“La palabra ‘verdad’ ya no está en mis diccionarios”. Entrevista a Chantal Maillard

Chantal Maillard_nov.2015

Chantal Maillard es poeta y filósofa. Publica ‘La mujer de pie’ (Galaxia Gutenberg), una historia contada en tres registros que reflexiona sobre la enfermedad


La mujer de pie es una invitación a la escucha. ¿A quién escucha usted?

Me gusta escuchar a los pájaros y a alguna niña canturreando. Me tapo los oídos a ciertas voces que hablan sin pensar, que son sólo ruido. Como el piar de los pájaros cuando van a dormir. Prefiero a los pájaros porque no entiendo lo que dicen.

¿Quién es La mujer de pie?

—Alguien que no puede sentarse porque, en cuanto lo intenta, el dolor le hace levantarse como a los diablos aquellos que saltaban de sus cajas a abrirlas.

—La enfermedad y el dolor suelen estar presentes en su obra, ¿qué libros le han herido más?

—Los libros no hieren, lo que hiere es la existencia. No escribo a partir de otros libros, si a eso se refiere, hay cosas que han de ser experimentadas. Lo que la escritura pretende no es herir, sino comunicar. Reconocer la propia herida en palabras de otro es un bálsamo.

—¿Sin herida no hay escritura?

—Claro que la hay, la herida es sólo un tema entre otros posibles. Si he tratado del dolor en mis trabajos es porque he conocido algunas de sus variantes (son infinitas) y considero que es un tema importante, pero no el único. El proceso mental, las pasiones, la memoria, la indiferencia están presentes en mis libros. Tengo un especial cariño a Cual, ese personaje irónico, tierno y despojado que aparece en Hilos.

—¿Se arrepiente de algún libro propio?

—De todos los que contienen alguna afirmación.

—“Ningún animal se siente responsable de lo ocurrido a otro, salvo el humano”, ¿cómo se escribe la culpa?

—La culpa no es algo que exista, es algo que se construye. Culpable se le llama a aquel que transgrede las reglas de un determinado código moral. Fuera del orden establecido no hay culpa, sino un proceso en el que todo lo que adviene deriva de lo anterior. Ser capaces de libertad es saber saltar fuera de las normas del juego en el que se está. Escribir debería ser un acto de libertad.

—¿Dónde hay más verdad: en la filosofía, en la poesía o en la novela?

La palabra “verdad” ya no está en mis diccionarios.

—Usted es doctora en Filosofía, ¿qué pierden los alumnos que ya no recibirán esta asignatura?

—La Filosofía es ante todo un ejercicio lógico, de lenguaje. ¿Qué pierde una sociedad que se construye sobre un cúmulo de errores lógicos?, sería la pregunta. Pues, como las ciudades erigidas sobre aguas pantanosas, están destinadas a hundirse.

—¿Alguna vez ha perdido el hilo?

La cuestión es más bien cómo lograr perderlo. O mejor aún, cortarlo.

—¿Encuentra algo positivo en el ser humano?

—¿Me repite la pregunta?


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/05/babelia/1446727038_949401.html

La recuperación del cuerpo por medio del canto

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“La Mujer Esqueleto canta para poder adquirir un cuerpo lozano. Este cuerpo que la Mujer esqueleto evoca con su canto es válido en todos los sentidos; no es un conjunto de partes y piezas de carne de mujer idolatradas por algunos en ciertas culturas sino un cuerpo femenino entero capaz de amamantar a los hijos, hacer el amor, bailar y cantar y sangrar sin morir.

Esta recuperación de la carne por medio del canto es otro tema popular muy común. En los cuentos africanos, papes, judíos, hispánicos e inuit, los huesos se transforman en una persona. La mexicana Coatlicue extrae seres humanos maduros de los huesos de los muertos del mundo subterráneo. Un chamán tlingit le quita cantando la ropa a la mujer que ama. En los cuentos de todo el mundo el fruto de los cantos es la magia. Y en todo el mundo las distintas hadas, ninfas y gigantas tienen unos pechos tan largos que se los pueden echar sobre los hombros. En Escandinavia, entre los celtas y en la región circumpolar, los cuentos hablan de mujeres capaces de crear sus cuerpos a voluntad.”

Clarissa Pinkola Estés, “La Mujer Esqueleto“, in Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B, 1999.

 

*

 

“Volver a cantar. Volver a en-tonar el habla en el registro adecuado. El habla que no dice, o dice de otro modo lo que la voz transmite.

Hablar en dos registros: fuga de ámbitos. La voz del concepto modulada en una trama paralela. Arriba, el razonamiento: la razón extralimitándose en lo abstracto. Abajo, el canto.

Si no os pegáis a la letra, prometo cantar.

Cuidad –cuidaos– del extravío en las palabras. Adaptad el alma al vehículo, paralelamente.

Prometo volver a cantar, aunque por un tiempo breve, muy breve. Fuera del hábito, me esperan –¿quién espera?– Nadie. No hay nadie. –En todo caso sería descortés hacerles esperar ahí donde no hay nadie.

Pero ¿no será impostada, mi voz, en cualquiera de los lenguajes que hable a partir de ahora? Mejor pedidme el silencio, pedidme mi silencio. Lleva lo poco que puede ser enseñado.”

Chantal MaillardHusos. Notas al margen, Pre-Textos, 2006

 

 

Lo que dicen las mujeres. Lenguaje, textos, narrativas

 

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El Museo San Telmo de San Sebastian-Donostia organiza del 3 al 6 de noviembre unas jornadas de seminario, taller de escritura y conferencias bajo el título “Lo que dicen las mujeres. Lenguaje, textos, narrativas”. Partiendo de los textos de autoras y escritoras como Gayatri Spivak, Mary Nash, Helène Cixous o Fatima Mernissi, se abordará el lenguaje con el que las mujeres han sido nombradas, silenciadas o desplazadas del espacio público. Asimismo, se analizará el lenguaje que las propias mujeres han construido para designarse a sí mismas, desde el silencio hasta la irrupción de los feminismos. Estas jornadas están dirigidas por Piedad Solans, Doctora en Historia del arte y curadora independiente, coordinadas por Ma José Aranzasti, Historiadora de arte y comisaria de exposiciones.

Recital de CHANTAL MAILLARD el 6 de noviembre a las 19:30. 

“SI UNA MUJER VINIERA…” LECTURA Y OTRAS VOCES

Filósofa y escritora. Premio Nacional de Poesía por su obra “Matar a Platón” (2004).

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Jaos versus Tao versus Hades. Chantal Maillard


el jaos


Originalmente, la palabra Χάος no significaba desorden, sino “abertura”, “abismo”. El jaos era la inmensa abertura tenebrosa que existía en el origen, antes de que aparecieran las cosas, aquel espacio, por tanto, infinito por no medido ni medible, en el cual nada podía distinguirse. Así pues, el abismo original apunta simplemente a la no visibilidad. Los infiernos, también designados con la palabra jaos, no eran sino el lugar donde nada era visible, lo cual viene a corroborar el hecho de que la misma palabra Hades (ᾍδης) (la morada de Hades o Plutón) que se ha traducido por Infiernos, significará literalmente sin visión o invisible. La bajada a los infiernos es la pérdida de la posibilidad de visión; al morir, los seres pierden sus límites, se “des-realizan”, se hacen invisibles.

[…]

El jaos es aquello de lo cual tenemos experiencia por negación: lo que se nos muestra sin aparecer, como pura negatividad, como amenaza. Y sin embargo es un peso, algo que tiene densidad, algo que fuerza la entrada de nuestra subjetividad y que en la abertura sólo deja… tinieblas. Las tinieblas del jaos se parecen a esos agujeros negros de los que nos hablan los físicos que, llenos de materia pero insaciables, engullen todo lo que se les acerca. Su fuerza de atracción es proporcional a su densidad. Y en ello consiste la fuerza del abismo; el abismo nos atrae no por su vacío sino por su oscura densidad, y lo tememos por la misma razón por la que nos atrae: porque en la oscuridad residen todos los seres posibles, los diez mil seres que la Hembra misteriosa puede generar.

El jaos, esa boca abierta del abismo, tiene dos funciones: la de exhalar y la de engullir. Cuando exhala es Logos, verbo creador, palabra: vac, sonido original que al expandirse forma melodías y alfabetos diversos. Cuando engulle, los seres del mundo y su propio mundo son reabsorbidos. La espléndida metáfora cosmológica de la tradición sívaísta expresa esto con una imagen bellísima: el dios Síva ingiere a su esposa, Sakti, que es su propio poder de manifestación, después de haberse comido todos los alimentos –el mundo– que ella le había ofrecido. La imagen védica del sueño de Brahma y sus despertares tiene la misma significación. El hinduismo propone una teoría cíclica del universo, y también lo hace el taoísmo […].

Así pues, el Tao es el “ser caótico” que vive (sheng), es decir, que engendra, produce, fluye, de la nada al ser. Y ese vacío del Tao que es “eficacia”, fuerza productiva, es también la matriz que alberga todas las posibilidades. El Abismo –Jaos o Tao (con nombre)nos atrae y nos aterra a un tiempo porque es el espacio donde habita el germen de todo lo posible. Nos aterra porque intuimos, vagamente, que de allí venimos y allí volveremos; nos aterra porque vagamente también intuimos que en él perderemos el nombre, aquel que obtuvimos con el nacimiento y que al designarnos repetidamente fue marcándonos como individuo; nos aterra porque lo desconocido siempre es una amenaza contra lo ya constituido y bien asentado. Y nos atrae, sin embargo, por los mismas razones: porque intuimos, vagamente, que algo guarda el abismo de nuestro común origen, una plenitud anhelada y perdida; nos atrae porque perder el nombre es crearnos de nuevo; nos atrae porque lo desconocido puede abrirnos los horizontes de nuestra limitada entidad.

Chantal Maillard. La razón estética: 66-68. Ed. Laertes, 1998

 

Catábasis : los descensos de la Doncella manca, un antiguo rito de resistencia

Escalera_Descenso


El significado de la Catábasis o Katabasis (del griego κατὰ, “abajo” βαίνω “avance”) es “un descenso de algún tipo, como bajar una ladera, el sol al atardecer, una retirada en una campaña militar, una expedición a los infiernos o un viaje desde el interior hacia la costa.” [fuente Wikipedia]. Podríamos también entender la depresión psicológica dentro del fenómeno de la catábasis, un ir hacia abajo, en que nos sentimos “caer” en la ausencia de toda voluntad personal, y a través de la cual (siempre que se cumpla todo el proceso) adquirimos una nueva perspectiva y una comprensión más profunda sobre nosotras mismas y sobre la vida.

Para acompañar los siete descensos que efectúa nuestra Doncella sin manos, haré un breve, e incompleto, repaso a la mitología cuyos relatos recogen ese movimiento hacia el Gran Abajo, el Hades, el inconcebible mundo, invisible, incognoscible, del que uno o una, si sale, sale transformado. HadesKurDuatGehennaInfierno es el temible lugar al que viajan las almas de los difuntos tras la muerte. Ha ido cambiando de nombre a lo largo de la historia, pero en todas las culturas y épocas su simple mención ha despertado un temor indescriptible. Pero a pesar del miedo atávico que infundían los dominios de la muerte –o precisamente por eso mismo–, los relatos mitológicos, religiosos y literarios de todo el planeta coinciden en presentarnos una larga lista de personajes (héroes, dioses o “simples” mortales) que osaron descender a las profundidades infernales, se enfrentaron a innumerables y terribles peligros y regresaron victoriosos (en su mayoría) al plano terrenal. Este descenso a los infiernos se conoce como catábasis y, para que pueda ser considerado una verdadera catábasis en lugar de una simple muerte, suele estar relacionado con una posterior anábasis, un ascenso o resurrección.

En la mitología griega, tenemos muchos ejemplos de Katabasis en el que el viaje del héroe, del dios o de la diosa, los lleva al inframundo, el mundo del Hades. Por ejemplo, entre los “simples” mortales, tenemos a Orfeo que entra en el inframundo en busca de su esposa Eurídice, con el propósito de traerla de vuelta al mundo de los vivos; o el descenso de Ulises/Odiseo al inframundo, la Nekyia descrita en el libro 11 de la Odisea. También Teseo, Heracles, los Dióscuros, y Eneas, tendrán que viajar al inframundo. En el mundo cristiano, Lázaro y Cristo, descienden a los Infiernos; y en el mundo renacentista, Dante, con la valiosa guía de Virgilio, se adentra él también en el Abajo. Entre los dioses y las diosas,  tal fue el caso de la Innana sumeria, del Marduk babilónico, del Osiris egipcio, del Megistos Kouros cretense, del Adonis sirio, del Attis frigio, de la Perséfone griega, la Koré, hija de Demeter, que fue raptada por el mismísimo Hades, obligada a acompañarlo y a permanecer en el inframundo, del que acabó siendo la Reina, Perséfone, esposa de Hades.

Para profundizar en el tema, os dejo un artículo de Pilar Gonzáles Serrano “Catábasis y resurección”.

Feu clic per accedir a documento4869.pdf

En la literatura, en el arte plástico o en el cine, encontraríamos múltiples relatos o manifestaciones artísticas que, simbólicamente y metafóricamente, escenificaron ese viaje hacia Abajo. Sin duda, la capacidad de relatarlo o de representarlo no sea ajena a la consiguiente anábasis del artista que logra así encontrar el modo de salir, pudiendo contarlo, mostrarlo.

Os invito a compartir tanto vuestros hallazgos en el campo del arte (poemas, relatos, películas, obras teatrales, pinturas, músicas…) como vuestras propias catábasis.

Aquí tenéis un enlace antiguo del blog en el que había recopilado algunos de los textos de la poeta Chantal Maillard en relación al Abajo, a sus propios descensos.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/02/03/un-mapa-fractal-para-nuestros-descensos-1-rastreando-los-poemas-trazos-de-chantal-maillard/

Y el último artículo de nuestra compañera, Mireia Rosich, sobre las Transformaciones invisibles, hablando acerca de las catábasis de nuestra modernidad y del viaje al Abajo de Perséfone.

Mireia Rosich_Transformaciones invisibles

al mur del cementiri …

rosa d'ibur's avatarrosa d'ibur: versos i vida

“A mis amigos les digo: Cuando viajéis a Bruselas, no dejéis de ir a Ixelles y emprended el camino a lo largo del muro de su cementerio. Allí estaré, esperándoos.”

Chantal Maillard

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Fent cas de Chantal Maillard i de Muriel Chazalon, en anar a Brussel·les, vaig anar al cementiri d’Ixelles i vaig fer el recorregut pel mur on hi ha quatre poemes de Maillard, traduïts a diferents llengües. En el mur que separa els morts dels vius i la universitat flamenca de la francòfona, en el barri on va néixer la poeta i on darrerament ha retornat per recuperar la memòria de la seva infantesa, versos que ens parlen del emigrants i dels absents, dels murs que ens separen (o ens uneixen), del riure com a arma defensiva i dels records d’infantesa que sorgeixen com un centelleig. Vaig anar a Ixelles darrera versos que ens desafien, ens…

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El tambor del corazón, el canto

El tambor del corazón

I

Se dice que toda la creación estuvo acompañada por un sonido o una palabra pronunciada en voz alta, un sonido o una palabra susurrados o pronunciados con el aliento. En los mitos, se considera que el canto procede de una misteriosa fuente que confiere sabiduría a toda la creación, todos los animales y los seres humanos, los árboles, las plantas y cualquier ser que lo escuche. En los cuentos se dice que todo lo que tiene “savia” tiene canto.

El himno de la creación produce un cambio psíquico. […]

El canto es una modalidad especial de lenguaje que permite alcanzar cosas que la voz hablada no podría. Desde tiempos inmemoriales el canto, como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El sonido sordo –como el de unas pisadas– hace que una serpiente experimente una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.

La palabra pneuma (aliento) comparte su origen con la palabra psique; ambas se consideran denominación del alma. […]
El canto de la canción y el empleo del corazón como tambor son actos místicos que despiertan unos estratos de la psique no demasiado utilizados ni vistos. El aliento o pneuma que se derrama sobre nosotros abre ciertas puertas y despierta ciertas facultades que de otro modo no serían accesibles.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos, El tambor y el canto del corazón.

II

¡Canta! – los temores están allí – agazapados – como duendes hambrientos – al acecho. – Acalla la habladora y ¡canta! – Que no hable – ella – la creadora de objetos – que no hable. – En las palabras creemos. – ¡Que no hable!– Canta. – ¡Canta!

*

Existir es una agitación. Decirlo es producto de esa agitación.

Relajarse. Confiar. Abandonarse.

Desatender la voluntad para que actúe la sabia, la otra conciencia, la que no falla, la que desoímos.

Callar la habladora, la que dice “yo”. Dejar paso a la otra, la Anciana, la que canta. Con ella de la mano, ir. Dejarse Ir. Convertirse en ella.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

La mente es la siempre hambrienta. Entrevista con Chantal Maillard

chantalmaillard   La mujer de pie

Entrevista: Esther Peñas. Foto: Ana Cruz Oswaldo


Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?
La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.

Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?
En un capítulo de libro se habla de un fenómeno acústico bastante común, ese sonido agudo que muchos oímos cuando el silencio es grande. Los científicos (a quienes les gusta hablar de “síntomas” porque el síntoma lo es siempre de una enfermedad y a los científicos les gustan las enfermedades) le han dado el nombre de tinnitus. Puede que hubiésemos tenido siempre ese sonido en el oído, dicen, sin que lo oyésemos, hasta que de repente reparamos en él. El caso es que cuando reparamos en él es muy difícil dejar de oírlo. Pues bien, algo parecido ocurre con el discurso mental. Siempre está ahí, no para, pero no nos percatamos de él por la sencilla razón de que nos identificamos con lo que dice, creemos que nosotros somos quien habla. Pero no es así. Y si de repente tomamos distancia y lo oímos, ya está, no podemos dejar de oírlo.
Para situarse en el límite y no perder el equilibrio es preciso haberse distanciado del ruido mental.

“La palabra con la que definimos a una persona no es solo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones”. ¿Con qué palabra se encuentra usted más usted, más en síntesis de sí misma?
Si me identificase con una palabra, ¿no entraría en contradicción con lo que cita? No somos, sucedemos. Y si bien una palabra es un punto y todo punto permite una cierta detención, nosotros somos aquello que se fuga, apenas una trayectoria que se modifica al contacto con otras.  El “sí mismo” es una solidificación, un nódulo de repeticiones.

Desembarazarse del ‘yo’. Una preocupación constante en sus escritos pero, ¿es posible observarse desde una conciencia despojada por completo del yo? ¿Sería sano? ¿Acaso una porción del yo no nos permite vivir?
Definamos. Llamemos yo a esas solidificaciones a las que me refería antes: ideologías, creencias, opiniones, sistemas de todo tipo. La araña-mente los construye, los adopta o, por lo general, los hereda. A partir de allí, sigue tejiendo, individual y colectivamente, y reforzando su tela allí donde advierte cualquier desgarro.
¿Que si es sano despojarse del yo? Considere: sin la identificación con el discurso mental, sin esa firme creencia en la individualidad y sus cápsulas diferenciales (personal, familiar, grupal, tribal, racial, humana, etc.) probablemente nos habríamos ahorrado las colonizaciones, las cruzadas, las guerras, la destrucción del ecosistema del que formamos parte, etc… La supervivencia de la propia especie en el reino animal nunca se hizo en detrimento de las demás especies.
La ética -y la política- aplicada empieza por el conocimiento de uno mismo. De lo contrario, seguiremos construyendo sobre aguas residuales. Un sistema ético y político acorde con estos tiempos tendrá en cuenta no las raíces ni los puntos de apoyo sino la complejidad del rizoma que formamos entre todos y su continua transformación, y esto requiere que quienes lo dicten hayan saneado el terreno de la propia conciencia.

“Todo lo que se mueve nos atrae”. ¿Quizás porque la quietud nos evoca la muerte y eso nos aterra?
Quizás. La vida es movimiento, sin duda. Pero a la mente le atrae sobre todo porque necesita alimentarse. Ella es la siempre hambrienta. Si enfoca un punto fijo se inquieta, se pone nerviosa, y termina enfocando cualquier cosa que se mueva.

Cuando uno “se sitúa en la intemperie”, ¿qué gana y qué pierde, respecto de los demás y para consigo mismo?
Situarse a la intemperie significa optar por hablar en primera persona, con la responsabilidad que esto implica. Se gana en honestidad.

¿Cuál es la linde que separa el ‘yo’ del ‘mi’?
El mí es una acumulación de gestos habituales (mentales, físicos, emocionales), pliegues que vuelven a plegarse una y otra vez sobre sí mismos. El yo es la creencia añadida de que detrás o debajo de esa acumulación hay alguien. “Escuchad: no somos”, dice la mujer de pie. “No hay nadie tras los pliegues”.

¿Es posible la disolución de quien escribe en lo escrito?
Permítame responder a esto con el fragmento de un poema de Hilos, pues no sabría explicarlo mejor: “Disolver, alguien dice. Disolver / el mí. –¿Quién disuelve? / Un disolver, tal vez. ¿En el decir? / El decir es el método”.

“El deseo es guía; la creencia, territorio”. ¿Es un binomio que parece exigirse el uno al otro. ¿En qué creer en un mundo sustentado en la apariencia?
¿Hay acaso alguna diferencia entre apariencia y realidad? ¿Podemos percibir el mundo de otra manera que mediante nuestros órganos de percepción y nuestra mente? Real… ¿qué es real? Wittgenstein decía que creemos ver el mundo pero que lo que vemos en realidad no es sino el marco de la ventana por la que miramos. Nada más cierto. A efectos prácticos, saberlo no sirve de nada, pero aún así es importante.

“El abajo no es inconsciente, es simplemente inconmensurable (…) La voz de abajo es el poema.” El abajo, ¿nos conforma de un modo más auténtico que la superficie?
La autenticidad, como la verdad, es un término comparativo. Si no hay falsedad, no hay autenticidad. No creo que esta dicotomía pueda aplicarse aquí. El abajo, la superficie, el antes o el fuera describen estados que resultan de distintas frecuencias vibratorias. La percepción del tiempo es diferente según la mente se aquiete o se acelere. En el abajo el tiempo se dilata, puede llegar a ser infinito. Lo que ocurre allí entonces es incomunicable. Si la voz del abajo es el poema es porque sólo el poema es capaz de aprehender lo inabarcable. La desaparición, por ejemplo.

“No está descrito, dice el científico. No está descrito, luego no ocurre”. ¿Qué lugar ocupa lo sagrado, el presagio, lo incomprensible en nuestra sociedad?
Lo que el sistema no neutraliza, lo margina, sencillamente. O le otorga el carné de inexistencia. Lo que no entiende la mente-araña sistémica es que todo, en este mundo, es absolutamente incomprensible, además de absurdo.

Sin los mitos que le han configurado a través de los siglos, ¿el hombre  moderno tiene futuro?
Parece que el ser humano no puede vivir sin algún mito que le explique los comienzos. Esto no sería un problema si no se equivocase de mito. Hemos elegido aquellos que fomentan la discordia. El futuro que deparan es, obviamente, el presente que estamos viviendo.

¿Qué sucede si uno, como recomienda la última línea del libro –libro como panóptico del sentir-, da un paso hacia las sombras?
Habrá que preguntárselo a la mujer de pie.

 

Vídeo de la presentación de La mujer de pie en La Central de Barcelona

El miércoles 16 de septiembre, Chantal Maillard, acompañada del director de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, y del filósofo Miguel Morey, presentó su último libro La mujer de pie. Más que asistir a una presentación ad hoc, celebramos un acontecimiento. Sólo remarcaré que fue un placer oír la atinada introducción de Miguel Morey que resultó ser una valiosa guía para acceder a la multidimensionalidad de los planos y capas que configuran este libro inclasificable que es La mujer de pie. Luego quedó vibrar, oscilar, en aquellas brechas y fisuras que la intensa voz de Chantal Maillard iba abriendo, ahuecando, desfondando, cauterizando, modulando adentro y en derredor de todos los ahí presentes… Agradecidos y agradecidas estamos, siempre.

Filmación y edición de nuestra compañera Dulce Rosas.

Carnets, quaderns, libretas, notebooks, cahiers… El poso, el humus


Carnets


Repito a menudo que una de las herramientas imprescindible en nuestro taller es un diario de abordo, un cuaderno, una libreta, un cahier, un notebook… Un cuenco en el que recoger aquello que sentimos, vemos, percibimos, oímos, recordamos, pensamos en nuestro viaje intro-exploratorio por los cuentos, y donde consignar nuestras trayectorias, dibujar perfiles y relieves, y dejar constancia de los pasajes efectuados, de los umbrales cruzados, de los obstáculos desafiantes y de las sombras entrevistas.

Una de las razones que más me seduce al trabajar con un cuaderno, es su in-acabamiento, su im-perfección, su carácter de work in progress. En el cuaderno nada está concluido, todo está en movimiento, haciéndose. En él consignamos aquel detalle que pone en marcha la progresión gradual sea de una acción sea de una observación que está teniendo lugar en ese momento concreto, un gesto, insignificante, naciente…

El filósofo francés, Maurice Merleau-Ponty, utilizaba la palabra “inchoatif”, incoativo, para referirse a lo que estaba en estado inicial, en proceso. Hablaba del aspecto incoativo de la fenomenología, refiriéndose a su estado de inacabamiento. Paul Ricoeur decía: “Soy una conciencia incoativa que todavía no ha adoptado su esfera de responsabilidad”. Conciencia en ciernes.

Cuando trabajo en mi cuaderno trabajo con lo incoativo, anoto cualquier cosa, aun insignificante, de ese pensar naciente, esbozándose. Trayectorias de la conciencia. Cuaderno-humus, poso de lo incoativo.

Trabajar con/en un cuaderno es para muchas de nosotras un acto de escritura-refugio, el cuaderno se hace templo donde, ante la dispersión de las voces, recogernos.

A modo de invocación,  estos fragmentos de los cuadernos de Chantal Maillard, porque para ella el cuaderno es casa, el cuaderno-hogar es a donde siempre vuelve:

“Recurro al cuaderno como se vuelve al hogar” escribe en Bélgica (p. 129)

o

“Vuelvo a mí. Cada vez que abro el cuaderno de notas, vuelvo a mí. Vuelvo a mí en la escritura, o antes aun, en la tensión que dispone a la escritura. ¿Qué soy, quién soy antes y después del cuaderno? ¿Qué soy, dónde estoy cuando no me escribo? Puede decirse que el cuaderno me está creando, está haciendo de aquel mí disperso el yo que se interroga acerca de sí mismo”, en Filosofía en los días críticos (p. 45: frag. 60)