuimos quiénes protagonizan este tercer camino, y por eso mejor apartarlos del nuestro, así que confiemos en que los otros dos lo utilicen para hacernos más amplios y profundos, más fluidos y sofisticados, más intemporales y lúcidos, más libres y trascendentes, más sobrenaturales y limpios. Y para recordarnos que recordemos que estamos vivos de una vez por todas.

 

https://elpais.com/cultura/2019/03/01/babelia/1551438778_223675.html?fbclid=IwAR0XcI5bbUwACE-en_6BMzL7lfT5zroMhlcEzdeHUQIQtozRf9bbqN_Wmlk

 

El gesto de Mérmeros | Lars von Trier-Chantal Maillard

 

[…]

Sí, es cierto, Medea es la historia de una venganza. Medea mata a sus hijos por venganza. Pero el motivo del crimen no es lo que aquí nos interesa. Los motivos son lo que interesa a la moral, pero la moral no es lo que aquí nos interesa. La moral es el código que regula las normas de convivencia, pero las estrategias de convivencia tampoco son lo que aquí nos interesa.

Lo que nos interesa es la mano de Mérmeros posándose dulcemente en el hombro de Medea. Ese gesto, ese ofrecimiento, esos veinte segundos en una cinta de celuloide, esa eternidad.

De lo que tratan estas páginas es de la compasión, la tan difícil compasión.
Lo que nos interesa es ese gesto. Un gesto que con Mérmeros adquiere valor universal.

[…]

Mérmeros no se entrega para la renovación de ninguna alianza. Medea nada renueva, Medea se opone, invierte el curso, anula, se rebela. Mérmeros intuye. Le tiende la cuerda. Su gesto es antinatural. Otra alianza se introduce entre las hebras, torciéndose con ellas. Y Medea acepta. Acepta el acuerdo, el terrible acuerdo. Asume su cordura y su condena.

[…]

Medea en la colina. Arrodillada. Rodeada por la hierba, ahora luminosa, casi transparente, al final del día. Devastada. Inmóvil. Entre un acto y otro acto. Entre lo que ha cumplido y lo que ha de cumplir. Entre un horror y otro horror. Se oye cantar a los pájaros.

Medea ha percibido el contacto, la cabeza del hijo apoyándose en su espalda. Medea ha parpadeado. Brevemente. Por lo demás, no se ha movido. Sabe que cualquier gesto que hiciese, por mínimo que fuese, daría comienzo inevitablemente al siguiente episodio. Pero Mérmeros se adelanta. Se incorpora. Le entrega la cuerda.

–Ayúdame, madre –le dice.

*

Y aquélla es la colina del sacrificio.

Mérmeros no es el reformador de ninguna religión. No tiene meta que alcanzar, ni destino que cumplir, ni mundo al que salvar. No obedece a ningún dios. Mérmeros es el cordero que ofrece su cuello porque es preciso.

Mérmeros no juzga al verdugo.
Mérmeros no pretende nada, no quiere nada.
Mérmeros no se rebela, no se protege, no se defiende. Su gesto es extra-ordinario. Misterioso.

*

Del misterio es el silencio.
Del misterio la voz callada.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

 

Lars von Trier. Medea. 1988. Una adaptación televisiva de la Medea de Eurípides (431 a. n. e.) a partir del guión de Carl T. Dreyer.

Duración: 76 min. País: Dinamarca. MúsicaJoachim Holbek. FotografíaSejr Brockmann

RepartoUdo Kier, Kirsten Olesen, Henning Jensen, Solbjørg Højfeldt, Preben Lerdorff RyeBaard Owe, Ludmilla Glinska, Vera Gebuhr, Jonny Kilde, Richard Kilde, Dick KaysøMette Munk Plum.

 

Matar a Platón en concierto o la mano sonófora de Chantal Maillard

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

Ayer noche, escuchar a Chantal Maillard arrebatando el vacío con la extraña ternura de su mano –¿o era la voz?–, uniendo lo roto con su mano sonófora de poeta que pulsa las hebras…

Magnética Maillard-zahorí.

Magníficos los músicos, acompasando la zozobra del desquicio hasta su grieta sonora. Hasta su calma.

Matar a Platón, vertiginosa página-agujero reversible en la mano, táctil en los ojos, manantial sobre la lengua sedienta…

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

MATAR A PLATÓN EN CONCIERTO, escenificación poético-musical interpretado por su autora, Chantal Maillard, con la música de Chefa Alonso (vientos, kechapi y percusión) y Jorge Frías (contrabajo). En La Caldera-Les Corts, Barcelona, el 22 de febrero 2019.

Fotografías de Tristán Pérez-Martín.

http://lacaldera.info/pages/view/matar-a-platon?lang=spa

Aquí va un extracto de la actuación en el festival Cosmopoética 2016 (teatro Góngora de Córdoba) en octubre 2016. Filmación y edición de Adrian Abril. A degustar.

 

 

 

Chantal Maillard | La que silba, la que sabe.

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A la mujer sabia, se la desterraba de otra manera: recluida o aislada en algún paraje de difícil acceso, ella era la sacerdotisa, oraculum (hablante) o sibylla (la que silba), consejera, pues, mediadora, profetisa, pero nunca rival. Diferente, superior, pero lejana y ajena.

Serpiente de tierra o de agua, la que sisea (σίζω), la que silba, la que sabe.

La sierpe: animal sagrado en los matriarcados, reverenciado en antiguos territorios meridionales, maldito en cambio en los patriarcados que codiciaron su poder.

¿Tanto necesitaban defenderse, los patriarcas, de las diosas fértiles, de su conocimiento de los ciclos, su dominio de la escucha, el augurio y el arte de curar? ¿Tanto poder tenían ellas, tanto saber, para que a los varones de la era histórica les resultasen tan incómodas?

*

Saludo a aquélla, capaz de contemplar de frente el abismo que circunda la existencia. Aquella que no se deja distraer por fuegos de artificio y necias celebraciones, ni se engaña ocultando su rostro tras la máscara ajustable de las conveniencias. Saludo a aquella que sabe arrastrarse con la sierpe, volar a ciegas con el murciélago y dormir cabeza abajo arropada en el sayo de sus propias alas, husmear con las fieras la presa en los vientos y desgarrarla sin ira, aletargarse con los saurios, hibernar con el oso. Saludo a aquella que aceptará su muerte como aceptó su vida, sin pedir clemencia, sin prolongar la espera.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019.

 

Animales. Eva Lootz

Resultado de imagen de el cordero de zurbaránAgnus Dei. Francisco de Zurbarán. Óleo sobre lienzo, 38 x 62cm., 1635-1640. Museo del Prado.

 

En los zoológicos, los animales constituyen el monumento vivo a su propia desaparición, son el epitafio a una relación que era tan antigua como el hombre.

John Berger

 

<< Repaso a vuela pluma los animales con los que alguna vez he mantenido conversación (in effigie se entiende) entre los muros del Prado. Después de todo, lo primero que pintaron manos humanas fueron animales. Nunca dejo de hacerle una visita al oso de la planta baja y al ciervo perseguido por una jauría de perros. Ese oso que me recuerda leyendas ancestrales como la de la mujer que se casó con un oso. Y ¿no hubo un tiempo que reconocía el abolengo y la estirpe de alguien en el arte de trocear las entrañas de la caza?

Aquel toro enigmático recostado sobre un acantilado rojo (que últimamente no encuentro, debe de estar guardado en un almacén) que invierte el curso de la flecha que le persigue y se clava en el ojo del hombre que la disparó. El jilguero del Jardín de las Delicias y su séquito de pájaros. Los perros con cara humana del Triunfo de la Muerte, San Jerónimo sacando la espina de la pata del león y el cuervo llevándole un pan a San Antonio. Los perros de Ticiano, el cordero de Zurbarán.

Y la caza, siempre la caza y su anuncio de los placeres de la mesa. Faisanes, patos y liebres; sotras, erizos y lenguados. Y los gatos que acechan el descuido de la cocinera. Y los caballos. El caballo del Conde Duque de olivares. El caballo del Duque de Lerma. El caballo de Felipe Próspero. El caballo de crin rizada, tan inflado como inflada de mala uva debió de ser la reina que lo montaba.

Un mundo de continuidad entre el animal y el hombre.

[…]

 

unnamed-20.jpgNiccolò Antonio, llamado Colantonio. San Jerónimo en su estudio (1445-1450 circa). Temple sobre madera. Museo di Capodimonte. Nápoles. 

 

*

“Estás obsesionado por los animales, ¿por qué? ¿Es porque ya no son inagotables? ¿Porque los hemos agotados?”, se pregunta Elias Canetti en ese libro de apuntes y soliloquios que es El corazón secreto del reloj. Entre estos apuntes tardíos abundan las referencias a los animales. Este, por ejemplo: “¡Los animales! ¡Los animales! ¿De dónde los conoces? De todo lo que no eres y sin embargo quisieras ser. Para probar”.

O: “No tienes entre los animales ni un solo amigo. ¿Y a esto lo llamas vida?” O: “Nunca he abrazado a un animal. Toda una vida he pensado con compasión torturada en los animales, pero nunca he abrazado a ningún animal”. O: “Lloras por ellos, por las lenguas que mueren, los animales que mueren, la tierra que muere”.

*

La desaparición de los animales de nuestro mundo de vida es un hecho, por más que en algunas masías gerundenses últimamente uno pueda optar por apadrinar a una vaca. Obedeciendo a la imparable tiranía de la rentabilidad y del beneficio, nuestras sociedades de la abundancia han liquidado el respecto a los animales. Viendo pastar a una vaca en lo alto de un cerro en los montes de Ávila siempre habrá alguien que te dice: estas vacas ya no son rentables.

Y piensas: lo que pasa dentro de este sistema es que ya no es rentable la vida con un mínimo de dignidad, tanto para el hombre como para la vaca. Hemos convertido a los animales en juguetes, en marionetas, en mascotas, cuando no en materia prima. Les hemos robado la dignidad de sus habilidades características, los rasgos distintivos de su naturaleza que les hacían hábiles para sobrevivir en el nicho de su especie sin la tutela del hombre. Pero también la dignidad de una vecindad largamente pactada y cuasi fraterna, de la que aún “disfrutaban” en el seno de las sociedades agrarias, establecida en un proceso milenario de doma, domesticación y simbiosis.

En nuestro mundo ya no hace falta ni la velocidad del galgo, ni la fuerza del buey o del elefante, y sin embargo hacemos costosos viajes para filmar cómo en el interior de una yurta un grupo de músicos mongoles le cantan alabanzas a la más hábil de sus águilas amaestradas tras la hazaña de haber cazado a un lobo (¡no le cantan al cetrero, le cantan al águila!).

 

53873410_xoptimizadax-keJC--620x349@abc.jpgJheronimus van Aken, el Bosco (1490 – 1500). El jardín de las delicias. Óleo sobre tabla de madera de roble. Museo del Prado.

 

*

El penúltimo capítulo de esta sombría historia son los holocaustos animales del pasado reciente. Toneladas de animales sacrificados por unas enfermedades de las que el hombre, en última instancia, es el responsable. Primero la de Kreuzfeld-Jacob, o de las vacas locas, causada en gran medida por piensos fraudulentos, y después la epidemia causada por el virus H5N1, la llamada gripe aviar, que no por ser enfermedad real está menos relacionada con las condiciones de vida dentro de las granjas avícolas; y con cuya posible y eventual mutación, causante de una posible epidemia humana, se hicieron negocios mayúsculos. Valiéndose del miedo, de la omnipresente difusión de la prensa y de bien orquestadas campañas se lanzó un medicamento –el Tamiflu– que, a parte de ser ineficaz, desencadenó un chorreo de millones de dólares con destino a las arcas de la empresa farmacéutica que lo produce, la Gilead Sciences Inc. (véanse los informes al respecto)…

¡Y encima pudimos leer en un periódico que son las aves migratorias las que tienen la culpa!…

*

Estas y parecidas consideraciones están detrás de los dos gallos que presento a los Amigos del Museo del Prado, sobre los que planean las fatídicas letras H5N1, visibles a poco que el espectador cambie de posición frente a la imagen. Gallos vistos (y fotografiados) por mí en un mercado de Damasco, procedentes de una sociedad preinformática y en gran medida incluso preindustrial, y que aun estando presos por un cordel que les sujeta la pata, conservan algo de la belleza y dignidad de ser criaturas, aunque sean prisioneras. >>

Eva Lootz, Tener el azúcar bajo llave. Prólogo de Chantal Maillard. Ediciones Asimétricas, 2018.

 

Resultado de imagen de eva lootz librosLa artista austriaca (Viena, 1940), afincada en España desde 1967 (y nacionalizada española), reúne en este libro Tener el azúcar bajo llave” una serie de textos de crítica de arte, en gran medida inéditos, seleccionados por ella misma. Al expresar su desconfianza en una mirada frontal, Eva Lootz invita a advertir hasta qué punto la visión está trabajada por las convenciones de cada época y que el eje de la visión no puede ser confiado sino a una atención alerta e implacable.

 

La compasión difícil: un nuevo desafío de Chantal Maillard

 

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Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.

– ¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos.

– Lo que amo –contesta Medea.

 

Chantal MaillardLa compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

Ilustración de cubierta: Kiki Smith

 

En contraportada:

“Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?

Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.

“En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida”, afirma Chantal. Y también “Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia”. Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.”

 

Presentación en Barcelona:

librería La Central de la calle Mallorca, 

el miércoles 13 de febrero a las 19h.

 

Jung y la creación de la psicología moderna. Sonu Shamdasani

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Entre 1870 y 1930 se establecieron las principales escuelas de la psicología moderna, y una de las figuras fundamentales fue sin duda Carl Gustav Jung.

Pero ¿quién es Jung y cómo hay que enfocar su psicología? Desde hace décadas el número de opiniones e interpretaciones sobre él se han multiplicado de manera asombrosa. Su figura produce mitos, leyendas y ficciones, y su obra ha calado tan hondo en diferentes estratos culturales que su nombre es uno de los primeros que acuden a la mente al mencionar la palabra psicología.

Este volumen es un libro sobre Jung y sobre el surgimiento y desarrollo de la psicología y las terapias modernas. No concluye nada, pues la psique es inabarcable, pero suscita nuevas preguntas. Basado en fuentes reales y cotejadas, trata las principales cuestiones de la obra de Jung, reconstruye el contexto en el que el autor la elaboró y sitúa su gestación y evolución de forma paralela al desenvolvimiento de las ciencias humanas y naturales.

La psicología está hoy firmemente asentada y se ha convertido en un fenómeno de la vida contemporánea que requiere una explicación urgente. De ahí que reconstruirla mediante un relato histórico resulte esencial para comprender no sólo el desarrollo de las sociedades occidentales modernas, sino también el sustrato en el que descansa nuestro presente. [Atalanta]

Sonu Shamdasani. Jung y la creación de la psicología moderna. Atalanta, 2018

 

 

Sonu Shamdasani (Londres, 1962) es, además de editor, autor y profesor de la University College de Londres, director del Centro de Estudios Psicológicos en esa misma universidad. De sus investigaciones, centradas en la historia de la psicología y en la figura de Jung, cabe destacar la edición facsímil en 2009 del Libro Rojo, así como los ensayos Cult Fictions: C. G. Jung and the Founding of Analytical Psychology(1998), Jung Stripped Bare by His Biographers, Even (2004) y C. G. Jung: A Biography in Books(2012).

Ver esta interesante entrevista que le hicieron al autor en la revista del Círculo de Bellas Artes: http://www.circulobellasartes.com/revistaminerva/articulo.php?id=713

Sobre Jung y su obra completa en castellano (18 volúmenes) que la editorial Trotta culminó en 2016: https://elpais.com/cultura/2016/12/09/babelia/1481283788_980535.html

 

El semejante | Chantal Maillard

Los debates de opinión no pueden fundar una ética. Es precisa una educación sentimental que nos acerque al otro.

 


Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados.
Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados. © JAVIER LIZÓN EFE



“¿Puede un hecho fundar y justificar una ética?”, se preguntaba Jacques Derrida al reflexionar sobre la idea del semejante. “Es un hecho que experimento, en este orden, más obligaciones para con aquellos que comparten mi vida de cerca (los míos, mi familia, los franceses, los europeos, aquellos que hablan mi lengua o comparten mi cultura, etcétera). Pero este hecho nunca habrá fundado un derecho, una ética o una política”.

Y es que lo que “de hecho” ocurre es que lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne. Y lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción. Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no “en directo”, sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla.

La moral del semejante deriva de una antigua fórmula de reciprocidad: no le hagas al prójimo (próximo) lo que no quieras para ti, compartida por muchas tradiciones. La encontramos tanto en las Analectas de Confucio como en el Mahabharata, en el Talmud o en Libro de Tobías. Era una fórmula sin duda eficaz dentro de un cerco restringido, pero ineficaz en un mundo global que tenga conciencia de que todos y todo —lo que llamamos vivo y lo que no— está relacionado y es interdependiente.

La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra. En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida. A menudo he hablado de una ética de la compasión. Soy consciente de que la palabra está lastrada y presta a equívoco. Puede confundirse con la piedad, concepto con el cual no tiene, sin embargo, nada que ver, o con el sentimentalismo, del cual se aleja por completo. Compadecer es comprender que todo, en este universo, responde a las mismas leyes. Aparición y desaparición y, entretanto, el esfuerzo por sobrevivir. ¿Cómo no aplicar, entonces, la fórmula de reciprocidad a cada uno de estos efímeros conglomerados de partículas (cuerpos, le llamamos) que luchan desesperadamente por mantenerse unidos por más tiempo?

 

Nada menos racional que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión y el saber.

 

Del yo al nosotros hay un largo camino. No es de tierra ni de asfalto, tampoco cruza fronteras ni las salta. Es un camino inverso. O invertido, según cómo uno se sitúe con respecto a sí mismo. Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco. Dentro del cerco está lo que creemos que nos pertenece: mi vida, mi pareja, mi familia, mi grupo, mi país, mi especie, mi planeta, mi universo… No nos damos cuenta de hasta qué punto el mundo y la (im)propia vida se nos escapan de entre los dedos. Pero el mi es fuerte, se adhiere a lo que nos rodea con la misma intensidad con que los sentimientos se adhieren a las opiniones con las que nos manifestamos. “Yo siento”, decimos. En los sentimientos creemos. Y ellos dictan el pensar, el habla, la acción.

 

Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco.  

 

Nada menos ecuánime que los sentimientos. Nada menos racional, por eso, que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión (doxa) y el saber (episteme). Ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate.

No, ni los hechos pueden justificar una política, ni los debates de opinión fundar una justicia o una ética. De ahí la necesidad, acuciante, de un aprendizaje en ese sentido. Una educación senti-mental que nos enseñe a tomar distancia del mí, del nos, en definitiva, del miedo.

 

Chantal Maillard es escritora.

 

https://elpais.com/elpais/2018/11/26/opinion/1543253697_888911.html

 

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología creativa

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Pocas obras se han escrito en el ámbito de la mitología con mayor ambición y calado que Las máscaras de Dios. A lo largo de cuatro volúmenes, Joseph Campbell efectúa un exhaustivo estudio comparativo de las diversas mitologías del mundo, revelando su carácter unitario y universal, y cómo todas ellas siguen vivas en el mundo moderno.

En este cuarto y último volumen de Las máscaras de Dios, Campbell desarrolla su idea de la mitología creativa, en el sentido shakespeariano del término, es decir, como espejo para mostrar a la virtud y al vicio su verdadero aspecto, y a las generaciones de cada siglo su auténtica forma y fisonomía. Se trata, pues, de una vertiente de la mitología que no proviene de los dictados y análisis teológicos de las altas esferas sacerdotales, como sucede en la mayoría de las religiones, sino que brota de las intuiciones, los sentimientos, las ideas y las visiones de los artistas y escritores que, fieles a su experiencia íntima, han creado nuevos relatos e imágenes míticas, como es el caso de las historias medievales en torno a los caballeros de la Mesa Redonda, el Grial o Tristán e Isolda, o de las obras de Dante, Nietzsche, Wagner, Thomas Mann y Joyce, o en el Guernica de Picasso.

Mitología primitiva, el primer volumen de esta obra magna, publicada entre 1959 y 1968, indaga en los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la luz de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos y psicológicos más recientes. El segundo volumen, Mitología oriental, se ocupa de las religiones de Egipto, la India, China y Japón. El tercero, Mitología occidental, es un estudio comparativo de los temas universales que subyacen en el arte, los cultos y los textos de la cultura europea. La obra se completa con Mitología creativa, que trata sobre la importancia de la herencia mitológica en el mundo moderno y sobre el ser humano como creador de sus propias mitologías. [Atalanta]

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios. Mitología creativa (IV volumen). Trad. Belén Urrutia en edición revisada por Santiago Celaya. Atalanta, 2018.

 

https://issuu.com/atalantaweb/docs/123_-_las_mascaras_de_dios_4_issuu

 

Una reseña de Santos Domingo Ramos:

Desde mediados del siglo XII, una desintegracion cada vez más acelerada ha ido anulando la formidable tradición ortodoxa que alcanzó su apogeo en ese siglo, y, con su caída, han irrumpido los poderes creativos liberados de un gran grupo de individuos sobresalientes, de modo que, en cualquier estudio del espectáculo de nuestra era titánica, debe tenerse en cuenta no una, ni dos ni tres, sino una galaxia de mitologías, tantas, podríamos decir, como la multitud de sus genios, escribe Joseph Campbell en Mitología creativa, la cuarta y última parte de su monumental obra Las máscaras de Dios que publica Atalanta con traducción de Belén Urrutia en edición revisada por Santiago Celaya.

En este volumen Campbell hace un recorrido por la mitología europea del individualismo desde la Edad Media hasta la época contemporánea a través de la literatura, la filosofía y el arte para ofrecer un análisis de la cultura moderna y una reivindicación del hombre como creador de su propia mitología.

 

Porque –explica Campbell– en el contexto de una mitología tradicional, los símbolos se presentan en ritos mantenidos socialmente a través de los cuales el individuo debe experimentar, o pretender que ha experimentado, ciertos sentimientos, intuiciones y compromisos. En lo que denomino mitología ‘creativa’, el orden se invierte: el individuo tiene una experiencia propia -de orden, horror, belleza o mera alegría- que trata de comunicar mediante signos. Y si su vivencia ha sido de cierta profundidad y significado, su comunicación tendrá el valor y la fuerza del mito vivo para aquellos que, por decirlo de alguna manera, la reciban y respondan a ella por sí mismos, con reconocimiento, sin coerciones.

Las leyendas artúricas –La búsqueda del Santo Grial, Tristán e Isolda, El Rey Pescador, La Tierra Baldía– están en la base de esta indagación interpretativa de un fondo mitológico creativo que pasa por Dante y la Divina Comedia, por Wagner, Schopenhauer y Nietzsche para llegar hasta el Ulysses y Finnegans Wake, hasta Los Buddenbrook y La montaña mágica, T. S. Eliot o el Guernica de Picasso.

Un libro imprescindible para entender una parte fundamental de la literatura, el arte y la filosofía de los últimos siglos.


Chantal Maillard sucediendo en compañía

Nollegiu_presentación de Cual_nov.2018Foto hecha por uno de los libreros de Nollegiu. 

 

Chantal Maillard convoca. Nosotros.as acudimos a arroparla, escuchando. Ayer, tarde diluvial. Llego finalmente –ni sé cómo– a la librería Nollegiu repleta a pesar del diluvio. El acto acaba justo de iniciarse: la poeta y filósofa presenta sus dos últimos libros, el poemario Cual menguando (Tusquets Editores) –una fascinante reflexión escénica sobre los límites del lenguaje, las errantes andanzas de la lógica y las fronteras de la razón–, y el lúcido y necesario ensayo-panfleto ¿Es posible un mundo sin violencia? (Vaso Roto Ediciones).

Acompañada por el director del Centre de Creació de Dansa i Arts Escèniques La Caldera, Òscar Dasí, y el librero de la Nollegiu, Xavier Vidal, Maillard arranca con el pequeño ensayo sobre la violencia. Violencia que sostiene este mundo, y que los humanos, contrariamente a las demás especies, ejercemos “por placer, por codicia o, simplemente, por inercia o por indiferencia”.

“Este no es el mejor de los mundos posibles. El mundo en el que estamos tiene por ley el hambre y el contrato que firmamos por la vida implica la violencia. Pero hay otra violencia, que nos caracteriza como especie, que no se ejerce por necesidad, sino por placer, por codicia o, simplemente, por inercia o por indiferencia. ¿Qué hace falta para darnos cuenta de que lo que nos concierne es mucho más que lo que nos ampara como individuos? Recordemos a Fiedrich Nietzsche abrazado al cuello de un caballo exhausto y maltratado. Que aquel gesto se considerase como un síntoma de locura es clara indicación de una sociedad enferma. Si queremos recobrar la salud como especie, será indispensable que reemplacemos la moral de la reciprocidad por una ética de la compasión.”

Buscar otras lógicas, correlativas, horizontales, y una ética, inclusiva, “desde las que es posible entender que nada “es” de una vez por todas, que el universo es un continuo estar-siendo y que, para seguir siendo, cualquier cosa depende de todas las demás”. Transformar los canales de percepción consensuales, heredados, y poner atención, es decir, atender otro plano de la “realidad”, móvil, fluida, vibrátil… en el que está en juego la transformación de quien mira, siente, conoce, (se) relaciona, sin pre-ver, sin pre-tender, sin dar por hecho… o no tanto.

 

“El universo es un entramado en el que todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene repercusiones. Esto es lo que el individualismo racionalista y patriarcal no entendió.”

 

Re-flexionando el tema de la representación: “Qué extraño poder es éste de la representación, que nos lleva a experimentar con placer sensaciones que en la vida real nos causarían pena, dolor, temor o repugnancia? ¿Qué tipo de placer es éste? Porque se trata evidentemente de un placer, ¿no es cierto?”… Pues “toda representación es una metáfora… El placer de la metáfora es un placer de la inteligencia”. Inteligencia estética, perceptiva, sensitiva. Atención flotante. Aquella mirada oblicua. Derivas hacia la hibridación del mundo sensorial. Sensoescucha difuminando las fronteras corpóreas y otras. Vibrando juntos. Escuchando. Atendiendo al flujo. “Un suceder en compañía”.

 

 

“Si el verbo “ser” se reemplazase por el de “suceder”, muchas cosas cambiarían. Las opiniones se relativizarían y la necesidad de establecer verdades se sustituiría por la de crear espacios de coherencia en los que construir ficciones necesarias.”

 

Y sucediendo en compañía, Cual-Chantal, Fiam-Xavier, y Voz al margen-Oscar, deciden re-presentar(se). Y lo hacen dialogando, convirtiendo sofas y repisas de la libreria en un mini-escenario improvisado. Ternura a raudales y perlas de humor sutil ante tanta violencia gratuita. Inventar(se) despojándose. Cual menguando en un nosotros compasivo. Tiempo suspendido. Pulsátil. La palabra corta y meticulosa como praxis casi gestual. Ritual. Situada. En-ajenándose en un decir ajeno a la sintaxis y a la semántica. Grafía del silencio escribiendo las pausas. Placer de la escucha del otro que sucede con-mi-go, cuando supuestamente no pasa nada y todo puede suceder (de nuevo)…

Entonces me sorprendo leyendo Cual menguando como si fuese la aplicación ¿estética? de ese pequeño capítulo del ensayo sobre la violencia De la moral de la reciprocidad a la ética de la compasión.

“Entre Usted y nosotros anda el juego “, susurra la poeta.

 

En-ajenarse sería lo deseable: ampliar el marco de pertenencia, ir de lo próximo a lo ajeno, traspasar las fronteras. Des-integrarse en otros, protegiendo las diferencias a sabiendas de que éstas y la natural violencia que acarrean en su movimiento es la manera en que el universo se perpetúa. Esto sería crecer en lucidez –o en común sentido.

 

 

Escenario a oscuras. Silencio.

CUAL: ¿… Fiam?

(Silencio)

¿Estás ahí? No te oigo.

(Silencio)

¿Fiam…? Dime si estoy aquí.

FIAM, con voz dormida.

Estás ahí.

CUAL: Ah, bueno.

/Tiempo/

¿Fiam…?

FIAM, con voz cansada.

Duérmete.

CUAL: No sé cómo se hace.

FIAM: Primero un pie y luego el otro.

CUAL: Ah.

/Tiempo/

CUAL: ¿Fiam?

FIAM: ¿Y qué más?

CUAL: ¿Cómo sabes que estoy?

FIAM: Está claro: no me dejas en paz.

CUAL: Si dejarás de oírme no lo sabríamos.

FIAM: Pues mejor.

CUAL: No digas eso. Después de lo que hemos sido el uno por el otro…

/Pausa/

Sin ti no podría saber si sigo estando.

FIAM, subitamente enternecido: Si quieres te cambio el sitio.

CUAL: ¿Harías esto por mí?

FIAM: No. Pero podría intentarlo.

CUAL: De acuerdo.

Silencio.

/Tiempo/

Cual enciende la luz. Fiat sigue en la 

repisa; Cual, en la butaca. Cada uno 

de ellos mira al frente, en distintas

direcciones. Cual apaga la luz.

 

Extracto de Cual menguando: “Primero un pie”. Acto primero, Escena V.

 

Presentación Cual_Nollegiu_Nov.2018Maillard tal Cual menguando. Foto de Lola Martinez.