El libro de la hermana. Claire Lejeune

libro hermana

 

Rimbaud predecía que la devolución de la mujer a sí misma estaría en el origen de una mutación de mentalidad. Expulsar a una mujer a su soledad es forzarla a volver a parirse para escapar del suicidio o de la locura. Hacer del expulsor el objeto de otra expulsión fue la respuesta feminista radical a la misoginia fundadora de la filosofía occidental. Pero entre estas dos morales simétricas, ambas determinadas por el principio de exclusión, está la vía poética. Una mujer no puede emprenderla con posibilidad de éxito si no la mueve el amor incondicional al amor. La primera operación mental que exige esta búsqueda es la alianza con el hombre-hermano, que implica la ruptura con el “hombre de piedra”. Ello supone sacar a la luz a la hermana mientras que la madre y la hija -sus acompañantes- quedan en la sombra. La hermana conduciría la barca que debe pasar por el estrecho entre un patriarcado intelectual autoritario y un matriarcado afectivo no menos abusivo. En el ensanchamiento del paso, el horizonte de la fraternidad.

Cuando el Sujeto femenino se despierta, su falta de historia escrita se encuentra confrontada a la omnipotencia del Libro del Padre, al patrimonio colosal del credo y del cogito que lo enfeudaron. El hilo de su pensamiento nace de una lectura a contratiempo, de una deshiladura del texto patriarcal que sólo él puede hacer creativamente.
A través de la escritura de las mujeres es como la hermenéutica poética entrará en la mentalidad contemporánea. Como un aflujo de sangre nueva.

Lo femenino no piensa, ésa no es su función, no han dejado de afirmar los amos-pensadores desde la fundación de la Historia. Lo femenino obtiene su ser, si ser tiene, del ser masculino, como la luna obtiene su luz del sol. De suceder que una mujer piense es contra su “naturaleza”, es que la virilidad en ella ha superado a su feminidad. Al ser la virilidad de la mujer despreciable respecto a la de un hombre, su pensamiento será irremediablemente imitativo, es decir, menor. Este juicio de los amos, con fuerza de ley, expulsó a las mujeres a la esfera privada, sin otro acceso a la ciudadanía que por procuración, en tanto hija, esposa o madre de un hombre. Excluidas de los asuntos públicos al mismo título que los niños, los esclavos y los poetas.
La sociedad está mortalmente enferma de la misoginia en que se inspira su ley. El proceso a la Historia no puede abrirse benéficamente más que allí donde el mal está cercado, localizado. En la memoria de las mujeres -precisamente en la bisagra entre la prehistoria y la Historia- es donde el absceso maduró y donde se hace curable.

El núcleo duro de la misoginia no se forma en la mentalidad masculina. El lugar de su más profunda fijación es el inconsciente profundo de las mujeres. Mientras no tengan acceso a él, ninguna mutación benéfica de la relación humana podrá producirse. El obstáculo contra el que no deja de quebrarse su voluntad de estar en el mundo tal y como ellas son en potencia, de vivir por ellas mismas y para ellas mismas, es el muro de la auto-censura. Sólo un trabajo de indagación de lo inmemorial puede liberar la auténtica palabra política de las mujeres, si es concienzudamente llevado a término: la anamnesia de la mutilación mental que origina su silencio.

Claire Lejeune. El libro de la hermana. Trad. Flor Herrero Alarcón. Ed. Pre-Textos, 2002.

Claire-Lejeune_1859CLAIRE LEJEUNE nació en 1926 en Havré-lez-Mons, Bélgica. Autodidacta, fundadora de los “Cahiers Internationales de symbolisme” (1962) y de “Réseaux”, revista de filosofía moral y política, secretaria permanente del Centro interdisciplinar de estudios filosóficos de la Universidad de Mons (Ciéphum), fundado en 1971, ha publicado una quincena de libros de poesía y ensayo poético, dos obras de teatro y numerosos artículos en revistas especializadas belgas e internacionales.
En 1984 obtuvo el premio Canadá-Comunidad francesa de Bélgica de literatura por el conjunto de su obra. Publicó Le livre de la sœur en 1992, seguido en 1998 de Le livre de la mère. Desde el año 2000, fue miembro de la Real Academia de la lengua y la literatura francesa de Bélgica, hasta su muerte acaecida en Mons el 6 de septiembre 2008.

Sobre las ruinas de la “casa del padre”, se ha construido la “casa de la hermana” donde la salvaje y la civilizada, unidas, convivirán en adelante. En esta nueva estancia mental es donde Claire Lejeune “salda sus últimas cuentas con la historia”, donde la arcaica y la moderna se inventan una lengua mestiza que orientará a la ciudadanía poética por venir. Mientras el cadáver de Lilith yazca sin sepultura en la memoria de las mujeres, la gran salud de la relación no podrá llegar a la humanidad. “El libro de la hermana” es un acto de piedad sororal, el “réquiem por la hija del diablo” sin el cual ningún proyecto de fraternidad planetaria puede nacer del desastre de la sociedad patriarcal.” [Editorial Pre-Textos]

http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/le-livre-la-soeur

http://www.arllfb.be/composition/membres/lejeune.html

La joven nacida. Hélène Cixous

Louise Bourgeois_10 a.m Is When You Come To Me


¿Dónde está ella?

Actividad/pasividad,
Sol/Luna,
Cultura/Naturaleza,
Día/Noche

Padre/madre,
Razón/sentimiento,
Inteligible/sensible,
Logos/Pathos.

Forma, convexa, paso, avance, semilla, progreso.
Materia, cóncava, suelo (en el que se apoya al andar), receptáculo.

Hombre
————
Mujer

Siempre la misma metáfora: la seguimos, nos transporta, bajo todas sus formas, por todas partes donde se organiza un discurso. El mismo hilo, o trenza doble, nos conduce, si leemos o hablamos, a través de la literatura, de la filosofía, de la crítica, de siglos de representación, de reflexión.

El pensamiento siempre ha funcionado por oposición,
Palabra/Escritura
Alto/Bajo

Por oposiciones duales, jerarquizadas. Superior/Inferior. Mitos, leyendas, libros. Sistemas filosóficos. En todo (donde) interviene una ordenación, una ley organiza lo pensable por oposiciones (duales, irreconciliables o reconstruibles, dialécticas). Y todas las parejas de oposiciones son parejas. ¿Significa eso algo? El hecho de que el logocentrismo someta al pensamiento (todos los conceptos, los códigos, los valores, a un sistema de dos términos, ¿está en relación con (la) pareja, hombre/mujer?

Naturaleza/Historia,
Naturaleza/Arte,
Naturaleza/Espíritu,
Pasión/Acción.

Teoría de la cultura, teoría de la sociedad, el conjunto de sistemas simbólicos –arte, religión, familia, lenguaje–, todo se elabora recurriendo a los mismos esquemas. Y el movimiento por el que cada oposición se constituye para dar sentido es el movimiento por el que la pareja se destruye. Campo de batalla general. Cada vez se libra una guerra. La muerte siempre trabaja.

Padre/hijos               Relaciones de autoridad, de privilegio, de fuerza.
Logos/escritura       Relaciones: oposición, conflicto, relevo, retorno.
Amo/esclavo            Violencia. Represión.

Y nos damos cuenta de que la “victoria” siempre vuelve al mismo punto: Se jerarquiza. La jerarquización somete toda la organización conceptual al hombre Privilegio masculino, que se distingue en la oposición que sostiene, entre la actividad y la pasividad. Tradicionalmente, se habla de la cuestión de la diferencia sexual acoplándola a la oposición: actividad/pasividad.

¡Eso es una mina! Si revisamos la historia de la filosofía –en tanto que el discurso filosófico orden y reproduce todo el pensamiento– se advierte que: está marcada por una constante absoluta, ordenadora de valores, que es precisamente la oposición actividad/pasividad.

Que en la filosofía, la mujer está siempre del lado de la pasividad. […]

Ella no existe, ella no puede ser; pero es necesario que exista. De la mujer, de la que él ya no depende, sólo conserva este espacio, siempre virgen, materia sumisa al deseo que él quiera dictar.

Y si interrogamos a la historia literaria, el resultado es el mismo. Todo se refiere al hombre, a su tormento, su deseo de ser (en) el origen. Al padre. Hay un vínculo intrínseco entre lo filosófico –y lo literario: (en la medida en que significa, la literatura está regida por lo filosófico) y el falocentrismo. Lo filosófico se construye a partir del sometimiento de la mujer. Subordinación de lo femenino al orden masculino que aparece como la condición del funcionamiento de la máquina.

La puesta en duda de esta solidaridad entre el logocentrismo y el falocentrismo se ha convertido, hoy en día, en algo urgente –la puesta al día de la suerte reservada a la mujer, de su entierro– para amenazar la estabilidad del edificio masculino que se hacía pasar por eterno-natural; haciendo surgir, en lo que se refiere a la feminidad, reflexiones, hipótesis necesariamente ruinosas para el bastión que aún detenta la autoridad. ¿Qué sería del logocentrismo, de los grandes sistemas filosóficos, del orden del mundo en general, si la piedra sobre la que han fundado su iglesia se hiciera añicos?

¿Si un día se supiera que el proyecto logocéntrico siempre había sido, inconfesablemente, el de fundar el falocentrismo, el de asegurar al orden masculino una razón igual a la historia de sí misma?

Entonces, todas las historias se contarían de otro modo, el futuro sería impredecible, las fuerzas históricas cambiarían, cambiarán, de manos, de cuerpos, otro pensamiento aún no pensable, transformará el funcionamiento de toda sociedad. De hecho vivimos precisamente esta época en que la base conceptual de una cultura milenaria esta siendo minada por millones de topos de una especie nunca conocida.

Cuando ellas despierten de entre los muertos, de entre las palabras, de entre las leyes.

Érase una vez…

De la historia que sigue aún no puede decirse: “sólo es una historia”. Este cuento sigue siendo real hoy en día. La mayoría de las mujeres que han despertado recuerda haber dormido, haber sido dormidas.

[…]

Helène Cixous, La joven nacida, in La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura. Prólogo y traducción de Ana María Moix. Ed. Anthropos, 1995, reimpresión 2001. (La fecha de publicación original en Paris de este texto de Cixous es 1975.)

Imágenes: Louise Bourgeois, “10 a.m Is When You Come To Me” (détail), 2007

Louise Bourgeois_10 a.m Is When You Come To Me

 

 

Nancy Huston: “Para los seres humanos es imposible vivir fuera de la ficción”

Nancy Huston, una de las grandes figuras del panorama intelectual francés, publica en España La especie fabuladora (Galaxia Gutemberg), uno de sus textos más emblemáticos cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano.

JACINTA CREMADES | 06/07/2017


Nancy Huston

En el extremo este de París, al final de un pasaje sin salida, entre una casa de pisos y un descampado poblado de arboles frondosos, vive, como en una casita de Hansel y Gretel, la escritora canadiense Nancy Huston (Calgary, Alberta, 1953). El pasaje donde se encuentra la casa encantada tiene el nombre de un ilustre español nacido en Menorca (Orfila). Al llamar a un timbre escondido bajo una rama de un árbol que abraza la fachada en estos días de intenso y pegajoso calor, se oye un grito de una ventana en el segundo piso: “¡Ahora bajo!”. Es la autora, que se asoma sonriente, con una espontaneidad y alegría contagiosas.

Nancy Huston, mujer del recientemente fallecido Tzvetan Todorov entre 1981 y 2014, es una de las grandes figuras del panorama intelectual francés. Aquél en el que se introdujo gracias a su sensibilidad e inteligencia, cuando llegó allá por los años 70 y con apenas 20 años. Huston fue alumna de Roland Barthes, participó en movimientos a favor de la Liberación de las mujeres y empezó una carrera de ensayista que luego derivó hacia la creación. Desde siempre, la música acompaña a esta mujer de gesto desgarbado y figura elegante. Es la autora de más de una decena de novelas entre las que se encuentran Les Variations Goldberg (1981), Lignes de faille (2006) o Bad Girl (2015), obras de teatro y ensayos como Marcas de nacimiento (1998) o Reflejos en el ojo de un hombre (2012).

Estos días la editorial Galaxia Gutemberg publica La especie fabuladora, uno de sus textos más emblemáticos y cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano. Publicado inicialmente en Francia en 2008 le preguntamos a la autora ¿por qué ese texto y no otro?

Respuesta.- Se trata de los misterios del recorrido de los libros. Es un libro que ya ha sido traducido a dos o tres idiomas y me siento muy feliz con esta publicación, aunque es cierto que mi pensamiento ha evolucionado desde entonces. Estoy trabajando en estos momentos en un libro que trata de la suspensión de la empatía y me doy cuenta de que hay que tener un cierto nivel de vida para alcanzar la empatía novelesca que alabo justamente al final de La especie fabuladora. Si hoy tuviera que reescribir el ensayo, no formularía esos pasajes de la misma manera.

P.- ¿Qué efecto le produce el ver reaparecer este libro?
R.- Es uno de mis ensayos preferidos. Me cambió tanto. Estaba apasionada mientras lo escribía. Confieso estar encantada cada vez que me anuncian una nueva traducción.

P.- En La especie fabuladora, nombre que no solamente da al ensayo sino también a la especie del ser humano, parte de la problemática de que el hombre es lo que es gracias a la ficción, su manera de ver el mundo se crea a través de las historias. ¿En eso, somos una especie única?
R.- Sí, el libro desarrolla exactamente esta misma idea. Pertenecemos a la única especie que ha elaborado una segunda realidad con el fin de sobrevivir. Pienso que son las ficciones las que agrupan a los hombres, que esta cooperación y colaboración de los seres humanos fue fundamental e indispensable para la supervivencia de nuestra especie. Es lo que llamo el Arque-Texto: esta manera de enfrentar el “nosotros y los otros”, los otros representan el mal y nosotros el bien. Es fascinante que los seres humanos siempre hayan hecho lo mismo, pero también que siempre hayan vivido con sus mentes imaginarias, engendrado un segundo nivel de realidad, hilado los acontecimientos en historias, visto causalidades en todas partes, incluso allí dónde no había ninguna. Cuando truena el cielo, los animales no piensan nada. No se preguntan quién lo ha hecho, por qué lo ha hecho, qué hemos hecho para merecer esto; mientras que el ser humano sí.
Después, cuando al final de algunos cientos de miles de años las condiciones económicas permitieron la eclosión de la ciencia, descubrimos que había causas en vez de razones. Cuanto más ha ocupado la ciencia el espacio de la religión y la mitología como explicación de la realidad, tanto más el espacio imaginario ha sido liberado para el nacimiento de la novela. En las sociedades modernas, individualistas, en las que la gente ya no cree tanto ni en la magia ni en el mundo divino que nos rodea, hemos sentido la necesidad de crear otras maneras de ficción, no solamente a través de la novela, sino también en el teatro, el cine…

P.- Y esas historias que la humanidad se cuenta desde tiempos inmemorables, ¿se repiten de alguna manera a través del tiempo y del espacio?
R.- Pues la verdad es que podemos suponer que hay un aspecto darwiniano en el hecho de que, en todo el mundo, los niños adoren las historias de guerra y las niñas las historias de amor.

P.- La especie fabuladora empieza por un capítulo en el que está usted rodeada de mujeres en la cárcel que le hacen preguntas sobre el porqué de la literatura. ¿El libro es una respuesta a estas mujeres?
R.- Absolutamente, es el verdadero origen del libro y no solamente una astucia para contar una historia al principio del ensayo. En este preciso momento, algo milagroso ocurrió. De repente, entre una de las preguntas de estas mujeres y el comienzo de mi respuesta, tuve en un instante la revelación del libro. En efecto, una de las presas me preguntó: “¿por qué inventar historias cuando la realidad es tan increíble?” y me di cuenta de que los crímenes pasionales o políticos por los cuales estas mujeres estaban en la cárcel también tenían sus raíces en la ficción. Ficción no quiere decir mentira, sino un relato que permite dar un sentido gratificante o satisfactorio a un acontecimiento.
Para los seres humanos, es imposible vivir fuera de la ficción. Porque tenemos conciencia del tiempo contrariamente a los demás animales, construimos relatos que nos permiten existir y avanzar. El hecho de saber que nuestro tiempo es limitado marca toda la diferencia. Nuestra vida se constituye, de cierta manera, en un “story line”.

P.- Leo en su ensayo “Los seres humanos son magos que se ignoran” y me parece una frase emocionante. ¿Podría hablarnos un poco más sobre ella?
R.- Es un hecho que existe desde la infancia. Los niños juegan a pretender ser otra cosa u otra persona. Jamás un animal se divertiría intentando ser otro animal. Los niños no saben que son magos. Juegan de forma espontánea e ignoran el sentido del juego. Cuando hablamos de la historia de Francia, por ejemplo, o del cristianismo, o del socialismo, de lo que sea, un elemento novelesco muy fuerte se pone en marcha.

P.- En su ensayo habla de la necesidad del otro, me refiero al proceso de transmisión del lenguaje, del aprendizaje, más que a la idea de convivencia.
R.- En soledad, un ser humano no puede convertirse plenamente en ser humano, ya que pensamos con las palabras y las palabras nos vienen de los demás. Sin palabras, es imposible acceder al pensamiento. Nuestro ser se nutre de miles de años de evolución de nuestro idioma (o de nuestros idiomas si hablamos varios); es ya una gran presencia del otro en nosotros mismos, a pesar de que prefiramos olvidarnos de ello. Cuando los nihilistas (que llamo profesores de la desesperanza) dicen “paso de los demás, no necesito a los otros”, no están siendo solamente arrogantes, sino además falsos.

P.- Algunas de sus novelas, de sus ensayos autobiográficos, tratan del tema de la identidad: ¿tiene usted la impresión que tras haber vivido en diferentes países, inmersa en diferentes culturas, tiene usted diferentes identidades?
R.- Tengo sobre todo la impresión de que los exilados, los expatriados, son más conscientes de ello que los demás. Si vivimos en una sociedad tradicional en la que los roles están distribuidos de antemano, en la que cada uno hace lo que han hecho sus parientes del mismo sexo, si nunca viajamos, no cambiamos jamás de lengua, de religión, etc., no se puede uno dar cuenta de esas potencialidades. De hecho diría que tampoco se pueden escribir novelas. Es imposible imaginarse una novela creada en una sociedad de gente absolutamente pegada a una identidad tradicional.

En realidad, la novela depende estrechamente del colonialismo. Nace en los países que poseían colonias, como Inglaterra, Rusia, Francia o España. Por un lado, porque estas colonias traían riquezas y nos dejaban tiempo para educarnos, el ocio y reflexionar sobre estas maravillosas máquinas que son las novelas… y, por otro lado, porque gracias al colonialismo pudimos comprender el carácter relativo de la identidad. Por mi parte, mis identidades están bastante próximas unas de otras. Es cierto que el hecho de haber nacido al oeste de Canadá, haber vivido en Estados Unidos, luego en Francia, pero también en el campo de Francia, en el Berry (en esa época bastante “retrasado” y supersticioso), últimamente en Suiza (también en el campo en donde la gente continúa creyendo en la brujería) ¡ha enriquecido mucho mi mirada sobre el mundo! Sin embargo, mirar a Canadá con los ojos de Nueva York o a la inversa… también me convierte en alguien frágil.

P.- ¿Define usted esta mirada como multicultural?
R.- No todos los novelistas escriben bajo estas energías. Pero si pensamos en las grandes escritoras de estos últimos años, Chimamanda Ngozi Adichie, Taiye Selasi, Arundhati Roy, Zadie Smith… tienen a menudo un pie en el mundo occidental y un pie en otro lugar. Los novelistas franceses en cambio tienden a ser tremendamente egocéntricos y me fatiga en ellos tanta belleza de estilo sin historia.

P.- En su novela autobiográfica Bad Girl (2015), habla usted de sus padres. La voz de la narradora se dirige a su ser previamente al nacimiento. Se pregunta sobre lo que fue y en cómo se convirtió en escritora. ¿Cuándo empieza a fraguarse la identidad?
R.- En la novela no me desdoblo, sino que le doy a la pequeña Dorit otro nombre que el mío, sin esconder que hablo de mí misma. Creo que es importante darle otro nombre, ya que se trata de una ficción. He cambiado tanto desde mi infancia que utilizar el “yo” hubiera podido inducir a error. En Bad Girl hablo de la construcción de la identidad pero tomando al lector como testigo para que entienda lo que ocurre. Me convierto en lectora de mi propia vida, con mis datos genéticos, una especie de locura que me vino de mi abuela alemana, el don musical de mi madre que fue una magnífica pianista, y las historias, aquellas que me contaron y aquellas que no me contaron y que tuve que descubrir por mí misma. Estamos moldeados y fascinados por todo ello. Somos el producto, no solamente del cuerpo de nuestros padres sino de las historias que arrastran, tanto personales como políticas.

P.- ¿La fascinación que dice sentir por la historia, es por la historia de su familia o por la historia en general, aquella que se convertirá en literatura?
R.- Siento un placer físico cuando entro en una historia. Reconocer, desde el segundo capítulo a los personajes. Tener una imagen de quienes son. Para mí, como explico en La especie fabuladora, es la prueba de que estamos programados para ser criaturas de ficción, porque somos personajes los unos para los otros. ¡Por eso la novela funciona tan bien!



Animaliz-arte: El libro de la selva

Gabriel-Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y lobos

Raksha, la madre loba adoptiva de Mowgli. La loba le puso ese nombre, “Mowgli”, que significa “la rana”, dado que el cachorro humano no tenía pelo.

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Baloo

Mowgli y el risueño oso Baloo

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Bagheera

Mowgli con la protectora pantera Bagheera

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Shere Kahn

Mowgli con el temible tigre Shere Kahn

 

El libro de la Selva de Rudyard Kipling, recreado por las preciosas ilustraciones de Gabriel Pacheco en la editorial Sexto Piso, 2013

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/El_libro_de_la_selva

 

Alejandra Pizarnik: “El quehacer poético implica exorcizar, conjurar, y reparar”

ALEJANDRA-PIZARNIK


Entrevista a Alejandra Pizarnik de Martha Isabel Moia, publicada en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona, 1972.


M.I.M. – Hay, en tus poemas, términos que considero emblemáticos y que contribuyen a conformar tus poemas como dominios solitarios e ilícitos como las pasiones de la infancia, como el poema, como el amor, como la muerte. ¿Coincidís conmigo en que términos como jardín, bosque, palabra, silencio, errancia, viento, desgarradura y noche, son, a la vez, signos y emblemas?

A.P. – Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. 0, más exactamente, los términos que designas en tu pregunta serían signos y emblemas.

M.I.M. – Empecemos por entrar, pues, en los espacios más gratos: el jardín y el bosque.

A.P. – Una de las frases que más me obsesiona la dice la pequeña Alice en el país de las maravillas: – «Sólo vine a ver el jardín». Para Alice y para mí, el jardín sería el lugar de la cita o, dicho con las palabras de Mircea Eliade, el centro del mundo. Lo cual me sugiere esta frase: El jardín es verde en el cerebro. Frase mía que me conduce a otra siguiente de Georges Bachelard, que espero recordar fielmente: El jardín del recuerdo- sueño, perdido en un más allá del pasado verdadero.

M.I.M. – En cuanto a tu bosque, se aparece como sinónimo de silencio. Mas yo siento otros significados. Por ejemplo, tu bosque podría ser una alusión a lo prohibido, a lo oculto.

A.P. – ¿Por qué no? Pero también sugeriría la infancia, el cuerpo, la noche.

M.I.M. – ¿Entraste alguna vez en el jardín?

A.P. – Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible.

M.I.M. – Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.*

A.P. – Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

M.I.M. – Entre las variadas metáforas con las que configuras esta herida fundamental recuerdo, por la impresión que me causó, la que en un poema temprano te hace preguntar por la bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre.* Y creo, casi con certeza, que el viento es uno de los principales autores de la herida, ya que a veces se aparece en tus escritos como el gran lastimador.*

A.P.
 – Tengo amor por el viento aun si, precisamente, mi imaginación suele darle formas y colores feroces. Embestida por el viento, voy por el bosque, me alejo en busca del jardín.

M.I.M. – ¿En la noche?

A.P. – Poco sé de la noche pero a ella me uno. Lo dije en un poema: Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.*

M.I.M. – En un poema de adolescencia también te unís al silencio.

A.P. – El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.

M.I.M. – En una suerte de contrapunto con tu yo que se une a la noche y aquel que se une al silencio, veo a «la extranjera»; «la silenciosa en el desierto»; «la pequeña viajera»; «mi emigrante de sí»; la que «quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria». Son estas, tus otras voces, las que hablan de tu vocación de errancia, la para mí tu verdadera vocación, dicho a tu manera.

A.P. – Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.

M.I.M. – Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe.* Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.

A.P. – Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo – incluso la nada tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible.

M.I.M. – ¿Es por esto que buscas figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las aluden?*

A.P. – Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.

M.I.M. – Sin embargo, ahora ya no buscas esa exactitud.

A.P. – Es cierto; busco que el poema se escriba como quiera escribirse. Pero prefiero no hablar del ahora porque aún está poco escrito.

M.I.M. – El no saber nombrar* se relaciona con la preocupación por encontrar alguna frase enteramente tuya.* Tu libro Los trabajos y las noches es una respuesta significativa, ya que en él son tus voces las que hablan.

A.P. – Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.

M.I.M. – Con estos miedos coexiste el de las palabras que regresan.* ¿Cuáles son?

A.P. – Es la memoria. Me sucede asistir al cortejo de las palabras que se precipitan, y me siento espectadora inerte e inerme.

M.I.M. – Vislumbro que el espejo, la otra orilla, la zona prohibida y su olvido, disponen en tu obra el miedo de ser dos,* que escapa a los límites del döppelganger para incluir a todas las que fuiste.

A.P. – Decís bien, es el miedo a todas las que en mí contienden. Hay un poema de Michaux que dice: Je suis; je parle à qui je fus et qui- je- fus me parlent. ( … ) On n’est pas seul dans sa peau.

M.I.M. – ¿Se manifiesta en algún momento especial?

A.P. – Cuando «la hija de mi voz» me traiciona.

M.I.M. – Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?

A.P. – A la otra que soy. (En verdad, tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.

M.I.M. – Una noche en el circo recobraste un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros.* ¿Qué es ese algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas?*

A.P. – Es el lenguaje no encontrado y que me gustaría encontrar.

M.I.M. – ¿Acaso lo encontraste en la pintura?

A.P. – Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores. Además, me atrae la falta de mitomanía del lenguaje de la pintura. Trabajar con las palabras o, más específicamente, buscar mis palabras, implica una tensión que no existe al pintar.

M.I.M. – ¿Cuál es la razón de tu preferencia por «la gitana dormida» de Rousseau?

A.P. – Es el equivalente del lenguaje de los caballos en el circo. Yo quisiera llegar a escribir algo semejante a «la gitana» del Aduanero porque hay silencio y, a la vez, alusión a cosas graves y luminosas. También me conmueve singularmente la obra de Bosch, Klee, Ernst.

M.I.M. – Por último, te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?

A.P. – Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir*.

* Los asteriscos que aparecen hacen referencia a poemas de Alejandra Pizarnik.

https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandra_Pizarnik

Siri Hustvedt en el Festival Gutun Zuria 2017 Bilbao

http://www.kulturklik.euskadi.eus/evento/2017041216165981/gutun-zuria-2017-siri-hustvedt-en-conversacion-con-almudena-cacho/kulturklik/es/z12-detalle/es/

Entrevista a la novelista y ensayista norteamericana Siri Hustvedt (Minnesota, EEUU, 1955) en el diario de Álava, el 27 abril 2017: “Es injusto que se devalúe el trabajo de las artistas“: http://www.noticiasdealava.com/2017/04/27/ocio-y-cultura/cultura/es-injusto-que-se-devalue-el-trabajo-de-las-artistas

GUTUN ZURIA 2017 DEL 25 DE ABRIL AL 1 DE MAYO DE 2017

Gutun Zuria, el Festival Internacional de las Letras de Bilbao, organizado por Azkuna Zentroa, está de aniversario. Este año se celebra la décima edición de este encuentro literario, en el que los escritores toman la palabra para reflexionar acerca de la sociedad actual desde sus experiencias personales y creadoras.

A lo largo de estas diez ediciones, más de un centenar de escritores han acudido a esta cita para intercambiar sus vivencias con el público. Escritores que son referencia de la literatura mundial, Premios Nobel incluidos, representantes de las letras vascas y periodistas literarios nos han acompañado y enriquecido con sus intervenciones.

Y no sólo ha sido protagonista la palabra. La música, el cine o las artes escénicas han tenido y tienen un lugar destacado en este Festival, que cada año convierte a Azkuna Zentroa en El Centro de la creación artística.

La inauguración de esta décima edición, de Gutun Zuria, en la que la celebración será protagonista, correrá a cargo de Alberto Manguel y su elogio de la literatura. A él se sumarán otros grandes nombres: Annie Proulx, Siri Hustvedt, Diamela Eltit, Kirmen Uribe, Jean-Claude Carrière y Guillermo Arriaga que vincularán su experiencia creativa a las diferentes manifestaciones artísticas en las que la literatura es protagonista. Este año la poesía tendrá también su protagonismo y estará representada por algunos de nuestros mejores poetas: Chantal Maillard, Clara Janés, Darío Jaramillo, J.A. González Iglesias y Beñat Sarasola protagonizaran un recital poético que promete convertirse en un encuentro memorable. También el mundo editorial contará en esta edición con un espacio en el que editores como Ofelia Grande (Siruela), Manuel Borrás (Pre-Textos), Joan Tarrida (Galaxia Gutenberg), Claudio López (Penguin Random House) y Mikel Soto (Txalaparta) contarán cómo se confecciona un catálogo editorial, así como el complejo entramado que subyace a la edición y promoción de los libros.

http://www.azkunazentroa.eus/az/cast/inicio/mediateka-bbk/gutun-zuria-2017/al_evento_fa

Joseph Campbell: larga vida a los mitos

Joseph Campbell

Reseña de Iván Pintor Iranza en Cultura/s de La Vanguardia, 11 mars 2017

Los mitos nos permiten entender lo que pensamos. Si, a menudo, tan solo comprendemos el pensamiento que engarza unas palabras con otras y del que no puede surgir nada excepto lo que ya hemos depositado en él, los mitos, los dioses y las imágenes arquetípicas son capaces de sortear el escollo de nuestra mente para acoger esa otra mente formada por las experiencias, emociones y sufrimientos que constituyen la historia de la humanidad. Frente a las preguntas ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos aquí? y, sobre todo, ¿existe algo más allá del umbral de la muerte?, los mitos se revelan como vehículos para cubrir la distancia entre lo uno y lo múltiple, el trayecto de padres a hijos y de hijos a nietos a través de la propia desaparición. Durante el lustro que pasó en una cabaña en mitad del bosque de Woodstock a principios de los años treinta, Joseph Campbell no sólo adquirió unos conocimientos ingentes de historia, antropología, literatura y religión sino que sembró la semilla de una mitología comparada que no ha dejado de trascender el ámbito académico para convertirse en la referencia fundamental de los guionistas de ficción cinematográfica y televisiva.

Campbell 1 “El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo. Pero sumisión ¿a qué?”, interpela la introducción de El héroe de las mil caras (1949), desde la que Campbell define el monomito, una matriz mítica transcultural cuyo centro es el viaje del héroe en pos de un objeto, de un Grial. Ya sea siguiendo la historia de Jasón y los argonautas, el mito egipcio de Horus y Osiris, la Divina comedia de Dante o las leyendas polinesias, una misma secuencia de situaciones arquetípicas ilumina el itinerario del monomito, a partir de cuya estela han sido construidas sagas como Star Wars, Matrix, Juego de tronos y Los juegos del hambre, y un sinfín de series televisivas, de Doctor en Alaska a Fringe, Walking Dead y Stranger Things. La partida del hogar, el cruce del umbral, la prueba suprema que precede al encuentro con la Diosa y el retorno a casa o la fundación de un nuevo hogar son algunas de las fases de un esquema que encuentra su coherencia en la sumisión del héroe a una sola razón: la regeneración, la palingenesia, el nacimiento de algo nuevo.

“La gran proeza del héroe supremo es llegar al conocimiento de esta unidad en la multiplicidad y luego darla a conocer”.

Tanto el aprendizaje del sánscrito y el japonés, como el contacto con Jiddu Krishnamurti y el acercamiento a la obra de Jung fueron el fermento del siguiente proyecto de Campbell: el estudio del contraplano de la figura del héroe, Dios. Casi al mismo tiempo que el antropólogo francés Gilbert Durand publicaba su estudio Las estructuras antropológicas de lo imaginario, un atlas de la imaginación fundado en la respuesta hacia la figuración del temor humano a la muerte, aparecía Mitología primitiva (1959), el primero de los cuatro volúmenes de Las máscaras de Dios, una auténtica “historia natural de los dioses”. Motivos como el robo del fuego, el diluvio, el andrógino primordial, el nacimiento virginal y la resurrección reaparecen en todas las culturas como engramas que liberan energía, como formas vivas que es necesario conocer para sostener una doble visión consciente sobre el mundo. La expresión lila en sánscrito o asobu en japonés determinan la idea lúdica de un “hacer como si”, la mirada al sesgo bajo la cual es posible establecer una relación dialéctica con la imaginación.

La mitología de Campbell es referencia fundamental para los guionistas de ficción en cine y televisión.

Que la editorial Atalanta haya decidido publicar de manera integral esta obra descatalogada durante años es más que un acontecimiento editorial, pues pone a disposición del lector una herramienta básica de pensamiento narrativo, mitológico y  Campbell 2antropológico. ¿Cómo no ver en las descripciones del mito melanesio del laberinto que conduce a la Tierra de los muertos el icono que guía la serie televisiva Westworld? ¿Acaso las incisiones en el vientre que caracterizan al hombre maduro en los rituales Aranda como padre vaginal no abren modelos de comprensión fundamentales para la construcción contemporánea del género masculino? Con la traducción diáfana de Isabel Cardona, la revisión de Santiago Celaya y una minuciosa puesta al día de datos científicos realizada por los antropólogos Sydney Yeager y Andrew Gurevicht, Las máscaras de Dios aparece surcada por constantes iluminaciones: reconocer en el gesto del sacerdote cristiano durante la consagración el movimiento con el que las sacerdotisas alzaban la espiga de trigo durante los rituales de Eleusis resulta tan revelador como la reivindicación de un nuevo tipo de mitología integradora.

Tanto los descensos al inframundo del escritor japonés Haruki Murakami como la obsesión por la redención, los zombis o los mecanismos de representación del poder en las series televisivas podrían cobrar nuevos significados a la luz de un trayecto que Campbell inicia con las huellas de la primera infancia y el chamanismo de los cazadores y plantadores primitivos, y que extiende hasta las correspondencias entre la representación del cuerpo y el cosmos. Placer, poder, y deber, los sistemas de referencia de las sociedades primitivas, comparecen asimismo como pilares centrales en la marea contemporánea de las imágenes. Tanto los estudios de James Frazer y Mircea Eliade como la Völkerpsychologie de Wilhelm Wundt, la psicología gestáltica de Köhler o las investigaciones conductuales del zoólogo Niko Timbergen dan pie a una dramaturgia colectiva de las imágenes que vertebran realidad e imaginación.

En el primer sueño del que la humanidad conserva memoria, escrito hace más de tres mil años sobre unas tablillas de arcilla, la procuradora del palacio de Mari en Mesopotamia, Addudûri, se lamenta de la imagen aterradora de un templo vacío, del que la diosa Bêlit-ekallim habría sido hurtada junto al resto de las divinidades. No se trata sólo de que la ausencia de Dios bajo la máscara constituya uno de los terrores fundamentales del ser humano. En la angustia provocada por la falta de mediación, de lo que Campbell denomina un mesocosmos, se dibuja una pregunta aún mayor: ¿Cómo nos relacionamos con las imágenes?

¿Hay una pérdida que precede a toda presencia? ¿Acaso, como ha señalado Pascal Quignard, no emerge toda iconografía de la búsqueda de esa imagen que falta, y que es la de nuestra concepción, la de la oscuridad que nos precedió?

Campbell 3 Tanto en Las máscaras de Dios como en Imagen del mito y Las extensiones interiores del espacio exterior, ambos también publicados por Atalanta, o en la serie de entrevistas El poder del mito, retransmitida por la PBS en 1988, un año después de la muerte de Campbell, el motor principal de la mitología no se identifica nunca con la agonía de la búsqueda sino con el rapto del éxtasis y la revelación. “No la muerte sino la resurrección ¡aleluya!”, sentencia Campbell, que solía recordar que la función de los mitos es hilvanar conciencia, ser y felicidad –Sat-Chit-Ananda, en el sánscrito de las Upanishad– para poder entender lo que somos y lo que pensamos, para poder conocer la tradición.

Desde el antiguo Egipto hasta ‘Stranger things’ se puede identificar el itinerario arquetípico del monomito.


https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-culturas/20170311/281479276216433


El estudioso de mitología y religión comparada, Joseph Campbell (New York, 1904-Honolulu, 1987), definió la figura del “héroe de mil caras” como mito central en la historia humana. Su vasta obra abarcó múltiples aspectos de la experiencia humana. Editorial Atalanta recupera ahora los 4 volúmenes de su obra magna, Las máscaras de Dios, hoy en día descatalogada. Esta misma semana sale el primer volumen “Mitología primitiva”; en otoño, “Mitología oriental”; y los otros dos, “Mitología occidental” y “Mitología Creativa” serán editados en 2018.

http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=126


Medea. Pascal Quignard | Carlotta Ikeda

Pensando en el cuento de La Llorona

« Médée est debout dans le temple d’Héra.
Midi Médée médite.
Elle voit sur la droite, au loin, les ruines du palais qui a été brûlé, surmonté par la poussière et la nuée.
Elle a un air étrange, recueilli. Elle tient ses paupières baissées. Ce qu’elle médite monte en elle. Elle n’a pas encore d’intention. Elle hésite. Elle aime les petits. Elle hait son époux. Quelle est la plus grande joie pour une femme ? Se venger de son époux ? Préserver ses petits ? Elle est partagée : elle médite. Elle est déchirée : elle médite. Elle est extraordinairement belle. »

Extrait du texte de Pascal Quignard, Medea, collection Ritournelles, mars 2011.

Con Carlotta Ikeda (solo de danza), Pascal Quignard (texto) y Alain Mahé (música en directo, koto)


« Medea está de pie en el templo de Hera.
Mediodía Medea medita.
En el lado derecho, a lo lejos, ve las ruinas del palacio que ha sido quemado, ahora coronado por una nube de polvo.
Medea tiene una extraña actitud, está ensimismada. Ha bajado los párpados. Lo que medita asciende en ella. Carece aún de intención. Vacila. Ama a sus hijos. Odia a su esposo. ¿Cuál es la mayor alegría para una mujer? ¿Vengarse de su esposo? ¿Preservar a sus hijos? Se siente dividida: medita. Se siente desgarrada: medita. Es extraordinariamente bella.»

Versión castellana: Muriel Chazalon


Carlotta Ikeda, figura tutelar de la danza butoh, se encuentra con Pascal Quignard en torno a la Medea de Eurípides.
Quignard escribe un texto con el cual la bailarina va midiéndose hasta concebir un solo, acentuado por sus afinidades comunes: la poesía, la meditación, los fragmentos, la palabra y el silencio, el origen, el nacimiento, el sexo y la muerte.
Danzar el amor, escribir la premeditación, encarnar el terror, expresar el carácter complejo y contradictorio de esa mujer que representa, simultáneamente, la humanidad a través de su pasión y la inhumanidad por sus actos. El proyecto de Carlotta Ikeda y Pascal Quignard atravesará a Medea en forma de variaciones, con la imagen del volcán en cada uno de sus centros.

El personaje de Medea es una figura de la oscuridad y de la inquietud surgida en el transcurso de un atroz sufrimiento físico. Traicionada, repudiada por el hombre que deja entonces de amar, parece metamorfosearse, abandonada por su cuerpo, sometida a una cólera volcánica, llevada en una danza fantasmagórica que la empuja a cometer actos terribles que ya no domina, esos mismos gestos que antes cometía por amor. ¿Cómo bailar este dolor y este desamparo plenamente humanos?

Carlotta Ikeda teje estos temas con su danza que agita e interroga los fundamentos mismo del ser. Un encuentro esencial en lo más profundo con la lengua y el pensamiento de Pascal Quignard.

© La Grande Mêlée 2011

Esta función tuvo lugar en el Théâtre Paris-Villette du 7 al 19 febrero 2012

Feu clic per accedir a 2012_medea_cp.pdf

Amar a los dragones verdaderos

Los nueve dragones_(ch. 九龙图:九龙图)_Chen Rong( (陈容:陈容)

Existe una expresión budista que dice: “No ames a los dragones al igual que Sekko”.
Había un hombre llamado Sekko que adoraba a los dragones. Su casa estaba llena de imágenes de dragones en todas sus formas: esculturas, pinturas, figurines y adornos.
Un día, un dragón real oyó hablar de Sekko y supuso que, ya que le gustaban tanto los dragones, este hombre estaría feliz al ver uno de verdad y decidió visitar a su admirador.
Pero en cuanto el dragón se hizo presente en la casa de Sekko y asomó la cabeza por la ventana de su habitación, éste quedó aterrorizado y salió corriendo.

Sekko es un símbolo de aquellos que prefieren la imitación al objeto real. Una persona que le dice a todos lo importante que es para ella la práctica y, en cuanto empieza, renuncia debido a que le resulta muy difícil, es alguien a quien tan sólo le gustan los dragones esculpidos.

El poder de la vida que yace profundamente enterrado dentro de cada uno, no puede surgir a menos que uno esté convencido de estar caminando la única vía posible para si.

Cuando uno encuentra al “verdadero dragón” debe llenarse de alegría, decidirse a aceptarlo y luchar con el.

Kosho Uchiyama. Abrir la mano del pensamiento. Fundamentos de la práctica del Budismo Zen. Editorial Kairós, 2004

Los nueve dragones_detalles_(ch. 九龙图:九龙图)_Chen Rong( (陈容:陈容)

Imágenes: Sección de rollo «Nueve Dragones», pintado en 1244 a. C. por Chen Rong durante la dinastía Song. 46,3 cm x 1.096,4 cm. Museo de Bellas Artes de Boston

En este enlace podéis visualizar entero ese hermoso rollo pintado por Chen Rong, Nueve Dragones (deslizando el “handscroll”). Soporte de ensoñación, meditación, contemplación, y gozo.

 

Modos de ver (fragmento). John Berger

La maya desnuda (antes de 1800) Francisco de Goya y Lucientes

Según las costumbres y las convenciones, que al fin se están poniendo en entredicho, pero que no están superadas ni mucho menos, la presencia social de una mujer es de un género diferente a la del hombre. La presencia de un hombre depende de la promesa de poder que él encarna. Si la promesa es grande y creíble, su presencia es llamativa. Si es pequeña o increíble, el hombre encuentra que su presencia resulta insignificante. El poder prometido puede ser moral, físico, temperamental, económico, social, sexual… pero su objeto es siempre exterior al hombre. La presencia de un hombre sugiere lo que es capaz de hacer para tí o de hacerte a ti. Su presencia puede ser ‛‛fabricada”, en el sentido de que se pretenda capaz de Io que no es. Pero la pretensión se orienta siempre hacia un poder que ejerce sobre otros.

En cambio, la presencia de una mujer expresa su propia actitud hacia sí misma, y define lo que se le puede o no hacer. Su presencia se manifiesta en sus gestos, voz, opiniones, expresiones, ropas, alrededores elegidos, gusto; en realidad, todo lo que ella pueda hacer es una contribución a su presencia. En el caso de la mujer, la presencia es tan intrínseca a su persona que los hombres tienden a considerarla casi una emanación física, una especie de calor, de olor o de aureola.

Nacer mujer ha sido nacer para ser mantenida por los hombres dentro de un espacio limitado y previamente asignado. La presencia social de la mujer se ha desarrollado como resultado de su ingenio para vivir sometida a esa tutela y dentro de tan limitado espacio. Pero ello ha sido posible a costa de partir en dos el ser de la mujer. Una mujer debe contemplarse continuamente. Ha de ir acompañada casi constantemente por la imagen que tiene de sí misma. Cuando cruza una habitación o llora por la muerte de su padre, a duras penas evita imaginarse a sí misma caminando o llorando. Desde su más temprana infancia se le ha enseñado a examinarse continuamente. 

La maya vestida (1800) Francisco de Goya y Lucientes

Y así llega a considerar que la examinante y la examinada que hay en ella son dos elementos constituyentes, pero siempre distintos, de su identidad como mujer. 
Tiene que supervisar todo lo que es y todo lo que hace porque el modo en que aparezca ante los demás, y en último término ante los hombres, es de importancia crucial para lo que normalmente se considera para ella éxito en la vida. Su propio sentido de ser ella misma es suplantado por el sentido de ser apreciada como tal por otro.

Los hombres examinan a las mujeres antes de tratarlas. En consecuencia, el aspecto o apariencia que tenga una mujer para un hombre puede determinar el modo en que este la trate. Para adquirir cierto control sobre este proceso, la mujer debe abarcarlo e interiorizarlo. La parte examinante del yo de una mujer trata a la parte examinada de tal manera que demuestre a los otros cómo le gustaría a todo su yo que le tratasen. Y este tratamiento ejemplar de sí misma por sí misma constituye su presencia. La presencia de toda mujer regula lo que es y no es “permisible” en su presencia. Cada una de sus acciones —sea cual fuere su propósito o motivación directa— es interpretada también como un indicador de cómo le gustaría ser tratada. Si una mujer tira un vaso al suelo, esto es un ejemplo de cómo trata sus propias emociones y, por tanto, de cómo desearía que la trataran otros. Si un hombre hace lo mismo, su acción se interpreta simplemente como una expresión de cólera. Si una mujer gasta una broma, esto constituye un ejemplo de cómo trata a la bromista que lleva dentro y, por tanto, de cómo le gustaría ser tratada por otros en cuanto mujer bromista. Solamente los hombres pueden permitirse el lujo de gastar una broma por el mero placer de hacerlo. 

Todo lo anterior puede resumirse diciendo: los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas. Esto determina no sólo la mayoría de las relaciones entre hombres y mujeres sino también la relación de las mujeres consigo mismas. El supervisor que lleva la mujer dentro de sí es masculino: la supervisada es femenina. De este modo se convierte a sí misma en un objeto, y particularmente en un objeto visual, en una visión. 

John Berger, Modos de ver (fragmento), 1972. Edición Gustavo Gili, 2000

Encontraréis en Youtube los 3 otros videos (subtitulados en castellano) que recogen el programa televisivo ‘Ways of seeing’, dirigido en 1972 por John Berger. En ellos Berger se propuso analizar cómo nuestros modos de ver afectan a la forma de interpretar, toma prestadas muchas ideas de ‘La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica’, el artículo de Walter Benjamin de 1936. La serie recibió diversos premios, revolucionó la teoría del arte y fue adaptada a libro, convirtiéndose desde entonces en un título indispensable de la teoría del arte y de la comunicación visual. Berger analiza cuatro aspectos de la interpretación de la pintura al óleo: su origen relacionado con el sentido de la propiedad, el uso continuado de la mujer como objeto pictórico, la relación entre la herencia visual de la pintura y la publicidad y, finalmente, la transformación del significado de la obra original en el marco de sus múltiples reproducciones.

En este segundo episodio se ocupa de la representación del desnudo femenino, una parte importante de la tradición del arte europeo. Berger examina estas pinturas y se pregunta si representan a las mujeres tal y como son o sólo como a los hombres les gustaría que fueran.

JOHN BERGER. Londres, 5 de noviembre de 1926 – Paris, 2 de enero de 2017

In memoriam. No lo añoremos. Leámoslo. Sigue siendo una mirada inteligente y sensible, un referente ético, un faro en la niebla de nuestros tiempos.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/02/actualidad/1483383820_921335.html