Siri Hustvedt, el destino de las mujeres en el arte

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La novela de Siri Hustvedt, El mundo deslumbrante, está publicada por Anagrama.

Su protagonista es Harriet Burden, personalidad semiolvidada de la escena artística neoyorquina de los ochenta, convertida tras su muerte en objeto de estudio por parte de críticos y académicos. Más que como artista, fue conocida como esposa del poderoso marchante Felix Lord y anfitriona de deliciosas fiestas que reunían a toda la intelectualidad de Manhattan. Hasta que, en el tramo final de su vida, Harriet decidió orquestar un curioso experimento: se sirvió de tres hombres que le sirvieron de fachada para presentar sus propias creaciones ante el mundo. Escondida tras el rostro de jóvenes de perfil multirracial y sexualidad líquida, Harriet fue aclamada inmediatamente como una artista magistral.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/10/babelia/1423588894_498866.html

En el siguiente enlace tenéis una reseña de esta novela escrita por Emma Rodríguez:

Siri Hustvedt, el destino de las mujeres en el arte

Esta novela es un campo absolutamente abierto, una pieza múltiple que adquiere, por momentos, la forma de una biografía, de un ensayo, con notas a pie de página incluidas, o de una crónica periodística. A través de su personaje principal, una mujer inteligente, inquieta y muy culta, la escritora nos habla de arte, de literatura, de filosofía, de Historia, de psicología, de neurociencia… Imposible dar cuenta de todo lo que abarca.


Consciente de los indudables logros del movimiento feminista, la escritora nos remite al pasado, pero también nos habla de un presente que no ha acabado de desprenderse de todas esas rémoras pese a la cada vez mayor presencia femenina en el panorama artístico, un presente en el que las presiones a las que se ven sometidas las mujeres siguen siendo llamativas. Y podemos hablar del ninguneo, de la condescendencia, de la catalogación de la obra como excesivamente sensible o sentimental.

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El año anterior, en el 2013, Hustvedt publicó un libro de ensayos Vivir, pensar y mirar que me parece muy complementario a la novela (o viceversa).

En él exploraba tres núcleos temáticos sobre los que la escritora estadounidense ha reflexionado y escrito casi obsesivamente: la propia experiencia vital y las raíces familiares (la memoria, la emoción, la imaginación, la migraña…), los enigmáticos mecanismos del cerebro (la filosofía, la neurociencia, el psicoanálisis, la lectura y la escritura…) y los impactos visuales de las artes plásticas (nuestro modo de mirar, las emociones que nos transmiten…). Para ello reflexiona sobre artistas muy diferentes y alejados en el tiempo, desde el maestro de la escuela sienesa Duccio di Buoninsegna o Goya y su uso de la violencia hasta las transgresoras propuestas de Louise Bourgeois, Kiki Smith, Gerhardt Richter, Annette Messager o Margaret Bowland, pasando por el ascetismo de los bodegones de Morandi o el poder evocador de las fotografías viejas.

La mujer de pie: la nueva propuesta de Chantal Maillard

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Últimamente los y las que seguimos la traza de Chantal Maillard estamos de suerte! La Maillard se prodiga!

Después de su último poemario La Herida en la lengua (Tusquets), y de la publicación de una antología esencial de su obra poética En un principio era el hambre, publicada en FCE, y que acabamos de reseñar https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/07/23/chantal-maillard-en-un-principio-era-el-hambre-antologia-esencial/ llega a las librerías en septiembre su nuevo ensayo poético La mujer de pie editado por Galaxia Gutenberg.

Este ensayo poético no es un tratado, tampoco es una ficción. Es una invitación a la escucha. Una historia contada en tres registros diferentes. Un historia en busca de argumento. Una reflexión sobre la enfermedad, el fragmento, la discontinuidad de la percepción y la ilusoria creencia en un yo que le diese sentido a la existencia.

Si queréis seguirle la pista, presentará su libro en La Central del carrer Mallorca en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre a las 19:30.

Ahí nos veremos!

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/09/09/la-mujer-de-pie/

Video de la presentación de La mujer de pie el 16 de septiembre 2015 en la librería La Central: https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/10/10/presentacion-de-la-mujer-de-pie-en-la-central-de-barcelona/

Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial

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Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial. Fondo de Cultura Económica, 2015

Acaba de llegar a las librerías una antología esencial de Chantal Maillard (esencial antología, si jugamos al juego que invierte los términos!), con un magnífico prólogo de Virginia Trueba que cartografía minuciosamente la entrecruzada trayectoria escritural y vital de la poeta y filósofa, y un epílogo de la propia Maillard.

Los textos escogidos, por Antonio F. Rodríguez Esteban y Chantal Maillard, abarcan desde el año 1990 hasta el 2015, con algunos fragmentos del próximo libro de Maillard, La mujer de pie, que saldrá en otoño editado por Galaxia Gutenberg.

A los y a las que emprendan esta lectura-viaje por la cosmovisión de la poeta hispano-belga, les saldrán al paso, entretejidos en múltiples capas a las que nuestra autora nos tiene acostumbrado, textos de Diarios indios, Matar a Platón, Escribir, Husos, Hilos, Cual, Bélgica, Polvo de avispas, La herida en la lengua –último poemario editado–, y La mujer de pie –de próxima aparición–. El viaje, nos recuerda acertadamente Virginia Trueba en su prólogo, “sirve para des-entumecernos, despertarnos la atención y disponernos al acontecimiento. Como el golpe de kiosaku del maestro zen.” Esta lectura también hace función d’éveil y de drenaje en la mente del lector. Despoja, desentuma la conciencia y nuestros sentidos obturados.

Para hacer boca, os dejo con un extracto del epílogo que da título al libro:

[…] Algunas teorías indias entienden que el universo se creó por resonancia. La gran exhalación del comienzo se prolongó en las consonantes. La energía neutra del comienzo se significó: modulándose en los signos (en las letras, en su sonoridad) se diversificó.

En el principio (arjé) era el Verbo (logos)… (Verbum es el término latino que se empleó para traducir la palabra griega logos cuando los cristianos identificaron el logos con el principio creador del cristianismo). El verbo es lo que puede ser conjugado. Antes de las diferencias, el logos-verbo es posibilidad de ser. Condensación del sonido, inaudible antes de su expansión, de su resonancia.

En un principio fue el verbo, y el verbo se conjugó, y se propagó. Los siglos de los siglos fueron la propagación del primer sonido. El primer sonido fue un acto: el de respirar. Un respirar sin nadie que respirase. Un acto sin sujeto. Un aliento sonoro.

Y el verbo se hizo carne: materia. Se hizo audible. Se “materializó”. El mundo: sonoridad vibrante. La materia: densidad del sonido: velocidad vibratoria.
En un principio fue el verbo y el verbo poetizó: la matriz del mundo es el hueco donde impacta el primer sonido y se gesta el primer poema: la primera construcción (poíesis), la primera articulación.

Sí… puede que esto sea muy bonito. Pero no nos sirve. Ya no nos sirve porque sigue siendo metafísica y porque las palabras son multitud. Los ecos están distorsionados. Los sonidos, como las emociones, se degradan imitándose unas a otras. El kitsch reina por doquier de tal modo que ya nos es difícil saber qué, de lo que sentimos y pensamos, qué es genuino o impostado, qué hemos aprendido y repetido, qué es emoción y qué lenguaje. Tal vez fuese preciso callar. No añadir más palabras a las ya expandidas.

O, tal vez, urdir otro inicio. Decir, por ejemplo:

En un principio era el Hambre. Y el Hambre creó a los seres para poder saciarse. Y el Hambre era la muerte para los seres. Inventaron remedios, buscaron curarse, pero el Hambre dijo “odiaos y luchad unos contra otros”, para poder saciarse. Y el Hambre introdujo el hambre en los seres, y los seres se mataban entre sí por causa del hambre. Y el hambre era la muerte para los seres.

No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. En las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.

Luego, como un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.

Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre”.

http://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19284

Añado una hebra más a este tejido: un enlace a un artículo que Chantal publicó en El País con fecha del 11 de enero 2003 (remontemos, remontemos el curso del río!) donde habla de la mítica cosmogonía sapiencial Brihadaranyaka Upanishad que dio lugar a la principal corriente del hinduismo (la escuela no dualista advaita), y a la que hace referencia el título de esta antología esencial: En un principio era el hambre.

http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042246218_850215.html

 

Poema, poíesis y pensamiento. Chantal Maillard

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Estos extractos están publicados, con algunas variaciones, en La baba del caracol (Ed. Vaso roto, colección de bolsillo Cardinales, 2014). Os remito a su lectura ya que el séptimo apartado del capítulo que nos ocupa, El pájaro. Variaciones sobre poesía y pensamiento, titulado La calma y L’ éveil, no viene aquí recogido.

Recuerdo que, en un programa televisivo, a un periodista (creo que era Víctor Amela) que sacaba a colación su verso “escribo para que el agua envenenada pueda beberse”, Chantal le respondió, con su habitual nitidez,  “en la infancia, y aún en la adolescencia, el agua todavía era clara, luego fue envenenándose…”. Se refería al agua del lenguaje que con el paso del tiempo fue enturbiándose hasta envenenarnos con su falseada retórica. En estas delicadas y deliciosas páginas, Chantal procura aclarar de nuevo la charca, ateniéndose a las definiciones de los términos, e invitándonos luego a traspasar los cercos, hacia nuevas comprensiones, abriendo brecha sobre el fuera, el fuera del lenguaje, ahí donde el pájaro, donde lo común, lo animal… antes de ser habla… Ahí donde el canto, a veces, entona aquella inocencia…  Ahí donde “Lo que el pájaro bebe en la fuente / y no es el agua”…

1. EL PÁJARO

La preocupación por las diferencias es algo congénito en el pensamiento occidental. Pertenece a la visión científica, que convierte el mundo en experimento. Aplicamos el método hipotético-deductivo a todo lo que se nos presenta. Lo cual no deja de tener cierta gracia cuando el pensamiento la emprende consigo mismo.

Pensemos pues el pensamiento. Pensémoslo en la filosofía y en la poesía; el pensamiento está sin duda presente tanto en la una como en la otra.

La filosofía: el punto de partida de la ciencia, el método o la manera de habérselas con el lenguaje para lograr conclusiones a partir de definiciones. Acotando, pues. Delimitando.

El poema: aprehensión de lo-que-hay, en un modo. Infringiendo los límites. / La poesía (poíesis): el conjunto de modos y maneras (amaneramientos) de la aprehensión. La preocupación «poiética» es la de cómo mostrar el qué que le pertenece al poema.

(Entre el modo y la manera, ambos sinónimos de «forma», hay, tal como aquí quiero emplear los términos, una diferencia: el modo es musical, la manera, no necesariamente).

¿Y el pensamiento? El pensamiento, por supuesto, atraviesa todas las elaboraciones lingüísticas, salvo la repetición (como manera) o la letanía (como modo). ¿Cómo no iba a ser así?

Con respecto a esta discusión viene al caso aquel pájaro filosófico que Juan Miguel Palacios nos ponía de ejemplo en sus clases de Ética. El que lee filosofía, decía, hace como el pájaro cuando bebe: toma un buche de agua, levanta la cabeza, traga y, así, sucesivamente. Así también el lector de un ensayo lee un párrafo, levanta la cabeza, entrecierra los ojos un momento y luego vuelve al libro. Me acordé de aquello mientras leía porque me sorprendí realizando aquel mismo gesto del pájaro. Levantar la cabeza, con los ojos cerrados, y volver al agua. Pero, lo curioso es que, esta vez, no estaba leyendo un ensayo, sino unos pequeños poemas aforísticos. Así que me pregunté si, siendo el gesto el mismo, no habría de ser lo mismo también lo que aconteciera en la lectura de un ensayo y en la de un poema. ¿Acaso no tendría lugar, en ambos casos, un mismo acto de comprensión? Un cierto paladeo y… algo cae. Algo que se filtra antes de asentarse en la conciencia. Una comprensión… Pero, ¿qué es la comprensión?

2. EL CERCO

La comprensión es un acuerdo entre el material (ideas, frases, párrafos) que se nos ofrece y el material que llevamos ya incorporado (ideas, frases, etc. a las que hayamos dado sentido) y al que protegemos. Lo comprendido es lo que poseemos, lo conocido, cuyo conjunto procuramos mantener dentro de un cerco. Pero hay palabras, frases, ideas, y también imágenes que no nos pertenecen y que irrumpen de repente, como intrusos, en el cerco. Los que habitan dentro del cerco los huelen, los palpan, los empujan, los ponen a prueba y, si resisten, puede que los acepten. Cuando esto ocurre, algo se transforma dentro del cerco. El color, por ejemplo, porque el intruso llevase ropas azules, o amarillas que, al lavarlas junto con las demás, hubiesen desteñido, modificando el color de todas ellas. Entonces, al ver el resultado, nos maravillamos, hablamos de «descubrimiento» o incluso de «iluminación», en cualquier caso, de comprensión.
La palabra berebere provoca esa comprensión. Los bereberes no tienen fronteras, no están dentro de ningún cerco.

En el puesto de aduana de la frontera entre Siria y Jordania, he visto como al berebere se le deja pasar sin presentar pasaporte. No tiene ninguno, porque no pertenece a ningún país; su patria es el desierto y el desierto no tiene más fronteras que sus propios confines. El berebere es un nómada que pasa las fronteras llevando cosas de un lado a otro de las mismas. Así, la palabra berebere traspasa los cercos, importa y exporta (al fin y al cabo, la comprensión no es sino el resultado de la agitación de los materiales) y, de esta manera, procura comprensión al lector que sea, igualmente, de alguna manera, berebere.

3. VERTICALIDAD Y HORIZONTALIDAD: LOS PAISAJES DEL CERCO

Pero no somos pájaros, y el agua que bebemos, la que degustamos, no es natural, es agua «tratada». El lenguaje que expresa el pensamiento no es palabra cotidiana, no es la voz que designa sin paráfrasis, la voz útil. El lenguaje tiene formas; son los paisajes del cerco.

¿Qué tipo de forma es la de la poesía, cuál, la de la filosofía? ¿Qué paisajes le ponemos de salvapantallas al cerco nuestro? ¿Qué diferencia existe entre poesía y filosofía?

El modelo filosófico es vertical; el poético, horizontal.

Hipótesis, deducción… silogística. Para hablar filosóficamente, trazamos un eje vertical. Desde unas premisas, desarrollamos y concluimos. Siempre los mismos parámetros. De lo universal, a lo singular, o viceversa. Remontando de la especie al género y descendiendo, a la inversa. Es el modelo del árbol de Porfirio. Toda definición procede arbóricamente.

Pero la filosofía no es un simple eje. Generalmente es un árbol, y ese árbol tiene ramas. Ramas que se extienden horizontalmente o, mejor incluso, oblicuamente. Entonces es cuando el discurso filosófico se vale de imágenes, metáforas que ayudan a la comprensión del discurso (como lo estoy haciendo ahora desde la verticalidad de este discurso). Cuanto más depurado de imágenes, cuanto más ciprés, más filosófico o más científico será el discurso (no olvidemos que la filosofía, en Occidente, se convirtió en ciencia en un momento dado de su historia). Cuanto más frondoso, en cambio, más se aproximará a la poesía. La prosa poética es un roble, o un castaño, o un tilo. También puede ser un sauce, la firmeza y la dirección de las ramas pudiendo servir para seguir elaborando con la metáfora en el sentido que se prefiera.

La prosa poética es una cruz, o cruceta. Vertical, como el tronco de un árbol, y horizontal, como el ramaje.

La poesía expande su material de otra forma. Es poíesis. Otro arte: otro hacer con la palabra. La poesía no es un árbol, tampoco un simple horizonte, sino una planicie, un horizonte expandido. En la planicie, se forman redes, conexiones, rizomas. A veces, por supuesto, en una encrucijada, o en algún terreno virgen, hay algún árbol o, incluso, un pequeño bosque. Cuanto más boscosa sea la planicie, más se acercará a la filosofía. Un poema vertical (arbórico) es un poema filosófico.

Resumiendo, de modo parecido a lo que ocurre con la cuerda que se tensa entre realismo e idealismo (los dos extremos de una concepción de la realidad), que cuanto más en un extremo nos situemos, más radicales seremos y cuanto más al centro, más moderados, así también entre la actitud filosófica y la poética, extremos del pensar cuya cuerda es, evidentemente, el lenguaje.

4. LA BRECHA

Ni el hacer filosófico ni el poético, sin embargo, obtendrán resultados dignos de mención si no son capaces de abrir una brecha. El intruso ha de efectuar una transformación en el cerco, dentro de alguno de los cercos. Toda palabra que no pertenezca al decir ordinario ha de poder hacerlo, y de tal manera que el habitante del cerco asuma aquel verso de Paul Celan: «Digas la palabra que digas– / agradeces / el deterioro».

No hay nada trascendente en ello. A un cerco le sucede otro cerco, y así sucesivamente. Un cerco abriendo sobre otro cerco, la palabra nómada exportándose e importándose de uno a otro más o menos frágil, más o menos sólido.

A veces, no obstante, hay brechas que no abren sobre un cerco, sino directamente sobre el fuera.

¿Qué es el fuera? Por el momento, contentémonos con decir que se trata del fuera –de los límites– del lenguaje. Esos mismos límites necesarios para que haya brecha.

5. FUERA

¿Qué bebe el pájaro? Es ésta una pregunta importante. En los modelos a los que he aludido, hay pensamiento. Amanerado o modulado. Pero, ¿es pensamiento lo que bebe el pájaro?

No creo que sea determinante la respuesta acerca de las formas de disponer las palabras. Poesía y filosofía son métodos para el acercamiento. Definir y cercar: en todo caso, elaborar los límites. Y laborar en los límites.

La pregunta por lo que bebe el pájaro apunta más allá de ellas, de su formato por supuesto, pero también del conocimiento que creemos obtener y que suele quedar reducido a su expresión.

Lo que bebe el pájaro, lo encontramos en pequeños indicios, muchos de ellos cotidianos, y en grandes sucesos también si sabemos eliminar de ellos su grandiosidad. Lo que bebe el pájaro, lo que quisiera beber, es lo que acontece sin que medie en ello razón alguna. La razón siempre trabaja con atención a unos resultados, ya sea en el uso cotidiano que hacemos de la misma, ya sea en su trazado arbórico, ya sea en la planicie.

Lo que bebe el pájaro, digamos que es una estela, un trazo. El pájaro lo reconoce porque está dispuesto. Sediento. El berebere, ahí, no tiene función alguna. Se trata tan sólo de un reconocimiento. No el que la memoria proporciona, no, ése no.

–Reparo en el movimiento «inconsciente» que Gilles Deleuze efectúa mientras habla 1. Rítmicamente, un dedo presiona otro. Él no se da cuenta. Él habla. Responde. Sin darse cuenta, algo de él encuentra la manera de traducirse en gesto y acompañar así, con el cuerpo, rítmicamente el habla. ¿Qué es eso que halla la vía? ¿Qué es aquello que se manifiesta? –

Tengo los pies descalzos sobre una toalla. Advierto, sin mirar, que hay una diferencia de medio centímetro entre el suelo y el doblez de la toalla. Me doy cuenta de ello. Se trata de una percepción. Para que una percepción se dé, ha debido ponerse en marcha la inteligencia. Todos nuestros saberes, nuestros aprendizajes están ahí reunidos y las neuronas, listas para realizar, en un instante, una operación comparativa.

La percepción del medio centímetro de «diferencia» es una deducción, aparentemente inmediata, que ha requerido de una operación comparativa. No ocurre así con el gesto de Deleuze. En la percepción hay un acto de conciencia. En aquel gesto, no. Se trata de un gesto al que decimos «inconsciente». Sin embargo, significa algo. Si Deleuze dejase de atender a lo que está diciendo y reparase en él, ¿qué pasaría? ¿Dejaría de hablar? Probablemente, pues la atención, desviada de su objeto hacia otro objeto interrumpiría algo. ¿Qué interrumpiría? El habla, y el gesto. También el gesto se interrumpiría. Se interrumpiría el flujo. El gesto y el habla es el mismo fluir. El filósofo, todo él, está proyectado en el habla. Lo está con una temperatura media, la que le permite el deterioro de su persona, su edad avanzada, el interés relativo que probablemente tenga ya, para él, aquella entrevista filmada. De ahí el gesto.

Lo que bebe el pájaro es ese flujo, esa corriente, antes de ser habla, antes de ser gesto.

En la brecha.

En la brecha, una abertura. ¿Hacia donde, hacia qué? Fuera. ¿Qué es el fuera?

(…/…/…)

El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. Fuera es la inocencia. La de todos. Porque fuera no hay yo, no hay alguien.

Un poema es una señal de la inocencia.

De esto, más no hablaré por ahora.

—————

1 Gilles Deleuze en una entrevista grabada en DVD (L’abécédaire de Gilles Deleuze, Éditions Montparnase).


Chantal Maillard presenta en Barcelona La herida en la lengua

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Nuestra manada sigue rastreando siempre con gran interés la traza de la escritora hispano-belga Chantal Maillard, que estará el próximo martes 2 de junio a las 19:30 en la librería La Central del carrer Mallorca de Barcelona para presentarnos su último poemario La herida en la lengua.
Allí nos veremos!

¿Qué es real? Conferencia de Chantal Maillard en el CCCB

El 13 de abril del 2015, Chantal Maillard impartió la conferencia “¿Qué es real?” en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

http://www.cccb.org/es/video-debates_qu_es_real_conferencia_de_chantal_maillard_vo_es-214166

http://www.cccb.org/es/autor-chantal_maillard-18589

 

Entrevista a Chantal Maillard: “Respecto al ser humano, ya me queda muy poca compasión”

La autora presenta hoy en la Feria del Libro de Málaga su nuevo libro de poemas, ‘La herida en la lengua’.

Pablo Bujalance Málaga |  07.05.2015

friso-chantalemaillard              La escritora Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

La conversación comienza con un apunte autobiográfico: el último domicilio que mantuvo Chantal Maillard (1951) en su Bruselas natal se encontraba a apenas dos calles del que cincuenta años antes había habitado Henri Michaux, otro belga “que se enfrentó a los belgas y que también se fue de Bélgica”. La herida en la lengua (Tusquets) es el último libro de poemas de la autora, que hoy a las 20:30 lo presenta, acompañada de Aurora Luque, en el Palmeral de las Sorpresas, dentro de la Feria del Libro de Málaga; ciudad en la que, por cierto, Maillard mantiene su residencia, a pesar de todo.

-En uno de los primeros poemas de La herida en la lengua escribe: “Descuidado de sí / por un instante / el yo / rodando va que mengua / hacia su centro”. Sin embargo, el libro se va abriendo a partir de aquí, como el campo visual en un plano cinematográfico, hasta abarcar el nosotros. ¿Es imposible entonces escribir sobre el yo sin tener en cuenta el nosotros?

-Sí, el libro va por ahí. Esa apertura se da. La primera parte es más personal. Luego, con una transición que cuestiona el yo, se expande, efectivamente, para fusionarse con la experiencia de un nosotros. Esto es algo distinto, en este libro, de la universalización que todo poema y toda obra de arte de por sí, según entiendo, debe lograr. Los otros vuelven a formar parte de la historia, como en Matar a Platón. Ha habido entretanto unos años de repliegue. Pero era hora de volver a la superficie. De nuevo hay acontecimiento, pero el escenario es mucho más amplio.

-Así que el reconocimiento del yo pasa en el libro por la asunción del dolor de los otros, de la Historia y sus demonios.

-Bueno, lo curioso es que te das cuenta de que el yo personal desaparece en el nosotros. Tú te referías antes al centro: en ese centro estamos todos. Cuando el yo alcanza el centro, mengua, incluso puede que desaparezca y empiece a serlo todo. Desde ahí, por supuesto, se habla mejor. Claro que eso no siempre sucede.

-¿Podemos entender la desaparición del yo como una experiencia de libertad?

-Depende de lo que entiendas por libertad.

-El descanso de uno mismo.

-En ese sentido, sí. Pero no sería tanto libertad como liberación.

-Hay en La herida en la lengua una referencia al episodio de Nietzsche con el caballo de Turín, y en otro poema un verso muy nietzscheano: “No nos enseñaron a desconfiar de los buenos”. ¿Cómo se puede aprender esto?

-La bondad a la que me refiero es la conformidad con un determinado código moral. Como cualquier valor moral -es decir, como valor de tribu- la bondad se concreta en determinadas pautas de convivencia, y si éstas no cuestionan se vuelven dogmas a los que hay que defender. Los buenos son los que comparten nuestros valores, nuestros juegos, nuestros saberes. Los buenos somos nosotros.

-Pero al hablar de los buenos me acordaba más bien de la advertencia que hacía Nietzsche contra los lobos que se disfrazan no de corderos, sino de pastores.

-Claro. Las películas de Hollywood nos han enseñado que los buenos son los vencedores. Y los vencedores son aquellos que mantienen el cerco territorial contra todo lo que es diferente, lo que viene de fuera. El otro, en definitiva. Los buenos somos los que estamos dentro de los límites, el prójimo es el próximo. El diferente es el que está fuera. La bondad, esta bondad de la que hablamos, fortalece esos límites. En nombre de la bondad se han infligido las mayores violencias.

-En el libro, los poemas más cercanos al yo son breves y aparecen fragmentados, casi silábicos. Los que abordan el nosotros, por el contrario, adoptan a menudo la prosa con una mayor intención lingüística. ¿Qué podemos concluir de esta correspondencia?

-El lenguaje acompaña. La verdad es que no lo había pensado así, no es premeditado. Pero en el libro ocurre. El lenguaje menguante está presente en los poemas más personales, y cuando el yo se abre al nosotros se hace más prosa. Pero es que la prosa es el lenguaje de la comunicación, donde los yoes se comunican. En lo que yo llamo el abajo no hay comunicación: la experiencia del abajo es un plano solitario, y hay que llevar eso a la superficie para que pueda comunicarse. La última parte del libro es una vuelta a la superficie, donde la comunicación se da. También se pierde algo, hay una simplificación de la experiencia cuando el abajo es infinito.

-¿Como un peaje inevitable?

-Sí. Toda expresión es una limitación y una pérdida.

La herida en la lengua incluye varias ilustraciones del artista David Escalona, con el que ha trabajado en varios proyectos. ¿Se siente tentada por la imagen como sustituta de la palabra?

-Sí. Ojalá supiese pintar. Es más amplio que la palabra, la palabra limita mucho más. La imagen me parece un camino más fácil, más inmediato. Pero con el dibujo me sucede algo extraño: durante un tiempo me puse a dibujar y lo que aparecía resultaba ser una premonición de algo terrible que iba a suceder y que finalmente sucedía. Desde entonces le tomé mucho miedo a dibujar. Pero sí que me habría gustado. Entiendo perfectamente a Michaux, a veces él se aferraba a la pintura como necesidad absoluta de una expresión más viva y más plena. La escritura no era suficiente ni correcta para lo que quería expresar.

-¿Y la música? Su obra es especialmente sonora al oído.

-Yo empecé a escribir cantando. Antes que poemas, escribí canciones, y últimamente he vuelto, más que a cantar, a entonar. Es distinto. El lugar de donde proviene la entonación es anterior, es un afuera. El canto tiene lugar ahí, en ese afuera. Y el que tiene acceso a ese lugar trae cosas anteriores, que hemos olvidado y que se traducen en esa entonación. El poema es ante todo una entonación a la que ponemos nombre a través de palabras. Y las palabras no siempre son justas, es más, casi nunca lo son. Pero es una manera de equivocarnos, no podemos evitar caer en el error si queremos comunicar.

-En alguna ocasión la he escuchado referirse a la poesía como algo distinto de la literatura.

-La poesía es literatura, el poema no.

-¿Y qué es, entonces, el poema?

-Hay una diferencia entre poesía y poema en cuanto a que la poesía es poiesis, una construcción. Es una técnica de la escritura, y como tal forma parte de los géneros literarios. Cualquiera puede hacer poesía, porque cualquiera puede aprender a hacer versos de cualquier asunto. Pero el poema necesita otra cosa, porque es otra cosa. El poema es algo que encuentras, no vas a buscarlo. Es como cuando vas un día de lluvia por el bosque y encuentras un caracol. Si coges el caracol y lo pones en tu mano sientes su traza húmeda. Pues bien, algo parecido a esto es un poema: lo encuentras y sientes una traza que luego queda luminosa cuando le da el sol. La baba del caracol es lo que queda del poema. No sé decirlo mejor, Derrida hablaba de un erizo, pero yo prefiero el caracol.

-Volviendo a La herida en la lengua: “Mientras tanto, Europa, la esclarecida Europa, / duerme como aquel monje su sueño de / trescientos años oyendo cantar a un pájaro. / Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla”. ¿Será peor despertar?

-Europa se ha inventado sobre todos los muertos y todos los crímenes, sobre todos los territorios expoliados. No hay una nación europea, creo, y si las hay son pocas y pequeñas, que no haya crecido a partir del expolio, de América, de África y de Asia. No hay un lugar en el mundo donde no se haya plantado la bandera de un país europeo, y nuestro bienestar se ha forjado sobre la miseria de los otros. Ahora, como última colonización, exportamos a los territorios que habíamos conquistado ese bienestar que los otros no pueden pagarse. Es terrible sentirse parte de esto, sentirse heredero de un expolio que mantiene todavía hoy unas consecuencias desastrosas. Porque no ha terminado. Más bien, todo lo contrario. De todas maneras, ni confío en el ser humano ni creo en su bondad. Respecto al ser humano, ya me queda muy poca compasión. Tan sólo del animal que hay en nosotros, que sigue habiendo, pero al que no hacemos caso ni recordamos. El animal que somos para bien.

Hospitalidad del arte. Yves Berger

11-chillida Dibujo de Eduardo Chillida

El libro Desde el taller (ver post anterior), es un delicioso libro de conversaciones entre John Berger, su hijo Yves, pintor, y el periodista literario Emmanuel Favre que les reúne en sus propios talleres ubicados en una pequeña aldea de la Alta Savoya francesa. Al filo de la conversación, Yves hace esta reflexión sobre la hospitalidad a partir de una pregunta del periodista en torno a la obra de arte pero que podríamos, hoy en día, extender facílmente hacia otros derroteros… Volver a repensar el arte en relación a la noción de hospitalidad en estos tiempos de intemperie… gesto de humildad y honestidad… siempre los hay afortunadamente…

EF: Los bordes de una imagen pueden constituir una defensa contra lo que los rodea y ofrecer un refugio a lo que está pintado. ¿No es también una forma de hospitalidad hacia la persona que mira?

YB: Soy muy sensible a esta noción de hospitalidad. La necesidad de compartir un trabajo debe hacerse con la mayor hospitalidad posible, por la razón evidente de que siempre se busca suscitar un encuentro con el espectador. Contrariamente a lo que se cree, estos encuentros no son tan frecuentes. Y ello hace que sean tan valiosos. Cuando no se da el encuentro, las cosas se rozan, pero no se reconocen. En cambio, cuando se da, nos hallamos ante un reconocimiento compartido, aunque pueda parecer extraño que un cuadro reconozca a alguien. Así pues, la hospitalidad consiste en disponer las condiciones necesarias para ese encuentro. Ahí reside toda la idea del montaje de una exposición de pintura: no colocar la obra por encima del espectador, situarla a su nivel para crear una relación de confianza. No se puede ver una pintura si no se está dispuesto a creer en lo que vemos. Por este motivo los encuentros son tan escasos o se dan con dificultad. Se prefiere explicar a la gente lo que se va a ver, en lugar de colocarla en la posición de creer en lo que ve por sí misma. Por eso las personas dicen que no saben nada de pintura o literatura. Se les sustrae esa parte de confianza previa a cualquier encuentro.

Desde el taller. Diálogo entre Yves y John Berger con Emmanuel Favre. Trad. Cristina Zelich. Editorial Gustavo Gili, 2015

Bajo la colina. John Berger

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Al escuchar hablar a los animales

Para nosotros, el tiempo no existe. Cuando estamos en algún lugar, el tiempo nos precede o nos sigue.

Muchos de entre nosotros caminan sobre la tierra. Caracol se pega a la tierra y la escucha. Mientras que Mosca camina sobre un instante. ¿Es necesario que repita? Mosca camina sobre un instante….

Ratón se parece a Canguro. Debido a las patas traseras. Tenemos distintas formas de reconocernos unos a otros. No captamos las mismas características que ellos.

Perro, de tanto vivir con ellos, es el animal del olvido. Cuando recupera un recuerdo, mueve la cola.

Puma estudia los ríos y escudriña el nivel del mar. Ha aprendido a deambular a contracorriente, en vez de dejarse llevar a la deriva.

Gallo es un político. Solo anuncios.

Caballo no actúa según su voluntad. Espera órdenes. Burro, por el contrario, ha conservado su determinación. Comparad sus hocicos.

Morsa y Elefante nacieron a la vez; uno en el agua, el otro entre los árboles. Rana es un salto en espera. Sin embargo, del mismo modo que Perro juega con una pelota. Rana está dispuesta a morir por amor.

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Nuestros cuerpos son túneles, laberintos bajo la colina cuya cima somos nosotros.

Vivimos con el miedo; pero no como ellos. El miedo es nuestro aliado.

Se comen a muchos de nosotros; a casi todos en épocas de hambruna. A pesar de todo, nos envidian. Sin duda, se trata de un ejemplo de su dicho: “Querer el oro y el morro”. La historia de las ciencias naturales describe, según ellos, un paraíso perdido. Para nosotros, el paraíso es sencillamente el próximo amanecer.

Viven instalados en el remordimiento y el miedo. Nosotros vivimos en alerta constante. De este modo, la mentira no nos sirve para nada. Utilizamos la astucia, sin olvidar jamás que se trata de astucia. Ellos se mienten a sí mismos. Es evidente que esta es la razón de la complejidad de sus lenguajes.

Más allá del hecho de que nos coman, nos utilizan para desplazarse. Los transportamos con todos sus bártulos. Por tierra e incluso, a veces, como en el caso de Jonás, bajo el mar. Pero les ofrecemos otro tipo de viaje mucho más importante. Nos cazan y nos observan. Cuando nos damos cuenta de ello, los seducimos. (Orfeo ha aprendido mucho de nosotros.) Entonces les convencemos para que nos sigan dentro de los túneles, bajo la colina. Esos túneles son nuestras aptitudes físicas; como nuestro sentido de la orientación, nuestro uso del camuflaje, del silencio, nuestro aguante, nuestra visión nocturna, nuestra previsión, nuestro sentido de la medida, nuestra capacidad para medir las distancias, para escuchar. De tanto estudiarnos, reconocen estas aptitudes, se las atribuyen y se dejan deslizar fuera de sí mismos, como somnámbulos.

Estos túneles, esos caminos posibles de nuestros cuerpos, son para ellos una especie de balizas, de faros en la oscuridad. Se convierten en somnámbulos y esto les permite ir al encuentro de otros universos, reencontrarse con los muertos y con aquellos aún no nacidos.

Les acompañamos bajo la colina. Los chamanes conocen nuestro periplo.

Tortuga lleva el mundo a cuestas, sin esperar nada a cambio.

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Un artículo y una entrevista con John Berger:

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=138

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=140

 

543420_10150312892759944_741355493_n  Imágenes de Jackie Morris

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