David Escalona: “Aquello que excede la razón, puede ser tratado desde el ámbito estético o artístico”

 

David Escalona es Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Granada tras defender su tesis “El cuerpo accidentado en el arte”.  Actualmente es uno de los artistas residentes en el Künstlerhaus Bethanien de Berlín. Los años cursados en la Licenciatura de Medicina de la UMA marcan su trayectoria artística, siendo el cuerpo, la enfermedad, la discapacidad o la fragilidad de nuestra existencia, temas que vertebran su producción artística.

 

“No trato de hacer una apología del desorden, del dolor o de la herida. Tampoco trato de abordar la discapacidad desde la Arte-terapia. No pretendo incidir en el arte como proceso curativo, sino en el conflicto y en la contingencia como germen de la creación o apertura a nuevas posibilidades en el arte y en, prácticamente, todos los ámbitos de la vida”, escribe el artista.

 

Lleva a cabo con Chantal Maillard, Premio Nacional de Poesía,  el proyecto transdisciplinar “Dónde mueren los pájaros”, que tiene por tema los inocentes, los silenciados, los invisibles u olvidados que viven sin ser notados y mueren sin que lo sepamos, solos detrás de una cortina, en una cama de hospital, en tierra de nadie, bajo los escombros de su casa o, como los pájaros, en pleno vuelo.

 

“Inocente es quien muere y, a veces, el que mata, pues cada uno de nosotros puede situarse, según dicten sus circunstancias, en uno u otro lado de esa frontera. No obstante, la Herida es compartida por todos, siendo anterior a estas diferencias, a todas las diferencias”, escribe Chantal Maillard. 

 

Las obras que componen este proyecto se ofrecen como sordas interrogaciones en la compleja trama de una violencia cada vez más generalizada y cuya historia tan sólo parece poder atenuarse con la conciencia de la fragilidad compartida y el desamparo que toda existencia entraña. 

David concibe el arte como un extraño artefacto que puede comunicarnos con realidades complejas no necesariamente inteligibles. Piensa que aquello que excede la razón, puede ser tratado desde el ámbito estético o artístico. Como afirma David Escalona “el arte es un lenguaje con sus propias “leyes”, cuyo contenido es inseparable de su medio de expresión. El artista piensa haciendo (modelando, dibujando, pintando o realizando una performance). Y este hacer o actividad corporal genera ideas imprevisibles y afectos –y viceversa–, de tal complejidad que es imposible expresarlas con palabras. Pero, debido al logocentrismo de nuestra cultura, lo que no puede ser conceptualizado, suele subestimarse, siendo relegado al ámbito de la ficción o de la inexistencia (la del no-ser)… las obras pueden llegar a ser un accidente-acontecimiento que tambalee nuestras certezas y nos obligue a pensar, pudiendo efectuar una transformación en el individuo, aunque a veces inapreciable.” 

www.davidescalona.com

 


  
  
  
  
  
  
  
  

 
  
  


  


  
  
  
  

 

 



   
  
  
  
  
   
 
  


  
  
  
  



El espesor de la ceguera. Chantal Maillard

René Magritte_Faux miroir_1928

 

Comment ceux qui n’ont pas vu peuvent-ils parler du voir? ¿Cómo se atreve a hablar del ver aquel que no ha visto?

No sé cómo colmar la fisura entre el mí y el más allá de mí que a veces habla por mi boca. La voz: crisol y válvula de escape de la gran negrura. Minúsculo elemento de rebeldía.

Pido perdón: he hablado demasiado. Sólo de los husos puedo dar cuenta cierta, los husos y sus hilos, y del viaje entre ellos, de uno a otro. Una topografía que puede ser de utilidad, tan sólo eso.

Por lo demás, nada sé salvo que más allá del pensar todo es silencio. No hay conocimiento al otro lado, no puede haberlo: todo lo que hay es percibido y el conocimiento se funda en el decir. Quien quiera inventar dioses, que no los sitúe más allá del mundo pensado. Ningún dios creado en el concepto lo trasciende. Ninguna teología da cuenta de otra trascendencia que la que se menciona en el concepto. La naturaleza del lenguaje es dual: si dice «aquí», ha de decir «allá». Los dioses, los de aquí y los de allá, son de este mundo, como el anhelo y el miedo, las formas de la insatisfacción y del deseo.

Pido perdón: he hablado de más. Nadie haga caso de mis vuelos. Nada hay en mis escritos digno de ser mencionado salvo el intento de desbrozar y distinguir del silencio lo que al pensar pertenece.

Habremos de empezar de nuevo. Empezar callando. No es necesaria la escritura. Lo que de verdad se hace para el espíritu no deja otras señales que las que se dan en él, y éstas son lábiles, constantemente han de ser renovadas. Nunca concluidas, las obras del espíritu. Nada que sea permanente. No existe el tiempo en ello, de ahí que todo esté siempre por hacer. De ahora hacia atrás, de atrás hacia delante, nada está hecho, en realidad.

De nuevo estoy hablando de lo que no sé. ¿Podría ser que algo de mí supiese algo que la razón no alcanza? Pero ¿qué saber sería aquel que no tuviese ideas con que pensarse, palabras con qué decirse ni imágenes con qué representarse? Todo aquello que se sabe es presa del lenguaje.

Importa tener claro en qué lado se está en cada instante. E importa saber que siempre que uno hable, cualquiera que sea el tema del que trate, que no se engañe: estará aquí, siempre estará

aquí.

*

Al centro guía la escritura. Allí donde el mí no se da. El centro es de todos, de quienes lo conocen como de quienes no, quienes lo encontraron, quienes lo han perdido o ni lo presintieron. Según el espesor de la ceguera.

*

Y ¿acaso muchos ciegos lograrán explicar el color verde mejor que uno solo?

Antes bien, ocupémonos de la mente. Ocupémonos de conocerla. No al modo en que lo hacen sus especialistas, ciegos entre los ciegos que se otorgan el derecho de guiar a los demás, sino desde el aquietamiento. Porque puede que la velocidad propicie la formación de ideas en las que, de tan repetidas, llegamos a creer. Aquella, por ejemplo, que por su insistencia nos lleva a pensar que «yo» sea otra cosa que el uso gramatical que nos distingue.

Aquietémonos pues, y dado que nos es tan imposible salir de la propia mente como saltar sobre la propia sombra, con ojos de sombra que contemplasen la sombra asistamos a los vaivenes de las formas sin pretender apresarlas.

 

Chantal Maillard, La mujer de pie (libro III: 147)Galaxia Gutenberg, 2015.

Imagen: René Magritte, Faux miroir, Huile sur toile, 24 x 32 cm, c. 1930

 

El canto del mirlo

 

“Últimamente todo se mueve. Como si la solidez fuese cosa de los ojos. El estar quieto de las cosas. Como el canto del mirlo. No hay mirlo. Al menos por lo que a mí respecta. Que haya cosas depende de la duración. Si duran en lo mismo, hay pared; si duran en movimiento, hay mirlo.”

Chantal Maillard, La mujer de pie: 29. Galaxia Gutenberg, 2015

 

Sonograma de Carlos de Hita: “Canta un mirlo. Oímos su voz. Y gracias al sonograma, también la vemos: una caligrafía a tinta en la que podemos leer las sílabas, las modulaciones, las inflexiones, los quiebros, los entresijos de su canto.”

El muro del cementerio de Ixelles.

 

 

Chantal Maillard: “Ya no creo que sea posible cambiar el mundo, ni me parece necesario”

Maillard acaba de reeditar ‘La razón estética’, ensayo que publicó en 1998. /Lisbeth Salas
Maillard acaba de reeditar ‘La razón estética’, ensayo que publicó en 1998. / Foto: Lisbeth Salas

La poeta belga Chantal Maillard, afincada en Málaga, reedita ‘La razón estética’, donde propone una educación de la sensibilidad alejada del espectáculo


ALBERTO GÓMEZ 

Su hilo de voz contrasta con la rotundidad de su discurso. Quizá por eso Chantal Maillard prefiere escribir. Ya lo advirtió en ‘Matar a Platón’, que le valió el Premio Nacional de Poesía: «Escribir / porque alguien olvidó gritar / y hay un espacio en blanco, / ahora, que lo habita». La poeta y filósofa belga, afincada en Málaga desde hace décadas, reedita ‘La razón estética’, el ensayo que publicó en 1998 para reivindicar una educación de la sensibilidad alejada del espectáculo.

– Hace casi veinte años que publicó ‘La razón estética’. ¿Por qué ha aceptado reeditarlo, usted que no parece nada nostálgica?

– Nostálgica, en absoluto, no con respecto a mis escritos (risas). El director de la editorial consideró que era un libro con vigencia, todavía útil. No hemos progresado mucho en los asuntos que aborda.

– Hablaba incluso de cambiar el mundo, una idea que sospecho que ya ha desechado.

– Era un libro ciertamente optimista, demasiado optimista para mi forma de entender las cosas ahora. En su momento sí pensaba que había posibilidad… Dentro del discurso del la posmodernidad se intentaron recuperar ciertas cosas y enmendar otras, pero todo eso quedó truncado. Ya no pienso que sea posible salvar nada, ni tampoco me parece necesario.

– ¿Es ‘La razón estética’ una propuesta para tiempos difíciles?

– Sí. Hemos confundido la pertenencia con la posesión. Decimos que el planeta nos pertenece, pero es al revés: nosotros pertenecemos al planeta. Es urgente que podamos recuperar ese saber anterior que todo animal posee y que permite mantener en equilibrio el sistema al que pertenecemos. Volver a comunicarnos con el animal que fuimos es ahora un imperativo moral. Para ello, para sabernos con otros, lo primero sería considerar cuán errónea ha sido la idea de superioridad que el occidental ha tenido siempre de la especie humana y de sí mismo.

– ¿Cómo es posible educar la sensibilidad en un mundo cada vez más espectacularizado?

– De eso se trata. En el ámbito de la representación, las emociones emergen en el espectador cargadas con un plus de placer. Esto es peligroso, porque las emociones más genuinas, como el dolor que podríamos sentir ante ciertos horrores, se transforman en emociones placenteras, las mismas que las que experimentaríamos ante una película. De esta manera somos extremadamente manejables. Nuestros movimientos de rebeldía pueden ser neutralizados con sólo trasladar los acontecimientos a la pantalla. Cuando lo real se convierte todo entero en representación es importante aprender a observar lo que experimentamos y saber detectar la naturaleza del placer, adictivo en muchos casos, que acompaña nuestros sentimientos.

 

«PARA CONOCERSE HAY QUE OBSERVAR LA PROPIA MENTE, PERO ESTE EXCESO DE AGITACIÓN LO HACE IMPOSIBLE»

 

– ¿Cómo ha cambiado su forma de entender el mundo en estos últimos veinte años?

– Para mal (risas). Hoy no creo que tenga mucho sentido salvar nuestra especie. Hemos alcanzado una dimensión de plaga en este planeta. Y ahora queremos llevar la vida a otros planetas para que el proceso de evolución pueda empezar de nuevo… No creo que la vida humana haya sido un acierto. No creo que éste sea el mejor de los mundos posibles.

– ¿Y cuál lo sería?

– Ninguno que se sostenga sobre el hambre, por supuesto. El hambre es violencia, y la violencia es dolor.

– Dice que quienes nos gobiernan no han aprendido a conocerse.

– «Conócete a ti mismo» es una fórmula muy antigua utilizada tanto por los filósofos griegos como por los chinos o los de la antigua India. Quien no se conoce a sí mismo no podrá conocer a otros. Si quien gobierna no se conoce a sí mismo, ¿cómo podrá gobernar un Estado?

– Usted se pregunta qué es ese «sí mismo», eso que llamamos «yo».

– Para conocerse es imprescindible saber aquietarse y observar la propia mente, su proceso. Pero en nuestras sociedades se ha hecho todo lo contrario, se ha aumentado la agitación. Con el exceso de agitación la observación es imposible, la inteligencia orgánica se colapsa y esto se traduce en enfermedades como depresiones o fatigas crónicas. Gestionamos mal nuestras energías.

 

«CONVENDRÍA SABER DECRECER. NO SOMOS MEJORES QUE EL RESTO DE ESPECIES, SALVO EN EL ANSIA QUE NOS DOMINA»

 

– ¿El mundo se derrumba o nos lo estamos cargando nosotros?

– Ambas cosas, supongo. Nuestro planeta es tan sólo un punto en el organismo universal, un punto destinado a desaparecer, como cualquier otro ser vivo. Y también es probable que estemos colaborando en esa destrucción. Resulta evidente que no estamos haciendo las cosas de la mejor manera posible para que se mantenga el equilibrio necesario. Hemos pensado que somos más importantes que el resto del planeta y que podemos crecer indefinidamente sin dañarlo. Y esto no es así.

– ¿Es la soberbia uno de nuestros mayores males?

– Por supuesto. Convendría saber decrecer. No somos independientes del resto de especies. Tampoco somos mejores ni superiores, salvo en el ansia que nos domina.

«Conciencia colectiva»

 

– En ‘La razón estética’ habla de categorías de conciencia colectiva.

– Es una de las partes más importantes del libro, porque permite pensar en una educación en ese sentido. Las emociones son culturales y también epocales, van transformándose. Utilizo la figura de Drácula, por ejemplo, para mostrar cómo el terror de lo otro, el lado oscuro, lo que se desconoce, la muerte, el enemigo, se asume progresivamente hasta anularse en lo propio. Drácula pasa de ser la criatura diabólica de Bram Stoker, en el XIX, a convertirse en un ser digno de compasión en los inicios del XX para terminar siendo asimilado en la nueva mediocridad de esta época, como en Crepúsculo. Trivializamos el símbolo y anulamos su capacidad de conmovernos, de sacudirnos. Lo des-integramos. Ésta es la manera en que la sociedad de consumo, el mercado, neutraliza al enemigo.

– ¿Qué papel han jugado los poemas de otros en su vida?

– A menudo me han servido para despertar la conciencia y a menudo para transformarla. Me han educado.

– ¿Es consciente de que provoca eso mismo en otras personas?

– No lo sé. Escribir ha sido siempre mi forma de comunicarme. A veces acierto, otras no. Pero siempre me sorprendo cuando alguien me dice que le ha llegado.

– ¿Qué tal encuentra Málaga?

– Creo que debería tener más bancos donde sentarse (risas). Es una ciudad hermosa y se merece que podamos disfrutar de ella sin tener que entrar a sentarnos en un bar. Debería tener más fuentes y bosques. Es un lugar que podría ser paradisíaco si se construyera menos, si atendiésemos más a los espacios naturales, que son primariamente educativos. Y bueno, si hubiese menos turismo.

– ¿Echa de menos la docencia?

– En gran parte sí. Han sido años muy hermosos. Lo que me agradó de presentar ‘La razón estética’ en La Invisible es que algunas de las personas que mantienen ese espacio de cultura alternativa han sido alumnos míos muy brillantes. Es importante para mí apoyar este proyecto porque es el único espacio de cultura alternativa de Málaga. La Alcaldía debería procurar darle la concesión cuanto antes.

 

http://www.diariosur.es/culturas/creo-posible-cambiar-20171125215553-nt.html

 

Pensamiento en crudo: Chantal Maillard contra el refrito mental en La razón estética

Fotografía: Bernabé Fernández

Ingredientes. Curiosidad, elegancia al escribir, grandes dosis de sarcasmo y prosa cáustica.
Sin fecha de caducidad.
Tiempo de lectura. 6 – 8 días de lectura. Más si se lee a trompicones en el metro en lugar de tranquilamente en casa.
Notas de Cata. Es un trago amargo, frugal en su extensión, pero solo apto para aquellos que digieran bien los desafíos mentales. Con regusto a desesperanza.

 

Desde la primera edición de este libro se ha producido la brecha de la crisis económica. ¿Ha sido el fin del capitalismo?

No lo creo. No hemos rectificado el rumbo desde entonces, más bien todo lo contrario.


¿Sigue siendo pesimista?

Hace veinte años aún pensaba que podía cambiarse el mundo. Cosa de la edad fértil, me imagino. Ahora me resulta difícil pensar que el ser humano pueda lograr, en lo que nos queda de tiempo, una comprensión adecuada (no lógica) de sí mismo como parte integrante (aunque prescindible) del planeta. Esto es algo que por lo general se adquiere muy tarde y la especie se multiplica con excesiva rapidez.

¿Utilizamos bien la palabra ‘estética’ en español?

Es ciertamente una palabra que acarrea lastre debido a su utilización en el contexto de la teoría del arte. Pero el término proviene del griego aisthesis, que significa sensibilidad. Yo prefiero hablar de sensitividad o de percepción sensible para evitar que se confunda con la sensiblería, una degradación sentimental que tiene más de mental que de sensible.

¿Necesitamos educarnos en razón estética?

En realidad, no se trata tanto de educarnos (educar es dirigir) como de des-educarnos, de aprender a tomar conciencia de cómo las emociones que creemos propias van cargadas, en realidad, de valores inculcados. No somos en absoluto libres de sentir lo que decimos sentir, y esto es evidentemente peligroso en un mundo convertido en representación. Es urgente que aprendamos a conocer la naturaleza de nuestra propia mente y a observar sus procesos.

En el libro, habla de nuestra relación con la ficción. En la era de la imagen y el ocio en casa, ¿mantenemos una relación sana con la ficción?

El problema, actualmente, es que toda información nos llega por las mismas vías por las que recibimos la ficción. Cuando asistimos a una representación, las emociones que podamos experimentar llevan añadida una tasa de placer que no conllevan las emociones ordinarias, de modo que cualquier emoción, incluso la más terrible, nos parece agradable. Por eso nos gustan las películas de terror o de miedo. Pero esto resulta peligroso cuando la realidad misma es la que nos llega representada (y los medios se encargan de que así sea para multiplicar la audiencia), pues los noticiarios se convierten así en capítulos de series que reconocemos por sus titulares: “Crisis de refugiados”, “Ataques terroristas”, “Proceso catalán”, etc. Por eso es tan importante aprender a observar nuestros procesos (senti)mentales.


Afirma que la política no la hacen los partidos ni las asociaciones, sino los individuos. ¿Cómo se ha ido fraguando, entonces, la situación social que vive Cataluña?  

Es un claro ejemplo de cómo la razón lógica no es capaz de resolver por sí sola los problemas. ‘Diálogo’ significa a través (dia) o por medio de la palabra (logos). Pero esa palabra dialogante ha de habitar un espacio común, anterior, que no responde a intereses ni particulares ni grupales, sino a lo que llamaría ‘principio de indefinición’, que pertenece a todo lo viviente. El acceso a ese territorio pasa por el conocimiento de uno mismo y es condición indispensable para la elaboración de cualquier contrato de convivencia que la razón lógica se encargue de formular.


¿El ensayo, la novela y la poesía, son tres vehículos igual de efectivos para expresar pensamiento? 

Si pensar incluye, como entendía Descartes, todos los actos de pensamiento: imaginar, sentir, recordar, razonar, intuir, etc., por supuesto que sí. El ensayo razona, la novela funciona al modo de una gran metáfora y el poema se construye a partir de una intuición.


¿Está la filosofía en desuso en España?

España no ha sido tradicionalmente un país dado a la filosofía, de modo que no puede estar en desuso, pero sí que está en uso, y cada vez más.

La razón estética · Chantal Maillard · Galaxia Gutenberg · 2017

Algunos de los animales al borde de la extinción

No puedo resistirme a encabezar este artículo (que procuré traducir fidedignamente, cualquier mal interpretación es sólo mía!) con algunas de las palabras de Chantal Maillard sacadas de La tierra prometida (Milrazones, 2009). La poeta hispano-belga dedicó a los animales en peligro de extinción ese poema circular, un manifiesto y un memorial al par. También una letanía, un conjuro, “un gesto de la palabra”, para que “los nombres de las especies en extinción irrumpen en la plegaria sin interrumpirla, como espíritus que viniesen a pedirnos ayuda”. La letanía implica a cada lector que se adhiera al manifiesto, pronunciando y repitiendo los nombres, escribiéndose el poema-conjuro entre todos nosotros… Sugiero que incluyamos también estos últimos cuyas caras ha fotografiado Tim Flach, desgranando la letanía como si de un molino de rezos se tratase llevándose la plegaria a todos los rincones del planeta, y hasta al quiebro mismo de nuestra alma… tal vez aún apenas sea posible nunca pangolín tal vez aún apenas sea posible nunca tortuga Angonoka tal vez aún apenas sea posible nunca hipopótamo tal vez aún apenas sea posible nunca rinoceronte blanco

“Los nombres de las especies no son los nombres de los animales, escribe Chantal Maillard en el prólogo de “La tierra prometida”, estamos hablando de especies, y las especies son conceptos, no individuos concretos,  entonces la poeta se pregunta –y nos pregunta–: “¿Cuántos animales son los que se mueren cuando una especie desaparece? ¿Cuántos espíritus vendrían a poblar el poema si, como es costumbre en nuestros memoriales humanos, nombrásemos a todos y cada uno de los animales que agonizan?”

*

Artículo de en Business Insider, 14 de novembre 2017.

El fotógrafo Tim Flach es famoso por sus fotos [renowned for his photos] que muestran el lado más emocional — o ¿humano? — de los animales.

Las imágenes del fotógrafo capturan a menudo los estados de ánimo, las expresiones y los gestos de las criaturas de un modo que nos hace repensar nuestra relación con el mundo natural.

Su último libro, “En peligro de extinción” (“Endangered“) incluye texto del zoólogo Jonathan Baillie e intenta que los lectores consideremos el impacto que tienen en estos animales, y lo que significaría para ellos desaparecer. Junto con las propias bestias, Tim Flach fotografió los paisajes en los que viven estos animales.

Pasó días encima de la nieve congelada para capturar una instantánea del raro antílope Siaga. Nadó con tiburones e hipopótamos, y visitó los zoológicos para conocer las perspectivas de la vida silvestre en entornos creados por humanos. 

Los ecosistemas en los que viven muchas de estas criaturas ya se han destruido para dar cabida a ciudades y granjas. Pero al eliminar esos hábitats, eliminamos los únicos lugares donde pueden vivir algunas de las criaturas más singulares de la Tierra.

Vea una selección de algunas de nuestras fotos favoritas del libro a continuación:

One PageSlides

 

Los pangolines son una de las criaturas más amenazadas por el comercio ilegal de vida silvestre. Este pangolín de vientre blanco se puede ver colgando de la cola de su madre.

Pangolins are one of the creatures most threatened by the illegal wildlife trade. This white-bellied pangolin can be seen hanging from its mother's tail.

Tim Flach

Los hipopótamos son cazados por su carne y sus dientes de marfil.

Hippos are hunted for their meat and their ivory teeth.

Tim Flach

Las ranas arborícolas de ojos amarillos se ven afectadas por el cambio climático: están amenazadas por un hongo que se propaga a través de los bosques, y sus huevos que son extremadamente sensibles a la temperatura se incuban entonces demasiado temprano o demasiado tarde.

Yellow-eyed tree frogs are affected by climate change — they're threatened by a fungus that's spreading through forests, and their eggs are hatching early or late because they're sensitive to temperature.

Tim Flach

Las tortugas Ploughshares o tortugas Angonoka de Madagascar son las tortugas más raras del mundo; estas fueron fotografiadas en un santuario de reproducción.

Ploughshares are the rarest tortoises in the world — these were photographed at a breeding sanctuary.

Tim Flach

Se creía que los monos lanudos de Yunan se habían extinguido antes de que uno fuera descubierto en 1962, aunque las poblaciones restantes son pequeñas y aisladas.

Yunan snub-nosed monkeys were believed to be extinct before one was spotted in 1962 — though the remaining populations are small and isolated.

Tim Flach

Las luciérnagas nos están ayudando a aprender cómo funciona la bioluminiscencia, aunque la contaminación lumínica y la pérdida de bosques amenazan a estas criaturas.

Fireflies are helping us learn how bioluminescence works, though light pollution and loss of forests threaten these creatures.

Tim Flach

Filipinas empezó a emplear a personas indígenas para replantar los bosques en los que viven las águilas de Filipinas, y para tratar de evitar la caza furtiva.

The Philippines has started to employ indigenous people to replant the forests that Philippine eagles live in, and to try to prevent poaching.

Tim Flach

Los comedores de carroña como estos buitres de espalda blanca suprimen la propagación de enfermedades y alertan a los guardias de caza de los cazadores furtivos. Pero algunos cazadores furtivos han comenzado a envenenar los cadáveres para así eliminar aquellas aves en peligro que llaman la atención sobre la caza ilegal.

Carrion-eaters like these whiteback vultures suppress the spread of disease and alert game wardens to poachers. But some poachers have started poisoning their kills in order to eliminate the endangered birds that draw attention to illegal hunting.

Tim Flach

Los leopardos de las nieves, entre los gatos más elusivos del mundo, están perdiendo sus hábitats a medida que los bosques suben por las laderas del Himalaya.

Snow leopards, among the most elusive cats in the world, are losing their habitats as forests move up the slopes in the warming Himalayas.

Tim Flach

El antílope saiga ha sobrevivido desde la edad del hielo: la especie ha compartido el mundo con mamuts lanudos y gatos con dientes de sable. Pero las enfermedades catastróficas y la caza furtiva han dejando a la especie en un lugar crítico.

Saiga antelope have survived since the ice ages — the species has shared the world with woolly mammoths and saber-toothed cats. But catastrophic disease and poaching have put the species in a critical place.

Tim Flach

Todavía era posible encontrar un esturión Beluga de 5 metros de largo en el mar Negro y en el mar Caspio. Pero esos gigantes se han ido, y los pequeños que aún  siguen en este entorno están amenazados por personas que cosechan sus valiosos huevos.

It used to be possible to find 16-feet-long Beluga sturgeon in and around the Black and Caspian Seas. But those giants are gone, and the small ones still around are threatened by people who harvest their valuable eggs.

Tim Flach

Sudán, en la foto, es el último macho de rinoceronte blanco del norte del mundo.

Sudan, pictured here, is the last male northern white rhinoceros in the world.

Tim Flach

Another photo of Sudan, taken by biologist Daniel Schneider, recently went viral. That image also showed the rhino with his eyes downcast.

“Want to know what extinction looks like? This is the last male Northern White Rhino,” Schneider tweeted. “The Last. Nevermore.”

http://uk.businessinsider.com/tim-flach-endangered-photos-animals-2017-11?r=US&IR=T%2F/#pangolins-are-one-of-the-creatures-most-threatened-by-the-illegal-wildlife-trade-this-white-bellied-pangolin-can-be-seen-hanging-from-its-mothers-tail-1

 

“No hay palabra que no vele, que no enturbie, que no oculte”: Chantal Maillard, habitante de hendiduras

Chantal maillard_foto- Bernabé  la-razon-estetica

Entrevista: Esther Peñas | Fotografía: Bernabé Fernández | Madrid – 20/10/2017

 

Hace veinte años, la poeta Chantal Maillard (Bruselas, 1951) tomó distancia de la filósofa María Zambrano, a quien había habitado de una manera que la situó como una de las mejores conocedoras de la obra de la malacitana. Tomó distancia porque no bastaba la razón poética: ésta no podía decir, no puede participar del acontecimiento, queda fuera de él. Extramuros. Maillard cinceló ‘La razón estética’ (reeditado ahora por Galaxia Gutenberg), una propuesta para construir la realidad, sin ser, sino sucediéndonos. Con el ritmo armonioso y frágil pero preciso como baba de caracol, Maillard convoca las palabras exactas para componer su narración, al tiempo que lo conjuga con ese pulso instintivo, siembre lábil y poético, que en este texto se resume en un concepto: el gesto.  Revisado y con alguna adenda intercalada, ‘La razón estética’ nos habla de lo sublime, del héroe, de la libertad interior, del silencio, de la creación de mundo, del no pensarnos como ser sino como ser que sucede, del vértigo del hastío y de la propuesta de abestiarse. Nos habla de ella. Pero nos interpela.

 

Hace veinte años su propuesta resultaba, dentro de un cierto orden, más optimista que la que se advierte en esta revisión. Salvo para los aurigas del capitalismo, ¿estamos peor que entonces? 

Han cambiado muchas cosas en veinte años. Para empezar, al inicio de los noventa no se había generalizado aún el uso de los ordenadores, tampoco existían los móviles. Estas tecnologías podrían haber mejorado la vida del planeta, pero ha pasado lo contrario. La especie humana ha proliferado y se ha extendido al modo en que lo hacen las plagas: destruyendo las formas de vida en las que se alojan hasta dejarlas exhaustas. Por supuesto, toda plaga perece con su huésped. La propuesta de una razón estética, perceptiva, sensorial (que no senti-mental) apuntaba a la recuperación de una anterioridad en la que poder situarse previamente al discurso. Pero ha primado lo discursivo, el dia-logos, y no hay diálogo sin diferencias, sin enfrentamiento.

¿Es pertinente hablar de progreso, en tanto que mejora colectiva de la calidad de vida, o más bien sería mejor hablar de desarrollo, en tanto que ‘mejora’ para unos pocos?

Ni una cosa ni otra. Progreso y desarrollo son conceptos que pertenecen a la historia de la industrialización y los inicios de la banca y del capitalismo. Hemos progresado desde entonces sobre millones de cadáveres. La idea del progreso está ligada a la idea del beneficio de unos pocos en detrimento de otros muchos. También la de desarrollo, por supuesto, pensada exclusivamente para la especie humana en detrimento de las demás. Es éste un punto de vista un tanto obtuso si nos paramos a considerar que nada en este mundo es independiente. Creo que este planeta ha sido demasiado generoso con el ser humano.

“Los límites de lo observado están dibujados en la mente del observador antes de ver”. Si “ver es pensar”, como dice, ¿contemplar, templarse con lo mirado, sería dejarse afectar por lo mirado?

Cuando miramos, generalmente, recortamos un trozo de la realidad. Ver es delimitar, trazar un marco. De esta manera podemos nombrar, hacer diferencias, y hablar de ellas. No se puede hablar sin diferencias. Pero ocurre que generalmente, también, terminamos hablando de lo que otros recortaron anteriormente, y dejamos de ver la totalidad. Una vez establecidos los límites, la realidad toda entera queda fragmentada en sus recortes. A partir de ellos construimos un mundo. Los mundos, los construimos entre todos. Todo mundo construido obstruye la visión de aquello a partir de lo cual se ha construido. Como resultado, terminamos viendo lo que estaba pre-visto. No obstante, si nos situamos entre las cosas con una atención abierta, puede que eso que llamamos “realidad” nos dé sorpresas. Contemplar es situarse entre y con todo lo demás. Situarse en el lugar donde la comprensión de la anterioridad que define todo lo viviente. Somos un punto más de entre todo aquello que va sucediendo, sucedemos al tiempo que observamos, y nos vamos transformando al tiempo que lo observado. Si uno se aquieta y deja que la realidad suceda dentro de sí al igual que sucede fuera, se averigua partícipe de esa realidad, de ese hacerse, de ese transformarse. No somos observadores independientes de lo observado, no hay un sujeto como punto fijo desvinculado de lo demás ni un yo que no esté en proceso.

Y para adentrarse en el lugar en el que suceden las cosas hay que aquietarse…

El aquietamiento es imprescindible para comprender la naturaleza de la mente, esa sucesión de imágenes que se traduce en sensaciones, emociones, ideas, etcétera. Pienso que el malestar de nuestras sociedades podría resolverse, al menos en parte, si fuésemos capaces de aquietarnos y tomar distancia de ese proceso – que incluye, por supuesto, nuestras opiniones y nuestras creencias, empezando por la de nuestro “yo”.  No se trata en realidad de una educación, sino de una des-educación. Un aprendizaje del silencio y de la observación de los procesos de conciencia. Esto es algo que la razón lógica ha desdeñado desde que –lo diré en términos zambranianos– “la razón se enseñoreó”.

La ignorancia, en tanto que posibilidad de descanso en lo que somos-siendo, ¿tiene que ver con ese vacío necesario que se requiere para poder recibir, con el despojarse?

La ignorancia o mejor, la conciencia de la ignorancia, en cuanto a la realidad se refiere, no es un punto de partida, más bien es un resultado. La conciencia de la ignorancia nos permite descansar de la responsabilidad de crearnos el mundo continuamente y de creérnoslo, la ignorancia es un descanso, sobre todo, de la creencia. Porque los mundos no son, los vamos construyendo, pero luego perdemos de vista el trayecto y empezamos a creer en el resultado como si hubiese existido siempre. Desvincularse de esa creencia es un alivio.

Es que tiene tan mala prensa la ignorancia…

Uno de los últimos poemarios de Antonio Gamoneda se llama ‘No sé’. Cuando al final de su vida una persona es capaz de decir ‘no sé’ y repetirlo con tanta insistencia, me merece mucho respeto. Yo cada vez sé menos, y esto resulta incómodo cuando estás en el mundo de la palabra, donde te instan siempre a responder.

… lo siento…

Es difícil negar la palabra y mantenerse del lado del no sé. Sin embargo, me encuentro cada vez más ahí. No porque sea mejor o peor, sino porque uno va bajándose de todos los caballos sobre los que cabalgaba tan ufano, tan “creído”… en ambos sentidos.

El héroe moderno es capaz de dar la vida por una idea o un amor ideal, el postmoderno, que relativiza las ideas, se vive o se mata por una sensación. ¿En alguno de los dos casos merece la pena?

“Morir por una idea, de acuerdo, pero de muerte lenta”, cantaba Brassens… La del héroe es una figura trágica. En el libro analizo esa categoría y su periplo. Porque si bien las categorías estéticas (y sentimentales) son básicamente las mismas en todas las culturas y épocas, sus modalidades varían de una época a otra que se transforman o retroceden de acuerdo con las fluctuaciones culturales. Es el caso de lo trágico que da lugar a lo sublime en el romanticismo, que a su vez da lugar al sentimentalismo a finales del XIX, para derivar finalmente en el kitsch de principios del XX. El héroe de los westerns, que tiene siempre un cigarrillo en el bolsillo para sacarlo en el último momento, cuando espera la bala que ha de darle muerte, era aún una figura trágica. Pero el sentimiento que el espectador experimenta ante esa escena se modifica en la posmodernidad cuando, por ejemplo, en la película de Lynch “Corazón salvaje”, la chica accidentada, con un agujero en la cabeza, se desploma y pide que le den su lápiz de labios. Ese sentimiento es el de una extraña ternura, algo que podía haber dado lugar a la compasión. Pero en general fuimos más bien por otro lado. No se muere ahora por ideas, tampoco ya por sensaciones. En las sociedades acomodadas se cambia ahora de ideas y de sensaciones como de ropa. Hay un mercado amplísimo de ideas y de sensaciones.

Se muere por hastío…

A causa del hastío más bien. El hastío provocado por la insatisfacción. Lo que los mercados nos ofrecen no satisface y ésa es la idea. El mercado ha de mantener la tasa adecuada de insatisfacción necesaria para que se quiera seguir consumiendo, no le interesa la satisfacción del consumidor, lo que le interesa es perpetuar su insatisfacción, su ansia. A la larga, esto puede provocar hastío. Porque se termina intuyendo que lo que realmente se necesita es otra cosa, algo que no está al alcance de la mano, que ni te van a vender ni te van a proporcionar los medios para alcanzarlo. Lo que se necesita tiene más que ver con la recuperación de una interioridad que está dañada por todos lados.

No es posible, sin silencio, saber qué necesita, qué quiere uno. ¿Sólo el silencio rompe la inercia de uno mismo y acalla los estímulos externos que nos dicen qué somos y qué queremos?

No creo que sea posible de otro modo, creo que es necesario aquietarse. Es imprescindible alejarse de los ruidos, del ruido, y hemos aumentado los decibelios en todos los aspectos hasta cotas insoportables. El animal humano es ante todo un “aumentador”, un “au(c)tor”.  Necesita aumentar la realidad. El animal no humano no la aumenta. La realidad, si entendemos que esta palabra designa lo anterior a las representaciones, es aquello en lo que cualquier animal se mueve. El humano la aumenta a través del lenguaje, del arte… la interpreta, la re-presenta. El cúmulo de aumentos en el que hemos convertido nuestra realidad ha creado un ruido absolutamente innecesario y ensordecedor, padecemos una sordera múltiple y común, comunitaria. Por eso, entre otras cosas, nos resulta tan difícil aquietarnos, aquietar la mente.

Uno de los modos de ser, explica, es la capacidad de acción.  Acaso, ¿la escucha no es el colmo de la acción? ¿No se reduce, de alguna manera, toda la vida en la capacidad de escucha?

No escuchamos tan fácilmente como oímos. Cuando oímos ruidos, estos nos atraviesan, y lo hacen formando imágenes; esas imágenes se encadenan apelando a emociones que luego se convierten en sentimientos que a su vez dan lugar a ideas, que darán lugar a acciones, las cuales darán lugar a nuevas emociones y así sucesivamente, un proceso continuo. Ese es el hilo mental. Los ruidos forman parte de ese proceso por cuanto que forman imágenes. La escucha es otra cosa. La escucha es situarse frente a ese proceso como si fuese algo que no te pertenece y verlo y observarlo, o escucharlo. Ahí sería lo mismo el ver que el escuchar. La escucha es parte de la observación del mismo modo que el contemplar que mencionaba al inicio: estar delante de, un poco como al acecho.

Como los animales…

Sí, al acecho, la mente como presa. Las imágenes como presas.

Propone recuperar la conciencia pre-reflexiva, acaso la animal. Habla de la necesidad de abestiarse, utilizando el término de Montaigne. Me pregunto si aquel que sea capaz de abestiarse no será finalmente integrado en el sistema y, por tanto, modificado en su naturaleza abestiada para ser lo que era antes. 

La palabra bête, de la que Montaigne hace uso con el verbo s’abêtir (“abestiarse”), tiene en francés dos acepciones: una, la que se traduce comúnmente como “bestia”, aunque no tenga el sentido de ferocidad y salvajismo que el castellano le atribuye; la otra, la de tonto, estúpido. De manera que cuando habla de la necesidad de “abestiarse” (s’abêtir) Montaigne alude a la necesidad de acercarse a la inocencia y al saber del animal, recuperar aquel estado anterior al uso desmedido de la razón lógica que nubla nuestra capacidad de empatía y de respuesta al medio. Abestiarse significa abandonar nuestra prepotencia, ser un poco más humildes. Desocupar la mente de sus saberes. Desaprender lo con-sabido. Y de esta manera, acceder al principio de indefinición de todo individuo (su anterioridad) sin cuyo conocimiento cualquier tratado de convivencia resulta insostenible.

Una de las pocas alternativas que tenemos para ‘ser’ de un modo pleno es conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo es posible que parezca que nada nos concierne, los inmigrantes hacinados en Turquía, el tráfico de armas del que participan nuestros gobiernos ‘democráticos’, etc.?

Este es un tema que me preocupa, y mucho. Parece que solamente nos concierne lo próximo. Sin embargo, en la sociedad global que hemos montado, resulta que todo lo que ocurre en “otro lado” sí que nos concierne. Si familias de yemeníes mueren por las armas que les enviamos a Arabia Saudí, evidentemente nos concierne. Si el móvil o el ordenador que hemos utilizado termina en las playas de Ghana contaminando los peces de los que se alimentaba la población, nos concierne. ¿Y de verdad creemos que no tenemos nada que ver con la guerra en Siria? Pero no salimos a manifestarnos por tales cosas. Parecen menos importantes que nuestras banderas.
Si he creído que era pertinente que La razón estética se volviese a editar es porque sigo pensando que una educación de la sensibilidad es, ahora más que nunca, necesaria. Cuando el mundo se ha vuelto todo entero representación, es urgente que sepamos distinguir qué tipo de emociones son las que guían nuestro entendimiento. En la representación cualquier acontecimiento, sea éste de la naturaleza que sea, se recibe con una tasa de placer que viene a sumarse a la variante emocional que entra en juego. Ese es el poder de la ficción. Cuando asistimos a los acontecimientos “como si” fuesen un espectáculo porque se nos re-transmiten por los mismos canales y en el mismo formato que la ficción, nos llegan con ese plus de placer que caracteriza todo espectáculo. Los noticiarios se convierten entonces en capítulos de series televisivas y las historias de corrupción o el seguimiento del éxodo de las poblaciones, en sendos culebrones que se reanudan a diario a la hora prevista y que reconocemos por el titular: “Crisis de refugiados”, “Ataques terroristas”, “Proceso catalán”, etcétera.
Es importante aprender a tomar conciencia de cómo los movimientos reactivos (o emociones) se ensamblan con los valores inculcados, dando lugar a lo que llamamos sentimientos y de cómo les añadimos automáticamente la creencia de que son “nuestros”. “Yo siento”, decimos, sin darnos cuenta de que ese “yo” se ha ido fabricando exclusivamente en el proceso, de que “se” siente lo que “se” piensa, y que el “se” es siempre cualquier cosa salvo la decisión de una mente libre. Y así salimos a la calle cargados con una bomba de relojería que puede estallar en cuanto sean activados los estímulos pertinentes.

En sus ensayos siempre zurce aquello que quiere contar con la palabra precisa, al borde de lo real, y al tiempo emplea para ello una imagen poética que hilvana el texto, mucho más lábil, en este caso ‘gesto’, esa inflexión cósmica. ¿Podría ahondar en este concepto?

El “gesto” no es el signo, es una trayectoria. Un “gesto” es por ejemplo aquello que hacemos cuando movemos simplemente el brazo desde un lugar en el que estaba parado al lugar en el que irá a pararse de nuevo. Aquel simple gesto es una trayectoria que deja una estela a su paso. Cada detención un punto. Así todo. Un individuo es una trayectoria. Todo en la naturaleza está en movimiento. Infinitas trayectorias que convergen y salen disparadas. El universo es el complejo entramado de todas las estelas.

Esto tiene que ver con que no somos, sucedemos, tan importante en ‘La razón estética’…

No somos, sucedemos. En efecto. Desde hace unos pocos siglos, el pensamiento occidental ha entendido la realidad en términos de “ser”. El “ser” es uno de esos conceptos que pertenecen al léxico último: de ellos no podemos dar razón, por lo que sus definiciones no pueden ser más que puras redundancias.  No es indispensable pensar en esos términos. Otras culturas no han pensado así. Si pensamos el mundo y los individuos como sucesos en vez de como entes, obtendremos un espacio de transformación en vez de un territorio de discordia. En ese espacio, todo viene a serlo todo, incluido el observador, claro está. La realidad, entonces, no es un algo que está hecho sino un hacerse. La cuestión es comprender que formamos parte de ese hacerse.

No somos, sucedemos, Nada sucede, todo acontece, es decir, todo tiene que ser contado. Pero quizás lo más importante de esta conversación que estamos teniendo no pueda contarse nunca. ¿Por qué esa necesidad de capturar, de aprehender, de enjaular todo con palabras, como si de otro modo no existiera?

Por necesidad de representación: lo propio de lo humano es aumentar aquello en lo que está. Contar forma parte del aumento. El animal no humano no necesita contarse, tiene otro tipo de saber que es el que precisamente hemos olvidado. Si la propuesta de una razón estética es pertinente aún hoy en día es, entre otras cosas, por su intento de recuperar ese conocimiento perceptivo que une, que no diferencia, que nos enseña que no somos sino que sucedemos entre. Y con. Es curioso ver cómo terminamos creyendo en los cuentos que nos contamos. La Historia es el cuento sesgado sobre el que volvemos una y otra vez. Una serie de guerras, de victorias, todo lo demás pasando inadvertido. Escogemos una sola trayectoria de entre las trayectorias posibles, que son incontables, infinitas.

Me gustaría que explicase un poco el hecho de que proponga, a propósito de su reflexión sobre Zambrano, aquietarse en el claro del bosque “no para obtener una revelación, sino para producirla”.

Se trata de la diferencia entre el modelo de revelación y el de construcción, la diferencia entre un realismo mistérico (la realidad ha de desvelarse en el claro, ha de hacerse la luz en la oscuridad, etc.) y un constructivismo (la realidad no se descubre, se hace)… Si todo sucede y nada es sino que está-siendo, no podemos hablar de la realidad como de algo que está oculto y que haya de descubrirse o revelarse sino de que lo que hay para nosotros son mundos y que los mundos se construyen. Va por ahí la cosa. Por otra parte, la palabra “revelación” habla por sí misma: toda revelación es una re-velación, una vuelta a velar, es decir, que el lenguaje siempre vuelve a ocultar aquello que señala. El decir es un movimiento de velación, no hay palabra que no vele, que no enturbie, que no oculte. Aquello que está-siendo, esa trayectoria anterior a la palabra que la fragmenta y la de-termina, jamás podrá ser atrapada en la palabra que la nombra, sólo podrá ser re-velada. De ahí que de ello lo único que podamos tener son representaciones. Entre representaciones y escenarios anda el juego.

 

 

http://www.solidaridaddigital.es/Noticias/Cultura%20y%20ocio/Paginas/DetalleNoticia.aspx?SDid=24784

 

Pensar en tiempos difíciles :: Chantal Maillard :: Marina Garcés

Razón estéticaCon este ensayo, he pretendido ofrecer una respuesta a esta pregunta por el nuevo modo de racionalidad. La “razón estética” es una actitud que permite dar cuenta de la comunicación, a nivel sensible, de todos los elementos que intervienen en los sucesos que forman esta trama a la que denominamos “realidad”, consciente, quien adopta dicha actitud, de que la realidad no es lo otro que ha de ser aprendido, sino aquello en cuyas confluencias nos vamos creando. Por ello, el ejercicio de la razón estética es ante todo una manera de autoconstruirse.

[…] Lo estético ha de ser entendido correctamente a partir de su etimología: aisthesis, que significa sensación y sensibilidad, y atañe, por tanto, a los modos de percibir. Designa tanto la capacidad de aprehender la realidad a través de los canales de la recepción sensorial como las categorías de la sensibilidad que son activadas en esa recepción. La experiencia sensible, en efecto, ha de ser re-presentada para adquirir sentido, ha de historiarse para hacer “mundo”. Y hacer mundo se realiza y se recibe con placer: es, por un lado, placer de la articulación que otorga sentido creando mapas de correspondencias de una realidad de la que todos nos sabemos copartícipes y, por otro, placer de la representación, un placer que entraña un tipo muy especial de comunicación. […]

Estamos ahora inmersos en la representación. La distancia que permitía tomar conciencia de la ficción se ha reducido drásticamente. Esto permite neutralizar las emociones dolorosas que experimentaríamos ante un hecho trágico si asistiésemos a él sin mediación y, consecuentemente, frenar los movimientos de rebeldía que nuestro rechazo pudiese generar. El peligro, el enorme peligro de la representación es que cualquier acontecimiento, sea éste de la naturaleza que sea, se recibe con una tasa de placer que viene sumarse a la variante emocional que entra en juego. Ése es el poder de la ficción. Cuando asistimos a los acontecimientos como si fuesen un espectáculo porque nos re-transmiten por los mismos canales y en el mismo formato que la ficción, nos llegan con ese plus de placer que caracteriza todo espectáculo. Los noticiarios se convierten entonces en capítulos de una serie televisiva y las historias de corrupción o el seguimiento del éxodo de las poblaciones, en sendos culebreen que se reanudan a diario a la hora prevista y que reconocemos por el titular: “Crisis de refugiados”, “Ataques terroristas”, etcétera.

Una educación de la sensibilidad es, ahora más que nunca, necesaria. Es urgente que sepamos distinguir las emociones ordinarias de las emociones espectacularizadas aprendiendo a detectar la naturaleza del placer que las acompaña. Que sepamos cómo estos movimientos reactivos (o emociones) se ensamblan luego con los valores inculcados, dando lugar a lo que llamamos sentimientos. Y que aprendamos a tomar conciencia de cómo suscribimos estas amalgamas sentimentales añadiéndoles automáticamente la creencia de que son lo más auténtico que poseemos: “Esto es lo que siento yo”, decimos, sin darnos cuenta de que ese “yo” se ha ido fabricando exclusivamente en el proceso, de que se siente lo que se piensa, siendo así que el “se” es siempre cualquier cosa salvo la decisión de una mente libre. Y así salimos a la calle cargados con una bomba de relojería que puede estallar en cuanto sean activos los estímulos pertinentes.

La revalorización positiva de la sensibilidad y su recuperación como factor ineludible para la comprensión de la realidad dependerá que se lleve a cabo una educación de la misma en ese sentido. Y de ello dependerá también que la propuesta de una razón estética siga siendo viable.

Chantal MaillardLa razón estética, Galaxia Gutenberg, 2017.

“La conciencia actual está muy cansada. Atrapada, por un lado, en un bucle de hiperactividad representativa del que no puede, aparentemente, salirse y, por otro, en la necesidad de continuar activándose para evitar contemplar la falta de sentido de todo esto. Tan grande es, tan intenso, el miedo al vacío. Y no obstante tan sólo hace falta que alguna vez, entre un día y otro día o entre una noche y otra noche, algo o alguien se nos acerque y, tocándonos la mano, nos pregunte: “¿Estás despierto?”, para que…”

*

Book M GarcésLa filosofía inacabada nos interpela hoy en un mundo que muestra síntomas de agotamiento, como planeta y como modelo de sociedad. Filosofía inacabada, entonces, para un mundo agotado. Éste es el desafío que me propongo compartir en este libro: aprender a pensar y a vivir la finitud desde la amenaza de un final. Ya no nosotros, como humanos, sino la totalidad misma es finita. Es un nuevo sentido de la totalidad, el fin total de todo, para el que no tenemos conceptos y que hace emerger nuevos problemas. No se trata de entonar un discurso apocalíptico, que es tan antiguo como la cultura misma, sino de pensar a la altura de esta posibilidad real. Esto cambia el sentido de la acción, de los valores, de la existencia, de la humanidad como especie y como sujeto.

Con este libro exploro el lugar, o los lugares, de la filosofía inacabada en un mundo agotado. Quizá el principal compromiso de la filosofía, hoy, sea inacabar el mundo. No se trata de salvarlo, la salvación forma parte del discurso apocalíptico, que se mueve entre la destrucción o la salvación como una alternativa extrema y binaria, que finalmente sólo puede estar en manos de algo que esté más allá de nosotros, Dios, la historia o el destino. No se trata pues de salvar el mundo ni a la humanidad, sino de hacer el mundo vivible y a la humanidad capaz de tomar en sus manos esta apuesta. Percatarse de la propia vulnerabilidad e impotencia, como decía Epícteto, es el primer paso para ello. Sólo desde la vulnerabilidad compartida puede lanzarse una potencia del pensamiento capaz de librar esa difícil batalla.

Marina GarcésFilosofía inacabada, Galaxia Gutenberg, 2015.

“Filosofía inacabada en un planeta agotado: la vida buena o el buen vivir que guía toda terapéutica filosófica tiene que enfrentarse hoy a la posibilidad de la autodestrucción de la humanidad, a través de la destrucción de sus condiciones de vida. Esto implica, no sólo confiar en el pensamiento como comunidad de aprendizaje en torno a las preguntas fundamentales de la humanidad (¿cómo vivir?, ¿cómo pensar?, ¿cómo actuar?), sino confiar en otros modos de pensar que no han formado parte de la tradición occidental y que no han configurado ese espacio de dominio mundial que llamamos la globalización. Europa ya no puede dar respuesta a los problemas que ha planteado al conjunto de la humanidad… recogiendo los planteamientos del pensamiento postcolonial. Este hecho señala una nueva situación filosófica para nuestro tiempo: la necesidad de tener que pensar juntos lo que ya nadie puede resolver por separado.”

 

Nuestras dos autores conversarán en la Fundació Antoni Tàpies, el lunes 16 de octubre a las 19 h, con motivo de la reedición de La razón estética. Allí nos veremos!

Ch.M. y Marina Garcés

https://www.fundaciotapies.org/site/spip.php?article8922

 

Chantal Maillard: “La violencia de Estado nunca está justificada”

Chantal Maillard.Chantal Maillard. Lisabeth Salas.

“El capitalismo nunca fue una buena opción: yo optaría más bien por una nueva economía de subsistencia” / “Las guerras empiezan por menos de lo que pasa en Cataluña” / “Tenemos buen cuidado en mantener la insatisfacción necesaria para sostener la sociedad de consumo”.

Lorena G. Maldonado

 

Lo advierte en uno de sus poemas: “¡Me atrevo a creer en las ruinas!”. En otro cuenta que está “creciendo de la nada”. Parte de cero, Chantal Maillard, en cada construcción intelectual; se arranca del mundo y luego se instala con rostro nuevo, más lúcida y poderosa, más volátil y desencantada, pero con memoria de la caída. La llaman la “poeta del dolor”, y es mirarla y ya duele. Con los ojos clarísimos y los dedos en las sienes, pariendo ideas. Le molesta el ruido del ambiente, los pasos cercanos de tacones, las voces que cuchichean. Maillard ama el silencio porque sabe que el silencio es una postura. Porque sabe que el silencio es elocuente.

La poeta y filósofa nació en Bélgica, pero vive en Málaga desde hace años. Es Premio Nacional de Poesía por aquella vez que decidió Matar a Platón. Es Premio de la Crítica. Es Doctora en Filosofía especializada en Filosofía y Religiones de India. Es profesora de Estética y Teoría de las Artes, pero oigan, no esa estética a la que confunden con “belleza”, sino la que tiene que ver con lo sensible. Galaxia Gutenberg reedita su obra La razón estética, que habla de un fin de ciclo y de inaugurar una nueva forma de pensar. Una basada en la educación de la sensibilidad. Trucos ambiciosos en días crueles.


 

En 1998, cuando se publicó La razón estética, usted decía que quería salvar el mundo, que las cosas podían ser distintas. ¿Sigue queriendo cambiar el mundo o lo ha dado ya por perdido?

Yo creo que está perdido desde que se inició (ríe). No creo que tenga remedio por muchos intentos que hagamos. Creo que el optimismo pertenece a las edades fértiles, es decir, cuando la química de los cuerpos quiere vivir y cuando uno ha pasado esa edad, cambian las cosas, los puntos de vista. No soy en absoluto optimista.

Se trasluce de su respuesta que en realidad no confía en el ser humano.

A la vista está que no hemos sido capaces de hacer que nuestras sociedades sean lo que pensábamos que podrían ser, y creo que es porque hemos olvidado lo más importante. Hemos perdido algo. Hemos adquirido, ciertamente, habilidades dentro de lo que es la técnica o el lenguaje, pero hemos perdido algo que pertenecía al animal que llevamos dentro todavía algunos, y digo animal en el mejor sentido. Creo que nos hemos regido por lo que se llamaba el modelo de El árbol de Porfirio, un modelo lógico que entiende  la realidad por medio de diferencias jerárquicas, de especie, género, subgénero… El árbol de Porfirio es un árbol conceptual  que pretende definir al ser humano obviando por el camino todo lo demás.

Frente a ese modelo, yo propondría otro, el del baniano. Hay cerca de Calcuta un baniano que tiene, unos dicen que 19.000 metros cuadrados, otros dicen que 12.000 metros cuadrados… De su tronco madre salen ramas que van a enraizarse en el suelo. Ramas que son raíces que llegan a la tierra formando nuevos troncos de los que salen nuevas ramas, y así sucesivamente. En ese modelo no hay una jerarquía, y el árbol se expande horizontalmente. Puede llegar a crecer incluso –es el caso de ese baniano precisamente– sin su tronco madre, si éste se muere, el árbol sigue vivo.  Es un modelo en el que todos los individuos valen por igual, no hay jerarquías. Prefiero este modelo matriarcal, y ese mundo, frente al otro patriarcal, lógico, del árbol de Porfirio, que procede con universales conceptuales. Recuperar la conciencia de que no somos sin lo otro, de que no somos sin lo que nos rodea, lo que llamamos “el medio”, que no es un medio, sino un todo, recuperar esa conciencia es lo que La razón estética ha propuesto: un proyecto de nueva racionalidad.

¿Qué ha cambiado en el mundo desde entonces? ¿Cuáles eran los rasgos de crisis de 1998 y cuáles son los de 2017? Usted habla de “fluctuaciones sociales”.

Indudablemente muchos, porque cuando escribo esto, en los noventa, acababan de surgir los ordenadores. Si pensamos en dos décadas… y en todo lo que ha ocurrido, pues es otro mundo. El mundo ha cambiado drásticamente.

¿Es un mundo peor?

Bueno, depende desde dónde se mire. Desde luego, si yo fuese una ballena diría que es un mundo mucho peor. Si fuese un gran empresario, probablemente diría que es un mundo mucho mejor. Como animal humano que soy, yo diría que ha empeorado mucho, pero ya te digo, es cuestión de punto de vista. Ya no puede hablarse de evolución progresiva, el progreso es un concepto decimonónimo unido a la Revolución Industrial. No podemos mantenernos en esa idea, sino asumir que hay transformaciones que son para bien o para mal según para quién. Y por supuesto ha habido transformaciones también en las formas sentimentales a las que aludo en este libro. Analicé allí diversas categorías de la sentimentalidad como categorías de una conciencia colectiva, que va modificándose al tiempo que sus valores. Tomar conciencia de las modificaciones que tienen lugar en un mundo convertido en representación es la cuestión que ahora debe interesarnos.

¿El capitalismo ha fracasado como modelo?

El capitalismo nunca fue una buena opción. Al sustituir la economía de subsistencia por la economía del beneficio hemos convertido los medios en fines. Se pretende aumentar el beneficio porque donde hemos situado el valor es en el beneficio, no en las posibilidades de una vida mejor, más acorde con el entorno.  No hay ganancia que pueda obtenerse sin una perdida por parte de otros.

¿La “educación de la sensibilidad” podría ser una asignatura en los colegios? Primero, ¿cómo aprenderla? Y después, ¿cómo inculcarla?

Por supuesto. El gran tema para mí es la observación del proceso mental, el conocer la mente, el “conócete a ti mismo”, entendiendo bien qué es ese “ti” y ese “mismo” en el cual tanto creemos. El “mi” es una creación. Va haciéndose con el entorno, va haciéndose con hábitos de pensamiento, con hábitos fácticos, es un cúmulo de hábitos mentales, sentimentales y prácticos que derivan a la larga en una especie de solidificación a la que llamamos “yo”. Pero cuando observamos realmente ese pasar, ese suceder de los pensamientos… todo es pensamiento, todo pasa por la mente, una emoción también, ¡todo! Cuando observamos sus fluctuaciones y no le otorgamos más peso de lo necesario, se relativiza todo. Se podría enseñar. Se puede hacer. Sólo que, claro, quien lo enseñase tendría que haberlo aprendido. Es bastante utópico.

En un mundo en el que nos hacen creer que lo tenemos todo, ¿por qué cada vez estamos más tristes? ¿Eso también responde a nuestro fracaso a la hora de acercarnos a la educación sensible, estética?

No está satisfecho porque en esta sociedad tenemos buen cuidado en mantener el grado de insatisfacción necesario para sostener el alto grado de consumo, es decir, para que las empresas sigan obteniendo beneficios. Este es el problema: para mantener el consumo hay que mantener la insatisfacción. Se necesitan productos diluidos que no llenen las expectativas, mientras se le hace creer al sujeto consumidor que eso es lo que quiere, cuando lo que quiere es otra cosa.

¿Qué quiere?

Bueno, quiere ¡ser feliz! (ríe). Quiere estar bien. Pero la eudaimonia -el buen daimon, el sentimiento de bienestar interior- no se adquiere a través del consumo, ni del tener por el tener.

¿Es más fácil ser feliz en un sistema comunista?

Bueno, “comunista” es una palabra muy lastrada. Si la utilizamos como oposición al capitalismo, tal y como han ido las cosas, en la práctica ha tenido muy poco que ver con la idea de Marx o de cualquier utopía comunitaria. Una cosa es el comunismo como ideología política y otra muy distinta es la vida comunitaria en igualdad y respeto que algunas utopías quisieron diseñar.  Yo optaría más bien por una nueva economía de subsistencia –otra utopía, evidentemente–, una sociedad en la que primase que todo ser pudiese vivir con las necesidades satisfechas, es decir: si tiene hambre, que pueda comer, si  tiene frío, que pueda abrigarse.

Eso es lo que cualquier animal desea. Lo terrible del ser humano es que además de ser animal es un aumentador. Es un au(c)tor; la palabra “autor” viene del latín augmentare: aumentar. Toda representación es un aumento. Lo que necesita el animal humano en todos los ámbitos es un aumento de la realidad, y eso es lo que nos distingue de los demás animales.

Dice usted que para gobernar es necesario saber qué somos o qué estamos siendo más allá de nuestro personaje. ¿Qué errores filosóficos observa en nuestro Gobierno?

(Se ríe). Vaya pregunta en estos días.

Por eso, también.

Esto está relacionado con tu pregunta anterior, la del método. La política no la hacen los partidos, la hacen los individuos. Tenemos que recordar que un “partido” siempre es una “parte”. La política la hacen individuos que luego se agrupan formando partes: apartados, partidos. Si esos individuos no han aprendido a conocerse a sí mismos, a saber qué es ese “sí mismo”, a saberse… si no han ido un poco más allá, o un poco  más abajo… no sé cómo decirlo, si no han observado qué es ese “yo” que les gobierna y siempre llevan por delante incluso en nombre de otros muchos,  mal van a poder gobernar. Esto es muy viejo, lo conocemos desde antes de los griegos: si uno no se conoce a sí mismo, ¿cómo va a gobernarse a sí mismo? Y si no puede gobernarse a sí mismo ¿cómo pretenderá gobernar a otros?  El error del político es no haber dedicado tiempo a esto. Es el primer error.

Y no tiene pinta de que se lo vayan a dedicar.

No. La mayoría ni siquiera sabe que esto es posible, porque cuanto más tiempo pasan en sus labores de transacciones (que es en lo que se ha convertido la política), menos tiempo tienen para mirarse al espejo. Se mirarán al espejo solamente para ponerse su maquillaje de títere u ocupar su lugar en la representación, que ya está escrita de antemano. Un juego representativo que tiene consecuencias trágicas. La palabra “tragedia” proviene del griego tragodía: el canto (oda) del tragos, el cordero sacrificial. La tragedia era entonces una fiesta en la que el pueblo participaba. También así ahora, nuestras tragedias tienen sus sacrificios y sus víctimas.

Cuando miremos más allá de nuestras narices descubriremos que también hay cosas que nos conciernen fuera. Con todo esto que está pasando parece que no tiene importancia que un buque enorme esté amarrado en Bilbao con un cargamento de armas que España exporta, nuestros queridos gobernantes exportan a Arabia Saudí y que irán a parar a la población del Yemen, por ejemplo.

Pero parece que esto “no nos concierne”, entre comillas, a pesar de que nuestro bienestar se sostenga en gran parte con este tipo de exportaciones. Me preguntabas por el error de nuestros gobernantes. Yo te diría un acierto: políticamente hablando, su acierto es desviar nuestra atención hacia eso que creemos que no nos concierne. Mientras ellos exportan todas las armas que quieran.

Decía usted que la política no la hacen agrupaciones ni partidos, sino individuos. Me pregunto, con frustración, qué podemos hacer como individuos para paliar cuestiones como la de Cataluña. ¿Qué vamos a conseguir desde la individualidad?

Entristecerse (sonríe).

Aparte de eso. ¿Dónde reside nuestro poder individual y cómo podemos aplicarlo?

Yo creo que, en principio, no añadiendo más palabras a las palabras. Las opiniones crean diferencias, crean malestar (suspira). Claro, entonces puede que me digan “pero es que el silencio es elocuente y puede ser interpretado”. Sí. Creo que lo único que puede hacerse sin echar leña al fuego es intentar comprender por qué hacemos lo que hacemos, por qué decimos lo que decimos, ver un poco más allá, tratar de… no sé, es deprimente. A mí me indigna el estrecho marco de nuestra indignación. Me indigna nuestra indignación tan limitada.

Desde la Ilustración, nos creemos con “derecho a”. Europa, heredera de la Ilustración. Sin embargo, no parece que tengan derechos aquellos a los que con nuestras armas bombardeamos en otros sitios. ¿Ellos no tienen derecho a que no se les bombardee, a que no se les arrase las casas, a que no se viole a su gente, a que no se les asesine? A mí me indigna que nadie salga indignándose por esas cosas. Eso me causa malestar.

O sea, que somos unos hipócritas de la indignación. O hipócritas de la manifestación.

Sí, bueno, si nos bajan el sueldo nos tendremos que manifestar, pero nuestro sueldo y nuestro bienestar dependen de muchas cosas que suceden en otras partes y a las que cerramos los ojos. ¿Qué puedo hacer?, dirán. Pues salir a la calle, manifestarse, hacer esto que está ahora tan de moda, un Twitter y nos reunimos en la plaza… no lo hacemos. No nos importa. Si te digo la verdad, me importa poco lo que aquí dentro ocurre cuando los de aquí dentro no se ocupan de los de ahí fuera, porque los de aquí dentro están provocando lo de ahí fuera.

¿Cuándo es legítima, según su percepción filosófica, la violencia practicada por el Estado? ¿Es defendible dialécticamente, de alguna manera, lo que pasó el domingo en Cataluña? ¿Qué juicio tenemos que hacer de la violencia que ejerce el Estado hacia los ciudadanos?

La violencia de Estado nunca está justificada. Ninguna violencia, a no ser que te agredan y te defiendas. Nunca estamos libres de una posible guerra. Las guerras empiezan por mucho menos de lo que pasa en Cataluña. Las grandes guerras han empezado por muy poco, la chispa es pequeña.

¿La poesía es bandera o es todo lo contrario a la bandera?

(Ríe) Se ha hecho poesía de todo tipo. La poesía en sí no es nada. Igual que un individuo hace política, otro hace poemas. No por ser poeta se es más sabio, no. La poesía antigua es poesía épica, sus gestas, sus héroes… la poesía es lo que se hace con ella.

Por eso me gusta distinguir entre poesía y poema. El poema para mí es otra cosa. El poema entendido como el erizo de Derrida, un pequeño animal que se cierra sobre sí mismo. Un animal temeroso y humilde que solamente se abre en la mano de quien está a la escucha. El poema para mí es algo así. Es algo que se encuentra a ras de suelo. Valioso en tiempos malos, porque lo que nos entrega es algo que va mucho más allá de banderas y de credos. Sobre todo, de credos.

 

https://www.elespanol.com/cultura/libros/20171003/251475866_0.html

 

Chantal Maillard: la perfección del desgaste

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     Tenemos por costumbre pensar que una tela desgastada es menos hermosa que una tela impecable recién tejida por manos hábiles. Tenemos por costumbre pensar que lo hermoso es lo perfecto, y lo perfecto, aquello por lo que no ha pasado el tiempo. «Deteriorado», decimos de aquello que ha sufrido el desgaste. Perfección conceptual: nada se altera en la idea.
Desgarrada, no obstante, la tela seguirá siendo perfectamente útil mientras siga cumpliendo su función que es la de cubrir, proteger.

*

    Roto y vuelto a pegar, mi azucarero es perfecto mientras pueda contener el azúcar. Pero, además, es perfecto porque es único. Y no porque me pertenezca, como la rosa del principito de Saint-Exupéry, sino porque ningún azucarero puede haber en el mundo con esas mismas cicatrices. Éste ha sufrido un deterioro que lo hace ser especial. Así de especial también es el cuerpo que ha sufrido una amputación. Vuelto a coser, mutilado, se torna peculiar. Perfección del estar-siendo de las cosas. Quien es capaz de percibirla moldea su espíritu de acuerdo a la condición cambiante de las cosas.

 

   Según los parámetros del wabi-sabi, la tetera rota y vuelta a pegar es perfecta porque cumple los principios de pobreza y sencillez.
Una nube que pasa es perfecta. Todo instante es perfecto.

[…]

     Necesidad de imperfección. Allí donde se quiebra el orden se abre una brecha. Todo lo desconocido asoma en la brecha. Imperfección: brecha sobre el afuera.

*

  Pensé en remendar el toldo de la terraza. No porque amenazara con seguir desgarrándose sino porque rompía la armonía, tanta es la inercia en considerar imperfecto aquello que abandona su estado primero. Pero ¿no era perfecta, acaso, esa desgarradura? Mientras el sol iba desapareciendo tras la neblina de las montañas, vi la luz filtrándose por ella. Y me encontré anciana, empeñada neciamente en remendar la vejez de las cosas en vez de atender a la luz a la que la vejez, y sólo ella, da paso.

 

Chantal Maillard, “La perfección” (frag.), in La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Imagen: Taller del maestro de Kintsugi Showzi Tsukamoto: “I want to introduce you to a Japanese art, rich in meaning and history. The art of imperfection.” (Showzi Tsukamoto)