El silencio. Ramón Andrés

El silencio es todo lo que tenemos.
La Voz es el rescate—
Pero el Silencio es Infinito.
Carece de rostro.

Emily Dickinson

El silencio, que significa algo más que la interrupción de los sonidos o buscar el reverso del lenguaje oral, posee, contradictoriamente, una poderosa dimensión comunicativa y una extraña capacidad para facilitar la entrada en el mundo del espíritu, el pensamiento y las artes. Es, tanto como el habla, una forma de conocimiento, la llave que permite introducirse en la complejidad de la conciencia. Desde el silencio puede analizarse otra perspectiva de la conducta humana, interpretar críticamente la cultura y explicar de un modo sutil y poco habitual toda construcción metafísica. El presente libro, cuyo amplio estudio preliminar recoge el origen y desarrollo de las tradiciones espirituales y filosóficas de Oriente y Occidente, ofrece una cuidada selección de escritos sobre el silencio, obra de los grandes maestros de la mística española de los siglos XVI y XVII, que representaron la cumbre de la literatura espiritual europea. [Texto sacado de la editorial Acantilado]

Ramón AndrésNo sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio. Acantilado, 2010

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http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/amb-filosofia/el-silenci/video/5664768/


Alejandra Pizarnik: “El quehacer poético implica exorcizar, conjurar, y reparar”

ALEJANDRA-PIZARNIK


Entrevista a Alejandra Pizarnik de Martha Isabel Moia, publicada en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona, 1972.


M.I.M. – Hay, en tus poemas, términos que considero emblemáticos y que contribuyen a conformar tus poemas como dominios solitarios e ilícitos como las pasiones de la infancia, como el poema, como el amor, como la muerte. ¿Coincidís conmigo en que términos como jardín, bosque, palabra, silencio, errancia, viento, desgarradura y noche, son, a la vez, signos y emblemas?

A.P. – Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. 0, más exactamente, los términos que designas en tu pregunta serían signos y emblemas.

M.I.M. – Empecemos por entrar, pues, en los espacios más gratos: el jardín y el bosque.

A.P. – Una de las frases que más me obsesiona la dice la pequeña Alice en el país de las maravillas: – «Sólo vine a ver el jardín». Para Alice y para mí, el jardín sería el lugar de la cita o, dicho con las palabras de Mircea Eliade, el centro del mundo. Lo cual me sugiere esta frase: El jardín es verde en el cerebro. Frase mía que me conduce a otra siguiente de Georges Bachelard, que espero recordar fielmente: El jardín del recuerdo- sueño, perdido en un más allá del pasado verdadero.

M.I.M. – En cuanto a tu bosque, se aparece como sinónimo de silencio. Mas yo siento otros significados. Por ejemplo, tu bosque podría ser una alusión a lo prohibido, a lo oculto.

A.P. – ¿Por qué no? Pero también sugeriría la infancia, el cuerpo, la noche.

M.I.M. – ¿Entraste alguna vez en el jardín?

A.P. – Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible.

M.I.M. – Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.*

A.P. – Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.

M.I.M. – Entre las variadas metáforas con las que configuras esta herida fundamental recuerdo, por la impresión que me causó, la que en un poema temprano te hace preguntar por la bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre.* Y creo, casi con certeza, que el viento es uno de los principales autores de la herida, ya que a veces se aparece en tus escritos como el gran lastimador.*

A.P.
 – Tengo amor por el viento aun si, precisamente, mi imaginación suele darle formas y colores feroces. Embestida por el viento, voy por el bosque, me alejo en busca del jardín.

M.I.M. – ¿En la noche?

A.P. – Poco sé de la noche pero a ella me uno. Lo dije en un poema: Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.*

M.I.M. – En un poema de adolescencia también te unís al silencio.

A.P. – El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.

M.I.M. – En una suerte de contrapunto con tu yo que se une a la noche y aquel que se une al silencio, veo a «la extranjera»; «la silenciosa en el desierto»; «la pequeña viajera»; «mi emigrante de sí»; la que «quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria». Son estas, tus otras voces, las que hablan de tu vocación de errancia, la para mí tu verdadera vocación, dicho a tu manera.

A.P. – Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.

M.I.M. – Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe.* Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.

A.P. – Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo – incluso la nada tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible.

M.I.M. – ¿Es por esto que buscas figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las aluden?*

A.P. – Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.

M.I.M. – Sin embargo, ahora ya no buscas esa exactitud.

A.P. – Es cierto; busco que el poema se escriba como quiera escribirse. Pero prefiero no hablar del ahora porque aún está poco escrito.

M.I.M. – El no saber nombrar* se relaciona con la preocupación por encontrar alguna frase enteramente tuya.* Tu libro Los trabajos y las noches es una respuesta significativa, ya que en él son tus voces las que hablan.

A.P. – Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.

M.I.M. – Con estos miedos coexiste el de las palabras que regresan.* ¿Cuáles son?

A.P. – Es la memoria. Me sucede asistir al cortejo de las palabras que se precipitan, y me siento espectadora inerte e inerme.

M.I.M. – Vislumbro que el espejo, la otra orilla, la zona prohibida y su olvido, disponen en tu obra el miedo de ser dos,* que escapa a los límites del döppelganger para incluir a todas las que fuiste.

A.P. – Decís bien, es el miedo a todas las que en mí contienden. Hay un poema de Michaux que dice: Je suis; je parle à qui je fus et qui- je- fus me parlent. ( … ) On n’est pas seul dans sa peau.

M.I.M. – ¿Se manifiesta en algún momento especial?

A.P. – Cuando «la hija de mi voz» me traiciona.

M.I.M. – Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?

A.P. – A la otra que soy. (En verdad, tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.

M.I.M. – Una noche en el circo recobraste un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros.* ¿Qué es ese algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas?*

A.P. – Es el lenguaje no encontrado y que me gustaría encontrar.

M.I.M. – ¿Acaso lo encontraste en la pintura?

A.P. – Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores. Además, me atrae la falta de mitomanía del lenguaje de la pintura. Trabajar con las palabras o, más específicamente, buscar mis palabras, implica una tensión que no existe al pintar.

M.I.M. – ¿Cuál es la razón de tu preferencia por «la gitana dormida» de Rousseau?

A.P. – Es el equivalente del lenguaje de los caballos en el circo. Yo quisiera llegar a escribir algo semejante a «la gitana» del Aduanero porque hay silencio y, a la vez, alusión a cosas graves y luminosas. También me conmueve singularmente la obra de Bosch, Klee, Ernst.

M.I.M. – Por último, te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?

A.P. – Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir*.

* Los asteriscos que aparecen hacen referencia a poemas de Alejandra Pizarnik.

https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandra_Pizarnik

“Y si enemigo no hubiese”. Conversación: David Escalona/Chantal Maillard

David Escalona3

D.E. –¿Por qué suena la grava si no pasa nadie?

Ch.M. – Siempre pasa alguien, algún ser, algún residuo. Siempre muere algo. Ahora mismo mueren cosas, animales, gente. Y no terminan allí donde mueren, aunque ya no pueda decirse que lo que sigue sea lo que ellos fueron. Todo ser es una línea de energía en trayectoria. La muerte es tan sólo una detención en el proceso. La grava suena para quien presta oído.

D.E. –Puede que lo terrible no sea la muerte, sino el no prestar el oído a quienes mueren injustamente. Me refiero a esos silenciados, a esos inocentes que caen en cada instante, en tierra de nadie, sobre la grava dura y fría. ¿Y la voz? ¿Cómo prestarles la voz?

Ch.M. –Es importante hacer silencio para oír. Morir nunca es justo. No lo es el ciclo del hambre en el que estamos atrapados. Injusta es la gran maquinaria. Por eso, si bien todos somos culpables (de la muerte de otros), todos también somos inocentes. Nadie pidió venir a este mundo. Y no nos dan las reglas del juego a iniciarlo. Lo iniciamos torpemente y con torpeza salimos de él. Mientras, tratamos de ponernos a salvo, cada cual como puede.

D.E. –Quizá, más que de justicia, sea cuestión de dignidad (me cuesta escribir estas palabras tan lastradas). “La herida nos precede,/ no inventamos la herida./ Venimos a ella y la reconocemos”, escribías en Matar a Platón. Con estas palabras aludías a la herida-acontecimiento, a esa grieta metafísica que resuena en las heridas de otros. De esta herida hablaba Deleuze, tomando como referencia a los antiguos estoicos y al poeta soldado Joe Bousquet, quien, tras quedar inválido en la Segunda Guerra Mundial por una bala que fracturó su columna, escribió postrado en una cama el resto de su vida. A pesar de todo, Bousquet no se limitó a resignarse y a contemplar este suceso violento como una tragedia. El escritor aceptó la herida e intuyó algo que lo excedía, como si a través de ella pudiera comunicarse con otros seres y tomar así conciencia de un extraño espacio compartido.

Ch.M. –Es que a través de lo que nos es común es como podemos llegar a comprender al otro. Y no hay nada más común que el dolor. El dolor traza puentes porque nadie se libra de él. Nos acecha a todos y, más tarde o más temprano, nos alcanza. Comprender al otro significa, desde nuestros compartimentos estancos, que seamos capaces de imaginar en el otro lo que hemos podido experimentar en propia carne. Es difícil pensar que otra forma de com-padecimiento sea posible. Cuando la comprensión no deriva de la propia experiencia, lo que puede haber son actitudes más o menos “caritativas”, más o menos “solidarias”, que resultan casi siempre no del compadecimiento, sino de la mala conciencia. Com-padecer es entender que todos somos igualmente culpables e igualmente inocentes.

D.E. –Supongo que para que pueda darse esa compasión es necesario adelgazar nuestro “yo”, olvidarnos de lo que “somos” por unos instantes e intuir esa trama que todos conformamos. Y no sólo me refiero a las personas, sino a todos los animales y plantas que habitan este planeta, seres con los que podemos establecer relaciones diferentes a las que suele propiciar la lógica o el lenguaje. Puede ser que, cuando somos víctima de un acto de violencia intencionada o de un accidente que quiebra nuestras certezas y nos hiere, es cuando podemos tomar conciencia de ese animal que también “somos”, nuestra parte quizá más inocente.
Se escucha un mirlo en el claustro. ¿Lo oyes?

Ch.M. –Lo oigo. No dejo de oírlo. Lo oigo en mi interior desde hace mucho tiempo. Imagino a aquel monje o a aquella escribana que copiaban códices. Escucharon al mirlo y dejaron de saber cómo interpretar aquellas palabras tan abstractas, tan vacías, que estaban leyendo. Aeternus… La eternidad dejó de repente de ser un concepto, ensanchado, inmenso, ocupaba el espacio, era puro presente, un presente dilatado en el que todo tenía cabida. La voz del mirlo contenía la voz del universo. Su ley distaba de las normas tanto como distan las galaxias de la corteza terrestre. Y la memoria que se abrió era tan vasta que incluía todo aquello que no les pertenecía.
¿Qué oímos cuando dejamos de pertenecernos?

D.E. – Supongo que ecos, resonancias, ritmos, variaciones, intensidades… Oímos algo que no se deja atrapar con y en los conceptos, algo que, aunque no lo podamos reconocer, nos obliga a pensar, a crear palabras o ficciones, a mantener esta conversación. Pienso que nunca dejamos de pertenecernos, nunca podemos saltar sobre nuestra propia sombra. Lo interesante es quizá llegar a otros (otras sombras) “sin mí”, como escribías en Hilos, si mal no recuerdo. Siempre hay ecos de un pasado que nunca llega a pasar y que nos afecta. En un documento, una imagen o en un espacio puede latir una catástrofe pasada. Benjamin y Warburg creían que había fuerzas o energías que se transmiten sin palabras a lo largo de generaciones, un pathos transhistórico que sólo podemos intuir cuando dejamos de vivir replegados sobre nosotros mismos, cuando dejamos de pertenecernos y nos abrimos a esa vasta “realidad” heterogénea y anacrónica que es nuestro mundo. Pienso que lo interesante es amplificar los ecos que atraviesan la Historia y hacerlos presente de alguna forma. Me refiero a las vidas truncadas de los silenciados o desaparecidos que nadie recuerda. Sin duda hablo de hacer otras lecturas fuera de los discursos dominantes, de hacernos cargo de los vencidos, cuyos deseos, de haberse efectuado, hubieran cambiado tal vez el curso de la historia.

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Ch.M. –Piensa que los vencidos son siempre más, muchos más, que los vencedores. Más los que no tienen voz que los que la tienen. Pero también están los que se callan, no aquellos a los que se silencia a la fuerza, sino aquellos que enmudecen o susurran, o aquellos que hablan con otra voz, la del pájaro, por ejemplo, o la de cualquier otro animal, lenguajes que no entendemos, que no estamos dispuestos a entender o a los que no prestamos oído. Pienso que el recluido, en su celda de piedra, de bosque o de carne, el enmudecido, es quizás el único que podría, actualmente, indicarnos el camino de retorno indispensable para el conocimiento de lo que somos.

D.E. – Si pudieran susurrarnos los muros de este imponente edificio… Si las piedras y los cipreses del Patio de los Inocentes pudieran hablarnos de aquellos que enmudecieron o hablaban el lenguaje de los pájaros. Fueron muchos los recluidos, los enfermos, los locos, los endemoniados, los huérfanos. En una de las naves encontraron unos juguetes antiguos, deteriorados por el paso del tiempo.

Ch.M. – Es realmente impactante encontrar juguetes en un sitio de reclusión. Pequeños objetos construidos con los materiales que tenían a mano en su encierro: un avión hecho con hojas de papel impreso, una pelota de cuero. Aquel que tiene la capacidad de jugar es por que no ha perdido aún la inocencia. En la pobreza más extrema y en lugares donde uno pierde la identidad, el niño o el inocente, juega. Y se pierde, sabe perderse en ello. Ése es su don, ésa su riqueza. Atraviesa el aire en las alas de un avión de papel o en la mirada que sigue la trayectoria de la pelota y en el aire es libre. Libre de la orfandad, del dolor punzante que atraviesa los pulmones, del errático vaivén de la mente, de la invalidez, del rechazo de los otros, de la burla, el agravio, la piedad, la marginación, de la muerte que acecha detrás de la cortina o en la cama contigua, del miedo. La pelota, el avión: objetos de vuelo para los pájaros. El inocente es ese pájaro que muere en cualquier lugar sin que nos percatemos de su ausencia. Pero es también el que conoce la trayectoria de las aves.

D.E. – Acabas de recordarme unas escenas de la película El espejo de Tarkovsky. En ellas aparecen unos pájaros que, a modo de testigos, sobrevuelan la Historia de los hombres en diferentes escenarios de muerte, destrucción, enfermedad y dolor. Estos seres de vuelo, que podrían relacionarse con tu “Cual-pájaro”, parecen tener la capacidad de transcender las miserias y tragedias humanas… ¿No crees que el cruel juego de la guerra tiene algo de inocencia? ¿Hasta qué punto un verdugo es inocente? Jean Améry pensaba que los miembros de la Gestapo que lo encerraron y lo torturaron, hasta reducirlo a un haz de fuerzas en su agonía, eran inocentes, pues se limitaban a acatar órdenes como autómatas. Incapaces de empatizar con sus víctimas, eran víctimas a su vez de la gran maquinaria de muerte de la que formaban parte y que fue consecuencia del capitalismo tardío. La violencia y nuestras propias heridas parecen tener siempre una dimensión social, es decir, parecen ser producidas por unas formas de vivir o unos modos de actuar normalizados. Vivimos en una sociedad bastante acelerada y violenta. “¿Qué herida no es de guerra y producida por la sociedad entera?”, preguntaba Deleuze.

Ch.M. –¿Y cuando no fue así? ¿No es acaso la violencia la ley del universo? No es el amor lo que sostiene el mundo, como a muchos les gusta pensar, sino la violencia. El Hambre es lo que mueve la maquinaria de la que los humanos formamos parte. No vivimos, exactamente, sino que sobre-vivimos: vivimos-sobre una montaña de cadáveres. Gracias a ellos. Y esto no es debido al capitalismo ni a la tecnología ni a ningún sistema o estrategia de los que nos valemos para seguir adelante, sino a la propia naturaleza de la existencia. Y si bien ahora la violencia global nos parece más impactante es por dos razones: por la existencia de los actuales medios de representación que nos hacen más conscientes de ello y porque nuestra especie es ahora mucho más numerosa de lo que era hace algunos siglos. ¿Inocentes? Sí, por supuesto: no hemos inventado la maquinaria. ¿Culpables? sí, también: no sólo no le ponemos fin sino que la consideramos hermosa.

D.E. –Somos dados a crear diferencias para excluir. Necesitamos de los otros a quienes temer, ridiculizar, agredir, insultar, odiar, negar …. Necesitamos trazar fronteras y poner alambradas, crear al enemigo para afianzar nuestra identidad individual y colectiva. Necesitamos del hambre de millones de personas para perpetuar nuestro sistema.

Ch.M. –Si, pero… ¡Y si enemigo no hubiese! Y de nuevo me remito a lo común, a lo que podría unirnos más allá de todas las diferencia, la conciencia del dolor al que todos, de una manera u otra, más tarde o más temprano, estamos abocados. Caemos al mundo con dolor, en nuestras sociedades generalmente en una cama de hospital, y salimos de él también con dolor y, muy frecuentemente, en otra cama de hospital. Nacemos con dolor, morimos de la misma manera. De una tina a otra tina, como dice un haiku. De la cuna al ataúd. Y entretanto nos enfrentamos a la pérdida, a la ausencia, a la intemperie. Si tomásemos conciencia de que la herida nos pertenece a todos, tal vez, mientras tanto, dejaríamos de inventar al enemigo.
En cada una de las camas hay agujeros, tus agujeros negros, David, a los que se asoman los pájaros. Esos agujeros-túnel nos comunican, es lo que asoma en superficie del rizoma de vida que somos bajo las sábanas.

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D.E. – Te refieres a esos dibujos sobre camas de hospital de la serie “Vendados” que surgieron paralelamente a tus poemas de “Sidermitas” como un diálogo. Me pareció interesante partir de estas imágenes, en esta ocasión, para la instalación del Hospital Real de Granada, pues su historia y su arquitectura se prestaban a ello. Pensé en 5 camas de hierro alineadas. En cada cama, una ausencia. En una de ellas, un círculo, negro como los pájaros que revolotean alrededor. Este agujero simulado es un punto ciego, una densa sombra de la que podría surgir o que podría engullir todo cuanto observamos. El agujero es como un túnel que comunica con otras realidades, una hendidura por la que fugarnos hacia no se sabe dónde. Es esa inconmensurable otredad indiferenciada que, como la muerte, se resiste a ser representada. Esta apertura tenebrosa es como el universo concéntrico, concentrado sobre las sábanas-pliegues donde el dolor, el yo-dolor, se disuelve en un grito-pájaro. Pero tú lo dijiste: “una sombra no hace la noche entera”.
El agujero es la pérdida, el extravío. Pero también es el encuentro con lo desconocido, la abertura a las diferencias y a la posibilidad de cambio. Y de ahí la angustia que nos produce contemplarlo. De él emergen susurros, ecos, resonancias de otros tiempos y lugares.

Ch.M. –Sí, ese es el el universo-resonancia de los sidermitas, el no-lugar desde el que caen esos seres, ignorantes de todo cuanto ocurre, como cae todo ser al mundo de las diferencias. Nacer es caer al mundo. Y quedan atrapados en la rueda del Hambre. Víctimas que no están preparadas para el juego de la agresión. Víctimas que tendrán que convertirse en verdugos. Verdugos-víctimas que, agarrados al borde de la circunferencia-abismo querrán volver a él y no sabrán cómo. No sabrán cómo porque en superficie el agujero-túnel aparece como el azogue de un espejo en el que sólo verán reflejada su propia imagen.

D.E. –Al final de las blancas e impolutas camas, dos frágiles esgrimistas, en sillas de ruedas, con trajes asépticos y empuñando un florete, parecen estar a punto de comenzar o acabar un combate. Éstos son una metáfora del duelo, de la resiliencia o la capacidad del ser humano para superar la adversidad y salir reforzado por ella. Tras las máscaras negras de rejilla no hay nada ni nadie. Hay túnel, caída, agujero del que emerge el canto de un mirlo. El mismo mirlo que revoloteaba por el claustro cuando Ludovico lo oyó y dejó de entender lo que leía. El mismo mirlo que Juan de los Enfermos, “el vendedor de libros”, escucharía desde su celda.

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Ch.M. – A veces el combate es una manera de amarnos. Apelar a la coincidencia de los túneles, reclamar una nueva inervación de los miembros amputados del cuerpo común que formamos entre todos. La compasión no tiene nada que ver con el sentimentalismo. Este suele generarse por los modelos conceptuales que tenemos introyectados. La compasión adviene cuando quebramos el espejo y constatamos su profundidad. Los túneles son vías para el reconocimiento. ¿Se atreverá alguien a contemplar la superficie del círculo? ¿Se detendrá alguien en el patio de los Inocentes para escuchar el mirlo? No es una obra de arte lo que ofrecemos aquí, o no ha de entenderse como tal, sino como una ocasión para la escucha. Un simple, sencilla ocasión para, al amparo de estos muros, devolvernos, por un instante –un instante eterno– la dimensión de nuestra inocencia.


Exposición en el Hospital Real de Granada. Marzo 2017.
Instalaciones en la Sala de la Capilla e intervención en el el Patio de los Inocentes.
Organiza: FACBBA

Entrando en la web de David Escalona podréis acceder al portfolio de fotografías de la exposición “Y si enemigo no hubiese”, tercera parte de Dónde mueren los pájaros.

If there was no enemy. Y si enemigo no hubiese.


Lectura de Chantal Maillard en el Gutun Zuria 2017 Bilbao

En el marco del X Festival Internacional de las Letras organizado por Arkuna Zentroa, acaba de ser retransmitido en streaming el recital poético que reunía las voces de J. A. González Iglesias, Clara Janés, Darío Jaramillo, Beñat Sarasola y Chantal Maillard en la Alhóndiga de Bilbao.

La lectura de Chantal Maillard empieza en el vídeo a 00:56 y termina a 1:22 (26 mn). El tiempo suficiente para irse afinando y desafinando, para templarse y destemplarse,  para vibrar en una gran variedad de tonos sucesivos, a velocidades variables. Voz que late como ninguna otra en el silencio denso que logra ahuecar en su lectura. Lectura entre dos risas.

http://www.azkunazentroa.eus/az/cast/inicio/inicio/recital-poetico-ja-gonzalez-iglesias-clara-janes-dario-jaramillo-chantal-maillard-y-benat-sarasola/al_evento_fa

Siri Hustvedt en el Festival Gutun Zuria 2017 Bilbao

http://www.kulturklik.euskadi.eus/evento/2017041216165981/gutun-zuria-2017-siri-hustvedt-en-conversacion-con-almudena-cacho/kulturklik/es/z12-detalle/es/

Entrevista a la novelista y ensayista norteamericana Siri Hustvedt (Minnesota, EEUU, 1955) en el diario de Álava, el 27 abril 2017: “Es injusto que se devalúe el trabajo de las artistas“: http://www.noticiasdealava.com/2017/04/27/ocio-y-cultura/cultura/es-injusto-que-se-devalue-el-trabajo-de-las-artistas

GUTUN ZURIA 2017 DEL 25 DE ABRIL AL 1 DE MAYO DE 2017

Gutun Zuria, el Festival Internacional de las Letras de Bilbao, organizado por Azkuna Zentroa, está de aniversario. Este año se celebra la décima edición de este encuentro literario, en el que los escritores toman la palabra para reflexionar acerca de la sociedad actual desde sus experiencias personales y creadoras.

A lo largo de estas diez ediciones, más de un centenar de escritores han acudido a esta cita para intercambiar sus vivencias con el público. Escritores que son referencia de la literatura mundial, Premios Nobel incluidos, representantes de las letras vascas y periodistas literarios nos han acompañado y enriquecido con sus intervenciones.

Y no sólo ha sido protagonista la palabra. La música, el cine o las artes escénicas han tenido y tienen un lugar destacado en este Festival, que cada año convierte a Azkuna Zentroa en El Centro de la creación artística.

La inauguración de esta décima edición, de Gutun Zuria, en la que la celebración será protagonista, correrá a cargo de Alberto Manguel y su elogio de la literatura. A él se sumarán otros grandes nombres: Annie Proulx, Siri Hustvedt, Diamela Eltit, Kirmen Uribe, Jean-Claude Carrière y Guillermo Arriaga que vincularán su experiencia creativa a las diferentes manifestaciones artísticas en las que la literatura es protagonista. Este año la poesía tendrá también su protagonismo y estará representada por algunos de nuestros mejores poetas: Chantal Maillard, Clara Janés, Darío Jaramillo, J.A. González Iglesias y Beñat Sarasola protagonizaran un recital poético que promete convertirse en un encuentro memorable. También el mundo editorial contará en esta edición con un espacio en el que editores como Ofelia Grande (Siruela), Manuel Borrás (Pre-Textos), Joan Tarrida (Galaxia Gutenberg), Claudio López (Penguin Random House) y Mikel Soto (Txalaparta) contarán cómo se confecciona un catálogo editorial, así como el complejo entramado que subyace a la edición y promoción de los libros.

http://www.azkunazentroa.eus/az/cast/inicio/mediateka-bbk/gutun-zuria-2017/al_evento_fa

فيلم فرده شمال | The Other pair | El otro par

La película egipcia “El otro par” dura solamente 6 minutos. Se convirtió en el cortometraje ganador del festival de cortometrajes de Egipto. La directora, Sarah Rozik, de apenas 20 años, es prueba de los nuevos talentos que despuntan en el campo de la realización cinematográfica. Se inspiró en un incidente verídico vivido por Gandhi. Ante la fragilidad de un mundo que puede romperse y venirse abajo en cualquier momento, Sarah Rozik pone de relevancia la importancia de saber desapegarnos de las cosas materiales. Así toda pertenencia puede convertirse en un tesoro compartido…

Directed by : ٍSarah Rozik
Screenplay : Mohammed Maher
D.O.P : Haitham Nasser
Edited by : Eman Samir
Sound Engineer & Music : Mohamed Hassan Elhanafy
Art Director : Hassan Elplisy
Production Manger: Yasser Elfishawy
Actors : Ali Rozik & Omar Rozik

 

El aullido primaveral de Nikai

 

Nikai es un lobo gris nacido en cautividad en el Wolf Conservation Center (WCC), una organización sin fines de lucro, en South Salem, Nueva York. Es uno de los cuatro “lobos embajadores” del WCC que ayudan a enseñar al público el papel vital del lobo en el ecosistema y a conocerlos mejor.

http://www.nywolf.org

https://www.facebook.com/nywolforg

El cisne negro. Chantal Maillard

El 23 de noviembre del 2016, el ACEC (l’Associació Col·legial d’Escriptors de Catalunya) invitó a Chantal Maillard a participar en el Ateneo Barcelonés en las XV Jornadas Poéticas dedicadas en esta ocasión a la mística hebrea y árabe. Acabo de encontrar los vídeos de su lectura. La intervención de la poeta y filósofa hispano-belga es afilada como un bisturí. Con precisión de cirujana, Maillard corta, desmenuza, desbroza, depura el corpus teológico dejando a la vista el hueso lingüístico de dios. Esa tarde juraría que un cisne negro cruzó la sala. Los que teníamos oídos pudimos escuchar el aleteo de sus potentes alas –¿o era conjuro de poeta? “para curar –vaivén-sutura– las heridas“…

 


Escribo sobre el lomo del cisne negro,

aquel que desbarata

todas

las conclusiones.


Chantal Maillard

La mujer de pie


El espacio sonoro. Chantal Maillard

En homenaje a las campanas tibetanas “tingsha” que abren y cierran las sesiones del taller.

En los templos [de India], la repetición de ciertas sílabas o palabras rituales (mantras) es una de las prácticas más comunes. También lo es el tañido de las campanas. Es frecuente que una rueda de campanas acompañe a la prolongada exhalación de la caracola (el instrumento mediante el que Visnu mantiene el universo) en los ritos del amanecer y del atardecer y, en el umbral de los templos, hay siempre una campana que el devoto golpea al entrar para atraer la atención del dios que puede estar dormido o distraído. El sonido es señal de atención, de alerta, pero es también lo que llamamos, con mucho acierto, la creación de una atmósfera envolvente, esto es, la reunificación, en el entorno, de los sonidos dispersos, su concentración. El templo es, por ello, centro, lugar de reunión o concentración, un lugar en que, dentro y fuera de cada cual, vuelven a armonizarse las fuerzas del universo.

Chantal Maillard. “El espacio sonoro de la India” in Contra el arte: 243. Pre-Textos, 2009


Agradecemos a Lola que haya cedido sus campanas tingsha al inicio de cada sesión.
El montage audio y la fotografía de las campanas sobre la khata blanca son de Susanna.

http://loscuencostibetanos.com/tingsha/

¿Y si enemigo no hubiese? Donde mueren los pájaros (III). David Escalona y Chantal Maillard

 

David Escalona (Málaga, 1981) / Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

El proyecto de David Escalona es el tercer capítulo de la serie Donde Mueren los Pájaros, un diálogo expandido entre el artista malagueño y la escritora Chantal Maillard. Para esta etapa del proyecto, han desarrollado una intervención que indaga en la historia del Hospital Real de Granada y a través de ella en la de todos los enfermos y repudiados que pasaron por sus salas.

¿Por qué vienes a oírme? No
hay nada en mis palabras que
sea importante salvo aquello
que sabes, que ya sabes.

El poema es la concha que
acercas a tu oído

como antiguamente el médico
acercaba un espejo pequeño a
los labios del muerto.

Chantal Maillard

Actividad incluída en el programa expositivo de FACBA 2017, Festival de Artes Contemporáneas.
Organiza: Facultad de Bellas Artes de Granada y Vicerrectorado de Extensión Universitaria.
Capilla del Hospital Real de Granada, del 2 al 26 de marzo 2017