Lo solo del animal. Olvido García Valdés
esa agua es la casa de la nutria,
el brillo oscuro,
su alegría fría,
la corriente en la noche
su rapidez de nadadora
*
decía que había sido y era
en ésta y no en otra vida por
la impresión o el sonido
fijeza móvil o desdicha
bestia parda brillo maullido
negro canto
*
le envuelven los sonidos, no localiza
con precisión de dónde vienen
pareciera de enfrente y son
de atrás, le resulta lejano
y ve al pájaro ahí mismo
en esa rama, giran seres
y afectos empujándose, opaco
casi violento mirar fuera
Olvido García Valdés. Lo solo del animal. Tusquets, 2012
*
si me dejaras ir contigo en la noche,
en la hora parda del metro, antes
de amanecer, si pudiera acoger,
contemplar todo hueso tu rostro el gesto
de fiera que piensa y vive sola, si no
se removieran airadas las palabras,
si no sintiera el viento que azota los
árboles arriba; qué hice que no
recuerdo, qué hicieron, dónde
ocurre la vida y es libre y no
benigna, dónde con su herida
lo solo del animal
Olvido García Valdés. Y todos estábamos vivos. Tusquets, 2006
*
Si el lobo te ve antes,
te quedarás sin voz. En las podres
entrañas zumban, bullen,
brotan en nubes y formando
racimos, de la trunca
cabeza brota el canto,
de lo podre la abeja.
*
Los animales se mueven en parejas, si uno
describe círculos
sobre el suelo blanco y luego muere,
el otro en la siguiente noche repetirá
las huellas. Late bajo los pies
el recorrido de otros pies, casi deslumbra
el suelo al encender la luz, negra
naveta diminuta
*
los dos caminan, animal
tras animal, con confianza
y cadencia, con conocimiento siguen
entre dulces encinas y crespos
robles amarillos, animales
que duermen en el campo
y con su aliento se acogen.
*
Manazana asada y frío, arropan
los amigos al cruzar, o arriba
(cierra los ojos para oír), estridencia
inflama el corazón: ¿qué
tiene que nos lleva
ese ruido animal gregario
y transparente (por qué formula
el alma y como animales nos desuella)?
Olvido García Valdés. “Del ojo al hueso” in Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008). Galaxia Gutenberg, 2008
OLVIDO GARCÍA VALDÉS (Santianes de Pravia, Asturias, 1950). Licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Entre otros premios, se le concedió en 2007 el Premio Nacional de Poesía por su libro Y todos estábamos vivos (Tusquets Editores, Barcelona, 2006). En Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008), editado por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelona en 2008, se recoge su obra poética entre esas fechas. Posteriormente ha publicado Lo solo del animal (Tusquets Editores, Barcelona, 2012).
Una entrevista con Olvido García Valdés (2014): “Están muy solos también los animales”: http://www.abc.es/cultura/libros/20140811/abci-olvido-garca-valds-poesa-201408041118.html
Entrevista de Vicente Luis Mora en el 2006 a raíz de la publicación de su poemario “Y todos estábamos vivos” que obtuvo poco después, en 2007, el Premio Nacional de Poesía: http://vicenteluismora.blogspot.com.es/2007/10/entrevista-olvido-garca-valds.html
Vídeo-entrevista a Olvido García Valdés en homenaje a Roberto Bolaño en la VII edición de Kosmopolis 2013 en el CCCB: http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/entrevista-a-olvido-garcia-valdes/211055
Imagen: Rudyard Kipling, The Cat That Walked by Himself
Aullad, lobas, esta noche aullad!
El amor del lobo. Hélène Cixous
MI CONCIENCIA ME MUERDE LA LENGUA CON TUS DIENTES
Los personajes reunidos bajo el techo de este volumen son animales (con los cuales estoy aliada y afiliada en cuerpo y alma desde el origen de mi vida pasional), y los libros, los que se escriben en mi nombre, me llaman y me regatean. Seres vivos, mis más próximos prójimos y que sin embargo escapan a mi ley o a mi deseo, libres e incontrolables. Naturalmente, pueden arañarme, labrarme la mejilla, el corazón, los ojos, tienen armas para ello. Una virtualidad de herida y crueldad vibra entre nosotros. Pero algo, una fuerza superior convierte en el último momento la violencia en dulzura. No antes del último momento. A esta fuerza que aterciopela las patas de los felinos y pacifica las guerras que abrasan la intimidad, la llamo el amor del lobo. Es decir el amor que siento por el lobo a causa del amor del lobo por el cordero al que no despedaza a causa del amor del cordero por el lobo que habría podido despedazarlo, el lobo del que tiene miedo que le despedace, algo que puede suceder en cualquier momento pues el lobo no se convierte pero no es imposible que suspenda por influencia del amor su ser-armado. Sólo temblando hay amor. Tenemos miedo de ese lobo que es nuestro gato, nuestra madre, nuestro libro, “nuestro” a quien estamos sometidos y rendidos por el amor que nos entrega. Amamos al lobo que no nos obedece, al libro que no nos obedece, al dios que sólo nos responde si le apetece, a mi madre que me enseña cada día los dientes de la mortalidad.
Este libro evoca las fuerzas vivas que nos atormentan, nos dividen, nos descuartizan porque nosotros les otorgamos ese poder. El miedo ama. Del amor procede el poder del miedo. El amor no tiene miedo del miedo que está en el amor. El amor tiembla de los pies a la cabeza. Hay un goce y una crueldad en ese combate de tú y yo, en mí. Esa mezcla de goce y de crueldad se llama sacrificio.
Los animales, mi madre, mis poetas, mis hijos mis libros. Mis seres de incandescencia. Mis criaturas de sueño, mis creadores de sueños. Les debo la vida. Comprendedme: les debo su vida. Les debo mis vidas. Cada vida que cada uno de ellos me hace temblar. Perder. Conservar hasta el último aliento.
Y otros remordimientos: por ello, gato o poeta o mamá, mis libros mis hijos, me llegan los remordimientos. Dicho de otro modo la conciencia cuyos personajes persigue Joyce en Ulises, pequeña erinia personal que lleva su antiguo temblor agenbite of inwit. El automordisqueo del espíritu en su intimidad. No se toma conciencia, eres tomado por ella, es ella la que nos muerde, pero seamos precisos: mi conciencia me muerde con tus dientes. Es tú en mí. Mi amor mi gato, que me dentellea hasta sangrar y me impide dormir. Y vicevergat(o) [“viceverchat”], claro está. Nos inyecta el pesar que es un deseo, y nos puebla de angustias que son nuestros venerados fantasmas.
¿Por qué esos temidos visitantes del alma? ¿Qué les causa?
La culpabilidad sin mancha, pura y retorcida.
Y es que con ella, con su contacto brota un azufre: la ineluctable traición. Me refiero a la traducción. Nosotros, viviendo bajo el mismo techo pero no el mismo yo, hablamos en lengua extranjera. Te hablo en mi lengua y el francés, cierto francés. Tú me hablas el gato, el tigre, el loro, el alemán, cierto alemán, sin mencionar la lengua extranjera nacida de mi lengua, en la que el libro mientras lo escribo se vuelva hacia y contra mí y me remuerde. Se trata de la lengua extranjera que tú me diriges, que yo intento con todas mis fuerzas traducirme sin demasiado defectos; ciertamente nos comprendemos más allá de cualquier comprendencia, nos “understand” de una lengua a las otras y es un milagro, pero resta el resto, la lengua en mi boca no es tu lengua, no sé cómo se mueve ella en tu boca, y tampoco en la mía cuando mi lengua se mueve no sé cómo, habla la sigo y no soy yo por entero.
¿Y qué decir del habla con los animales cuyo lenguaje no es de (mis) palabras? Lo entiendo pero soy incapaz de reproducirlo. ¿Cómo traicionar lo menos posible ese traducir que nos emparenta y nos extraña tan estrechamente? ¿Y qué decir del habla con las palabras, otros animales también, casi y no del todo, que nos seducen, nos impulsan y nos hacen correr por la cuneta de nosotros mismos? Todas nuestras palabras son compartidas; todas nuestras apalabras son remordidas en dos y más; nos hablamos a medias palabras que son palabras con secreto, a un cuarto de palabras a un octavo de palabras, a palabras, vamos, a suspiros. A silencios. Pensamos: ¿qué estás pensando? Respuesta en silencio: quiero, quiero, quiero.
Lo más doloroso es que no se sabe de qué partido se es, se está dividido, nunca soy del partido que soy, si soy de tu partido lo soy en parte, el corazón de tu lado la cabeza del otro. En el combate entre mi gato y el pájaro, si estoy del lado de mi gato estoy del lado del pájaro del otro lado si estoy del lado del pájaro estoy a medias desgarrada pues estoy del lado de mi gato. No hay solución.
No se sabe lo que se desea. Por lo demás, ¿para qué desear? Harás lo que te da la gana, ¿no es cierto? […]
Hélène Cixous. El amor del lobo y otros remordimientos. Trad. Manuel Serrat Crespo. Ed. Arena Libros, Madrid, 2009
Hélène Cixous nace el 5 junio 1937, en Oran, en la Argelia francesa, hija de una madre alemana judía asquenazi y de un padre argelino judío sefardí. Llega a Francia en 1955. Es una de las pensadoras francesas más influyentes del panorama intelectual actual. Generalmente asociada al posmodernismo y a la teoría feminista, su obra, sin embargo, elude toda compartimentación rígida. Escritora del margen, en sus textos (más de sesenta, entre ensayo, ficción y teatro) cuestiona cualquier noción identitaria fija, ya sea literaria, cultural o de género. Títulos claves de su producción son La venue à l’écriture, Le rire de la Méduse o Voiles, escrito en colaboración con Jacques Derrida. Colaborara con el Théâtre du Soleil, desde que conoció la pieza 1789, y por ende a su directora Ariane Mnouschkine.
resenya de El amor del lobo
“La mirada tan present de Cixous cap als animals —als quals, diu, està afiliada en cos i ànima— rastreja en els instints més brutals de les persones i alhora en la pròpia intimitat. Com deixa entendre a “Ma conscience me mord la langue avec tes dents”, el trajecte que fa l’escriptora de la vida real cap al més enllà és un viatge, en certa manera iniciàtic, de remordiments que funcionen com mossegades —vegeu la similitud fònica entre mords i remords. Perquè, dins el pòsit autobiogràfic dels articles, Cixous entén la individualitat en constant relació amb una alteritat que no només ve de l’exterior, sinó de l’interior mateix; cal destacar, en aquest sentit, el joc intertextual que du a terme a “L’amour du loup” amb l’autora russa Marina Tsvetàieva: invocacions i preguntes sense resposta que Cixous va trenant en una lluita cos a cos amb si mateixa plena d’al·lucinacions lúcides que treuen a la llum allò que no es pot/vol dir/escriure.
En sintonia amb l’escriptura nocturna de la que parlava Ernesto Sábato, aquella que assalta l’autor/a amb pulsions incontrolables, Cixous parla des de la ferida; una ferida —far i motor de la mateixa escriptura— que té la gènesi en la seva extraterritorialitat de dona —i de dona algeriana—, en el sentiment de desposessió pel que fa a la llengua francesa i en l’arribada a una escriptura que vol despullada del monologisme imperant. Des d’aquesta òptica de l’alteritat, doncs, Cixous entra en terrenys inabordables com l’amor, el desig, la crueltat o la por —sobretot en la faula del llop i l’anyell—, en la falta de comunicació —que té un correlat amb la idea derridiana d’impossibilitat de traducció— i també en temes més teòrics com l’escriptura o el mateix llibre en formació.” [Ester Pino Estivill]
http://www.ub.edu/cdona/lletradedona/lamour-du-loup-et-autres-remords
https://es.wikipedia.org/wiki/Hélène_Cixous
https://blogdelesllobes.wordpress.com/2014/07/16/helene-cixous-el-grito-de-la-literatura/
El ciclo. Una loba en la noche más larga
Esta noche, la más larga, la loba-que-somos aun camina…
Feliz SOLSTICIO a todas y todos!
No confiamos en el animal que somos. Chantal Maillard
Entrevista por Esther Peñas. 02/07/2014
Sus poemas transitan el hueco. “Este largo erial de ser hombre”, que escribió Hugo Mujica. La resonancia, lo que transfigura y nos sugiere aquello que fue sentido y que se siente al leer los versos. Se abandonan, confiados a los hilos (mentales) y los husos (senti-mentales) que, como esas raíces rizomáticas, guardan un misterioso vínculo. El poeta se diluye. Es lo que menos importa. Sólo así emerge aquello que trasciende. No la poesía, más abstracta. Sino el poema, que sella la autenticidad de lo bello y aspira la verdad.
Litany for the Whale. John Cage
La Litany for the Whale (Letanía para la ballena) es una obra de John Cage (1912-1992) para dos voces escrita en 1980. Hace parte de las obras vocales de John Cage, con el Aria dedicada a Cathy Berberian en 1958 o el Roaratorio de 1980. La Letanía para la ballena sólo tiene 5 notas, una por cada letra de la palabra WHALE. Consiste en una recitación y treinta dos respuestas a cappella. Paul Hillier (quien grabó la Litany) cuenta que John Cage pedía que las dos voces solistas canten de espaldas al público, aunque este dispositivo no esté precisado en la partitura.
Mirar(nos) como mira un animal. Chantal Maillard
[…] El ecologismo, a pesar de sus buenas intenciones, no es el mejor camino. Se puede hacer, con respecto a él, la misma reflexión crítica que el filósofo japonés Kitarô Nishida hacía con respecto a la ética de los derechos humanos: tal tipo de ética, decía, es incapaz de resolver definitivamente los problemas del mundo porque pertenece a una forma dicotómica de entendimiento y los problemas entre los seres humanos han de resolverse a partir de la vacuidad, que permite comprender al otro desde lo mismo.
Proteger a la naturaleza, a los niños, a los animales, es la expresión del paternalismo propio de una tradición de control y dominio del medio que se ha desarrollado a partir de la idea bíblica de que la tierra está al servicio del hombre, ese ser que se autoproclama superior a todo lo que él mismo define como inferior. Del Génesis a la Tecnología hay una línea directa. […]
Hace falta una ecosofía (el término es de R. Panikkar) en vez de una ecología. En vez de dominar y proteger, volver a sentir, a oír, a oler incluso, a comprender oliendo, a saber sintiendo. En vez de la pancarta “no tocar” en los “espacios protegidos”, la invitación a la hierba, la educación del sentir, la religiosa invitación a saberse hierba y a pisarla como se pisa un templo en Oriente: con los pies descalzos. “No tocar” es la señal de alarma que aparta a los niños de su origen en vez de recordárselo, que nos hace peregrinar por nuestro mundo en un vehículo diáfano como aquellos autobuses en los que los turistas cruzan, como peces en un acuario, los parajes volcánicos de algunas islas. Turistas del mundo de fuera y del interior, nos vamos convirtiendo en depredadores que han olvidado la máxima de sus antepasados los viajeros: ir de lo propio a lo otro para ser lo que eres.
Lo propio: lo más común, el oikos. Oiko-sophía: saber de lo más propio, del hábitat, lo que nos pertenece no como posesión sino como propiedad, es decir, aquello a lo que ontológicamente pertenecemos. Sophia en vez de logos: saber en vez de conocimiento, integración en vez de discurso. Saber de la intimidad que lleva incluido el amor, pues, como escribe R. Panikkar, “conocer sin amor no es el verdadero conocimiento”. Amor que es compasión (karuna para el budista, piedad para el cristiano), un término que, como el de caridad, entendido por vía paternalista ha ido engrosando el diccionario terminológico del poder. Amor o com-pasión (cum-pathos) que es íntima comprensión del sentir del otro, de lo otro comprendido a partir de lo mismo. Conocimiento sintiente, no entendimiento, desde las húmedas entrañas, no desde la aridez de la mente. Desde las aguas, no desde el fuego. Porque en las aguas, siempre maternas, tiene el fuego (Agni) su morada, como dice el Veda, y las entrañas, el lugar de la compasión, es también el centro de unión en el que los dos polos se reconcilian. […]
Las guerras, las técnicas de espiritualidad, las teologías se nos revelan, pues, como sendas estrategias para la consecución del descanso por medio de la unificación. Todas ellas procuran eliminar la tensión a su modo, las guerras llevándola a su máximo, las místicas reduciendo al mínimo las vibraciones perturbadoras, y las teologías procediendo por abstracción y realizando síntesis progresivas hasta lograr situarse mentalmente en el Uno Lógico.
Hay otro modo, sin embargo, de conseguir el descanso que el estado de unidad parece procurar, un modo al alcance de todos, utilizado también por los místicos aunque no necesitado del concurso de ningún tipo de corpus teórico, metafísico o imaginal y cuyo gozo no resulta del esfuerzo por lograr lo otro prescindiendo de lo propio (místicas), ni del uso del procedimiento de la abstracción (religiones, metafísicas), ni de la violencia como provocación (contiendas), sino de un íntimo conocimiento que es resultado de la contemplación.
La con-templación es una “pasiva actividad” que hace del lugar común templo, lugar en el que el ánimo se templa con el del otro como si de instrumentos se tratara. Templar las cuerdas del ánimo: armonizarlas al tiempo que se homogeneiza la temperatura -la fuerza y el ímpetu. Templarse: alcanzar desde los extremos el “medio”, esa ecuanimidad que el espíritu chino entendía como la capacidad de saborear la “insipidez”, aquel sabor que no siendo ninguno en particular es la posibilidad de serlos todos. […]
En el plano estético, es decir, aquel en el que se sitúa el individuo que adopta la actitud del espectador, esta ecuanimidad es denominada, en la terminología propia de los filósofos de Cachemira, santarasa, el estado emocional que corresponde, en la contemplación estética, al estado de calma o serenidad. También santarasa es el lugar emocional en el que todas las emociones están contenidas en potencia, del que todas surgen y al que todas vuelven. En esa calma, desde esa calma, la com-pasión es posible porque quien contempla está vacío de sí mismo y ese vacío lleno de posibilidades es el suelo común, propiamente común, de lo humano.
Pero trascendiendo el nivel psicológico de las categorías en las que la Estética se mueve, la contemplación abarca todo lo existente. No se trata, entonces, de la inmersión en este o en otro estado de ánimo, ni siquiera con el fondo común de todos los estados posibles, sino del encuentro con algo mucho más complejo que integra todo el organismo en la misma comprensión. Contemplar un lirio [R. Panikkar] o un amanecer, respirar el olor húmedo del humus en un bosque o sentir la brisa del mar acariciándonos la piel o el tacto del pelo duro o suave de un animal y, bajo los dedos, la leve reacción de aquellas extremidades de ser estremecidas, su límite inverosímil, ese no-límite de repente evidente, con una evidencia que no nos llega por vía racional sino que es producto de esa inteligencia del cuerpo más ancestral, más inmediata, más olvidada también, todo ello es templarse-con, armonizarse, sentir conjuntamente y saberse en otro, en lo mismo, en uno. Porque no existe “el Uno” sino uno-mismo cuando las barreras de las diferencias se han anulado en esa evidencia “natural”. Para estar-con, para salir del “sí mismo”, del otro que somos individualmente, sólo hace falta salvar la distancia que se abre con el juicio, aquella que nos convierte en sujeto-que-observa-un-objeto. Juzgar es establecer la distancia.
Pero el animal no juzga, la planta no juzga, la montaña y la roca no juzgan, el mar no juzga. ¿De allí nuestra superioridad sobre ellos? No, de allí nuestra soledad, nuestra condena. Si fuésemos capaces de contemplar sabríamos, como aquel pintor chino –a Shih t’ao me refiero–, que las montañas son el mar y el mar las montañas y que el mar y las montañas saben que lo sabemos.
Si fuésemos capaces de mirarnos como mira un animal tal vez fuésemos capaces de com-pasión, ésa que acompaña al amor. Porque el juicio es incapaz de dar cuenta del amor. Y ¿qué es eso? “Amor” es la palabra que empleamos para decir la ininterrupción de la corriente de energía que hace ser. Amor es la palabra que convierte un continuo en concepto para la mente, de la misma manera en que la teoría musical india entiende que la nota es el signo mental del intervalo que es el sonido mismo. Un signo es un repliegue, una re-flexión de la conciencia; el concepto da cuenta de lo que ocurre y lo establece, previniendo. El concepto previene las modificaciones. Por lo mismo, el concepto se convierte, apenas formulado, en obstáculo para la vida en el mundo primero –el de los sucesos– del que pretende dar cuenta. Es fácil, entonces, que optemos por mudarnos al mundo segundo, donde la comodidad de los conceptos apacigua la mente por medio de la repetición, la alivia un poco de tanta decisión, de tanta necesaria libertad. Sentir, vivir sintiendo es aparentemente más fatigoso, requiere una atención constante, un estado de alerta, un estar abierto sobre la cuerda tensa. Contemplar no es pasivo, es una apertura, un tensor que apunta hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo, trazando puentes, recuperándolos, un estar en el borde siempre, en el filo que nos separa de nosotros mismos estando, sin embargo, en nuestro propio centro.
Si fuésemos capaces de mirar como mira un animal sabríamos mirar desde el centro en el mismo filo de la individualidad. El amor dice la ininterrupción del flujo, y es éste el estado natural; es amando como salta el tigre sobre su presa, como la ballena o el lince se suicidan o el oso husmea en el viento.
Si fuésemos capaces de mirar como mira un animal o como mira la tierra tal vez seríamos capaces de amarnos. De amarnos antes de la palabra amor, antes de que cualquier palabra asentara los “sentimientos” troceando el continuo, haciendo de la vida fragmentos, similitudes, repeticiones. […]
Chantal Maillard ed. El árbol de la vida. La naturaleza en el arte y las tradiciones de la India. Kairós, 2001
Imagen: Ture Ekroos. Once Upon
Animal luminoso. Tony Moffeit
Clarissa Pinkola Estés, en su libro Mujeres que corren con los lobos, menciona en el capítulo “El Aullido: la resurrección de la Mujer Salvaje”, este poema de Tony Moffeit, “Luminous Animal”.
“En el lugar donde vive La Loba, el cuerpo físico se convierte, tal como escribe el poeta Tony Moffeit, en “un animal luminoso“, y parece ser que, por medio de los relatos, el pensamiento consciente puede fortalecer o debilitar el sistema inmunitario corporal. En el lugar habitado por La Loba los espíritus se manifiestan como personajes y La Voz Mitológica de la psique profunda habla como poeta y oráculo. Una vez muertas, las cosas que poseen valor psíquico se pueden resucitar. Además, el material básico de todos los cuentos que ha habido en el mundo se inició con la experiencia de alguien que en esta inexplicable tierra psíquica intentó contar lo que allí le ocurrió.”
Aquí su refulgente rastro…
ANIMAL LUMINOSO
I
La pregunta es: Cómo liberarte de tus demonios
La pregunta es: Cómo aúllas solo
La pregunta es: Cómo vives la vida tal y como deseas
La pregunta es: Cómo liberarte de la prisión de tu mente
La pregunta es: Cómo romper los muros que has creado
La pregunta es: Cómo liberarte
Sólo existe una respuesta:
Ir a lo más profundo
del corazón de la herida
Ir a lo más profundo
del corazón de la tristeza
Profundizar dentro del pulso de las sombras
Profundizar dentro de la oscuridad
Profundizar dentro de la negrura de la noche
II
Como un animal luminoso abres las infinitas puertas
Como un animal luminoso bailas de forma solitaria
Como un animal luminoso la noche llena tus poros
Como un animal luminoso resplandeces con el fuego
del pulso de tus venas hasta que no queden más que las llamas
Como un animal luminoso aúllas como un lobo por los senderos
Como un animal luminoso solo libras la batalla contigo misma
Como un animal luminoso todo lo que sabes es lo que sientes
Como un animal luminoso conoces los secretos del olvido
Como un animal luminoso
Brillas
III
Quiero que el día se nuble, quiero soplarle a las hojas
Anhelo la tormenta, es la única calma que conozco
La noche de un día gris, la oscuridad al borde de los nervios
El desenfreno de bailar, como si se fuese un niño
Quedar preso entre el sueño, el juego y la realidad
Hacer malabares con las estrellas
o caminar la cuerda floja del horizonte
Quiero soplarle a las hojas, quiero reír con ellos
Quiero reír hasta rendirme ante el viento
Quiero ser la calma en el centro de la tormenta
Quiero ser las primeras gotas de lluvia
Que lamen en los tejados
Una advertencia de que los rayos y truenos
Están comenzando a jugar
IV
Preguntas mi nombre mi nombre es Haití
Preguntas mi nombre mi nombre es vudú
Preguntas mi nombre mi nombre es mojo
Preguntas mi nombre mi nombre es Tambor de Nube
Preguntas mi nombre mi nombre es Baile de Lluvia
Preguntas mi nombre mi nombre es Aullido de Lobo
Preguntas mi nombre mi nombre es Piel de Serpiente
Preguntas mi nombre mi nombre es Gemido Triste
Preguntas mi nombre mi nombre es Malabarista de Sueños
Preguntas mi nombre mi nombre es Equilibrista
Preguntas mi nombre mi nombre es Tren del Misterio
Preguntas mi nombre mi nombre es Amante del Jazz
Preguntas mi nombre mi nombre es As de Espadas
Preguntas mi nombre mi nombre es Ojos de Serpiente
Preguntas mi nombre mi nombre es Animal Luminoso.








