La cirugía poética de Chantal Maillard o cómo la lengua herida sutura
Tercera lectura, ¿o es la cuarta, la quinta? ya no sé, de La herida en la lengua de Chantal Maillard. Mis ojos-oídos deslizándose lenta y atentamente en este abrupto territorio de sintaxis desmembrada, de delicados y endebles ensamblajes, de sensitivos encantamientos y balbucientes letanías, de recuentos sin concesiones… Ahora leo el poemario al revés, del final hacia el principio, desandando lo andado a lomos de un sabio elefante compasivo…
En esta nueva entrega, la poeta malagueña, ocho años después de Hilos, ha afilado escrupulosamente sus armas, adelgazando las palabras hasta volverlas agujas con las que remendar la herida/la vida que se nos escapa a destajo. Husos, hilos, vendajes, ¿antiguas artes femeninas, viejos re/medios de sutura? ante tanto desgarro…
El dolor propio confrontado. Minuciosamente descrito, imposible (¿cómo decir la amputación, la devastación?), herida la lengua, rota, roja, oblicua, retorciéndose en ese cuerpo que se hace alma, y es de todos.
El dolor ajeno –¿ajeno?– aquella herida que es de otro y me arde. Impuesto dolor por tantos genocidios, exterminios, hambrunas, merodeando en los campos de refugiados, en guetos bordeando cualquier ciudad agigantada, infligido en torturas y vejaciones, en mutilaciones, en otras tantas masacres contemporáneas. (¿Cómo contar? la lengua falsea, ¿cómo narrar? la lengua miente. ¿Cuántos ahora cantan todavía?). Balbucea la poeta… entreteje viejos conjuros con los nuevos… “Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo… A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego contra lo irremediable me alzo. Alzo el grito. Contra lo irremediable.” El vaivén de la lanzadera. De lo propio a lo ajeno. Lo ajeno en lo propio. Lo propio enajenado.
Desde la lengua herida en su mismo centro expresivo, balbucir, los silenciados, nos/otros, balbucir, los que no tienen voz propia, nos/otros, balbucir, los desposeídos de sí, nos/otros, balbucir, los olvidados, los despreciados, nos/otros, balbucir, los renegados, los rechazados, nos/otros, balbucir, los oprimidos, los desplazados, nos/otros, balbucir, los enloquecidos de lucidez, nos/otros… testigos balbucientes…
Tan sólo balbucir asíasí si tan sólo un pueblo sabio, si tan sólo asíasí un antiguo pueblo elefante-tigre-ave-búfalo-araña-lobo, unidos por un fin en la tregua del hambre… si tan sólo nosotros asíasí… si tan sólo nombrar, mostrar, entre todos poner remedio tal vez asíasí tal vez… aún apenas sea posible…
“Hocicos temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. –El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. –Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?
Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro por contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.”
Chantal Maillard. La herida en la lengua. Dibujos de David Escalona. Ed. Tusquets, 2015.
Muriel Chazalon
Abril 2015
El último lobo “Wolf Totem” de Jean-Jacques Annaud
La última película del director de El Oso (“Siete años en el Tíbet“, “El nombre de la rosa“) se estrena en España el 10 de abril.
Con “El último lobo”, Jean-Jacques Annaud vuelve a reflexionar sobre la relación entre animales salvajes y humanos, esta vez en el corazón de Mongolia donde se rodó enteramente la película. (Criaron 30 lobeznos durante dos años para poder rodar con ellos la película. La convivencia y el rodaje con los lobos fue, según el equipo de rodaje, realmente espectacular!)
El guión fue escrito a partir del best seller del escritor chino Lü Jiamin, “Wolf Totem“, considerado muy polémico en su momento por el gobierno chino.
Wild Yellowstone: She Wolf
La sal de la tierra versus Koyaanisqatsi
Después del éxito de “Pina”, el documental que filmó Wim Wenders sobre la coreógrafa alemana Pina Bausch, sale ahora La sal de la tierra, en el que el director alemán, junto con Juliano Ribeiro Salgado, rinde un claro homenaje al fotógrafo brasileño Sebastião Salgado.
Fuimos a verlo ayer en el cinema Renoir. Me impactó, me sacudió, me embelesó también. Todavía no puedo pensar sobre él. Salí conmocionada. “La raza de los seres humanos” con todas sus sombras y sus luces. Destrucción y sensibilidad. Horror y belleza. Y el gran ciclo lobuno vida-muerte-vida, girando.
Al cabo de un rato emergió en mi mente-corazón el recuerdo de otro documental, una obra maestra, un fresco poético. Hablo de Koyaanisqatsi, la vertiginosa e hipnótica película de Godfrey Reggio, fotografía de Ron Fricke (que fue también director de Baraka y de Samsara). Aquí sin voz humana, tan solo con el poder de las imágenes y la música minimalista de Philip Glass. Koyaanisqatsi, palabra de los indios hopi que significa “vida fuera del equilibrio”, es la primera parte de la Qatsi trilogy formada por Koyaanisqatsi, vida en desequilibrio (1982), Powaqqatsi, la vida en transformación (1988) y Naqoyqatsi, la vida como guerra (2002). Refleja la colisión entre dos mundos que en la época actual conviven a duras penas: por un lado, la vertiginosa vida de los seres humanos en la sociedad moderna, urbana, occidental, enajenada, con su tecnología, su ciencia, su consumismo, y por otro, el arcaico y milenario mundo natural (del que provenimos no lo olvidemos!) y el medio ambiente de nuestro planeta. El dilemne acuciante de nuestros tiempos. Pueblos y especies extinguidos. Tierra esquilmada. ¿Podemos eludirlo más?
Añado unos enlaces en los que encontraréis una dimensión crítica sobre la película de Wim Wenders lo que permite, tal vez, plantear unas líneas de reflexión en torno al documental de Wim Wenders y al trabajo de Salgado.
http://www.fotogramas.es/Peliculas/La-sal-de-la-Tierra-2014
A continuación también añado enlaces en referencia al trabajo de Godfrey Reggio.
http://www.spiritofbaraka.com/koyaanisqatsi
http://es.wikipedia.org/wiki/Koyaanisqatsi
http://www.reporteindigo.com/piensa/entretenimiento/godfrey-reggio-y-su-poesia-audiovisual
Cuando los lobos cambian el curso del río…
Cuando los lobos fueron reintroducidos en el parque nacional de Yellowstone en los Estados Unidos después de haber estado ausentes casi 70 años, ocurrió una “cascada trófica”. ¿Qué es una cascada trófica?¿Cómo pueden transformar los lobos el curso de un río? George Monbiot nos lo explica en este video.
Aquí tenéis el vídeo con subtítulos en castellano:
http://lavozdelmuro.com/asombroso-como-unos-lobos-son-capaces-de-cambiar-el-curso-de-un-rio/
L’ours. L’instinct de survie
Film de Jean-Jacques Annaud, 1988. Un clásico sobre naturaleza salvaje!
Hannah Arendt: la pel·lícula
No ens oblidem que aquest agost encara podem veure “Hannah Arendt” als cinemes Verdi de Barcelona: http://www.cines-verdi.com/barcelona/ca/pelicula/hannah-arendt/
Podeu veure una altra entrada al blog sobre aquest tema a https://blogdelesllobes.wordpress.com/2012/10/27/hannah-arendt-la-banalidad-del-mal/
El asunto Angeline, suite et fin
Ahí va la bomba!
Habrá que investigar la fiabilidad de la noticia, pero que cada una saque sus conclusiones!
¡Sí, tienen conciencia los animales! Pero, ¿tenemos nosotros capacidad cordial?

Primero, leeros el enlace.
Luego, ¡vayamos, por puntos, a lo que saben todos los que han convivido con un gato!
- Le preguntan a la poeta-filósofa Chantal Maillard:
¿Qué le saca a usted -inevitablemente- de quicio, y qué le pone -inmediatamente- de buen humor?
Ella responde:
Las matanzas de animales, la falta de lógica de los razonamientos, los discursos mal construidos. ¿De buen humor? Un frase inteligente, o un animal en libertad.
2. En otra ocasión, el entrevistador alude de nuevo:
En varios pasajes, destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India)…
Respuesta:
En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.
3. En su presentación de La Tierra prometida, libro circular, libro-plegaria, libro-cuenco en el que figuran los nombres genéricos de algunos de los miles de animales que han perecido, que perecen, o están a punto de perecer, Chantal Maillard explicita :
La tierra prometida (…) también es fuego y obelisco, columna y ofrenda para aquellos desconocidos como individuos que perecen, y perecieron y perecerán por obra de otros animales que proliferan por encima de los límites de lo que el organismo terrestre nos permite y en detrimento de todos los demás a los que maltratamos y hemos maltratado…
Ellos (los animales) son víctimas inocentes que, por más desconocimiento, ni siquiera nombramos como tales individuos, sino en tanto que especie, tal vez porque aún tenemos que pedir perdón y avergonzarnos de pedir un lugar para ellos. Porque cuando hablamos de “especies” parece que nos estamos refiriendo a algo que nos atañe, la supervivencia del planeta, por ejemplo. Hablamos de hacer leyes para los grandes simios porque se nos parecen. Empezamos a respetar a las ballenas y a los delfines cuando averiguamos que también ellos tienen lenguaje. No nos paramos a pensar que tal vez sea que nuestra mente sea tan limitada que no puede comprender el lenguaje que sí tienen las demás especies, que su forma de comunicarse sea demasiado ajena a aquella tan limitada de las palabras y la gramática.
(…) Es evidente que los saberes de la mente han suplantado la sabiduría del cuerpo, esa que para los taoístas era la clave para la cura y que la gran mayoría de los seres humanos siguen fiel a la corriente que les lleva como focas dormidas en el fondo del océano. Es evidente.
Pero aún así y, pese a toda su codicia, su imbecilidad, su fatuidad, me atrevo a creer que hay en el ser humano un reducto, una capacidad cordial que bien puede que corresponda con el latido, esa respiración que al fin y al cabo es común a todos y nos une a través del aire que nos penetra. Como cuando vamos en un autobús repleto y no nos percatamos de que estamos respirando lo que sale de los pulmones de las otras personas, o en el zoológico, cuando sale de los simios, cuando sale de los pájaros y entra en el nuestro y vuelve a ellos.
Esa capacidad cordial es a la que denominamos, a veces, compasión (padecer con otros). Y no sé muy bien por qué entiendo que va a la par con la capacidad para detectar la inocencia, algo que, cuando lo experimentamos, puede causarnos a la vez un gran dolor y un delicioso sentimiento de ternura.
Bien, pues entiendo y defiendo que el animal es inocente. También el animal tratado y encubierto en su ser-hombre y tan ingenuo, el nuestro, en su falso paternalismo, tan ignorante de las leyes de aquello que cree controlar. Y esa inocencia es la que me ha motivado a producir esta letanía. ¿Para qué?, ¿qué podemos conseguir con ello?, me preguntaron. Un efecto resonancia, contesto. Si un ejército puede hacer saltar un puente al que atraviesa a paso rítmico, ¿no podremos nosotros impedir que desaparezcan algunos animales, si repetimos sus nombres al unísono, con insistencia y con la voluntad de que perduren? Si creyese en algo sería en el efecto del deseo proyectado en un objeto. Tal vez podamos enfocar en ellos intensamente nuestra voluntad mientras nos unimos en el recitado de esta letanía que es una plegaria dirigida a todos nosotros por todos ellos.
Empezamos a pensar en su desaparición cuando ésta es un síntoma de algo que nos atañe y porque nos atañe. No hablamos desde la compasión, sino desde el miedo. Cierto es que también podríamos hablar racionalmente, puesto que la racionalidad no es emotiva, no tiene miedos, desde un supuesto ojo cósmico. Es decir que esta sería la manera en que la tierra, célula a su vez del universo, ha iniciado su propia destrucción. Como instrumentos de la naturaleza, nuestro destino sería entonces el de ser entre todos el gran verdugo y apostar por la vida, por su continuidad, sería, en tal caso, contravenir los designios galácticos.
(…) Por compasión, pues, no sabiendo, y como animal que soy, pronuncio e invito a pronunciar el ensalmo, tomando partido por la inocencia, la de ellos, por encima de mí, de nosotros, del animal racional, pero también por él, porque él es un punto más en la trama y aunque éste no deba ser jamás un argumento a utilizar para protegerles porque sin ellos, sin todas y cada una de estas múltiples formas de vida, nosotros tampoco sobreviviremos. Es por todos, pues, que invito a entonar “tal vez aún apenas sea posible, nunca tan vez…”… … …
4. Para deleitaros, os dejo otro artículo de Chantal en esta misma vibración El tigre que ama: ” Pero el animal no juzga, la planta no juzga, la montaña y la roca no juzgan, el mar no juzga. ¿De allí nuestra superioridad sobre ellos? No, de allí nuestra soledad, nuestra condena. “
http://www.webislam.com/articulos/64637-el_tigre_que_ama.html
La pregunta es: ahora que sabemos científicamente lo que hemos olvidado empáticamente, a saber, que los animales tienen conciencia (sic), ¿seremos nuevamente capaces de vivir en cordialidad, en íntima comprensión del sentir del otro, de practicar un conocimiento sintiente? Huelga decir que la pregunta, en mi opinión, es de plena y dolorosa actualidad tanto para los animales a plumas, pelos, garras, caparazones y demás vestiduras como para el animal humano en sus múltiples variantes… Desafortunadamente, una cosa llama a la otra. Afortunadamente, quizás sea cierto también al revés, y además de conciencia nos quede tiempo…
Tal vez aún apenas sea posible… Cacareemos. Gruñemos. Bereemos. Aullemos.





