Kiki Smith
Kiki Smith es una artista norteamericana polifacética. Nació en 1954 en Nüremberg y creció en New Jersey. Se trasladó a Nueva York en 1976, ciudad en la que vive y trabaja en la actualidad. Utiliza una gran diversidad de materiales: telas, lana, papel, vidrio, bronce, piedra, terracota, madera, yeso, resinas, elementos orgánicos… El foco central de su trabajo experimental es la representación del cuerpo, de su carácter perecedero y de su vulnerabilidad, su fragilidad y su fuerza. Explora la relación entre el ser humano y la naturaleza, entre el cuerpo y el mundo, entre el territorio natural y la dimensión espiritual. Su obra está poblada por lobos, aves y mujeres… Encontraréis en el video muchos temas que exploramos en nuestro taller lobuno.
Estaré ahora unos días en la Toscana. Me acabo de enterar que hay una exposición de su obra en San Gimignano muy cerca de donde estaré hospedada! Me siguen asombrando las resonancias… Los hilos de la red vibrando…
Seguirá…
Hélène Cixous, el grito de la literatura
No nos enteramos a tiempo, pero el 17 de junio Hélène Cixous va celebrar al CCCB la conferencia El grito de la literatura. La presentaba Marta Segarra.
Os dejo los dos vídeos de la página del CCCB, el primero en la versión original francesa para escuchar su voz; y el segundo, en versión catalana para comprender mejor lo que dice en el caso en que no podáis seguirla en su lengua natal.
Hélène Cixous es, sin duda, una de las voces más originales de la literatura y el pensamiento contemporáneos. Su conferencia –meditación poética, discurso literario, introspección personal– reflexiona sobre la literatura como un medio para afirmar nuestra existencia, entrar en diálogo con voces del pasado y hacer frente a la inevitabilidad de la muerte. Dice Cixous: “Primero gritamos. Después escribimos: traducimos en el ultrasilencio de la escritura los gritos agudos y breves de la realidad. La literatura es para aullar largamente, lanzar gritos hasta la música; el derecho a los gritos que la realidad y la comunidad nos prohíben. Como al alba los pájaros se reparten el territorio acústico –¿la habéis oído, la orquesta de la hora indecisa?–, oigo el grito de topo de la literatura”.
Esta conferencia se enmarca en las jornadas “Políticas de las emociones. Diálogos desde el género y la sexualidad“, organizadas por el Centre Dona i Literatura, de la Universidad de Barcelona, en colaboración con el Institut d’Humanitats de Barcelona y el CCCB.
Jane Goodall. Viviendo entre chimpancés
Jane Goodall, primatóloga y Mensajera de la Paz de Naciones Unidas, nos explica en este video cómo empezó su interés por los animales desde pequeña y cómo vio convertido su sueño en realidad al poder estudiar a los chimpancés en Tanzania. Desde entonces ha podido observar las similitudes y diferencias entre chimpancés y humanos (no sólo desde el punto de vista morfológico y genético, sino también a nivel conductual y cultural).
Todas estas observaciones le permiten reflexionar sobre la destrucción del planeta por parte de los humanos, pero por encima de todo sobre cómo podemos actuar para conseguir un mundo mejor y parar esta destrucción. Programas como “Raíces y Brotes” o “Tacare” le dan esperanzas para creer que entre todos podemos cambiar las cosas que no nos gustan.
Ritmo y belleza de la vida salvaje
La baba del caracol. El rastro de Chantal Maillard
Cuando los lobos cambian el curso del río…
Cuando los lobos fueron reintroducidos en el parque nacional de Yellowstone en los Estados Unidos después de haber estado ausentes casi 70 años, ocurrió una “cascada trófica”. ¿Qué es una cascada trófica?¿Cómo pueden transformar los lobos el curso de un río? George Monbiot nos lo explica en este video.
Aquí tenéis el vídeo con subtítulos en castellano:
http://lavozdelmuro.com/asombroso-como-unos-lobos-son-capaces-de-cambiar-el-curso-de-un-rio/
Wild Woman
¡Sí, tienen conciencia los animales! Pero, ¿tenemos nosotros capacidad cordial?

Primero, leeros el enlace.
Luego, ¡vayamos, por puntos, a lo que saben todos los que han convivido con un gato!
- Le preguntan a la poeta-filósofa Chantal Maillard:
¿Qué le saca a usted -inevitablemente- de quicio, y qué le pone -inmediatamente- de buen humor?
Ella responde:
Las matanzas de animales, la falta de lógica de los razonamientos, los discursos mal construidos. ¿De buen humor? Un frase inteligente, o un animal en libertad.
2. En otra ocasión, el entrevistador alude de nuevo:
En varios pasajes, destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India)…
Respuesta:
En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.
3. En su presentación de La Tierra prometida, libro circular, libro-plegaria, libro-cuenco en el que figuran los nombres genéricos de algunos de los miles de animales que han perecido, que perecen, o están a punto de perecer, Chantal Maillard explicita :
La tierra prometida (…) también es fuego y obelisco, columna y ofrenda para aquellos desconocidos como individuos que perecen, y perecieron y perecerán por obra de otros animales que proliferan por encima de los límites de lo que el organismo terrestre nos permite y en detrimento de todos los demás a los que maltratamos y hemos maltratado…
Ellos (los animales) son víctimas inocentes que, por más desconocimiento, ni siquiera nombramos como tales individuos, sino en tanto que especie, tal vez porque aún tenemos que pedir perdón y avergonzarnos de pedir un lugar para ellos. Porque cuando hablamos de “especies” parece que nos estamos refiriendo a algo que nos atañe, la supervivencia del planeta, por ejemplo. Hablamos de hacer leyes para los grandes simios porque se nos parecen. Empezamos a respetar a las ballenas y a los delfines cuando averiguamos que también ellos tienen lenguaje. No nos paramos a pensar que tal vez sea que nuestra mente sea tan limitada que no puede comprender el lenguaje que sí tienen las demás especies, que su forma de comunicarse sea demasiado ajena a aquella tan limitada de las palabras y la gramática.
(…) Es evidente que los saberes de la mente han suplantado la sabiduría del cuerpo, esa que para los taoístas era la clave para la cura y que la gran mayoría de los seres humanos siguen fiel a la corriente que les lleva como focas dormidas en el fondo del océano. Es evidente.
Pero aún así y, pese a toda su codicia, su imbecilidad, su fatuidad, me atrevo a creer que hay en el ser humano un reducto, una capacidad cordial que bien puede que corresponda con el latido, esa respiración que al fin y al cabo es común a todos y nos une a través del aire que nos penetra. Como cuando vamos en un autobús repleto y no nos percatamos de que estamos respirando lo que sale de los pulmones de las otras personas, o en el zoológico, cuando sale de los simios, cuando sale de los pájaros y entra en el nuestro y vuelve a ellos.
Esa capacidad cordial es a la que denominamos, a veces, compasión (padecer con otros). Y no sé muy bien por qué entiendo que va a la par con la capacidad para detectar la inocencia, algo que, cuando lo experimentamos, puede causarnos a la vez un gran dolor y un delicioso sentimiento de ternura.
Bien, pues entiendo y defiendo que el animal es inocente. También el animal tratado y encubierto en su ser-hombre y tan ingenuo, el nuestro, en su falso paternalismo, tan ignorante de las leyes de aquello que cree controlar. Y esa inocencia es la que me ha motivado a producir esta letanía. ¿Para qué?, ¿qué podemos conseguir con ello?, me preguntaron. Un efecto resonancia, contesto. Si un ejército puede hacer saltar un puente al que atraviesa a paso rítmico, ¿no podremos nosotros impedir que desaparezcan algunos animales, si repetimos sus nombres al unísono, con insistencia y con la voluntad de que perduren? Si creyese en algo sería en el efecto del deseo proyectado en un objeto. Tal vez podamos enfocar en ellos intensamente nuestra voluntad mientras nos unimos en el recitado de esta letanía que es una plegaria dirigida a todos nosotros por todos ellos.
Empezamos a pensar en su desaparición cuando ésta es un síntoma de algo que nos atañe y porque nos atañe. No hablamos desde la compasión, sino desde el miedo. Cierto es que también podríamos hablar racionalmente, puesto que la racionalidad no es emotiva, no tiene miedos, desde un supuesto ojo cósmico. Es decir que esta sería la manera en que la tierra, célula a su vez del universo, ha iniciado su propia destrucción. Como instrumentos de la naturaleza, nuestro destino sería entonces el de ser entre todos el gran verdugo y apostar por la vida, por su continuidad, sería, en tal caso, contravenir los designios galácticos.
(…) Por compasión, pues, no sabiendo, y como animal que soy, pronuncio e invito a pronunciar el ensalmo, tomando partido por la inocencia, la de ellos, por encima de mí, de nosotros, del animal racional, pero también por él, porque él es un punto más en la trama y aunque éste no deba ser jamás un argumento a utilizar para protegerles porque sin ellos, sin todas y cada una de estas múltiples formas de vida, nosotros tampoco sobreviviremos. Es por todos, pues, que invito a entonar “tal vez aún apenas sea posible, nunca tan vez…”… … …
4. Para deleitaros, os dejo otro artículo de Chantal en esta misma vibración El tigre que ama: ” Pero el animal no juzga, la planta no juzga, la montaña y la roca no juzgan, el mar no juzga. ¿De allí nuestra superioridad sobre ellos? No, de allí nuestra soledad, nuestra condena. “
http://www.webislam.com/articulos/64637-el_tigre_que_ama.html
La pregunta es: ahora que sabemos científicamente lo que hemos olvidado empáticamente, a saber, que los animales tienen conciencia (sic), ¿seremos nuevamente capaces de vivir en cordialidad, en íntima comprensión del sentir del otro, de practicar un conocimiento sintiente? Huelga decir que la pregunta, en mi opinión, es de plena y dolorosa actualidad tanto para los animales a plumas, pelos, garras, caparazones y demás vestiduras como para el animal humano en sus múltiples variantes… Desafortunadamente, una cosa llama a la otra. Afortunadamente, quizás sea cierto también al revés, y además de conciencia nos quede tiempo…
Tal vez aún apenas sea posible… Cacareemos. Gruñemos. Bereemos. Aullemos.
Lobos y oso comiendo una carroña
Encontré este video en la página de Fapas, Fondo para la protección de los animales salvajes. He añadido su web a nuestros enlaces sobre lobos. Les agradezco desde aquí su activo y eficiente trabajo para la protección y la conservación de los ecosistemas y su profundo conocimiento de la naturaleza salvaje que difunden y comparten con pasión desde 1982!
http://www.fapas.es/index.php/proyectos-fapas-2/proyecto-lobo
