







BEA ESPEJO | 09/09/2016 |
Perejaume. Foto: Martín García Pérez
Hablar con Perejaume (San Pol de Mar, Barcelona, 1957) es como subir una montaña. Tiene mucho de viaje épico. Implica poner en juego todas nuestras capacidades y ampliar el punto de vista desde el cual miramos el mundo. Perderse significa encontrarse y esconderse implica exponerse. A ratos, él mismo se convierte en montaña. Incluso las cuestiones de orden cultural parecen ser absorbidas por el orden natural. Pasa en su estudio, una casa perdida en el monte en la que los árboles invaden el espacio donde dibuja y escribe. Allí, lo arbóreo baila y él florece en una curiosa relación de parentesco. Una mímesis forestal que se ha colado hasta en sus últimas obras.
Perejaume nos sitúa en un lugar poco común, tenso, donde una obra aparece y desaparece reclamando tiempo y recogimiento. Lejos de buscar una estética de la contundencia, sus dibujos, pinturas, instalaciones, vídeos y libros se instalan en el otro extremo: en el silencio y en el escuchar, en el contacto directo y los pequeños gestos. A lo largo de los años, ha realizado acciones mínimas y en lugares casi inaccesibles y ha expuesto en espacios deliberadamente alejados del circuito del arte: desde dejar ir un globo aerostático con un poema impreso hasta recorrer a pie los contornos de Madrid. Hasta en los proyectos más ambiciosos, como la retrospectiva que le dedicó el MACBA en 1999, jugó al escapismo con Dejar de hacer una exposición.
Pregunta.- ¿Sabe quién es Perejaume?
Respuesta.- En su página web (www.perejaume.cat) tan sólo pone: ‘Perejaume. No sabemos gran cosa de él. Nació en el año 57 y aún dibuja y escribe’.
P.- Veo que opone su misma resistencia. Y una obra de arte, ¿está hecha para comunicar?
R.- Relativamente. Tan importante como su función comunicativa es su función de resistencia. Cuando una obra de arte nos interesa es porque están muy equilibrados los aspectos seductores que tiene con los aspectos de resistirse que también tiene. Por eso se mantiene en el tiempo.
P.- Viajemos 40 años atrás, a su época de estudiante.
R.- De mi generación hay pocos artistas que estudiaran Bellas Artes porque entonces tenía bastante desprestigio la escuela. Yo opté por hacer una formación más teórica por la historia del arte, la filosofía. Hice los cursos pero no recogí nunca los títulos, porque fue más una formación entre amigos que un trabajo intelectual profundo. A veces todavía sueño si me falta alguna asignatura de tan incompleta que fue. Digamos que la mía fue y sigue siendo una formación esencialmente local, muy cercana al mundo inmediato. Cualquier palmo de mundo tiene el mismo valor y ninguno es igual al vecino. Sin jerarquía territorial alguna, he tratado de habitar y generar lugar, cuanto más cercano mejor, explicar ese lugar, explicarme a través de ese lugar…
P.- Escritura e imagen van siempre juntas en ese viaje. ¿Dónde le llevan?
R.- Siempre me he sentido atraído por la visualidad verbal que es capaz de asociar cosas muy heterogéneas. ¿Que es, en realidad, la semejanza? Ciertos mecanismos metafóricos permiten dilatar la semejanza, desplazarla o reblandecerla como una sustancia pictórica apta para las más distantes asociaciones, para las más urgentes o reveladoras.
P.- Cuéntenos su hábitat de trabajo, su día a día.
R.- Vivo delante del mar, pero cada mediodía cargo la bicicleta en el coche y un amigo me sube a Can Basuny, en pleno bosque. Por la noche desciendo los 600 metros prácticamente sin tocar el pedal. Hago exactamente el mismo camino del agua, casi cada día de cada día. Creo que la cultura es repetición: la mímesis, el patrón métrico, la secuencia rítmica, el gusto y el regusto… La novedad solamente es potente cuando consigue mover o conmover esa regularidad. Inventar no es más que transformar. La novedad pura no es asimilable, como tampoco es posible la repetición pura porque nunca nada llega a repetirse exactamente.
Un frame del vídeo Rondó, 2016
P.- Es reacio al formato de la entrevista. Ha sido difícil convencerle…
R.- Me resulta arduo este esfuerzo que se le exige al creador para que presente y difunda su propio trabajo. Echo de menos una cierta elegancia que permita actuar más discretamente. Hace sólo unos años, una sociedad más agraria que la actual tenía presente la imagen mortal de una semilla constantemente expuesta a la luz. Ahora, en una sociedad mucho más mediática, a las formas expositivas de promoción y de divulgación no se les plantea ningún límite, es como si fueran inocuas. En realidad, tanto en un caso como en otro, y en relación a la ocultación, el resultado no es tan distinto. La agraria es una ocultación previa, seminal. La tecnoindustrial es una ocultación por acumulación, por desprecio. Me resulta arduo el esfuerzo que se le exige al creador para que difunda su propio trabajo. Echo de menos actuar más discretamente.
P.- ¿Y el espectador?
R.- Cuando veo tantas entrevistas a los autores ocupando los espacios de la crítica o de presentación de sus trabajos, pienso en el papel que juegan como receptores de su propia obra. Evidentemente que la intención es seducir a un posible lector o espectador, pero no es menor la función de pasar la obra así, sin otro comentario o resumen que el que el propio autor propone. Naturalmente, cuanto más densa o extensa es una obra, más se acude a los autores para que la resuman ellos mismos. Todo esto es perfectamente explicable en un contexto tan vasto de producción que no permite ser asimilada.
P.- ¿Es posible, pues, exponerse y esconderse?
R.- La idea de exponer y esconderse, o mejor aún, la de llegar a exponer el mismo esconderse, puede resultar algo enigmática pero es real. La fascinación de las obras que nos seducen proviene en buena medida de esta resistencia que comparten con la naturaleza profunda de la vida. Existe una parte considerable de vida oculta que vive de ocultarse. “No hay noche que no tenga luz, pero está oculta”, dice el maestro Eckhart. Sorprende hasta qué punto muchos libros publicados llevan hoy la fotografía de su autor. No sé que aporta de sustancial esta intimidad. Un primer plano del rostro para qué si, sobretodo en determinados libros de literatura, estamos en otra naturaleza de encuentro. También existe otra idea potente que es la de esconderse, no de los demás, sino en los demás. Joan Miró la definió perfectamente: “El arte puede morir, lo que realmente cuenta es que haya esparcido gérmenes sobre la tierra (…) No es una obra lo que importa, sino la trayectoria del espíritu durante la totalidad de la vida, no lo que se ha hecho, sino lo que deja entrever y facilita de hacer a los demás, en una fecha más o menos lejana”.
Les fotografies d’aquesta sèrie neixen d’observar la natura i trobar elements –roques, arbres, arrels, …– que associem a rostres, personatges, éssers, etc. Són fruit dels encontres amb aquests éssers que poblen la natura i que ens observen sense ser del tot visibles. Aquests éssers, en ser fotografiats-representats, es converteixen en tòtems que reflecteixen els poders de la natura i ens recorden el nostre vincle amb ella. La sèrie de fotografies s’ha estructurat en tres apartats:
Un enquadrament fotogràfic adequat permet el miracle de donar vida a aquests personatges de la natura i poder visualitzar-los.
Aquesta sèrie de fotografies remet a màscares primitives, africanes o orientals, un retrat d’Arcimboldo, o ens porta a recórrer les avantguardes artístiques: puntillisme, expressionisme, constructivisme, cubisme, etc.
Aquestes sèries s’han fet a partir d’elements que, un cop acoblats amb el seu simètric, completen un personatge. Allà on hi havia quelcom indeterminat, mitjançant la simetria, es crea un ésser.
Els rostres o les mirades resultants ens connecten amb personatges molt variats: els que descriu la literatura fantàstica i la ciència-ficció. O ens recorden altres cultures com les negres africanes, les barroques orientals hindús i budistes, les americanes maies i asteques, etc.
Aquesta sèrie també sorgeix d’aquesta mirada “constructiva”, que rastreja elements per després construir-ne uns altres a partir de la combinació amb ells mateixos i utilitzant la simetria.
Aquestes construccions poden ser poètiques i breus com un haiku visual, mandales o rosetons. O complexes, que ens remeten a l’arquitectura barroca i a la de cultures orientals, al món de Gaudí i l’arquitectura modernista, a arquitectures orgàniques i/o fantàstiques…
http://museuciencies.cat/es/visitanos/museu-blau/
L’ exposició “Totems” está al Museu Blau-museu de ciències naturals- de Barcelona: accés lliure fins al 25 de setembre 2016. Visita obligada, no!?
Nostalgia de la Luz (2010) es un film documental del afamado director chileno Patricio Guzmán sobre la distancia entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares.
http://nostalgiadelaluz.com/la-pelicula/
Toda yo estremecida por el desierto, por este campo de horror y de curación simultáneamente, por este formidable testimonio, por la voz retornada a estas mujeres-hueseras que cavan y excavan, por su capacidad de resistencia y de regeneración bajo este cielo translúcido… verdaderas lobas todas ellas… y cuánto queda por condenar, por gritar, por hacer que no quede impune tanto dolor… No os perdáis este film!
Aquí encontraréis otro vídeo de presentación de la exposición de la O’Keeffe que pronto, entrado el otoño, iremos a olfatear, a saborear, rastreando a la huesera: http://uk.blouinartinfo.com/news/story/1446143/video-a-tour-of-georgia-okeeffe-retrospective-at-tate-modern
http://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/talks-and-lectures/curators-tour-georgia-okeeffe
Alguien entra en una casa y contempla la calle desde la ventana.
Alguien sale de una casa y contempla la ventana desde la calle.
Alguien camina por una calle y contempla a los otros por el camino.
Alguien entra en una casa que hay en su camino y la contempla como propia.
Alguien está siempre en camino y nunca repara en casa alguna.
Alguien no repara nunca en los otros que andan por la calle.
Alguien repara siempre en sí mismo cuando da un paseo.
Alguien da un paseo por las calles para reparar en sí mismo.
Alguien repara siempre en sí mismo y entra en las casas de los otros.
Alguien sale de las casas de los otros pero no las contempla.
Alguien regresa a su propia casa y ni siquiera enciende la luz.
Alguien no quiere que lo vean y por eso está sentado en la oscuridad.
Alguien pasea en la oscuridad buscando la luz en una casa.
Alguien ha encendido la luz en su casa pero no espera que llegue nadie.
Alguien espera siempre a alguien pero ha olvidado encender la luz.
Alguien espera a alguien que va a llegar y sale a invitarle a entrar en la casa.
Alguien muestra a alguien que la casa ha desaparecido entre las otras.
Alguien muestra a alguien que esa casa no puede ser la verdadera casa.
Alguien apagó la luz de la verdadera casa y se marchó.
Alguien salió a dar un paseo para no enseñar a nadie la casa equivocada.
Alguien se ha ido porque contemplaba la casa de manera equivocada.
Alguien ha desaparecido en otra casa que en cualquier caso está abandonada.
Alguien ha desaparecido en la calle y no se muestra a nadie.
Alguien ha sido abandonado y sólo sale cuando cae la oscuridad.
Alguien abandona su casa y posteriormente nunca regresa a ella.
Alguien allana una casa y después vive en ella tanto como puede.
Alguien vive en una casa que de otro modo está abandonada noche y día.
Alguien vive en una casa cuyas ventanas no dan a la calle.
Alguien vive en una casa sin ventanas y ha dejado de mirar.
Alguien vive en una casa sin luz y nunca se contempla a sí mismo.
Alguien ha dejado de esperar a alguien y nunca sale de casa.
Alguien ha dejado de mirar a la luz y finalmente se ha quedado ciego.
Alguien ha dejado de mostrar lo solo que está en la oscuridad.
Alguien ha desaparecido en su casa y nunca se ha visto a sí mismo.
Alguien está solo en su casa y nunca necesita a los otros.
Alguien ha desaparecido entre los otros y no ha sido visto desde entonces.
Alguien está solo consigo mismo y no ha conocido nunca a los otros.
Alguien está solo con los otros y nunca se ha conocido a sí mismo.
Alguien está solo porque él ha sido incapaz de imaginar otra cosa.
Alguien está solo porque él sí ha sido capaz de imaginar otra cosa.
Alguien está solo porque él ha desaparecido en sus pensamientos.
Alguien está siempre solo y se contempla como un moribundo.
Alguien está muerto y yace en una casa con ventanas que dan a la calle.
Alguien está muerto y yace en una casa donde están encendidas las luces.
Alguien está muerto en una casa que por cierto está completamente abandonada.
Alguien está muerto donde uno jamás hubiera pensado encontrar a nadie.
Alguien está muerto y de repente se presenta ante todos los demás.
Alguien está muerto y es contemplado por los que en todo caso pasan por allí.
Alguien está muerto y es sacado de su casa cuando cae la oscuridad.
Alguien está muerto y es contemplado por alguien que finalmente se ha quedado
[ciego.
Alguien permanece inmóvil y está finalmente solo con el otro muerto.
***
Veo que existen poderes más grandes
Que la mayor parte de mí se controla a sí misma
Que la mayor parte de las células dirigen mi vida
Como si yo no estuviese presente
[…]
Inger Christensen. Eso. Editorial Sexto Piso, 2015. Trad. Francisco J. Uriz.
Nota de la editorial Sexto Piso:
Pocos poemas en la historia de la literatura han tenido la repercusión de ESO en el momento de su publicación en Dinamarca en 1969. Sus versos pronto aparecieron sobre los muros de diversas ciudades como una forma de protesta política. Los gobernantes, por su parte, los citaban en sus discursos. La crítica universitaria y el gran público coincidieron en aclamarlo. Los grupos de música rock se lo apropiaron, y las canciones surgidas de sus páginas se volvieron grandes éxitos. Algunos fragmentos del poema fueron tan célebres que se convirtieron en expresiones de uso coloquial. ESO, como si volviera al origen de la poesía y de toda tradición occidental, es un poema de la creación; es una cosmogonía que, a medida que surge, va creando el mundo; es un himno que celebra todas las cosas que existen sobre la tierra; es un tratado poético sobre el origen del lenguaje y del ser; es una reflexión sobre la sustancia misma de la que está forjada la realidad, y sobre la percepción que tenemos de ella; es una crítica a las instituciones mentales y políticas que rigen la vida humana; es una construcción arquitectónica cuyos versos han sido medidos y modelados siguiendo un esquema matemático muy preciso; es una edificación verbal cuyas palabras son exactas y salvajes a un mismo tiempo; ESO, como muy pocos textos de la tradición europea, es un poema total; es un camino que nos conduce más allá de las palabras, a un lugar –oscuro y luminoso a la vez– que da sustento a todo, a lo inexplicable y a la razón, al delirio y a los sueños, al miedo y a la valentía, a las ilusiones políticas y a la barbarie, a la belleza y a la imaginación, a la existencia y a la nada; a ESO, en definitiva.
http://www.sextopiso.es/8020-eso/
Artículo de Juan Malpartida publicado en ABC Cultural, el 19 de julio 2016
Hablar de Gary Snyder no es hablar sólo de un poeta de la generación «beat». En tanto que estudioso de la Naturaleza, es también un ecologista, como se desprende de «La práctica de lo salvaje»
Para situar rápidamente este hermoso y lúcido libro de Gary Snyder [Juan Malpartida reseña aquí La práctica de lo salvaje], me remito a la idea de Claude Lévi-Strauss, citada por el propio poeta, de que las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación. Snyder es integrado siempre, y no sin razón, con los poetas, novelistas y personajes de la generación «beat». Nació en San Francisco en 1930, y creció en una «pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga». Estudió antropología y lenguas asiáticas, y en 1962 residió en la India. Además de un estudioso del budismo y de la Naturaleza, fue de joven montañero y trabajador forestal. Ha sido y es un gran defensor de la Naturaleza salvaje y para ello, además de escribir notables ensayos, ha desempeñado tareas prácticas en las montañas y bosques del Oeste americano, pero también en Japón, Taiwán y Nepal.
Toda su reflexión y actividad está asistida por «una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas». Sí, es un ecologista, pero es algo más. Está lejos de creer que el mundo vegetal y animal es un instrumento, y profesa la creencia y el conocimiento de que formamos parte de un universo animal y vegetal que debemos cuidar, amar y respetar si queremos tener una vida digna y perdurable.
En «La práctica de lo salvaje» no sólo encontraremos datos y reflexiones que vale la pena tener en cuenta y pensar, sino una admirable actitud ante la vida, y, como escritor, pasajes memorables en los que vemos, literalmente, un mundo natural lleno de fuerza, y asistimos a enseñanzas exigentes y al tiempo razonables sobre un buen vivir, que siempre ha de suponer nuestra inserción en el conjunto de lo vivo.
Para Snyder lo salvaje forma parte de la libertad, y esta se apoya en la aceptación de las condiciones que le son inherentes: una realidad transitoria, abierta, imperfecta y no pocas veces dolorosa. La libertad existe porque no hay un universo preestablecido. Lo propio de lo salvaje, por otro lado, como proceso de lo natural, también es una ordenación de lo transitorio. Para Snyder, como para algunos místicos y científicos modernos, todo es natural, incluidas nuestras ciudades, aunque para el poeta norteamericano Madrid y Nueva York serían naturales sin ser salvajes (bueno, hay días en que uno afirmaría lo contrario…).
Pasajes memorables en los que vemos, literalmente, un mundo natural lleno de fuerza
Un sistema salvaje lo es cuando un ecosistema funciona plenamente y, por lo tanto, todo lo que lo constituye está presente en su red de actividad. De ahí venimos. Por otro lado, en nosotros habita también esa realidad: «Las profundidades de la mente, el inconsciente, son nuestras áreas salvajes interiores, y es ahí donde ahora hay un lince», afirma Snyder. No se trata de un lince individual, sino del que va «de sueño en sueño». «El cuerpo se encuentra en la mente. Ambos son salvajes».
Antonio Damasio diría que el cerebro surgió para ayudar al cuerpo en la subsistencia. Pero el naturalista Mancuso iría más lejos al afirmar que los árboles tienen un cerebro en red. Snyder, siguiendo en esto a la tradición «samkhya», pero también a Charles Darwin, no duda en afirmar que en un sistema ecológico «la información que recorre el sistema es inteligencia». Es obvio que la noción de inteligencia trasciende lo que entendemos por pensamientos, opiniones, ideas y conceptos, porque para Snyder, citando a Dogen, el fundador de la escuela soto del zen japonés, mente «significa árboles, postes de una cerca, tejas y hierbas».
Como ecologista, Gary Snyder aboga por un «contrato natural» a escala planetaria, que impida los saqueos y destrucción llevados a cabo como botín por empresas y Estados. Apela a una conciencia sobre los recursos de fuente común. Un mundo en el que la cultura y la Naturaleza son sombras, y la política y la economía enrarecidas son lo real, significa para Snyder que vivimos en «tiempos retrógrados», aunque creamos que el sistema es firme y progresa.
Por otro lado, junto al «contrato natural» planetario, el antropólogo y activista Snyder considera necesaria una «conciencia biorregional» que nos hace prestar atención a que nuestro vínculo con el mundo natural no transcurre en abstracto sino en un lugar, y «debe enraizarse en un sustrato de información y experiencia». También lo dice de manera algo hegeliana: «El biorregionalismo es el acceso del “lugar” en la dialéctica de la Historia». No me resisto a citar la descripción de su propio lugar: «Ladera oeste de la Sierra Nevada, en la cuenca del río Yuba, al norte del brazo sur del río en la cota de los 900 metros, en una comunidad de roble negro, cedros de incienso, madroños, abetos Douglas y pino ponderosa». Exactitud de naturalista y de poeta que recela de las abstracciones.
Debemos vigilar nuestra disposición cotidiana en relación al mundo animal y vegetal: «La actitud hacia los animales y la forma de tratarlos que predomina hoy en la producción de carne en el mundo occidental son francamente enfermizas y antiéticas, y una fuente ilimitada de mala suerte para esta sociedad». Una vida ética ha de tener buenas maneras, ser considerada. Pensamos que podemos hacer cualquier cosa. Es un error. Pero no podemos alcanzar la percepción correcta sin una práctica adecuada, y por ello valora la noción de lo sagrado en cuanto que suponga la salida de nuestra individualidad, más allá de nuestra especie, para participar de aquello que, por encima de ideas y conceptos, preceptos y opiniones, nos constituye.
No se trata de una fusión mística sino de percibir y mantener las diferencias y la igualdad. Los seres humanos y nuestras ciudades no podemos prescindir del resto de la Naturaleza, y para ello es necesario, según Snyder, una ecología compleja, que supone que la respuesta a las necesidades humanas esté sumida en una conciencia integral. El autor vislumbra que «nuestro próximo diálogo será entre todos los seres, hacia un discurso de relaciones ecológicas». Esto no implica menospreciar lo humano: «El estudio correcto de la humanidad es qué significa ser humano».
Entre los meses de febrero y junio 2016, el espacio de Tabacalera (Madrid) acogió en su sala La Principal ‘La canción de la tierra’, una exposición que reunía la última producción de la artista Eva Lootz (Viena, 1940) junto a otras dos series de sus trabajos anteriores. Las tres series, producidas en diferentes momentos de su trayectoria y presentadas por primera vez interconectadas, toman el pulso al estado actual del planeta a través del cobre, la sal, el agua y la electricidad.
“Cascada”, uno de los vídeos de Eva Lootz en la exposición “La canción de la tierra”
Texto en pdf de Eva Lootz acerca de su exposición La canción de la tierra: http://www.evalootz.net/textos/lootz_cancion.pdf
“Hacer arte es crear campos de excitación, de intensidad, de experiencias extraordinarias. Y para ello hace falta pasión, intuición, disciplina, entrega, y aprender a pensar plásticamente”, así se expresa la pintora, escultora, y artista conceptual, Eva Lootz (Viena, Austria, 1940) que se formó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Viena, licenciándose como directora de cine en la Escuela Oficial de Cinematografía y Televisión de su ciudad natal, al tiempo que se iniciaba en Bellas Artes con Hans Leinfellner. En 1965 se trasladó a España, fijando su residencia en Madrid.
Eva Lootz ha centrado su obra en la naturaleza, y en las cualidades o propiedades físicas y orgánicas de los diversos materiales con los que trabaja. Su obra, en la que existe un marcado interés por la interacción entre materia y lenguaje, se caracteriza desde el inicio por la utilización de registros heterogéneos: esculturas, collages, dibujos, estampas, fotografías, instalaciones… Un universo conceptual y muy personal en el que Eva Lootz reivindica el valor de lo fronterizo. “Hay artistas más productivos y otros más reflexivos. Yo sin duda soy de estos últimos”, dice la artista.
En una entrevista reconoce que a la vez que avanzaba como creadora descubrió la invisibilidad de la mujer en el arte. Y dice algo acerca de la devaluación tanto de la naturaleza como de la mujer que a nosotras nos resonará mucho siendo el núcleo mismo de nuestro libro lobuno: “Hay cierto paralelismo entre el trato que se da a la naturaleza y a la mujer. Al igual que se acude a una cantera para extraer materias primas, la mujer no ha tenido más valor durante siglos que ser la gran reproductora. No es algo discursivo, sino implícito”.
Dirigiendo de nuevo la atención y la escucha hacia lo que nuestra cultura ha dejado en la sombra, Eva Lootz, al referirse a las “esculturas negativas” o a los “monumentos negativos”, precisa:
“¿Qué es pues la escultura negativa?
Es el reverso de la escultura como expresión del genio.
¿Qué son los monumentos negativos?
Son el reverso de los monumentos como expresión de la autoridad en el espacio público.”
Escultura negativa da cuenta de la dicotomía radical que atraviesa nuestra tradición entre materia y espíritu, de las implicaciones humanas de unos trabajos realizados a menudo en condiciones de semi-esclavitud, y ahonda en el paralelismo existente entre la devaluación de la materia y la de la mujer, en el hecho de que lo que se ha
valorado son los monumentos, las catedrales, los palacios, las pirámides, las esculturas de bronce y de mármol, quedando ocultos los lugares de su procedencia,
el trabajo primero, la matriz, la cantera y la mina, aquello que ha hecho posible la
obra. Esta publicación bilingüe (español-inglés) reúne los trabajos que Eva Lootz ha venido desarrollando, desde los años setenta hasta hoy, en relación con las minas de Ríotinto, Almadén, Rodalquilar y las Médulas, el Canal de Isabel II, las Canteras de Menorca, las Salinas de Torrevieja y el Río Loa en Chile. Asimismo, además de los textos de la propia Lootz, la edición se completa con un texto de Esther Moñivas sobre “la concepción de la materia”, un texto de Chantal Maillard, “Homo Sapiens Obliviosus”, fruto de un encuentro imaginario entre el filósofo Michel Serres y Eva Lootz, y un texto final de César Lanza sobre el agua –”Hilos de agua”– como materia y medio de creación/sustracción. © LA OFICINA DE ARTE Y EDICIONES, 2015
Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, Eva Lootz fue galardonada en 2013 en la categoría de Artista por la Fundación Arte y Mecenazgo, impulsada por “la Caixa”. La artista, en el acto de entrega del premio en 2013, reconocía que le hacía especial ilusión el hecho de que “este premio incluya la posibilidad de hacer un libro, un libro-proyecto, que me permitirá ahondar en un tema que ha sido importante para mí, aunque tal vez haya estado un tanto encubierto y no haya sido todo lo visible que hubiera podido ser, el tema que he llamado de los “monumentos negativos”. Es en el fondo el tema de la apropiación de los recursos por parte del ser humano, o, dicho de forma más poética, el tema de la escucha de la tierra y de sus entrañas, el tema de los yacimientos, las minas, las canteras, la extracción de minerales y el intercambio de materias primas… Incluye también las reflexiones acerca de la devaluación de la materia, que en nuestra tradición ha ido en paralelo con la devaluación de la mujer. Quisiera reunir en esta ocasión el material que en su día quedó guardado en carpetas y cajones e incluso, realizar en forma de libro el proyecto del río Loa que acaricio desde hace tiempo, sin haber podido avanzar mucho por falta de medios.”
“(…) El comienzo de mi trabajo lo recuerdo como un querer hacer tabula rasa. Escuchar por tanto a la materia, su calidad impasible e indiferente a lo humano, trazar sus mapas, rastrear su gramática. Fundir parafina y lacre, untarse el cuerpo de alquil, acostarse sobre un montón de plumas, derretir plomo, seguir los caminos del mercurio.
Este libro recoge en gran medida el trabajo de los años 80, aquella parte del trabajo imposible entonces de presentar en una galería de arte, recorre los yacimientos más importantes de la península y emprende un itinerario por los lugares del cobre, del mercurio, del oro, de la piedra, de la sal, de un conducto de agua, de una cuenca hidrográfica y finalmente de un oasis en vías de desaparición”.
– Eva Lootz, discurso de presentación del libro –
Texto en pdf del discurso de presentación del libro Escultura negativa de Eva Lootz:
Feu clic per accedir a Presentacion-Eva-Lootz-Escultura-Negativa-15012015.pdf
Web de Eva Lootz: http://www.evalootz.net
Dos entrevistas:
http://www.elcultural.com/noticias/buenos-dias/Eva-Lootz/7287
http://www.tendenciasdelarte.com/eva-lootz-sentido-y-sensibilidad/
soñé con un perro
con un perro desollado
cantaba su cuerpo su cuerpo rojo silbaba
pregunté al otro
al que apaga la luz al carnicero
qué ha sucedido
por qué estamos a oscuras
es un sueño estás sola
no hay otro
la luz no existe
tú eres el perro tú eres la flor que ladra
afila dulcemente tu lengua
tu dulce negra lengua de cuatro patas
la piel del hombre se quema con el sueño
arde desaparece la piel humana
sólo la roja pulpa del can es limpia
la verdadera luz habita su legaña
tú eres el perro
tú eres el desollado can de cada noche
sueña contigo misma y basta
Blanca Varela. Valses y otras falsas confesiones (1972)
Poeta peruana, nacida en Lima (1926-2009), cuya voz lírica alcanzó un tono personal, intenso y reconocible que le ha dado un puesto sobresaliente en la poesía hispanoamericana contemporánea. Su evolución fue pausada y no muy abundante en libros, pero sí rigurosa y profunda. La suya no es una poesía fácil de clasificar, aunque algunas de sus raíces estéticas puedan identificarse, porque se mantuvo al margen de corrientes en boga y permaneció fiel a una búsqueda interior que no hizo sino perfeccionarse. En la década de 1940, además de seguir estudios universitarios, hizo periodismo, frecuentó la tertulia literaria de la Peña Pancho Fierro que presidía José María Arguedas, y cultivó la amistad, entre otros, de escritores como Sebastián Salazar Bondy y Emilio Adolfo Westphalen. Allí conoció al pintor Fernando de Szyszlo, con quien estuvo casada largos años. Colaboró en la revista Las moradas, dirigida por Westphalen. En 1949, marchó a París y empezó a escribir poesía, aparte de dedicarse al periodismo y la traducción. El clima intelectual europeo de esa época (sobre todo el existencialismo y los rescoldos todavía candentes del surrealismo) influyeron en ella; frecuentó también a escritores hispanoamericanos que residían en esa ciudad, como Ernesto Cardenal, Julio Cortázar y Octavio Paz, quien estimularía su trabajo poético, prologaría su primer libro y le sugeriría su título: Ese puerto existe (1959). Tras un breve retorno al Perú, en 1955, vivió entre 1957 y 1960 en Washington. Desde entonces residió casi permanentemente en su ciudad natal, con contactos muy esporádicos con el ambiente literario. A fines de la década de 1960, colaboró en otra importante revista de Westphalen: Amaru. Fue secretaria General del Centro Peruano del PEN Club Internacional y dirigió la oficina del Fondo de Cultura Económica en Lima. Después del libro mencionado, la autora publicó los siguientes: Luz del día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel (1986), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Poesía escogida (1993) y Del orden de las cosas (1993). Bajo el título Canto villano (1986) recopiló su obra poética desde 1949 a 1983. Sus más recientes títulos fueron Concierto animal (1999) y la antología Donde todo termina abre las alas: poesía reunida 1949-2000 (2001). En 2001 recibió el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, y en el 2007 el Premio Reina Sofía de Poesía. © M.E.