Bajo la colina. John Berger

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Al escuchar hablar a los animales

Para nosotros, el tiempo no existe. Cuando estamos en algún lugar, el tiempo nos precede o nos sigue.

Muchos de entre nosotros caminan sobre la tierra. Caracol se pega a la tierra y la escucha. Mientras que Mosca camina sobre un instante. ¿Es necesario que repita? Mosca camina sobre un instante….

Ratón se parece a Canguro. Debido a las patas traseras. Tenemos distintas formas de reconocernos unos a otros. No captamos las mismas características que ellos.

Perro, de tanto vivir con ellos, es el animal del olvido. Cuando recupera un recuerdo, mueve la cola.

Puma estudia los ríos y escudriña el nivel del mar. Ha aprendido a deambular a contracorriente, en vez de dejarse llevar a la deriva.

Gallo es un político. Solo anuncios.

Caballo no actúa según su voluntad. Espera órdenes. Burro, por el contrario, ha conservado su determinación. Comparad sus hocicos.

Morsa y Elefante nacieron a la vez; uno en el agua, el otro entre los árboles. Rana es un salto en espera. Sin embargo, del mismo modo que Perro juega con una pelota. Rana está dispuesta a morir por amor.

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Nuestros cuerpos son túneles, laberintos bajo la colina cuya cima somos nosotros.

Vivimos con el miedo; pero no como ellos. El miedo es nuestro aliado.

Se comen a muchos de nosotros; a casi todos en épocas de hambruna. A pesar de todo, nos envidian. Sin duda, se trata de un ejemplo de su dicho: “Querer el oro y el morro”. La historia de las ciencias naturales describe, según ellos, un paraíso perdido. Para nosotros, el paraíso es sencillamente el próximo amanecer.

Viven instalados en el remordimiento y el miedo. Nosotros vivimos en alerta constante. De este modo, la mentira no nos sirve para nada. Utilizamos la astucia, sin olvidar jamás que se trata de astucia. Ellos se mienten a sí mismos. Es evidente que esta es la razón de la complejidad de sus lenguajes.

Más allá del hecho de que nos coman, nos utilizan para desplazarse. Los transportamos con todos sus bártulos. Por tierra e incluso, a veces, como en el caso de Jonás, bajo el mar. Pero les ofrecemos otro tipo de viaje mucho más importante. Nos cazan y nos observan. Cuando nos damos cuenta de ello, los seducimos. (Orfeo ha aprendido mucho de nosotros.) Entonces les convencemos para que nos sigan dentro de los túneles, bajo la colina. Esos túneles son nuestras aptitudes físicas; como nuestro sentido de la orientación, nuestro uso del camuflaje, del silencio, nuestro aguante, nuestra visión nocturna, nuestra previsión, nuestro sentido de la medida, nuestra capacidad para medir las distancias, para escuchar. De tanto estudiarnos, reconocen estas aptitudes, se las atribuyen y se dejan deslizar fuera de sí mismos, como somnámbulos.

Estos túneles, esos caminos posibles de nuestros cuerpos, son para ellos una especie de balizas, de faros en la oscuridad. Se convierten en somnámbulos y esto les permite ir al encuentro de otros universos, reencontrarse con los muertos y con aquellos aún no nacidos.

Les acompañamos bajo la colina. Los chamanes conocen nuestro periplo.

Tortuga lleva el mundo a cuestas, sin esperar nada a cambio.

*

Un artículo y una entrevista con John Berger:

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=138

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=140

 

543420_10150312892759944_741355493_n  Imágenes de Jackie Morris

http://www.jackiemorris.co.uk/blog/

 

El dios lobo. Anne Carson

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Como una pintura seremos borrados, nadie puede permanecer.
Vi mi vida como un lobo trotando por la carretera
e interrogué a las mujeres de ese lugar.

Algunos consideran al lobo como inmortal, dijeron.
Pero sabéis, esto sólo ocurrió en un caso y los lobos
mueren regularmente por diversas causas –

Los osos los matan, los tigres los cazan,
contraen epilepsia,
se atragantan transversalmente con un hueso de salmón,

corren a la muerte nadie sabe por qué –
pero tal vez nunca oísteis hablar
de sus problemas auditivos.

Tienen muy buen oído,
pueden escuchar pasar una nube por encima de ellos.
Pero a veces ocurre

que una semilla llevada por el viento se aloja en su canal auditivo
y perturba su equilibrio.
Se vuelven entonces locos tratando de mantenerse en pie,

sin nada con qué vincularse.
Mueren de ira.
Sólo uno, que sepamos, aprendió a acomodarse de ese mal.

Caminó a pasos cortos al principio.
Usando las corrientes ascendentes.
Lo llaman Huizkol,

que significa
El-que-tiene-buen-porte-en-primavera.
Las cosas son tan difíciles como las hacéis.

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Versión del poema en castellano de Muriel Chazalon

The Wolf God

Like a painting we will be erased, no one can remain. / I saw my life as a wolf loping along the road / And I questioned the women of that place. // Some regard the wolf as immortal, they said. / Now you know this only happened in one case and that Wolves / die regularly of various causes —// Bears kill them, tigers hunt them, / They get epilepsy, / They get a salmon bone crosswise in their throat,// They run themselves to death no one knows why/ — But perhaps you never heard / Of their ear trouble.// They have very good ears, / Can hear a cloud pass overhead. / And sometimes it happens // That a windblown seed will bury itself in the aural canal Displacing equilibrium. / They go mad trying to stand upright, //Nothing to link with. / Die of anger. / Only one we know learned to go along with it. // He took small steps at first. / Using the updrafts. / They call him Huizkol, // That means Looks Good in Spring. / Things are as hard as you make them.

Anne Carson. Glass, Irony, and God, 1995. New Directions.

Traducción francesa, Verre, Ironie et Dieu. Paris: José Corti.

La nota biográfica de Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950) es siempre muy escasa. Profesora de griego clásico—especialista en Safo—, parece tener un respeto nulo —sanísimo— por las formas y los géneros tal y como las reglas dictan.

http://es.wikipedia.org/wiki/Anne_Carson

La cirugía poética de Chantal Maillard o cómo la lengua herida sutura

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Tercera lectura, ¿o es la cuarta, la quinta? ya no sé, de La herida en la lengua de Chantal Maillard. Mis ojos-oídos deslizándose lenta y atentamente en este abrupto territorio de sintaxis desmembrada, de delicados y endebles ensamblajes, de sensitivos encantamientos y balbucientes letanías, de recuentos sin concesiones… Ahora leo el poemario al revés, del final hacia el principio, desandando lo andado a lomos de un sabio elefante compasivo…

En esta nueva entrega, la poeta malagueña, ocho años después de Hilos, ha afilado escrupulosamente sus armas, adelgazando las palabras hasta volverlas agujas con las que remendar la herida/la vida que se nos escapa a destajo. Husos, hilos, vendajes, ¿antiguas artes femeninas, viejos re/medios de sutura? ante tanto desgarro…

El dolor propio confrontado. Minuciosamente descrito, imposible (¿cómo decir la amputación, la devastación?), herida la lengua, rota, roja, oblicua, retorciéndose en ese cuerpo que se hace alma, y es de todos.

El dolor ajeno –¿ajeno?– aquella herida que es de otro y me arde. Impuesto dolor por tantos genocidios, exterminios, hambrunas, merodeando en los campos de refugiados, en guetos bordeando cualquier ciudad agigantada, infligido en torturas y vejaciones, en mutilaciones, en otras tantas masacres contemporáneas. (¿Cómo contar? la lengua falsea, ¿cómo narrar? la lengua miente. ¿Cuántos ahora cantan todavía?). Balbucea la poeta… entreteje viejos conjuros con los nuevos… “Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo… A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego contra lo irremediable me alzo. Alzo el grito. Contra lo irremediable.” El vaivén de la lanzadera. De lo propio a lo ajeno. Lo ajeno en lo propio. Lo propio enajenado.

Desde la lengua herida en su mismo centro expresivo, balbucir, los silenciados, nos/otros, balbucir, los que no tienen voz propia, nos/otros, balbucir, los desposeídos de sí, nos/otros, balbucir, los olvidados, los despreciados, nos/otros, balbucir, los renegados, los rechazados, nos/otros, balbucir, los oprimidos, los desplazados, nos/otros, balbucir, los enloquecidos de lucidez, nos/otros… testigos balbucientes…

Tan sólo balbucir asíasí si tan sólo un pueblo sabio, si tan sólo asíasí un antiguo pueblo elefante-tigre-ave-búfalo-araña-lobo, unidos por un fin en la tregua del hambre… si tan sólo nosotros asíasí… si tan sólo nombrar, mostrar, entre todos poner remedio tal vez asíasí tal vez… aún apenas sea posible…

Hocicos temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. –El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. –Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro por contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.”

Chantal Maillard. La herida en la lengua. Dibujos de David Escalona. Ed. Tusquets, 2015.

Muriel Chazalon

Abril 2015

El último lobo “Wolf Totem” de Jean-Jacques Annaud

La última película del director de El Oso (“Siete años en el Tíbet“, “El nombre de la rosa“) se estrena en España el 10 de abril.

Con “El último lobo”, Jean-Jacques Annaud vuelve a reflexionar sobre la relación entre animales salvajes y humanos, esta vez en el corazón de Mongolia donde se rodó enteramente la película. (Criaron 30 lobeznos durante dos años para poder rodar con ellos la película. La convivencia y el rodaje con los lobos fue, según el equipo de rodaje, realmente espectacular!)

El guión fue escrito a partir del best seller del escritor chino Lü Jiamin, “Wolf Totem“, considerado muy polémico en su momento por el gobierno chino.

Wild Yellowstone: She Wolf

 

 

http://channel.nationalgeographic.com/wild/destination-wild/episodes/she-wolf/

http://channel.nationalgeographic.com/wild/destination-wild/galleries/she-wolf/at/claiming-their-territory-2077558/

http://www.natgeotv.com/ca/wild-yellowstone-she-wolf/videos/the-invaders

La mirada que escucha

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No hablar. No juzgar. No hablar juzgando, no a partir del juicio. Hablar juzgando hace daño, aparta.
Nos juzgan por los actos, por los gestos, nos juzgan por el mí. Juzgamos por el mí. Con el juicio, el dardo, la bala, la palabra. Palabra que es de fuego, acero templado, odio oculto y concentrado, odio que es deseo del yo en el otro, de un yo que quiere ser más, que quiere serlo todo, un yo enfatizado. Lanzan el proyectil, lo lanzamos, y el proyectil nos roza, o tal vez nos alcanza. Alcanza el mí, una parte del mí. Y al mí le duele la herida, la vieja herida, el mí siempre tiene alguna vieja herida que vuelve a sangrar. El mí llora. Le dejamos llorar, expresarse, re-presentarse, para que no acumule. Vemos llorar al mí. No lo consolamos, no nos apena. Ésa es su naturaleza. Le comprendemos. Es sencillo: suceden en el mismo plano el proyectil y el llanto. En el mismo plano el gesto y la respuesta. La modalidad de la energía que se manifiesta en el gesto corresponde a la modalidad de la energía que le responde. La palabra que daña y el daño tienen la misma naturaleza. El mí responde a la ofensa con toda su carga de repeticiones, con todo lo que ha sido: su “pasado”.

Otros sólo verán el llanto: la respuesta. Sólo verán el mí respondiendo. Nos confundirán con ese llanto, a no ser que sepan situarse tras su propio llanto en cualquier ocasión, que sepan viajar en los distintos planos de su naturaleza. La lágrima se convierte en compasión para quien observa su trayectoria y ve de dónde ha brotado la palabra que ofende y dónde alcanza al ofendido. Quien se observa, entonces, comprende que es la misma fuerza la que lanza y la que recibe.

Diarios indios: 94-95 


*


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa en el objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira, y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”. […]

El núcleo […] no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones: “pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esa energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. […] En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y de quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Diarios indios: 100 

El no saber cargado de compasión. Entrevista a Chantal Maillard de L. Giordani, A. Borra y V. Gómez, Manuales de instrucciones 7/II, Fundación Inquietudes, 2010.

[…] En varios pasajes destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India). Podríamos sospechar que bien podría llegarse a esa mirada a través de (o en) la poesía… Ahora bien, ¿cómo se liga esa mirada con una exigencia ética y política de solidarizarnos ante el dolor del Otro, que demanda una toma de partido más o menos explícita?

La toma de partido no es, aquí, una medida de fuerza. — Cuando digo «aquí», me estoy refiriendo a la andadura «espiritual» o como quiera llamarse lo que algunos pudiesen entrever en los escritos aludidos—. Al menos, no de fuerza armada contra (unos u/y otros), sino, más bien al contrario, una medida de fuerza interior. Es una ganancia no exenta de derivaciones en la praxis. Si nos referimos a la experiencia del poema, recordaremos aquellas palabras que Anna Ajmátova refería al inicio de su Réquiem: «Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer —los labios morados de frío— que nunca había oído mi nombre, salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al oido (allí se hablaba sólo en susurros): —¿Y usted puede dar cuenta de esto? Yo le dije: —Puedo. Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro».

La existencia es sufrimiento, como enseñaba el buddha, lo cual por otra parte es de una gran obviedad. A algunos nos es dado tomar conciencia de ello y com-padecernos. La com-pasión (cum-pathos) es distinta de la «solidaridad». Se trata de padecer con el otro, no de hacerse un bloque defensivo u ofensivo (sólido). Por supuesto que hay acciones políticas que puedan y deban realizarse a partir de allí. Yo me contentaría con que todos pudiésemos lograr un grado de compasión suficiente como para que estas acciones no fuesen necesarias. En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.

 

[…] En el prólogo de Diarios Indios apuntas: «(…) en Bangalore me inicié en la dureza de la compasión y comprendí que ese sentimiento nace más de la fiereza que del dulce y decadente apiadarse de la burguesía cristiana…». ¿Podrías hablar de ese hontanar de fiereza, de esa roca dura o roca madre de la que surge la compasión tal como la entiendes?

Hay una gran diferencia entre la piedad, tal como suele enseñarse en las escuelas católicas para hijos de gente «bien» (bien… situada, se entiende), y la compasión. Cuando alguien «se apiada» de otro, queda situado en su propio lugar, no se desplaza, mientras que el que padece con otro ha debido desplazarse, dar el salto, ése que le permite ubicarse en el otro y sentir con él, en la medida en que esto sea posible. Porque, ciertamente, hay impedimentos: nadie se duele por otro en su propio cuerpo. Sólo es posible la recuperación del recuerdo del dolor, por lo que éste aparecerá en la mente, no en el cuerpo, salvo por lo que las células son capaces, igualmente, de recordar. La compasión, pues, es inevitablemente un movimiento de retrotracción y de proyección. No obstante, en cualquier caso, está muy lejos de parecerse a la estimulación de aquel sentimiento kitsch que se traduce en frases como: «¡Ay, pobrecito, qué lástima me da!». 

Hay quienes prefieren no ir a India porque no pueden ver, dicen, la miseria que hay allí. Es respetable. Pero «la miseria» la concebimos desde nuestros parámetros y mucho podría hablarse al respecto.

La compasión es un sentimiento fuerte porque supone situarse donde está el otro y con-vivir con él, desde él. Situarse en la herida ajena puede hacernos descubrir que la miseria no está donde la poníamos, lo cual es bastante incómodo. Porque hay sonrisas que florecen en el dolor y que nosotros ya no conseguimos que germinen en nuestras tierras saturadas.

 

El verso que da fin al intenso poema «Escribir» de Matar a Platón dice «…escribo para que el agua envenenada pueda beberse». ¿Qué tipo de alquimia operaría la escritura para convertir ese agua en potable y cuál es, en suma, ese agua que todos hemos de apurar?

En este punto, a la universalidad del poema a la que hemos de aludir, su capacidad para apuntar a lo universal a partir de lo singular. Hay en el ser humano una capacidad, digamos, de intercordialidad. Podemos vibrar, como les pasa a las guitarras, cuyas cuerdas vibran, sin ser tocadas, en el mismo tono que el de la cuerda que ha sido tañida en otra. Tal duelo, entonces, se abrirá en nosotros con algo más, una sensación bienhechora que proviene de la conciencia de un «nosotros», saber que la condición de fragilidad nos pertenece a todos y que el cuidado mutuo es lo único que puede hacernos sobrellevarla entre todos. El poema, al ser entonado, tiene la capacidad de despertarnos a ello. […]


Feu clic per accedir a el_no_saber_cargado_de_compasion-digital.pdf

Kiki Smith en la Toscana: mujeres, lobos & otros bichos

 

20140825_144210Disculpad el retraso, ya que fue en el verano pasado que vi la exposición de Kiki Smith que os traigo ahora!

Primero, situaros el precioso pueblo de San Gimignano, que llaman el Manhattan de la Toscana por sus altas torres medievales! Y la Kiki, muy bruja-loba ella en esta foto, rodeada por sus animales totems!

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La Gallería Continua de San Gimignano expone artistas reconocidos internacionalmente y había traído a Kiki anteriormente. En esta ocasión, la exposición de Kiki Smith se llamaba PATH, camino. Y de entrada, acercarnos a su obra implicaba efectivamente ponernos en camino ya que la exposición no tenía lugar en la galería misma sino en tres espacios repartidos por el centro medieval del pueblo y, un cuarto, en el jardín interior del espacio de la galería donde la artista había instalado una fuente de bronce con tres tallos semejantes a flores con rostros humanos que parecían surgidos del oscuro subsuelo…

El primer espacio se ubicaba en el último piso de un edificio histórico, abierto excepcionalmente al público, con espectaculares vistas a la Piazza della Cisterna, y paredes de yeso de tonos pastel maravillosamente desconchadas y agrietadas (las paredes mismas hubiesen hecho la delicia de Leonardo da Vinci para sus meditaciones ante el muro!). Allí apreciamos el primero de los tapices, con motivos de bosque, ciervo, diversos animales, ramas y hojas, un ensamblaje de vidriera con motivos naturales, fotografías, instalaciones colgantes, varios dibujos sobre papel nepalés, mujeres y manos-estrellas indicando un norte incierto (?), esculturas de flores hechas con una técnica japonesa, nos explicaron, y un bronce de niña-sirena… Todo el conjunto denotando la versabilidad de la artista y su gran habilidad y sensibilidad en el manejo de varias técnicas y diferentes materiales.

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La siguiente etapa nos llevó hasta una amplia sala blanca de techos altos que acogía dos tapices Jacquard (tejidos siguiendo una antigua técnica medieval) de grandes dimensiones, uno con motivos de águilas majestuosas, y otro con lobo, bosque y luna, preciosos ambos! Fijaos en la mirada del lobo, en la textura de los troncos de abedul… en las plumas del pájaro azul y la cola del águila… en mil detalles… realmente un trabajo de gran maestría! (La loba en mí daba coletazos de alegría por doquier!) En una alcoba de la sala, estaba la frágil escultura de un conejo hecha con la misma técnica japonesa de pan de oro y plata. Y, acompañando nuestros pasos, un lobo de bronce acompañado por pájaros… En esta sala me hubiese quedado sentada en el suelo un buen rato, dialogando, respirando con ellos… pero la comisaria que nos acompañaba en la visita comenzaba a dar ligeras muestras de impaciencia a pesar de la gran admiración que sentía por Kiki y su obra!

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La última parada de nuestro deambular nos llevó hasta una de las torres medievales donde Kiki había creado en su interior una bóveda estrellada con decenas de estrellas de bronce, bajo la atenta mirada de un búho, dibujado sobre papel nepalés. Finalmente, vino el momento de acabar el recorrido, salir de la torre, y encontrarse de nuevo con el bullicio de la calle, con el sol italiano… nuestro caminar, de la mano de Kiki, de la oscuridad a la luz…

 

 


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Recuerdo haber leído en una entrevista una frase de la artista quien declaraba: “El arte es, en cierto sentido, como una prueba: es algo que se mueve desde nuestro interior hacia el mundo físico”. Sus obras aparecen como unas huellas materiales, declaraciones tangibles (y, a menudo, inquietantes) de este pasaje del dentro hacia el afuera, desde lo invisible a lo visible, desde la oscuridad hacia la luz, desde lo personal hacia lo colectivo… ¿Acaso no es ésta la dinámica misma del proceso creativo?

http://www.galleriacontinua.com/history/san-gimignano


El Génesis según Sebastião Salgado

Unas cuantas lobas fuimos a Caixaforum en estos días abarrotados.

Belleza impactante de las 245 fotografías, técnicamente impecables. Indiscutible belleza. A gran tamaño (no escatimemos en gastos). Abstracción del blanco y negro para transmitir sin distracción.  Algunas fotografías casi pinturas. Chinas.

Un viaje por el planeta salvaje. Todavía quedan lugares recónditos, inhóspitos para el turista humano. Es sin duda una de las razones por la que todavía aquellos mundos originales permanecen intactos.

Acercarnos a nuestra naturaleza original, a su intrínseco equilibrio, ésta es la propuesta-intención del fotógrafo. Naturaleza humana dentro del conjunto del mundo natural.

Caminando despacio por la sala, interpelada por estos rostros animales y humanos, intentaba desnudar mi mirada… ¡Difícil ejercicio desnudar la mirada de sus ropajes, desanclarla del esquema de representación sujeto-objeto! Ante tanto empacho de “estética”, no podía sino preguntarme acerca del lugar que yo ocupaba mirándolos mirándome. ¿Cómo, con todos mis ropajes, situarme ante ellos tan desnudos? ¿Acaso es posible, ante tanta espectacular belleza, situarme de otro modo que como simple espectadora?, la mirada inmovilizada, deslumbrada, ¡cegada!, ante una representación al servicio de la estética.

El parentesco más allá de los ropajes, sí, más allá también del ropaje “icónico”. Nuestro parentesco on los seres animales, yo-gorila, yo-búfalo, yo-tortuga-iguana-lemur-ballena-lobo marino-foca-leopardo. Aquel leopardo, aquella foca. El parentesco con los seres minerales, con los seres vegetales, yo-montaña, yo-cráter, yo-desierto, yo-jungla…  El parentesco con la bruma y el iceberg. El parentesco con estas personas fuera del tiempo (nuestro), que viven justamente fuera del espacio canónico de la representación en el que (tengo la sensación) el fotógrafo los ubica…

Sí, aquel parentesco que palpita debajo de los ropajes. Para ello es preciso disminuir. Bajar. Tocar tierra. Humus: humano: humilde. La misma procedencia, sí. Optar por cerrar los ojos y palpar lo no visible…

Apuntar al blanco. Lectura poética de Chantal Maillard

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Apuntar al blanco“. Lectura de poemes i videopoemes de Chantal Maillard, en diàleg amb l’exposició Via Lactea d’Isabel Banal.

Algunas de nosotras estuvimos ahí, el miércoles 12 de noviembre, en la sala de planta baixa d’Arts Santa Mònica, escuchando los haikus de Chantal y los pequeños poemas de Cual...

Prolongado invierno
La espalda
tan encorvada y lenta


De esta oscuridad
a otra oscuridad
un camino de piedras

(Fragmentos del libro inédito Viento de marzo)

Chantal Maillard ha estat convidada per l’artista i les curadores a escriure sobre l’obra d’Isabel Banal i va ser una veu essencial en el procès de recerca del títol “Via Lactea” d’aquesta exposició. Les seves reflexions sobre el procés de creació i el blanc, el seus estudis de filosofia i estètica comparada, i les seves col•laboracions interdisciplinars amb artistes la fan una interlocutora excepcional per les obres d’Isabel Banal.

Chantal Maillard és poeta, filòsofa i assagista d’origen belga afincada a Màlaga. Ha estat professora d’estètica i teoria de les arts a la Universitat de Màlaga després de doctorar-se en filosofia i d’un viatge a la India on va especialitzar-se en “Filosofia i Religions de la India” a la Banaras Hindu University (Benarés). Contra el arte y otras imposturas (2009), La baba del caracol (2014), Bélgica (2008), India (2014) són alguns dels seus últims títols. Amb Matar a Platón (2004) va obtenir el Premio Nacional de Poesía i amb Hilos (2007), el Premio Nacional de la Crítica.

https://www.facebook.com/blancsotanegre

Os dejo a continuación el pequeño texto de presentación que escribió Chantal Maillard para la artista Isabel Banal en el opúsculo Blanc sota negre. Treballs des de l’imperceptible.

Vía Láctea

volviendo sola

con mi carga de arroz:

¡la Vía Láctea!

Takeshita Shizuno-jo

Recoger, recolectar: curvarse hacia la tierra.

Bajar la mirada, contemplar lo que, por verlo de cierta altura, consideramos menos importante. Lo ínfimo, lo diminuto, lo humilde. Elevarlo. Y luego disponerlo, resituado, a otra altura: la de los ojos.

Hacer templo: región intermedia entre el arriba y el abajo, entre la cabeza y los pies.

Elevar no hacia el cielo, sino donde los brazos y el corazón, para la acción correcta, cuando las manos se activan, el corazón acompañando.

Situar en el centro lo que la cabeza, enaltecida, descarta o ante lo que pasa de alto sin ver, sin acoger, sin comprender: sin com-prehensión posible.

Doblar la espina dorsal y elevar con las manos-corazón lo que la tierra soporta para dárselo a ver. Para dárnoslo a ver. A-cercar lo insignificante.

La labor de Isabel Banal es así, en esa a-proximación, un ritual templario: enfocar, enmarcar, señalar. Hacer templo. Cuadratura, lugar en el que observar el curso de un acontecimiento.

Curso: vía… Volviendo sola / con mi carga de arroz /¡La vía láctea! Una mirada desprendida de repente se asombra. Ha trazado el vínculo y tiene lugar el milagro: los granos de arroz se transforman en estrellas; la carga, en un camino.

Isabel volvió al salón con aquel precioso haiku en la lengua. Nos lo entregó con la inocencia de quien formula una pregunta sin saber que era la respuesta. Apenas lo pronunció, los fragmentos recolectados, dispersos en la mesa, se elevaron, lo invisible se hizo visible, el sentido estaba dado.

Aligerada, la espalda de nuestro personaje, recortado ahora sobre el vacío, recobró su función de eje: tensar la cuerda entre arriba y abajo, entre los pies y la conciencia, mientras la mente aprendía a desestimar la costumbre de acompañar con juicios de valor los distintos grados de inclinación que adopta la cabeza.

¿Cómo no agradecer a quien, de este modo y con tal modestia, es capaz de señalarnos el camino?”

Feu clic per accedir a act_Blanc%20sota%20negre%20Isabel%20Banal%20CAT.pdf

Altres activitats de Chantal Maillard a Barcelona durant el mes de Novembre:

Pròleg, Llibreria de dones, Barcelona, organitza un seminari titul•lat “A la traça de Chantal Maillard” a cura de Muriel Chazalon. Dissabte 22 de novembre (tot el dia)

http://us6.campaign-archive1.com/?u=81120d27df6b8fa7ec2ab3a33&id=530314478f

Chantal Maillard presentarà «La verdad no ¡el aire!», el mateix dissabte 22 de Novembre a les 20h al Pipa Club Bar, en el marc de Pensa. Festival de Filosofia de Barcelona (17-22 Novembre)

http://www.barcelonapensa.cat/Acte:«La_verdad_no_¡el_aire!»._Chantal_Maillard:_Intervenció_poètica