Poema, poíesis y pensamiento. Chantal Maillard

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Estos extractos están publicados, con algunas variaciones, en La baba del caracol (Ed. Vaso roto, colección de bolsillo Cardinales, 2014). Os remito a su lectura ya que el séptimo apartado del capítulo que nos ocupa, El pájaro. Variaciones sobre poesía y pensamiento, titulado La calma y L’ éveil, no viene aquí recogido.

Recuerdo que, en un programa televisivo, a un periodista (creo que era Víctor Amela) que sacaba a colación su verso “escribo para que el agua envenenada pueda beberse”, Chantal le respondió, con su habitual nitidez,  “en la infancia, y aún en la adolescencia, el agua todavía era clara, luego fue envenenándose…”. Se refería al agua del lenguaje que con el paso del tiempo fue enturbiándose hasta envenenarnos con su falseada retórica. En estas delicadas y deliciosas páginas, Chantal procura aclarar de nuevo la charca, ateniéndose a las definiciones de los términos, e invitándonos luego a traspasar los cercos, hacia nuevas comprensiones, abriendo brecha sobre el fuera, el fuera del lenguaje, ahí donde el pájaro, donde lo común, lo animal… antes de ser habla… Ahí donde el canto, a veces, entona aquella inocencia…  Ahí donde “Lo que el pájaro bebe en la fuente / y no es el agua”…

1. EL PÁJARO

La preocupación por las diferencias es algo congénito en el pensamiento occidental. Pertenece a la visión científica, que convierte el mundo en experimento. Aplicamos el método hipotético-deductivo a todo lo que se nos presenta. Lo cual no deja de tener cierta gracia cuando el pensamiento la emprende consigo mismo.

Pensemos pues el pensamiento. Pensémoslo en la filosofía y en la poesía; el pensamiento está sin duda presente tanto en la una como en la otra.

La filosofía: el punto de partida de la ciencia, el método o la manera de habérselas con el lenguaje para lograr conclusiones a partir de definiciones. Acotando, pues. Delimitando.

El poema: aprehensión de lo-que-hay, en un modo. Infringiendo los límites. / La poesía (poíesis): el conjunto de modos y maneras (amaneramientos) de la aprehensión. La preocupación «poiética» es la de cómo mostrar el qué que le pertenece al poema.

(Entre el modo y la manera, ambos sinónimos de «forma», hay, tal como aquí quiero emplear los términos, una diferencia: el modo es musical, la manera, no necesariamente).

¿Y el pensamiento? El pensamiento, por supuesto, atraviesa todas las elaboraciones lingüísticas, salvo la repetición (como manera) o la letanía (como modo). ¿Cómo no iba a ser así?

Con respecto a esta discusión viene al caso aquel pájaro filosófico que Juan Miguel Palacios nos ponía de ejemplo en sus clases de Ética. El que lee filosofía, decía, hace como el pájaro cuando bebe: toma un buche de agua, levanta la cabeza, traga y, así, sucesivamente. Así también el lector de un ensayo lee un párrafo, levanta la cabeza, entrecierra los ojos un momento y luego vuelve al libro. Me acordé de aquello mientras leía porque me sorprendí realizando aquel mismo gesto del pájaro. Levantar la cabeza, con los ojos cerrados, y volver al agua. Pero, lo curioso es que, esta vez, no estaba leyendo un ensayo, sino unos pequeños poemas aforísticos. Así que me pregunté si, siendo el gesto el mismo, no habría de ser lo mismo también lo que aconteciera en la lectura de un ensayo y en la de un poema. ¿Acaso no tendría lugar, en ambos casos, un mismo acto de comprensión? Un cierto paladeo y… algo cae. Algo que se filtra antes de asentarse en la conciencia. Una comprensión… Pero, ¿qué es la comprensión?

2. EL CERCO

La comprensión es un acuerdo entre el material (ideas, frases, párrafos) que se nos ofrece y el material que llevamos ya incorporado (ideas, frases, etc. a las que hayamos dado sentido) y al que protegemos. Lo comprendido es lo que poseemos, lo conocido, cuyo conjunto procuramos mantener dentro de un cerco. Pero hay palabras, frases, ideas, y también imágenes que no nos pertenecen y que irrumpen de repente, como intrusos, en el cerco. Los que habitan dentro del cerco los huelen, los palpan, los empujan, los ponen a prueba y, si resisten, puede que los acepten. Cuando esto ocurre, algo se transforma dentro del cerco. El color, por ejemplo, porque el intruso llevase ropas azules, o amarillas que, al lavarlas junto con las demás, hubiesen desteñido, modificando el color de todas ellas. Entonces, al ver el resultado, nos maravillamos, hablamos de «descubrimiento» o incluso de «iluminación», en cualquier caso, de comprensión.
La palabra berebere provoca esa comprensión. Los bereberes no tienen fronteras, no están dentro de ningún cerco.

En el puesto de aduana de la frontera entre Siria y Jordania, he visto como al berebere se le deja pasar sin presentar pasaporte. No tiene ninguno, porque no pertenece a ningún país; su patria es el desierto y el desierto no tiene más fronteras que sus propios confines. El berebere es un nómada que pasa las fronteras llevando cosas de un lado a otro de las mismas. Así, la palabra berebere traspasa los cercos, importa y exporta (al fin y al cabo, la comprensión no es sino el resultado de la agitación de los materiales) y, de esta manera, procura comprensión al lector que sea, igualmente, de alguna manera, berebere.

3. VERTICALIDAD Y HORIZONTALIDAD: LOS PAISAJES DEL CERCO

Pero no somos pájaros, y el agua que bebemos, la que degustamos, no es natural, es agua «tratada». El lenguaje que expresa el pensamiento no es palabra cotidiana, no es la voz que designa sin paráfrasis, la voz útil. El lenguaje tiene formas; son los paisajes del cerco.

¿Qué tipo de forma es la de la poesía, cuál, la de la filosofía? ¿Qué paisajes le ponemos de salvapantallas al cerco nuestro? ¿Qué diferencia existe entre poesía y filosofía?

El modelo filosófico es vertical; el poético, horizontal.

Hipótesis, deducción… silogística. Para hablar filosóficamente, trazamos un eje vertical. Desde unas premisas, desarrollamos y concluimos. Siempre los mismos parámetros. De lo universal, a lo singular, o viceversa. Remontando de la especie al género y descendiendo, a la inversa. Es el modelo del árbol de Porfirio. Toda definición procede arbóricamente.

Pero la filosofía no es un simple eje. Generalmente es un árbol, y ese árbol tiene ramas. Ramas que se extienden horizontalmente o, mejor incluso, oblicuamente. Entonces es cuando el discurso filosófico se vale de imágenes, metáforas que ayudan a la comprensión del discurso (como lo estoy haciendo ahora desde la verticalidad de este discurso). Cuanto más depurado de imágenes, cuanto más ciprés, más filosófico o más científico será el discurso (no olvidemos que la filosofía, en Occidente, se convirtió en ciencia en un momento dado de su historia). Cuanto más frondoso, en cambio, más se aproximará a la poesía. La prosa poética es un roble, o un castaño, o un tilo. También puede ser un sauce, la firmeza y la dirección de las ramas pudiendo servir para seguir elaborando con la metáfora en el sentido que se prefiera.

La prosa poética es una cruz, o cruceta. Vertical, como el tronco de un árbol, y horizontal, como el ramaje.

La poesía expande su material de otra forma. Es poíesis. Otro arte: otro hacer con la palabra. La poesía no es un árbol, tampoco un simple horizonte, sino una planicie, un horizonte expandido. En la planicie, se forman redes, conexiones, rizomas. A veces, por supuesto, en una encrucijada, o en algún terreno virgen, hay algún árbol o, incluso, un pequeño bosque. Cuanto más boscosa sea la planicie, más se acercará a la filosofía. Un poema vertical (arbórico) es un poema filosófico.

Resumiendo, de modo parecido a lo que ocurre con la cuerda que se tensa entre realismo e idealismo (los dos extremos de una concepción de la realidad), que cuanto más en un extremo nos situemos, más radicales seremos y cuanto más al centro, más moderados, así también entre la actitud filosófica y la poética, extremos del pensar cuya cuerda es, evidentemente, el lenguaje.

4. LA BRECHA

Ni el hacer filosófico ni el poético, sin embargo, obtendrán resultados dignos de mención si no son capaces de abrir una brecha. El intruso ha de efectuar una transformación en el cerco, dentro de alguno de los cercos. Toda palabra que no pertenezca al decir ordinario ha de poder hacerlo, y de tal manera que el habitante del cerco asuma aquel verso de Paul Celan: «Digas la palabra que digas– / agradeces / el deterioro».

No hay nada trascendente en ello. A un cerco le sucede otro cerco, y así sucesivamente. Un cerco abriendo sobre otro cerco, la palabra nómada exportándose e importándose de uno a otro más o menos frágil, más o menos sólido.

A veces, no obstante, hay brechas que no abren sobre un cerco, sino directamente sobre el fuera.

¿Qué es el fuera? Por el momento, contentémonos con decir que se trata del fuera –de los límites– del lenguaje. Esos mismos límites necesarios para que haya brecha.

5. FUERA

¿Qué bebe el pájaro? Es ésta una pregunta importante. En los modelos a los que he aludido, hay pensamiento. Amanerado o modulado. Pero, ¿es pensamiento lo que bebe el pájaro?

No creo que sea determinante la respuesta acerca de las formas de disponer las palabras. Poesía y filosofía son métodos para el acercamiento. Definir y cercar: en todo caso, elaborar los límites. Y laborar en los límites.

La pregunta por lo que bebe el pájaro apunta más allá de ellas, de su formato por supuesto, pero también del conocimiento que creemos obtener y que suele quedar reducido a su expresión.

Lo que bebe el pájaro, lo encontramos en pequeños indicios, muchos de ellos cotidianos, y en grandes sucesos también si sabemos eliminar de ellos su grandiosidad. Lo que bebe el pájaro, lo que quisiera beber, es lo que acontece sin que medie en ello razón alguna. La razón siempre trabaja con atención a unos resultados, ya sea en el uso cotidiano que hacemos de la misma, ya sea en su trazado arbórico, ya sea en la planicie.

Lo que bebe el pájaro, digamos que es una estela, un trazo. El pájaro lo reconoce porque está dispuesto. Sediento. El berebere, ahí, no tiene función alguna. Se trata tan sólo de un reconocimiento. No el que la memoria proporciona, no, ése no.

–Reparo en el movimiento «inconsciente» que Gilles Deleuze efectúa mientras habla 1. Rítmicamente, un dedo presiona otro. Él no se da cuenta. Él habla. Responde. Sin darse cuenta, algo de él encuentra la manera de traducirse en gesto y acompañar así, con el cuerpo, rítmicamente el habla. ¿Qué es eso que halla la vía? ¿Qué es aquello que se manifiesta? –

Tengo los pies descalzos sobre una toalla. Advierto, sin mirar, que hay una diferencia de medio centímetro entre el suelo y el doblez de la toalla. Me doy cuenta de ello. Se trata de una percepción. Para que una percepción se dé, ha debido ponerse en marcha la inteligencia. Todos nuestros saberes, nuestros aprendizajes están ahí reunidos y las neuronas, listas para realizar, en un instante, una operación comparativa.

La percepción del medio centímetro de «diferencia» es una deducción, aparentemente inmediata, que ha requerido de una operación comparativa. No ocurre así con el gesto de Deleuze. En la percepción hay un acto de conciencia. En aquel gesto, no. Se trata de un gesto al que decimos «inconsciente». Sin embargo, significa algo. Si Deleuze dejase de atender a lo que está diciendo y reparase en él, ¿qué pasaría? ¿Dejaría de hablar? Probablemente, pues la atención, desviada de su objeto hacia otro objeto interrumpiría algo. ¿Qué interrumpiría? El habla, y el gesto. También el gesto se interrumpiría. Se interrumpiría el flujo. El gesto y el habla es el mismo fluir. El filósofo, todo él, está proyectado en el habla. Lo está con una temperatura media, la que le permite el deterioro de su persona, su edad avanzada, el interés relativo que probablemente tenga ya, para él, aquella entrevista filmada. De ahí el gesto.

Lo que bebe el pájaro es ese flujo, esa corriente, antes de ser habla, antes de ser gesto.

En la brecha.

En la brecha, una abertura. ¿Hacia donde, hacia qué? Fuera. ¿Qué es el fuera?

(…/…/…)

El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. Fuera es la inocencia. La de todos. Porque fuera no hay yo, no hay alguien.

Un poema es una señal de la inocencia.

De esto, más no hablaré por ahora.

—————

1 Gilles Deleuze en una entrevista grabada en DVD (L’abécédaire de Gilles Deleuze, Éditions Montparnase).


Gansos Salvajes. Mary Oliver

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No tienes que ser buena.

No tienes que caminar de rodillas

cien kilómetros a través del desierto, arrepintiéndote.

Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo

ame lo que ama.

Háblame de desesperanza, la tuya, y yo te contaré la mía.

Mientras tanto el mundo continúa.

Mientras tanto el sol y los guijarros claros de la lluvia

avanzan a través de los paisajes,

sobre praderas y árboles profundos,

las montañas y los ríos.

Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,

se dirigen nuevamente a casa.

Quienquiera que seas, no importa cuán solitaria,

el mundo se ofrece a tu imaginación,

te llama como los gansos salvajes, duros y apasionantes –

una y otra vez anunciando tu lugar

en la familia de las cosas.

 

(De Dream Work, “Trabajo de ensueño”, 1986, traducido por Sara Torres)

 

Wild Geese

You do not have to be good. / You do not have to walk on your knees / for a hundred miles through the desert, repenting. / You only have to let the soft animal of your body / love what it loves. / Tell me about despair, yours, and I will tell you mine. / Meanwhile the world goes on. / Meanwhile the sun and the clear pebbles of the rain / are moving across the landscapes, / over the prairies and the deep trees, / the mountains and the rivers. / Meanwhile the wild geese, high in the clean blue air, / are heading home again. / Whoever you are, no matter how lonely, / the world offers itself to your imagination, / calls to you like the wild geese, harsh and exciting- / over and over announcing your place / in the family of things. 

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Mary Oliver. Fotografía de Rachel Gleese.

Poeta norteamericana nacida en Cleveland, Ohio, en 1935, ganadora de varios premios muy reconocidos, entre ellos el Premio Puilitzer en 1984 por su libro American Primitive. Comenzó a escribir poemas a los 14 años y a los 17 visitó la casa de Edna St. Vincent Millay, donde conoció a Norma, hermana de la poeta y se volvieron grandes amigas, ayudando a ésta a organizar los últimos papeles que Edna había dejado. Su primera colección de poemas, No Voyage and Other Poems, fue publicada en 1963, cuando ella tenía 28 años. Influenciada por Whitman y Thoreau, es conocida por sus observaciones claras y conmovedoras del mundo natural. Su creatividad es alimentada por la naturaleza, y Oliver, una ávida caminante, a menudo encuentra la inspiración cuando sus pies están en movimiento. Sus poemas están llenos de imágenes que vienen de sus paseos diarios cerca de su casa.

3 poemas de Mary Oliver traducidos por Sara Torres en la revista Kokoro

http://revistakokoro.com/MaryOliver.html

Conversaciones con Alan Watts

 Estas conversaciones con el escritor, místico, poeta, filósofo Alan Watts (1915-1973) datan de 1971, dos años antes de su muerte. Watts fue una de las figuras del movimiento contracultural que promovió las filosofías orientales en el mundo occidental. Escribió varios libros presentando sendas filosofías (taoísmo, budismo, zen, hinduismo), insistiendo en abordar al ser humano dentro una perspectiva integral de la naturaleza. Aquí discurre sobre la naturaleza de la mente, del yo, de la realidad interior versus realidad exterior, del modo en que vivimos nuestra vida, del mundo natural y del mundo humano…

 

 

 

 

 

Hospitalidad del arte. Yves Berger

11-chillida Dibujo de Eduardo Chillida

El libro Desde el taller (ver post anterior), es un delicioso libro de conversaciones entre John Berger, su hijo Yves, pintor, y el periodista literario Emmanuel Favre que les reúne en sus propios talleres ubicados en una pequeña aldea de la Alta Savoya francesa. Al filo de la conversación, Yves hace esta reflexión sobre la hospitalidad a partir de una pregunta del periodista en torno a la obra de arte pero que podríamos, hoy en día, extender facílmente hacia otros derroteros… Volver a repensar el arte en relación a la noción de hospitalidad en estos tiempos de intemperie… gesto de humildad y honestidad… siempre los hay afortunadamente…

EF: Los bordes de una imagen pueden constituir una defensa contra lo que los rodea y ofrecer un refugio a lo que está pintado. ¿No es también una forma de hospitalidad hacia la persona que mira?

YB: Soy muy sensible a esta noción de hospitalidad. La necesidad de compartir un trabajo debe hacerse con la mayor hospitalidad posible, por la razón evidente de que siempre se busca suscitar un encuentro con el espectador. Contrariamente a lo que se cree, estos encuentros no son tan frecuentes. Y ello hace que sean tan valiosos. Cuando no se da el encuentro, las cosas se rozan, pero no se reconocen. En cambio, cuando se da, nos hallamos ante un reconocimiento compartido, aunque pueda parecer extraño que un cuadro reconozca a alguien. Así pues, la hospitalidad consiste en disponer las condiciones necesarias para ese encuentro. Ahí reside toda la idea del montaje de una exposición de pintura: no colocar la obra por encima del espectador, situarla a su nivel para crear una relación de confianza. No se puede ver una pintura si no se está dispuesto a creer en lo que vemos. Por este motivo los encuentros son tan escasos o se dan con dificultad. Se prefiere explicar a la gente lo que se va a ver, en lugar de colocarla en la posición de creer en lo que ve por sí misma. Por eso las personas dicen que no saben nada de pintura o literatura. Se les sustrae esa parte de confianza previa a cualquier encuentro.

Desde el taller. Diálogo entre Yves y John Berger con Emmanuel Favre. Trad. Cristina Zelich. Editorial Gustavo Gili, 2015

Bajo la colina. John Berger

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Al escuchar hablar a los animales

Para nosotros, el tiempo no existe. Cuando estamos en algún lugar, el tiempo nos precede o nos sigue.

Muchos de entre nosotros caminan sobre la tierra. Caracol se pega a la tierra y la escucha. Mientras que Mosca camina sobre un instante. ¿Es necesario que repita? Mosca camina sobre un instante….

Ratón se parece a Canguro. Debido a las patas traseras. Tenemos distintas formas de reconocernos unos a otros. No captamos las mismas características que ellos.

Perro, de tanto vivir con ellos, es el animal del olvido. Cuando recupera un recuerdo, mueve la cola.

Puma estudia los ríos y escudriña el nivel del mar. Ha aprendido a deambular a contracorriente, en vez de dejarse llevar a la deriva.

Gallo es un político. Solo anuncios.

Caballo no actúa según su voluntad. Espera órdenes. Burro, por el contrario, ha conservado su determinación. Comparad sus hocicos.

Morsa y Elefante nacieron a la vez; uno en el agua, el otro entre los árboles. Rana es un salto en espera. Sin embargo, del mismo modo que Perro juega con una pelota. Rana está dispuesta a morir por amor.

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Nuestros cuerpos son túneles, laberintos bajo la colina cuya cima somos nosotros.

Vivimos con el miedo; pero no como ellos. El miedo es nuestro aliado.

Se comen a muchos de nosotros; a casi todos en épocas de hambruna. A pesar de todo, nos envidian. Sin duda, se trata de un ejemplo de su dicho: “Querer el oro y el morro”. La historia de las ciencias naturales describe, según ellos, un paraíso perdido. Para nosotros, el paraíso es sencillamente el próximo amanecer.

Viven instalados en el remordimiento y el miedo. Nosotros vivimos en alerta constante. De este modo, la mentira no nos sirve para nada. Utilizamos la astucia, sin olvidar jamás que se trata de astucia. Ellos se mienten a sí mismos. Es evidente que esta es la razón de la complejidad de sus lenguajes.

Más allá del hecho de que nos coman, nos utilizan para desplazarse. Los transportamos con todos sus bártulos. Por tierra e incluso, a veces, como en el caso de Jonás, bajo el mar. Pero les ofrecemos otro tipo de viaje mucho más importante. Nos cazan y nos observan. Cuando nos damos cuenta de ello, los seducimos. (Orfeo ha aprendido mucho de nosotros.) Entonces les convencemos para que nos sigan dentro de los túneles, bajo la colina. Esos túneles son nuestras aptitudes físicas; como nuestro sentido de la orientación, nuestro uso del camuflaje, del silencio, nuestro aguante, nuestra visión nocturna, nuestra previsión, nuestro sentido de la medida, nuestra capacidad para medir las distancias, para escuchar. De tanto estudiarnos, reconocen estas aptitudes, se las atribuyen y se dejan deslizar fuera de sí mismos, como somnámbulos.

Estos túneles, esos caminos posibles de nuestros cuerpos, son para ellos una especie de balizas, de faros en la oscuridad. Se convierten en somnámbulos y esto les permite ir al encuentro de otros universos, reencontrarse con los muertos y con aquellos aún no nacidos.

Les acompañamos bajo la colina. Los chamanes conocen nuestro periplo.

Tortuga lleva el mundo a cuestas, sin esperar nada a cambio.

*

Un artículo y una entrevista con John Berger:

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=138

http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=140

 

543420_10150312892759944_741355493_n  Imágenes de Jackie Morris

http://www.jackiemorris.co.uk/blog/

 

El dios lobo. Anne Carson

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Como una pintura seremos borrados, nadie puede permanecer.
Vi mi vida como un lobo trotando por la carretera
e interrogué a las mujeres de ese lugar.

Algunos consideran al lobo como inmortal, dijeron.
Pero sabéis, esto sólo ocurrió en un caso y los lobos
mueren regularmente por diversas causas –

Los osos los matan, los tigres los cazan,
contraen epilepsia,
se atragantan transversalmente con un hueso de salmón,

corren a la muerte nadie sabe por qué –
pero tal vez nunca oísteis hablar
de sus problemas auditivos.

Tienen muy buen oído,
pueden escuchar pasar una nube por encima de ellos.
Pero a veces ocurre

que una semilla llevada por el viento se aloja en su canal auditivo
y perturba su equilibrio.
Se vuelven entonces locos tratando de mantenerse en pie,

sin nada con qué vincularse.
Mueren de ira.
Sólo uno, que sepamos, aprendió a acomodarse de ese mal.

Caminó a pasos cortos al principio.
Usando las corrientes ascendentes.
Lo llaman Huizkol,

que significa
El-que-tiene-buen-porte-en-primavera.
Las cosas son tan difíciles como las hacéis.

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Versión del poema en castellano de Muriel Chazalon

The Wolf God

Like a painting we will be erased, no one can remain. / I saw my life as a wolf loping along the road / And I questioned the women of that place. // Some regard the wolf as immortal, they said. / Now you know this only happened in one case and that Wolves / die regularly of various causes —// Bears kill them, tigers hunt them, / They get epilepsy, / They get a salmon bone crosswise in their throat,// They run themselves to death no one knows why/ — But perhaps you never heard / Of their ear trouble.// They have very good ears, / Can hear a cloud pass overhead. / And sometimes it happens // That a windblown seed will bury itself in the aural canal Displacing equilibrium. / They go mad trying to stand upright, //Nothing to link with. / Die of anger. / Only one we know learned to go along with it. // He took small steps at first. / Using the updrafts. / They call him Huizkol, // That means Looks Good in Spring. / Things are as hard as you make them.

Anne Carson. Glass, Irony, and God, 1995. New Directions.

Traducción francesa, Verre, Ironie et Dieu. Paris: José Corti.

La nota biográfica de Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950) es siempre muy escasa. Profesora de griego clásico—especialista en Safo—, parece tener un respeto nulo —sanísimo— por las formas y los géneros tal y como las reglas dictan.

http://es.wikipedia.org/wiki/Anne_Carson

El último lobo “Wolf Totem” de Jean-Jacques Annaud

La última película del director de El Oso (“Siete años en el Tíbet“, “El nombre de la rosa“) se estrena en España el 10 de abril.

Con “El último lobo”, Jean-Jacques Annaud vuelve a reflexionar sobre la relación entre animales salvajes y humanos, esta vez en el corazón de Mongolia donde se rodó enteramente la película. (Criaron 30 lobeznos durante dos años para poder rodar con ellos la película. La convivencia y el rodaje con los lobos fue, según el equipo de rodaje, realmente espectacular!)

El guión fue escrito a partir del best seller del escritor chino Lü Jiamin, “Wolf Totem“, considerado muy polémico en su momento por el gobierno chino.

Wild Yellowstone: She Wolf

 

 

http://channel.nationalgeographic.com/wild/destination-wild/episodes/she-wolf/

http://channel.nationalgeographic.com/wild/destination-wild/galleries/she-wolf/at/claiming-their-territory-2077558/

http://www.natgeotv.com/ca/wild-yellowstone-she-wolf/videos/the-invaders

Kiki Smith en la Toscana: mujeres, lobos & otros bichos

 

20140825_144210Disculpad el retraso, ya que fue en el verano pasado que vi la exposición de Kiki Smith que os traigo ahora!

Primero, situaros el precioso pueblo de San Gimignano, que llaman el Manhattan de la Toscana por sus altas torres medievales! Y la Kiki, muy bruja-loba ella en esta foto, rodeada por sus animales totems!

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La Gallería Continua de San Gimignano expone artistas reconocidos internacionalmente y había traído a Kiki anteriormente. En esta ocasión, la exposición de Kiki Smith se llamaba PATH, camino. Y de entrada, acercarnos a su obra implicaba efectivamente ponernos en camino ya que la exposición no tenía lugar en la galería misma sino en tres espacios repartidos por el centro medieval del pueblo y, un cuarto, en el jardín interior del espacio de la galería donde la artista había instalado una fuente de bronce con tres tallos semejantes a flores con rostros humanos que parecían surgidos del oscuro subsuelo…

El primer espacio se ubicaba en el último piso de un edificio histórico, abierto excepcionalmente al público, con espectaculares vistas a la Piazza della Cisterna, y paredes de yeso de tonos pastel maravillosamente desconchadas y agrietadas (las paredes mismas hubiesen hecho la delicia de Leonardo da Vinci para sus meditaciones ante el muro!). Allí apreciamos el primero de los tapices, con motivos de bosque, ciervo, diversos animales, ramas y hojas, un ensamblaje de vidriera con motivos naturales, fotografías, instalaciones colgantes, varios dibujos sobre papel nepalés, mujeres y manos-estrellas indicando un norte incierto (?), esculturas de flores hechas con una técnica japonesa, nos explicaron, y un bronce de niña-sirena… Todo el conjunto denotando la versabilidad de la artista y su gran habilidad y sensibilidad en el manejo de varias técnicas y diferentes materiales.

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La siguiente etapa nos llevó hasta una amplia sala blanca de techos altos que acogía dos tapices Jacquard (tejidos siguiendo una antigua técnica medieval) de grandes dimensiones, uno con motivos de águilas majestuosas, y otro con lobo, bosque y luna, preciosos ambos! Fijaos en la mirada del lobo, en la textura de los troncos de abedul… en las plumas del pájaro azul y la cola del águila… en mil detalles… realmente un trabajo de gran maestría! (La loba en mí daba coletazos de alegría por doquier!) En una alcoba de la sala, estaba la frágil escultura de un conejo hecha con la misma técnica japonesa de pan de oro y plata. Y, acompañando nuestros pasos, un lobo de bronce acompañado por pájaros… En esta sala me hubiese quedado sentada en el suelo un buen rato, dialogando, respirando con ellos… pero la comisaria que nos acompañaba en la visita comenzaba a dar ligeras muestras de impaciencia a pesar de la gran admiración que sentía por Kiki y su obra!

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La última parada de nuestro deambular nos llevó hasta una de las torres medievales donde Kiki había creado en su interior una bóveda estrellada con decenas de estrellas de bronce, bajo la atenta mirada de un búho, dibujado sobre papel nepalés. Finalmente, vino el momento de acabar el recorrido, salir de la torre, y encontrarse de nuevo con el bullicio de la calle, con el sol italiano… nuestro caminar, de la mano de Kiki, de la oscuridad a la luz…

 

 


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Recuerdo haber leído en una entrevista una frase de la artista quien declaraba: “El arte es, en cierto sentido, como una prueba: es algo que se mueve desde nuestro interior hacia el mundo físico”. Sus obras aparecen como unas huellas materiales, declaraciones tangibles (y, a menudo, inquietantes) de este pasaje del dentro hacia el afuera, desde lo invisible a lo visible, desde la oscuridad hacia la luz, desde lo personal hacia lo colectivo… ¿Acaso no es ésta la dinámica misma del proceso creativo?

http://www.galleriacontinua.com/history/san-gimignano