El arte de la tierra y de la sangre de Ana Mendieta: serie “Siluetas”

Para nutrir e irrigar nuestra reflexión y nuestras creaciones sobre y en el “exilio”, traigo la obra de la artista cubanoaméricana Ana Mendieta, sus trazas de cuerpo-huellas… sus sugerentes siluetas… cuerpo “almado” por medio del arte de la tierra, de la sangre, del fuego, el barro, la arena, el agua, lo vegetal, la piedra…

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Nacida en 1948 en La Havane, Cuba, Ana Mendieta fue enviada a los 12 años, con su hermana mayor, a un orfelinato nord-américano, en Iowa, durante la revolución castriste en 1961. Creció de casas de acogida en orfelinatos, y el exilio, la pérdida y la marginación como mujer y como hispana, configuraron su transgresora producción artística posterior. La artista cubanoaméricana consagrará su vida y una obra multifacética (performances, body art, vídeos, fotografías, dibujos, instalaciones y esculturas) a una búsqueda de los orígenes y de su identidad. Los temas en los que se volcó a lo largo de su carrera artística giran en torno al exilio, la naturaleza, lo espiritual, lo femenino.

Durante mucho tiempo, su obra quedó a la sombra de su marido, el escultor minimalista Carl André. Pero, de repente, resurgió el nombre de la artista como víctima de un trágico suceso: el 8 de septiembre de 1985, Ana Mendieta caía al vacío desde su apartamento de la 34ª planta de un edificio de Greenwich Village en Nueva York. ¿Accidente, asesinato o suicidio? Se sabía de las turbulencias de la pareja, de sus discusiones siempre violentas. Pero la duda persiste en cuanto a las causas del drama. Carl André fue exculpado después de tres años de juicio. Ana Mendieta tenía 37 años. Toda su obra es un intenso grito corporal.

De 1973 a 1980 realiza sa serie más famosa: “Siluetas”. Por medio de varias performances, Ana Mendieta entra literalmente en diálogo con la tierra, su silueta se integra en el paisaje: ofrecida al flujo de un río, abrazada a la caricia de una ola,  fundida con el tronco un árbol, vuelta llama, ahuecando su tumba, en la hierba y la paja, en la arena, la piedra o el barro. Del cuerpo sólo queda la traza. Parecen las huellas dejadas por una divinidad prehistórica, los restos de un culto primitivo. La artista siempre ha reconocido en esas obras, iniciadas en un decisivo viaje a Méjico, el recuerdo de su infancia en Cuba. “Es el sentimiento de magia, de conocimiento y de poder del arte primitivo que influencia mi actitud personal hacia el arte. A través de mi arte quiero expresar la inmediatez de la vida y la eternidad de la natura”. También con estas obras busca mitigar el dolor constante del exilio, que nunca llega a apaciguar a pesar de la obtención de la nacionalidad americana en 1971. Su arte fue un rito compensatorio de su desgarramiento interior. En sus intentos de fusión con la tierra, es también esa herida la que la artista intenta reparar. Vuelve a esa forma de paganismo que se encuentra en los cultos de la santería cubana próximos al vaudú: “Mi arte se basa en la creencia en una energía universal que lo atraviesa todo, desde el insecto hasta el ser humano, desde el ser humano hasta el espectro, desde el espectro hasta la planta, desde la planta hasta la galaxia” resume la artista en sus escritos personales. “Mis obras son las venas de irrigación de ese fluido universal. A través de ellas asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan el mundo. No existe un pasado original que se deba redimir: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo, la búsqueda del origen.

https://orbitadiversa.wordpress.com/2015/04/09/ana-mendieta-arte-y-feminismo/

http://colaboracionum2013.blogspot.com.es/2013/05/ana-mendieta.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Mendieta

Feu clic per accedir a Lynda-Avendanio_Ana-Mendieta.pdf

 

Las horas. Stephen Daldry

–¿Qué pasa cuando morimos?
–¿Qué pasa? Volvemos al lugar de donde venimos.
– No recuerdo de dónde vengo.
– Yo tampoco.
– Ella se ve muy pequeñita.
– Sí. Es una de las cosas que ocurren, nos vemos más pequeños.
– Pero muy apacible.

“Querido Leonard, mirar la vida a la cara… siempre, hay que mirarla a la cara. Y conocerla por lo que es… así podrás conocerla, quererla, por lo que es… y luego, guardarla dentro. Leonard, guardaré los años que compartimos, guardaré esos años, siempre. Y el amor. Siempre. Y las horas…”

Las horas (The Hours), 2002, Estados Unidos. Director: Stephen Daldry. Guión: David Hare (Novela: Michael Cunningham). Música: Philip Glass. Fotografía: Seamus McGarvey. Reparto: Meryl Streep,  Julianne Moore,  Nicole Kidman,  Ed Harris,  Toni Collette,  Claire DanesAllison Janney,  Miranda Richardson,  Jeff Daniels,  Eileen Atkins,  Stephen DillaneJohn C. Reilly,  Daniel Brocklebank. Productora: Paramount Pictures / Miramax

Sinopsis: Historia de tres mujeres de épocas diferentes que tratan de encontrarle un sentido a la vida. A principios de los años 20, Virginia Woolf, en un elegante barrio de Londres, lucha contra su locura mientras empieza a escribir su primera gran novela: “Mrs. Dalloway”. En los años 50, en Los Ángeles, a Laura Brown, una mujer casada y con hijos, la lectura de “Mrs. Dalloway” le resulta tan reveladora que empieza a considerar la posibilidad de cambiar radicalmente su vida. En Nueva York, Clarissa Vaughan, una versión actual de “Mrs. Dalloway”, está enamorada de su amigo Richard, un brillante poeta enfermo de SIDA. (FILMAFFINITY)

https://es.wikipedia.org/wiki/Las_horas

Banda sonora completa de Philip Glass

 

Llamadme por mis verdaderos nombres. Thích Nhất Hạnh

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No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente; estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando para reír y para llorar,
para temer y para esperar.
El ritmo de mi corazón en el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto que se metamorfosea
en la superficie del río.
Y soy el pájaro que se precipita para tragarlo.

Soy una rana que nada feliz
en las aguas claras del estanque.
Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
mis piernas son tan delgadas como cañas de bambú.
Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.
Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.
Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que hace florecer las flores de la tierra entera.
Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres, os lo ruego,
para poder despertar
y que la puerta de mi corazón
pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Este poema da título a la obra Llamadme por mis verdaderos nombres, editada por La Llave, 2001. Traductor: Alfonso Colodrón.

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Thích Nhất Hạnh es un monje budista vietnamita nacido en la región de Vietnam Central el 11 de Octubre de 1926. Durante la guerra de Vietnam trabajó sin descanso por la reconciliación entre el Norte y el Sur. Sus innumerables esfuerzos por esa causa motivaron que Martin Luther King Jr. lo nominara para el Premio Nobel de la Paz en 1967. Refugiado político en Francia desde 1972, por su combate pacífico empezado durante la guerra de Vietnam, vive en el exilio en una pequeña comunidad de Francia llamada Plum Village, donde imparte sus enseñanzas, escribe, y trabaja por la ayuda a los refugiados de todo el mundo. Ha liderado retiros de conciencia en Europa y America del Norte ayudando a veteranos, niños, ecologistas, psicoterapeutas, artistas y a todo aquel que busca pacificar tanto su entorno como su corazón.

https://tnhspain.org/thich-nhat-hanh/

https://es.wikipedia.org/wiki/Th%C3%ADch_Nhất_Hạnh

 

La risa, señores, es un arma defensiva. Chantal Maillard

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Louis-Léopold Boilly (1761-1845), Reunión de 35 cabezas expresivas (Reunión de trente-cinq têtes d’expression), 1825. MUba Eugène Leroy, Musée des Beaux-Arts, Tourcoing

[…] Quienes hablamos públicamente de derechos de los animales en este país lo hacemos, hay que decirlo, con cierto miedo al ridículo, con temor a que se nos juzgue culpables de una terrible infracción de la lógica, la moralidad y el sentido común: ¿cómo vamos equiparar los animales con los seres humanos?

La risa, señores, es un arma defensiva. Un residuo del gesto de enseñar los dientes, como decía Darwin. Se ridiculiza para neutralizar, por evitar algún daño, alguna brecha en las murallas. ¿Por qué se sentirá ofendido el individuo humano cuando se le equipara a un animal? Porque los considera inferiores. La inferioridad es una noción sumamente útil: justifica la utilización e, incluso, el exterminio. Hasta hace poco, los occidentales consideraron inferiores a las personas de otras etnias. Ni los pueblos andinos eran seres humanos (como se decretó en Valladolid a mediados del XVI), ni los esclavos africanos de América tenían alma. Tampoco se estaba seguro de que la tuviesen las mujeres hasta bien entrado el siglo XIX. Y aunque eso de tener alma pueda resultarnos a algunos bastante poco relevante, el caso es que marcaba una diferencia lo suficientemente significativa como para evitar que a un sector de la población se le pudiese considerar “sujeto”, es decir, un “semejante”, un ser con conciencia de sí al que nadie puede agredir o violentar sin ser inculpado (recordemos: desde la ética del “semejante” no hay crueldad ni criminalidad salvo con el “próximo”). El “alma” fue algo tan necesario para el capitalismo (después de serlo para los latifundios eclesiásticos) como el flogisto lo fue para la ciencia del XVII o la sustancia invisible para los aristotélicos medievales que condenaron a Galileo[1].

La inferioridad es un requisito conceptual para la dominación. Y se sustenta sobre una serie de comparaciones. En el caso de los animales, éstas se establecieron en Occidente de acuerdo con el dictado bíblico: “Creced y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo, como decía Kundera). Las justificaciones comparativas fueron formulándose ad hoc, como la existencia del flogisto, para probar algo que había sido decretado de antemano. La semejanza o la desemejanza que validan el aprecio o el desprecio que podamos tenerle a un animal se siguen midiendo desde entonces acorde con valores incuestionables e incuestionablemente antropocéntricos (que si es o no capaz de reír, o de jugar, o de fingir que finge, que si un simio puede efectuar operaciones matemáticas, que si un elefante encuentra placer en pintar, que si el silbido de los delfines es identitario, que si el ADN de la mosca del vinagre se diferencia del humano sólo en un gen…¡vaya, aquí se nos ha colado una observación interesante!) que remiten a la identidad-sujeto con que el individuo humano pretende distinguirse. Si conseguimos probar que un animal tiene conciencia de sí, esto le hará digno de respeto y tal vez incluso merecedor de ciertos derechos. Porque tener conciencia de sí es ser sujeto y sin sujeto, no hay derecho que valga. El “semejante”, de nuevo.

La cuestión, en realidad, no es tanto la evidente ingenuidad con que establecemos este tipo de comparaciones como el esquema que invita a establecerlas: un esquema jerárquico bifocal e infantil: arriba y abajo, superior-inferior. Tenemos, indudablemente, una extraña propensión a verticalidad. Hay otras maneras, no obstante, de proceder. Cabe pensar otros modelos en los que no se proceda ni por derivación (evolucionismo) ni por comparación y equivalencias (estructuralismo). Dentro de un marco realmente ético (que no moral, es distinto), el respeto no se obtiene de acuerdo con el lugar que se ocupe, mayor cuanto más cerca se esté de la cúspide, sino por el hecho de ser lo que se es, y siéndolo plenamente.

No puedo dejar de sorprenderme ante la poca amplitud de nuestro marco de indignación. Admiro demasiado las virtudes del animal perdido en mí y deploro demasiado las macabras inclinaciones del animal humano y la falta de coherencia de una racionalidad que, teniendo la lógica (y por lo tanto la justicia) por fundamento se empeña en proteger a ultranza la propia especie en detrimento de las demás y, consecuentemente, de la suya propia. No me siento superior a ningún ser por el hecho de formar parte de una especie que ha desarrollado su capacidad intelectual a expensas de la noción sistémica que a todo animal pertenece.

Nada es independiente. No puede destruirse una especie sin que la cadena entera padezca las consecuencias y, cuando esto ocurre, también peligra la supervivencia de la especie humana, lo cual es lamentablemente para muchos la única razón del cuidado que habríamos de tener para con el planeta y la única que nos libra, a quienes hablamos de ello, de ver alzarse algunos hombros o dirigírsenos sonrisas complacientes. Razón de especie que remite al cerco limitado de nuestro territorio y sitúa la aplicación de la justicia en el espacio exiguo de nuestra balanza. Así de estrecho es nuestro marco[2].

¿Será demasiado amplio el sentido de la equidad desde el que pudiera entenderse que el derecho a la vida, a la libertad y al territorio de supervivencia no nos concierne tan sólo a los seres humanos?

La muy antigua fórmula de reciprocidad compartida por tantas tradiciones: “no le hagas a los demás lo que no quisieras para ti” podría volver a pensarse desde la ética del “semejante” pues, ¿quienes son “los demás”? Tanto en el Talmud como en el libro de Tobías se trata de los demás hombres, por supuesto. Confucio era bien explícito al respecto: “lo que no desees que te hagan a ti, no lo hagas a los demás hombres“. La ética del Buddha, en cambio, era más abarcante: “Todos los seres vivos desean la felicidad. Todos temen la muerte. Comparándonos con los demás deberíamos abstenernos de herir o de matar”. ¿Será que el budismo no piensa dentro de los parámetros de la equivalencia lógica? No, sigue siendo una equivalencia, sólo que aquí la semejanza no se mide atendiendo al rostro (ese rostro capaz de responder, como diría Derrida) sino atendiendo a algo más radical: la condena a morir y el temor al sufrimiento y a la muerte.

Haber nacido, haber aparecido, haber caído al tiempo, por un tiempo, desde el abismo de la no-vida merece, por el sufrimiento que de hecho implica, el respeto del morituri te salutant. Y el sufrimiento añadido que, en los seres humanos, deriva de su capacidad de anticipar el declinar irremediable, la conciencia del acaecer, la caída, y su rechazo no nos hace más dignos de respeto que cualquier otro ser, tan sólo nos hace más desdichados.

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[1] Ref. en Chalmers, A.: Qué es esa cosa llamada ciencia, Siglo XXI, 1984, p. 77-78.

[2] Ha de quedar claro que la afirmación de la superioridad del ser humano sobre los demás no es propia de todas las culturas, lo es, ante todo, del individuo tecnocrático que habiendo dejado de poner su tekné al servicio de la supervivencia la pone al servicio del beneficio. Esto es lo que distingue las sociedades, fundamentalmente agrarias, basadas en el principio de subsistencia de aquellas otras basadas en el principio de productividad. El concepto, occidental y patriarcal, de la naturaleza como recurso explotable, productivo, inferior y dominable, es algo que no puede desvincularse de la tradición judeo-cristiana.


Texto extraído del articulo de Chantal Maillard, ‘Indignación’, publicado en Indignación y rebeldía, F.Duque y L.Cadahia (eds.), Abada, Madrid, 2013. El texto que recogemos es un fragmento de la segunda parte del artículo: II. El “semejante”, ligeramente ampliado respecto a la publicación que salió esta semana en el diario: http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/risa-senores-arma-defensiva_6_505759424.html. Procuraremos desde esta madriguera lobuna ir subiendo la totalidad de este artículo que espolea una reflexión y llama a un despertar, ambos ineludibles si decidimos finalmente, en lugar de expoliar, crecer sin medida y seguir alimentando un sistema injusto e irrespetuoso, “alinear nuestra inteligencia con la inteligencia de la naturaleza”, tal como lo solicitaba Joseph Beuys.


Cemetery of Splendour. Apichatpong Weerasethakul

Cemetery of Splendour

Se acaba de estrenar en las salas españolas Cemetery of Splendour, la última película de Apichatpong Weerasethakul. Un verdadero hechizo en el que el director tailandés, sumergiéndonos en imágenes oníricas, fascinantes, magnéticas, explora la luz y el tiempo en una exquisita concordancia de forma y fondo. De la mano de sus protagonistas –especialmente de la de Jenrija, una voluntaria que acude al hospital para cuidar a uno de los soldados que no tiene ningún pariente–, vamos deslizándonos entre el mundo “ordinario” y otros mundos. Escenarios y encuadres muy cuidados revelan múltiples dimensiones del tiempo plegadas sobre un espacio a su vez laminado: un hospital ocasional, donde 27 soldados aquejados de una enfermedad del sueño son custodiados por unas hipnóticas máquinas luminescentes, reemplaza una antigua escuela abandonada, que a su vez fue construida sobre el “cementerio de reyes” del palacio de la antigua ciudad Khon Kaen, tal vez la clave del misterio del estupor narcoléptico que padecen los soldados tailandeses…
Este presentimiento de una superposición de las funciones de estos edificios discretos en el tiempo funcionan como una metonimia del enterramiento de las historias de las personas, una supresión auspiciada por los recesos oscuros de los sueños, las pesadillas y el mundo de sus fantasmas…” escribe Daniel Kasman en su crítica. http://www.elumiere.net/exclusivo_web/Cannes15/01_web/13_cannes2015_Apichatpong.php

El film de Apichatpong Weerasethakul promueve la empatía, la comunión, el silencio de la escucha, el delicado cuidado del otro. El espectador es invitado a perderse en el objeto de su contemplación. “Les recomiendo que se dejen llevar, decía el director en la presentación de su película en el Festival Internacional de Cine de Gijón 2016, olvídense de las reglas del cine comercial, imaginen que asisten por primera vez a una proyección cinematográfica. No me molestaría que incluso se durmieran, en serio, tal vez un estado alternado de somnolencia y vigilia sea la forma más natural de ver la película: asociar los sueños con la realidad resultaría una experiencia fantástica”. Y doy fe: así lo experimenté: a ratos somnolé. En esa alternancia de somnolencia y vigilia, las palabras y las imágenes del film habitaron, como una ola, el hueco que apareció al retirarse la atención despierta. Aconteció un extraño traspase entre el film y mi mente de espectadora, como un fundido, como un plegarse una dentro del otro. Fue una experiencia desacostumbrada y, en ello, extra-ordinaria: el film de Apichatpong me miró a mí al menos tanto, o más, como yo a él. Tal vez por eso, a pesar (¿?) de su trasfondo triste y oscuro siempre latente, la película resultó ser un ejercicio terapéutico, como si Apichatpong estuviese masajeando mi alma, el alma de todos. La máquina hipnótica del cine para ir a otra parte. Una forma de hipnosis que nos hace bien. Un modo de estar despierto en el laberinto del sueño. Una manera de dormir con los ojos bien abiertos. Una práctica de meditación para despertar del letargo en el que estamos sumidos. “Dime lo que ves”.


Cemetery of Splendour (Título original Rak ti Khon Kaen), Tailandia, 2015. Director y guión: Apichatpong Weerasethakul. Fotografía: Diego García. Reparto: Jenjira Pongpas,  Banlop Lomnoi,  Jarinpattra Rueangram,  Petcharat ChaiburiTawatchai Buawat,  Sakda Kaewbuadee,  Sujittraporn Wongsrikeaw,  Bhattaratorn Senkraigul,  Pongsadhorn Lertsukon,  Apinya Unphanlam,  Sasipim PiwanseneeProductora: Coproducción Tailandia-México-Gran Bretaña-Francia-Alemania-Malasia; Kick the Machine / Detalle Films.

A propósito de su manera de entender el cine, Apichatpong dice (ver enlace entrevista completa): “El medio cinematográfico es joven y limitado. Creo que podemos ir mucho más lejos a la hora de entender cómo funciona nuestro cerebro. El ritmo es más importante que la historia. A veces, en el montaje desorganizo toda la película para seguir ese principio. Veo las películas no tanto como una narrativa sino como capas de instantes. Eso no tiene nada que ver con Hollywood. Me sorprende mucho la estructura tan rígida de los guiones americanos. No entiendo por qué seguimos esas normas, es muy estúpido. Está demasiado pegado a la literatura y al drama. El cine no es eso, el cine es libertad. No depende del texto. No es cemento, es luz. Espero que el cine progrese de una manera más rápida de lo que lo ha hecho hasta ahora.” http://www.elcultural.com/revista/cine/Apichatpong-Weerasethakul-Mi-carrera-es-una-exploracion-de-la-luz-y-del-tiempo/37914

Si a alguien le apeteciera adentrarse más en la obra del cineasta, dejo aquí las grabaciones íntegras –¡idóneas para una noche de insomnio!– de la Master Class titulada “Delirium”, ofrecida por el realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul el día 12 de noviembre de 2010 en el Malba (Buenos Aires) en la que recorre su filmografía:

 

 

Animaliz-arte: Chiapra de Chiara Mulas

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CHIAPRA es una contracción entre 2 palabras:
« Chiara », el nombre de la artista, y « capra », cabra en italiano.

Video-instalación-fotos constituída de 11 impresiones numéricas N/B (formato 70×100) y 9 impresiones numéricas N/B (formato 90×100). Vídeo de 1 min. Trabajo realizado en colaboración con la ciudad de Samugheo (Cerdeña) Gigi Deidda, Tonino Musu y el fotógrafo Enrico Lai. Samugheo-Cerdaña 2000.

¿Es teatro, danza, performance, puesta en escena cruda? La obra de Chiara Mulas, mezcla de respeto por lo sagrado y de provocación tajante, es inclasificable y natural como el misterio femenino mismo. De ello, surge una extraña belleza, frontal, franca, fronteriza. Salvaje.

Mirad el diaporama de esta obra en su web:

http://chiaramulas.fr/chiapra/#Diaporama

La artista, Chiara Mulas, escribe: “En esta acción, me visto con el traje chamánico de “s’Urzu”, divinidad mitad-hombre mitad-macho cabrío, protagonista central de las ceremonias dionisiácas que tienen lugar durante el carnaval tradicional de Samugheo. Este personaje, travestido en macho cabrío, es el superviviente decisivo de ciertos rituales neolíticos de la cuenca mediterránea.

He querido mostrar una transfiguración morfológica revelando la frágil frontera entre lo humano y lo animal. Aquí, el animal es un intermediario, un médium para entrar en contacto con lo divino.

Los espíritus aliados del chaman son zoomorfos. En su danza extática, el hombre de las visiones toma su aspecto para, llegado el momento, emprender su “viaje”. Abandonando así sus límites humanos, accede al mundo trascendental. 

Mi acción viene acompañada por una música de trance, tocada por los tambores de mi pueblo y ritmada por las campanas típicas de los portadores de máscaras de animales de Cerdeña.” 


Chiara Mula

Chiara Mulas nace a Gavoi, en Cerdeña, Italia, y se gradua en la Academia de Bellas Artes de Bolonia. Es una de las artistas más inventiva y representativa del “arte-acción” del siglo XXI. Fotógrafa, curandera, bruja, médium, despertadora de vida, antropóloga directa, realizadora, performante, nada escapa al despliegue del compromiso artístico de esta artista revolucionaria. En el cruce entre el cine-verdad, la ficción, y el corto metraje, sus vídeos evocan una dimensión onírica, simbólica, poética, atemporal, que son respuestas a las preguntas planteadas por nuestra época.

Mediante actos poéticos deslumbrantes, pone en escena mitos y símbolos del Mediterráneo necesarios a nuestros días. A través de los acontecimientos y tragedias de nuestra sociedad, Chiara Mulas inventa una lengua y una poética escénica determinantes en el campo de la performance. Su arte, profundamente mediterráneo, habla al universo desde su pueblo de la Barbaría en Cerdeña. Es en la evocación de este pasado y de sus tradiciones siempre vivas desde los tiempos neolíticos, que Chiara Mulas hunde las agudas manos de su modernidad. Tradiciones, relatos ancestrales, oraciones son re-visitadas por su práctica subversiva y, con una nueva luz, iluminan nuestra historia.

La amplitud de la temática de sus actuaciones y de sus campos de aplicaciones se puede ver con algunos ejemplos sacados de su obra comprometida: Homenaje a Pasolini, Escritos desde la cárcel de Gramsci, rituales situacionistas para Guy Debord, lucha contra la Faida que atraviesa su isla, poemas de acción realizados con el poeta Serge Pey, denuncia de la contaminación del Mediterráneo por los trusts petroquímicos, sus espléndidas evocaciones de la Pachamama, su exploración de la gruta prehistórica del Mas d’Azil, sus ex-voto vivos para los mártires de la inmigración de la isla de Lampedusa… Sus cortos metrajes, s’ Accabadora, Pentuma, Barbagia, Ruviu-Biancu-Nigheddu, Agnus Day… –poemas visuales que integra en sus performances– evocan los rituales de la muerte en Cerdaña. Es en este choque entre tradición y modernidad que Chiara Mulas construye una obra atrevida, subversiva, libre.

http://chiaramulas.fr/#Biographie

 

 

 

Nowhere, de Dimitri Papaoiannou. Escena central dedicada a Pina Bausch

NOWHERE (En ninguna parte) ha sido creado por Dimitris Papaioannou en 2009 para inaugurar el escenario principal del renovado teatro nacional –Main Stage of the Greek National Theatre– en Atenas. El coreógrafo explora la naturaleza del escenario teatral en sí que, continuamente transformado y redefinido por la presencia humana, puede ser innumerables lugares distintos aunque se diseñó, sin embargo, para ser ninguno de ellos, un no-lugar.

Sin sonido y con la tremenda potencia de 26 cuerpos que se mueven como una sola ola, esta escena central de la obra está dedicada a la memoria de Pina Bausch.

dimitrispapaioannou.com

 

“La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión”. Nawal el Saadawi

Nawal el Saadawi_MARWAN NAAMANI (AFP)

Nawal el Saadawi.  Foto: Marwan Naamani (AFP)

Rescato esta entrevista del 7 marzo 2011 en El País. Nawal El-Saadawi estará en el Encuentro de Escritores del Mediterráneo el 28, 29,30 abril 2016 en Granada invitada por la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo:

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Entrevista de GEORGINA HIGUERAS | MADRID

Nawal El-Saadawi, feminista, psiquiatra, escritora y activista egipcia, tiene 79 años y una actividad alucinante. La entrevista se realiza por teléfono durante su viaje a Oslo la semana pasada. Ahora se encuentra Nueva York y el próximo día 26 llega a España para participar en las jornadas de Mujeres en Segovia. Nawal el Saadawi es la principal feminista árabe y la primera en denunciar la castración de las mujeres. Sus críticas acerbas a las leyes y a la interpretación del islam que institucionalizaban el patriarcado represivo que impedía crecer a las mujeres la llevaron a perder todos sus puestos en la sanidad pública de su país, a la cárcel y posteriormente al exilio. Hoy, tras participar en las revueltas de la plaza de Tahrir, que acabaron con 30 años de dictadura de Hosni Mubarak , se siente más esperanzada que nunca: “Es el momento de la mujer egipcia”, dice feliz.

Pregunta. ¿Qué significado tiene la revolución de Tahrir para la mujer?

Respuesta. Muchísimo. Por primera vez, las mujeres y los hombres de Egipto han sido iguales. Mujeres de todas las edades y clases estuvieron en la plaza de Tahrir, incluso madres con niños de pecho durmieron en la plaza.

P. ¿Usted fue a la plaza?

R. Por supuesto. Desde el principio; muchos días. Ahora estaré unas semanas fuera de Egipto, pero cuando regrese volveré a Tahrir todas las veces que sea necesario hasta que ganemos.

P. ¿Qué espera en concreto?

R. Deberían de habernos incluido en el comité para la reforma de la Constitución. Nombraron a ocho hombres y ninguna mujer, por ello estamos organizando una marcha de un millón de mujeres para el martes (hoy) en El Cairo y confiamos en recibir el apoyo de las mujeres en España.

P. ¿Cuál es la consigna de la marcha?

R. Que todos los comités e instituciones del nuevo Egipto deben de contar con mujeres. Se ha acabado eso de que solo sean hombres los que deciden.

P. ¿Teme que después de la revolución todo quede igual que antes?

R. No, ya hemos conseguido que caiga Mubarak y algunos de sus hombres, pero el problema de las mujeres es crónico y está enraizado en el patriarcado y la religión. Por eso pedimos una Constitución secular, un código familiar secular y un Estado secular separado de la religión. Las mujeres han muerto en Tahrir igual que los hombres y tienen que tenernos en cuenta.

P. ¿Está de acuerdo con las reformas constitucionales que ha hecho ese comité, que deberán votarse el próximo día 19?

R. Era un comité muy tradicional. Solo ha hecho pequeños cambios. Nuestra marcha es para exigir el cambio radical que las egipcias necesitan.

P. ¿No será contraproducente exigir tanto?

R. No vamos a aceptar la discriminación otra vez después de haber participado en la revolución. Tenemos que rebelarnos y luchar por nuestros derechos. No tenemos miedo de perder nada, porque no tenemos nada excepto nuestra alma.

P. ¿Por qué estalló la revolución?

R. Por acumulación de la opresión y de la corrupción. El régimen era tan corrupto que se hizo insoportable.

P. ¿Qué papel desempeñó la mujer?

R. Todos, incluida la muerte. Estuvimos allí desde el principio, dispuestas a todo y sin diferencias con los hombres.

P. ¿Esperaba algo así?

R. Soñé con esto desde que tenía 10 años, lo que quiere decir que llevaba 70 años esperando. No me sorprendió porque llevaba toda la vida luchando por ello, pero la irrupción fue sorprendente. Estoy feliz de haber llegado viva a la revolución.

P. ¿Pensaba que las egipcias serían tan activas?

R. A mi casa vienen muchos jóvenes, hombres y mujeres, a los que interesan mis libros; progresistas con los que debato distintos temas, pero ninguno creíamos que millones de egipcios tomarían las calles. Son más de seis millones los que en un momento u otro han estado en Tahrir.

P. ¿Piensa que esto es el despertar de la mujer egipcia?

R. Si, de las mujeres y de los hombres porque no podemos separar a unas de otros. La mujer no puede liberarse si el hombre no está liberado, de la misma forma en que el hombre no se puede liberar sin que la mujer se libere y todos necesitan un país libre.

P. ¿Cómo está organizando la Marcha del Millón de Mujeres?

R. En realidad la idea partió de un grupo de hombres jóvenes y progresistas, que tienen acceso a twitter, facebook y otras redes sociales. Se organizó en mi casa. Somos un grupo en el que trabajamos hombres y mujeres.

P. ¿Volverá a El Cairo para la manifestación?

R. No, no soy indispensable. Tenemos un liderazgo colectivo y son especialmente los jóvenes los que deben de encabezar la marcha. Yo voy detrás, soy su respaldo. Dicen que soy la madrina, la madre espiritual de la revolución.

P. ¿Cuál es la situación de la mujer egipcia en la actualidad?

R. Hay mucha discriminación. Todavía tenemos poligamia y queremos abolirla, además el hombre puede divorciarse sin que se tenga en cuenta para nada a la esposa.

P. ¿La Constitución respalda la poligamia?

R. Sí, porque dice que el Código Familiar no puede contradecir la sharia (ley islámica) y la sharia permite la poligamia. Egipto tiene uno de los códigos familiares más atrasados del mundo árabe.

P. ¿Por eso quería que hubiese mujeres en el comité para la reforma constitucional?

R. Claro. Mujeres y hombres jóvenes porque pusieron a hombres tradicionales y religiosos. Tendrían que haber sido hombres y mujeres seculares.

P. ¿Considera que la elaboración de una nueva Constitución será el principal logro de la revolución?

R. Sí. Si tenemos una Constitución radicalmente secular y hombres y mujeres, cristianos y musulmanes son iguales será una gran contribución frente al Estado tradicional. El secularismo es fundamental para una democracia auténtica. En los cambios realizados estos días han seguido manteniendo que Artículo 2 que dice que el islam es la religión de Egipto y eso debe de desaparecer.

P. ¿Cree que la discriminación tiene un origen religioso?

R. Sí. La religión es una ideología política y tenemos que separar religión y política. La mujer no puede liberarse bajo ninguna religión, ni cristianismo, ni judaísmo ni islamismo, porque las mujeres son inferiores en todas las religiones.

P. ¿No le parece que este argumento es demasiado radical para Egipto?

R. No. Cuando estaba en Tahrir me encontré a mucha gente que lo compartía. Muchos jóvenes progresistas, incluidos muchos hombres de la nueva generación de los Hermanos Musulmanes.

P. ¿Teme que el nuevo Egipto pueda quedar bajo el control de los Hermanos Musulmanes?

R. No. Tengo miedo de Estados Unidos e Israel porque ellos serán los que traigan a los Hermanos Musulmanes. Estuve en Irán al principio de la revolución de 1979. La revolución iraní al principio fue secular y socialista pero EEUU se sintió amenazado por una revolución socialista e impulsó su aborto. Jomeini llegó a Irán de la mano de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Ellos preferían una revolución religiosa antes que una socialista. El socialismo es el auténtico enemigo del capitalismo. En Egipto ha sucedido igual; de repente llevaron a Tahrir a un respetado clérigo (Yusef el Karadawi, de 84 años y exiliado en Catar) para que hablara en la plaza. Nosotros estamos en contra de esto, pero no tememos a los Hermanos Musulmanes porque son una minoría.

P. ¿Qué le pediría al nuevo Gobierno?

R. Lograr la destitución de Ahmed Shafik (nombrado primer ministro en los últimos días de Mubarak) también ha sido un logro de Tahrir. Confiamos en que el nuevo jefe de Gobierno Essam Sharaf apoye la creación de un consejo presidencial formado por hombres y mujeres honestos que, de forma transitoria, ejerza el poder que ahora tienen los militares y que sin prisa -porque hace falta que se formen los nuevos partidos- organice unas elecciones libres y la redacción de una nueva Constitución secular.

P. ¿Confía en la voluntad democratizadora del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que ahora dirige Egipto?

R. No es una cuestión de confianza sino de poder. Si los manifestantes se van ahora a sus casas y el pueblo no vuelve a hablar, los militares harán lo mismo que el régimen de Mubarak. Si el poder no ejerce su poder, sin no hay un Parlamento al que rendir cuentas, Egipto y en cualquier otro país del mundo caerá en una dictadura. El pueblo que ejercer su poder. Si los militares no cumplen los compromisos adquiridos con el pueblo, volveremos a Tahrir. Esto es una revolución.

P. ¿Y usted cree en la revolución?

R. Sí, la revolución no ha acabado. Seguiremos en Tahrir hasta que cumplan.

P. ¿Cree que el nuevo Egipto ha tenido un buen comienzo?

R. Sí, está lleno de esperanza y la esperanza es poder.


http://sociedad.elpais.com/sociedad/2011/03/07/actualidad/1299452411_850215.html?id_externo_rsoc=FB_CC


http://www.tresculturas.org/noticia/tres-festival-voces-del-mediterraneo-la-gran-cita-literaria-esta-primavera/

 

Animaliz-arte: Hieronymus Bosch

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Tráiler del documental “El Bosco, el jardín de los sueños”, coproducido por el Museo Nacional del Prado

Dirigido por José Luis López Linares, galardonado con tres premios Goya y nominado a los Emmy, este largometraje documental de 90 minutos se estrenará en las salas de cine coincidiendo con la apertura por parte del Museo del Prado de “El Bosco. La exposición del Centenario”, la muestra más importante organizada nunca en torno al artista con la que el Prado conmemorará el V centenario de su muerte.

En 2016 se cumplen 500 años de la muerte de El Bosco. Es casi el único dato sobre el autor de “El jardín de las delicias” al que podemos poner fecha precisa. “El Bosco, el jardín de los sueños” es una película sobre su cuadro más importante, y uno de los cuadros más icónicos del mundo: El jardín de las delicias.

https://www.museodelprado.es/actualidad/noticia/el-museo-del-prado-presenta-el-trailer-del/412ed6ba-bae7-4b4c-8fba-1ebc3f3cc7ab


 

Lo que somos. Lo que olvidamos. Chantal Maillard

Reflets d'eau ou oiseaux_foto Christine Arnaud


Cuando la mirada ha perdido la capacidad de ensancharse es fácil que se empiece a vivir según las ideas. La cura, sin embargo, no está fuera de alcance. Basta con volverse hacia el propio interior y escuchar. Al principio no oiremos nada, por la sencilla razón de que estamos inmersos en el discurso mental, identificados con él y con sus significaciones. El lenguaje nos envuelve como una segunda naturaleza, nos confundimos con él, y es tan difícil desasirse de él como mudar la propia piel. En un primer momento se hace necesario una cierta vocación de serpiente. Puede hacerse uso, entonces, de esta bien aprendida lección de objetividad que nuestra cultura nos brinda, aplicando el distanciamiento a lo que suponemos ser nuestro propio interior. Al abrirse la distancia, si el yo-observador se mantiene bien atento, agazapado en el margen, el discurso aparecerá como un zumbido de palabras. Oirá cómo los significados se tensan, invitando a la participación. Será preciso mantenerse alerta, resistiéndose a ello. Con el distanciamiento de las palabras empezará entonces a abrirse el espacio de silencio en el que podrá darse la escucha.

Recibir el mundo estéticamente, o poéticamente, es ser artista. Artista es aquel que sabe ensanchar la mirada y sabe escuchar, es aquel que sabe crear ese espacio interior en el que la realidad –la propia y la del mundo– acude en estado naciente, pues la realidad siempre está aconteciendo y su manera de darse a la conciencia es el aparecer. Artista es aquel que asiste al nacimiento eterno de las cosas y que, a veces, sabe mostrarlo. Artista es aquel que, en breves momentos, se desposee y, perdiéndose en la danza de lo viviente, alcanza la inmortalidad del universo. […] El artista es aquel que sabe salirse de sí. Salirse de sí: olvidarse a sí mismo, olvidarme del , olvidarme de que “yo” soy frente a lo otro. Y, curiosamente, en ese olvido de sí, en esa pérdida, lo que se recupera es esa extraña sensación de unidad, trascendidas todas las diferencias.

El piel roja, indudablemente, era un poeta. “No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos”, decía, “no hay ningún lugar donde pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos”. El piel roja adquiere su conocimiento por participación, unidos el sentir y la razón. Todos hemos sido poeta alguna vez, cuando el tiempo no era algo que hubiera que llenar sino el arco que describe el sol, el astro-luz que sigue cumpliendo su círculo bajo el sueño. Todo niño ha conocido esa sensación de pertenecer al acontecer, cuando la responsabilidad del tiempo concreto era de los adultos, ellos, los que sabían cómo enseñarte a morir poquito a poco, con precisión, metódicamente.

La ecología es el discurso de lo que se ha retraído, y ese discurso es “arte”, “literatura”, “escritura” en general. Lo que se ha retraído es el conocimiento del movimiento circular, del cumplimiento de nuestra órbita universal, el íntimo sentir de la conjunción de la vida y la muerte en el gesto, un gesto cíclico que no nos pertenece y que conforma el universo. […]

Lo que se ha retraído no es, en definitiva, lo propio de cada cual a diferencia de los otros, sino aquello que por ser precisamente lo más común no puede ser comunicado, pues donde no hay distancia no hay espacio para la comunicación. Aún así, estamos a punto de perder, para nosotros mismos, aquel último reducto. Lo retraído también se nos está retrayendo a la propia conciencia. […]

“Escritura” es toda tarea representativa que logre, mediante la modulación de la materia o de los signos, reconstruir el puente que une el universo natural que cabe en nuestros ojos, en nuestros oídos, en nuestra piel, con el universo interior que también es marisma, es duna, es pinar, y cíclicamente muda sus paisajes al ritmo de las mareas y las estaciones.

Esa escritura, el logos de lo retraído, no podrá darse, no podrá seguir dándose, si desaparecen los territorios de nuestro entorno que nos invitan a la escucha, aquellos donde el rocío sigue temblando en la hierba al amanecer, donde el viento descubre las raíces de los troncos, donde el agua es madre; lugares cuyo poder consiste en despertar en nosotros el recuerdo de lo que somos: una duna que avanza sepultando un pinar, una ave carroñera sobrevolando los prados, un nido de focha que flota en la marisma, el lucio que espejea bajo el sol, menguando día a día, el fango y la tierra cuarteada, un alcornoque que soporta el peso de docenas de nidos de cigüeñas, un lince que mide con su cuerpo la distancia entre la vida y la muerte, el ganso que recibe su impacto en el aire. Lo que somos. Lo que olvidamos. Lugares que desde la esfera pública tenemos la obligación de proteger porque haciéndolo estamos defendiendo el propio fundamento de lo público. Sólo quien se conoce a sí mismo puede gobernarse y sólo quien puede gobernarse a sí mismo puede gobernar un pueblo. Lo político, en su sentido original, es lo que atañe a la polispor tanto, al fundamento de lo humano: la articulación de su hábitat, su formalización y la conservación de su equilibrio. Nadie que no tenga conocimiento de lo retraído podrá defender la polis. La política ha de ser un arte, y su discurso –¡qué lejos estamos de ello!– una ecología. Para ello, como todo arte, ha de generarse a partir de la íntima comprensión de aquella estructura constituyente yo-mundo. Con esta sabiduría del oikos, con esta “ecosofía”, y desde la conciencia doliente de la lamentable y grotesca degradación de su institución, al ámbito público le corresponde evitar que la “escritura”: el arte, la poesía, tenga que recurrir a viejos moldes, a recuerdos color sepia o a las deprimentes muestras de ecología kitsh (naturaleza domesticada para visitas organizadas) para decirnos, en voz baja, lo que fuimos. A todos nos corresponde, desde esta conciencia semi-apagada que aún nos queda, hablar en público desde lo más privado, desde el grito del ave que aún desgarra, a veces, nuestra garganta.

Chantal Maillard. La razón estética: 246-248. Editorial Laertes, 1998

Fotografía: Christine Arnaud, Reflets d’eau ou oiseaux.