Animaliz-arte con Johannes Stötter

El trabajo de bodypainting del artista y músico Johannes Stötter (1978, Tyrol del sur, Italia) me recordó la frase de aquel filósofo y monje budista, Nagarjuna, quien dijo, allá por la India del siglo II, “las cosas no son lo que parecen”… Los vídeos muestran cómo se superponen mente y percepción. ¿Acaso tiene sentido concebir a un yo al margen de los otros (animales)?

https://www.facebook.com/johannes.stotter.7

http://www.johannesstoetterart.com

 

 

Las lecciones de lo salvaje de Gary Snyder

La-mente-salvaje_Gary Snyder

 

El jueves pasado, asistimos en La Central del Raval de Barcelona a la presentación de dos libros de Gary Snyder de la mano de sus traductores, Nacho Fernández, José Luis Regojo y Jaime Subirana. Acompañados por su ritmo pausado, recorrimos la nueva antología de poesía y prosa, La mente salvaje, poemas y ensayos, ahora reeditada por Árdora Ediciones, y el libro de ensayo más sustancial del poeta norteamericano, La práctica de lo salvaje, publicado por Varasek Ediciones. Complementarios, sendos libros forman un binomio que su traductor y compilador, Nacho Fernández, ilustró acertadamente colocando el libro de ensayos La práctica de lo salvaje como base sustentadora en la que se enraizaba la antología de poemas La mente salvaje. Dos perspectivas, un mismo camino, para adentrarse en una verdadera “ecología del lenguaje” de la mano de ese gran pensador-poeta-activista que es Gary Snyder.

En esta ocasión, la nueva antología (la edición del 2008 habiéndose agotada) adopta un mayor formato y se amplia con 43 poemas con su versión original en inglés, y cuatro ensayos inéditos procedentes de los tres últimos libros publicados por el escritor norteamericano hasta la fecha. Tal y como lo subraya la editorial Árdora, “esta nueva publicación ofrece un completo recorrido por toda la obra de Snyder: desde sus primeros poemas celebratorios sobre el trabajo manual en bosques y montañas hasta su reivindicación de nuestra pertenencia a la comunidad natural, incorporando visiones de su experiencia vital, el antiguo saber de las comunidades nativas y la enseñanza ética del budismo.

“La obra de Gary Snyder (San Francisco, 1930) plantea una esclarecedora revisión de nuestra pertenencia al mundo natural. En su poesía convergen la atención detallada a la condición salvaje, el conocimiento y la permeabilidad a la tradición literaria oriental, el legado ético del budismo —residió en Japón durante una década— y una escucha atenta a las relaciones de las culturas primigenias con su entorno.

“Inicialmente vinculado a la generación beat y pensador crucial sobre cuestiones ecológicas, Gary Snyder es hoy uno de los poetas vivos más respetados en lengua inglesa, además de autor de una obra ensayística que asume una posición ética y política tan creativa como rigurosa.”

Nuestras habilidades y trabajos no son más que pequeños reflejos del mundo salvaje, cuyo orden es innato y libre. No hay nada como salirse de la calzada y adentrarse en una parte nueva de la división de aguas. No por la novedad en sí, sino por la sensación de llegar a casa, a todo nuestro territorio. “Abandonar el sendero” es otra forma de llamar el Camino, y deambular alejándose del sendero es la práctica de lo salvaje. Es ahí también donde, paradójicamente, damos lo mejor de nosotros mismos. Aun así, necesitamos caminos y senderos, y los mantendremos siempre. Primero debes estar en el camino, antes de poder echar a andar en otro sentido y adentrarte en lo salvaje.  Gary Snyder


Un modo de percibir, de defender y de estar en el mundo salvaje (aguda observación del espacio natural y de sus ecosistemas, exploración del sustrato imaginativo del lenguaje estrechamente vinculado a nuestro ser biológico, atención a la auto-organización, regulación y mantenimiento de nuestro cuerpo-mente) que Gary Snyder, permaneciendo en el camino, fuera del sendero, traduce magistralmente en poemas, ensayos y actitudes.

Leedlo despacio, dejaros llevar en la canoa de sus poemas, entrad en relación con la amplitud de su pensamiento sembrado de múltiples referencias sobre budismo, antropología, lingüística, etnobotánica, geología, prehistoria, mitología… seguidlo allí donde se borran todos los senderos, en el camino de lo salvaje…

FUERA

el silencio
de la naturaleza
dentro.

el poder dentro.
el poder

fuera.

el camino es todo lo que pasa–
no tiene objetivo en sí mismo.

la meta es
la gracia –la liberación–

curar,
no salvar.

cantar
                   la prueba

la prueba del poder dentro.

Gary Snyder. La mente salvaje, poemas y ensayos. Edición y selección de Nacho Fernández RocafortÁrdora Ediciones, 2016.

http://www.ardora.com/content/la-mente-salvaje-nueva-antologia-poemas-y-ensayos

Aquí tenéis el enlace al audio de la presentación de los libros de Gary Snyder: www.ivoox.com/11894780

 

Naciendo en otra especie. Antología de poesía Capital Animal

capital animalObras de Sergio Pilán que ilustran la portada (izquierda) y la contraportada (derecha) de ‘Naciendo en otra especie’, antología de poesía Capital Animal.

 

Casi medio centenar de poetas participan en la antología de poesía Capital Animal que se presentará en La Casa Encendida de Madrid el miércoles 8 de junio de 2016, a las 19 horas. Su título, Naciendo en otra especie, se inspira en un verso de Antonio Gamoneda: “Estoy naciendo en otra especie / y el exterior es lívido”, de su poema ‘Malos recuerdos’, publicado en 1980 en su libro Blues castellano (Bartleby Editores, 2007). La presentación contará con una acción poética coral, a modo de letanía, basada en el libro La tierra prometida, de Chantal Maillard, quien será su voz principal. chantal-maillard-la-tierra-prometida

La antología Naciendo en otra especie, publicada por Plaza&Valdés, cuenta con poemas de Jesús Aguado, Marta Agudo, Teresa Agustín, Noni Benegas, Miguel Ángel Bernat, Dionisio Cañas, Iñaki Carrasco González, Miguel Casado, Laura Casielles, Alejandro Céspedes, Antonio Colinas, Jordi Doce, Rafael Doctor, Patricia Esteban Erlés, Enrique Falcón, Antonio Gamoneda, Concha García, Alberto García-Teresa, Olvido García Valdés, Laura Giordani, José Antonio Llera, Esperanza López Parada, Chantal Maillard, Juan Carlos Mestre, Luna Miguel, M. Cinta Montagut, Marta Navarro García, Antonio Orihuela, María Antonia Ortega, Eloísa Otero, Katy Parra, Ana Pérez Cañamares, Cecilia Quílez, Esther Ramón, Inés Ramón, Jorge Riechmann, Xisco Rojo, Ada Salas, Iván Sáinz-Pardo, Juan Carlos Suñén, Ruth Toledano, José Tono Martínez y Julieta Valero. La selección de los poemas ha sido realizada por Ruth Toledano y Marta Navarro García.

Como explica Ruth Toledano, “en esta emocionante antología, Marta Navarro García y yo hemos tenido la enorme satisfacción de sumar voces diversas: unas, de un compromiso explícito con el sufrimiento que los humanos infligen a los otros animales; otras, cercanas a ellos a través de una relación siempre fascinante”.

Hace ya unos meses que la plataforma “CAPITAL ANIMAL” impulsada por Ruth Toledano, Rafael Doctor Roncero y Concha López escogió el poema “Malos recuerdos” de Antonio Gamoneda, perteneciente a su libro “Blues castellano”—escrito entre 1961 y 1966 pero que no vio la luz hasta 1982 por problemas de censura—, como emblema de esta antología, que se inscribe dentro de una campaña de reflexión y concienciación sobre los derechos de los animales no humanos y el sufrimiento que les infligimos en forma de tortura y muerte.

Como apuntó en su día Ruth Toledano, “CAPITAL ANIMAL es un proyecto de activismo animalista desde la creación artística y la producción cultural, y consideramos que la poesía debe estar también. (…) Y este poema de Gamoneda es para mí de referencia cuando quiero pensar en la vergüenza en términos poéticos. Ilustra a la perfección lo que andamos buscando”.

La experiencia general con el proyecto CAPITAL ANIMAL está superando con creces las expectativas de sus promotores. “Las exposiciones y actividades relacionadas están teniendo una enorme acogida de público y medios, por lo que creemos que el mensaje principal, de respeto y debate sobre la relación con los otros animales, está calando en muchas personas, que era nuestro objetivo”, añade Ruth Toledano.

Precisamente La Casa Encendida, donde se presentará la antología el miércoles 8 de junio, acoge estos días la exposición Animalista. Representación, violencia, respuestas, comisariada por Rafael Doctor, que pretende concienciar y revindicar los derechos de los animales y plantear posibles soluciones. Enrique Marty, Ruth Montiel Arias, Ruth Toledano, El Roto, Ouka Lele, Pierre Gonnord, El Hortelano, Paco Catalán Forges son algunos de los muchos artistas y creadores que participan o colaboran con esta muestra, que cuenta además con  una serie de actividades paralelas: congreso de pensamiento y acción animalista, mercado vegano, conciertos, actividades infantiles, etc.


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Animalista. Representación, violencia, respuestas. En La casa encendida, Madrid. Del 13 Mayo al 12 Junio, cada día, de 10:00 a 21:45 h.

El Museo Atlántico de Jason deCaires Taylor

Un viaje en primera persona alrededor de la figura, el pensamiento y la reflexión del ecoescultor Jason deCaires Taylor. El artista británico trabaja en la realización del Museo Atlántico, el primero de su tipo en Europa, que estará ubicado en la costa sur de Lanzarote, más exactamente en el fondo de sus aguas.  Efectivamente, para Jason de Caires Taylor el mar es mucho más que una fuente de inspiración, es un espacio expositivo, y un museo. Allí ubica sus ecoesculturas, creadas en tierra (con materiales que no dañan el medio ambiente marino e incluso atraen la vida marina), las hunde a 10 metros bajo el nivel del mar. Sus esculturas, formas humanas en escenas mundanas, se integran poco a poco al medio y se transforman de simples esculturas sin vida en vibrantes hábitats para los corales, los crustáceos, y otras criaturas marinas. El resultante es fascinante, enigmático, inquietante. Sus figuras submarinas nos invitan a reflexionar sobre la transitoriedad de nuestra existencia y la impresionante potencia de regeneración de los océanos y de los mares.

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http://www.underwatersculpture.com

https://es.wikipedia.org/wiki/Jason_deCaires_Taylor

“El jardín de esculturas submarinas de Jason deCaires Taylor”: http://www.abc.es/viajar/20140413/abci-esculturas-submarinas-jason-taylor-201404091725.html

 

Inherit the dust / Heredar el polvo. Nick Brandt

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Inherit the Dust: Heredar el polvo, la exposición del fotógrafo y activista Nick Brandt (Londres, 1966), es una reflexión sobre la voracidad con la que el hombre está destruyendo la naturaleza. El artista británico captura en sus imágenes la devastación de la fauna y la flora del continente africano. Las fotos muestran paneles gigantes con la imagen de un animal salvaje colocado en medio de su antiguo habitat ahora transformado por la mano del hombre: allí donde había sabanas, ahora hay basuras, vías de tren, construcciones o ruinas… un mundo devastado…

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La primera vez que el fotógrafo Nick Brandt viajó a África Oriental fue a mediados de los años 90. “Quedé completamente enamorado de ese mundo salvaje”, cuenta el artista a la BBC. “Nunca me imaginé que la velocidad de la destrucción medioambiental y del desarrollo se aceleraría de la manera en que lo ha hecho en los últimos años”, le confiesa. Esto lo llevó a hacer algo para “captar” esa devastación de la que estaba siendo testigo. Y decidió rescatar las fotografías de los animales que había retratado en el pasado y colocarlas a tamaño natural en el mismo espacio donde solían deambular. Así nació el proyecto Inherit the Dust, que podría traducirse como “heredando el polvo” o “la herencia del polvo”.

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“Para mí los animales no son muy distintos a nosotros”, cuenta Brandt. “Cuando retrato a un animal, hago la foto exactamente de la misma forma que se la haría a un humano”. Y añade, “siempre quise mostrar personas ajenas a los animales, como si formaran parte del paisaje, pero que a la vez fueran conscientes de estas criaturas… Tenemos un instinto natural con la naturaleza que con frecuencia perdemos a medida que crecemos. Los humanos también somos víctimas de la devastación medioambiental”.  Y el artista reconoce: “Tiendo a ser bastante pesimista, pero esto es peor de lo que yo había imaginado. Me quedé pensando en todos estos lugares que una vez estos animales habían recorrido, pero que ya hoy no pueden”.

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Por ello Brandt insertó en el espacio público imágenes gigantes de animales que solían deambular por esas zonas. El artista trabajó con película en blanco y negro y una cámara Mamiya RZ67 y, aunque reconoce que el trabajo no fue fácil y ciertamente no era económico, la idea de insertar digitalmente a los animales en las fotos nunca pasó por su mente. “Los paneles tenían que estar allí, con los animales tamaño natural, en cada lugar. Todo se ve mejor, más genuinamente y orgánicamente integrado. También lo que ocurre de forma inesperada en la vida real es casi siempre mejor que lo que se podría llegar en Photoshop”, concluye el fotógrafo-activista.

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Hace cinco años Nick Brandt fue co-fundador de Big Life Foundation [https://biglife.org], una organización no lucrativa que busca salvaguardar dos millones de acres de los cazadores furtivos.

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/05/160512_fotos_animales_fantasmas_devastacion_gtg

La exhibición Inherit the Dust se mostró en la feria de arte PhotoLondon de Somerset House del 19 al 22 de mayo en el espacio de la Atlas Gallery de Londres. Actualmente está en Paris, en A. Gallery [http://a-galerie.fr/] del 23 de mayo al 30 de Julio 2016. El catálogo fue publicado por Edwynn Houk Editions y distribuido por Thames & Hudson.

http://www.nickbrandt.com

http://www.cadadiaunfotografo.com/2010/08/nick-brandt.html

http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/aqui-habia-elefantes-memoria-una-devastacion

 

El Alfabeto de Inger Christensen

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Alfabeto

Los alfabetos existen
la lluvia de los alfabetos
la lluvia que se cuela
la gracia, la luz
interespacios y formas
de las estrellas, de las piedras

el curso de los ríos
y las emociones del espíritu

las huellas de los animales
sus calles y caminos

la construcción de nidos
consuelo de los hombres

luz diurna en el aire
los signos del cernícalo

comunión del sol y del ojo
en el color

la manzanilla silvestre
en el umbral de las casas

el montón de nieve, el viento
la esquina de la casa, el gorrión

escribo como el viento
que escribe con la escritura
serena de las nubes

o rápidamente en el cielo
como con golondrinas
en trazos que desaparecen
escribo como el viento
que escribe en el agua
estilizada y monótonamente

o rueda con el pesado alfabeto
de las olas
sus hilos de espuma
escribo en el aire
como escriben las plantas
con tallos y hojas

o dando vueltas como con flores
en círculos y mechones
con puntos e hilos

escribo como el borde de la playa
escribe una orla
de crustáceos y algas

o delicadamente como con nácar
los pies de la estrella de mar
y la baba del mejillón

escribo como la primavera
temprana que escribe
el alfabeto común
de anémonas, de hayas
de violetas y de acederillas

escribo como el verano
infantil como el trueno
sobre las cúpulas de la linde del bosque
como blanco oro cuando maduran
el relámpago y el campo de trigo

escribo como un otoño
marcado por la muerte escribo
como esperanzas inquietas
como tormentas de luz
atravesando recuerdos brumosos

escribo como el invierno
escribo como la nieve
y el hielo y el frío
y la oscuridad y la muerte
escriben

escribo como el corazón
que late escribo
el silencio del esqueleto
y de las uñas y de los dientes
del pelo y del cráneo

escribo como el corazón
que late escribo
el susurro de las manos
de los pies, de los labios
de la piel y del sexo

escribo como el corazón
que late escribo
los sonidos de los pulmones
de los músculos
del rostro, del cerebro
y de los nervios

escribo como el corazón
el corazón que late
los gritos de la sangre y de las células
de las visiones, del llanto
y de la lengua.

***

Lo efímero

La piedra en la playa se evapora.
El lago perece bajo el sol.
Los esqueletos de los animales
están ocultos bajo las arenas eternas
del desierto.
Las cosas caminan,
mueren una en la otra,
navegan como pensamientos
en el alma del espacio.
Caravanas de arena viva.

¿Es esto una amenaza?
¿Dónde está mi corazón?
Prisionero en la piedra.
Escondido en un lago.
Latiendo profundamente
en un camello jorobado,
que yace en la arena
gimiendo y va a morir.

Alfabeto. Inger Christensen. Editorial Sexto Piso, 2014. Trad. Francisco J. Uriz.

 

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Inger Christensen, escritora danesa nacida en Vejle (Dinamarca, 1935-Copenhague, 2009). Hija de un sastre, tras graduarse en magisterio cursó también estudios de medicina, así como de matemáticas y química. A pesar de ser más conocida por su faceta de poetisa, también ha cultivado otros géneros, como la novela, el teatro o el ensayo. En realidad no le gusta distinguir entre géneros, por lo que escribe indistintamente en prosa y en verso. Su obra es compleja, con numerosos referentes que demuestran un exigente nivel cultural. En su poesía, que ella gusta recitar, juega con la acentuación y utiliza con frecuencia la aliteración, con lo que el valor fonético del lenguaje alcanza un protagonismo evidente. En sus dos primeros poemarios, Luz de 1962, y Hierba de 1963, hay una fuerte presencia de la naturaleza y de los fenómenos relativos a ella. Esta naturaleza se descubre como muy cercana a la autora, en la que aparecen los paisajes de su Vejle natal, sus animales, sus aves, el mar y las playas, y en especial los inviernos nevados. A partir de la publicación de Eso en 1969, comenzó a ser reconocida internacionalmente. Se trata de un poema que, a lo largo de 200 páginas, ofrece una especie de génesis del origen del lenguaje y del mundo, partiendo de las teorías del lingüista Noam Chomsky. En él describe los fascinantes secretos de la creación y el poder de la naturaleza. Según su propio testimonio, escribe muy poco, y sólo lo hace cuando la poesía viene hacia ella, en ningún momento la busca. Así, tuvieron que transcurrir diez años para que publicara su siguiente libro, Alphabet (1981). La peculiaridad de este libro es que Christensen utiliza una secuencia, descubierta por el matemático italiano Leonardo Fibonacci, para medir el metro y el número de estrofas, de tal manera que cada eslabón de la serie resulta la suma de los anteriores. En cuanto al contenido, en este libro, además de cantar el asombro ante la belleza de la tierra, también se suma la preocupación por la devastación del hombre. En 1991 publicó El valle de las mariposas. Consta de catorce sonetos rimados y un soneto magistral que en sus catorce versos repite el primer verso del resto de poemas; es un juego de forma clásica basado en la idea de que un poema entero puede estar envuelto en el primer verso, incluido en una sola palabra. Autora reconocida tanto en su país como en el extranjero, el año 1999 ha visto la aparición de sus obras completas en una edición alemana; asimismo, ese mismo año publicó su último libro, La habitación perdida.  © L.H.C.M.  http://www.epdlp.com/escritor.php?id=6042

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/02/babelia/1412269392_824769.html

 

Llamadme por mis verdaderos nombres. Thích Nhất Hạnh

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No digáis que partiré mañana,
pues aún estoy llegando.

Mirad profundamente; estoy llegando a cada instante,
para ser brote de primavera en una rama,
para ser pajarillo de alas aún frágiles,
que aprendo a cantar en mi nuevo nido,
para ser mariposa en el corazón de una flor,
para ser joya oculta en una piedra.

Aún estoy llegando para reír y para llorar,
para temer y para esperar.
El ritmo de mi corazón en el nacimiento y la muerte
de todo lo que vive.

Soy un insecto que se metamorfosea
en la superficie del río.
Y soy el pájaro que se precipita para tragarlo.

Soy una rana que nada feliz
en las aguas claras del estanque.
Y soy la serpiente acuática
que sigilosamente se alimenta de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
mis piernas son tan delgadas como cañas de bambú.
Y soy el comerciante de armas
que vende armas letales a Uganda.

Soy la niña de doce años,
refugiada en una pequeña embarcación,
que se arroja al océano
tras haber sido violada por un pirata.
Y soy el pirata,
cuyo corazón es aún incapaz
de ver y de amar.

Soy un miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos.
Y soy el hombre que ha pagado
su “deuda de sangre” a mi pueblo
muriendo lentamente en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que hace florecer las flores de la tierra entera.
Mi dolor es como un río de lágrimas,
tan vasto que llena los cuatro océanos.

Llamadme por mis verdaderos nombres, os lo ruego,
para poder despertar
y que la puerta de mi corazón
pueda quedar abierta,
la puerta de la compasión.

Este poema da título a la obra Llamadme por mis verdaderos nombres, editada por La Llave, 2001. Traductor: Alfonso Colodrón.

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Thích Nhất Hạnh es un monje budista vietnamita nacido en la región de Vietnam Central el 11 de Octubre de 1926. Durante la guerra de Vietnam trabajó sin descanso por la reconciliación entre el Norte y el Sur. Sus innumerables esfuerzos por esa causa motivaron que Martin Luther King Jr. lo nominara para el Premio Nobel de la Paz en 1967. Refugiado político en Francia desde 1972, por su combate pacífico empezado durante la guerra de Vietnam, vive en el exilio en una pequeña comunidad de Francia llamada Plum Village, donde imparte sus enseñanzas, escribe, y trabaja por la ayuda a los refugiados de todo el mundo. Ha liderado retiros de conciencia en Europa y America del Norte ayudando a veteranos, niños, ecologistas, psicoterapeutas, artistas y a todo aquel que busca pacificar tanto su entorno como su corazón.

https://tnhspain.org/thich-nhat-hanh/

https://es.wikipedia.org/wiki/Th%C3%ADch_Nhất_Hạnh

 

La risa, señores, es un arma defensiva. Chantal Maillard

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Louis-Léopold Boilly (1761-1845), Reunión de 35 cabezas expresivas (Reunión de trente-cinq têtes d’expression), 1825. MUba Eugène Leroy, Musée des Beaux-Arts, Tourcoing

[…] Quienes hablamos públicamente de derechos de los animales en este país lo hacemos, hay que decirlo, con cierto miedo al ridículo, con temor a que se nos juzgue culpables de una terrible infracción de la lógica, la moralidad y el sentido común: ¿cómo vamos equiparar los animales con los seres humanos?

La risa, señores, es un arma defensiva. Un residuo del gesto de enseñar los dientes, como decía Darwin. Se ridiculiza para neutralizar, por evitar algún daño, alguna brecha en las murallas. ¿Por qué se sentirá ofendido el individuo humano cuando se le equipara a un animal? Porque los considera inferiores. La inferioridad es una noción sumamente útil: justifica la utilización e, incluso, el exterminio. Hasta hace poco, los occidentales consideraron inferiores a las personas de otras etnias. Ni los pueblos andinos eran seres humanos (como se decretó en Valladolid a mediados del XVI), ni los esclavos africanos de América tenían alma. Tampoco se estaba seguro de que la tuviesen las mujeres hasta bien entrado el siglo XIX. Y aunque eso de tener alma pueda resultarnos a algunos bastante poco relevante, el caso es que marcaba una diferencia lo suficientemente significativa como para evitar que a un sector de la población se le pudiese considerar “sujeto”, es decir, un “semejante”, un ser con conciencia de sí al que nadie puede agredir o violentar sin ser inculpado (recordemos: desde la ética del “semejante” no hay crueldad ni criminalidad salvo con el “próximo”). El “alma” fue algo tan necesario para el capitalismo (después de serlo para los latifundios eclesiásticos) como el flogisto lo fue para la ciencia del XVII o la sustancia invisible para los aristotélicos medievales que condenaron a Galileo[1].

La inferioridad es un requisito conceptual para la dominación. Y se sustenta sobre una serie de comparaciones. En el caso de los animales, éstas se establecieron en Occidente de acuerdo con el dictado bíblico: “Creced y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo, como decía Kundera). Las justificaciones comparativas fueron formulándose ad hoc, como la existencia del flogisto, para probar algo que había sido decretado de antemano. La semejanza o la desemejanza que validan el aprecio o el desprecio que podamos tenerle a un animal se siguen midiendo desde entonces acorde con valores incuestionables e incuestionablemente antropocéntricos (que si es o no capaz de reír, o de jugar, o de fingir que finge, que si un simio puede efectuar operaciones matemáticas, que si un elefante encuentra placer en pintar, que si el silbido de los delfines es identitario, que si el ADN de la mosca del vinagre se diferencia del humano sólo en un gen…¡vaya, aquí se nos ha colado una observación interesante!) que remiten a la identidad-sujeto con que el individuo humano pretende distinguirse. Si conseguimos probar que un animal tiene conciencia de sí, esto le hará digno de respeto y tal vez incluso merecedor de ciertos derechos. Porque tener conciencia de sí es ser sujeto y sin sujeto, no hay derecho que valga. El “semejante”, de nuevo.

La cuestión, en realidad, no es tanto la evidente ingenuidad con que establecemos este tipo de comparaciones como el esquema que invita a establecerlas: un esquema jerárquico bifocal e infantil: arriba y abajo, superior-inferior. Tenemos, indudablemente, una extraña propensión a verticalidad. Hay otras maneras, no obstante, de proceder. Cabe pensar otros modelos en los que no se proceda ni por derivación (evolucionismo) ni por comparación y equivalencias (estructuralismo). Dentro de un marco realmente ético (que no moral, es distinto), el respeto no se obtiene de acuerdo con el lugar que se ocupe, mayor cuanto más cerca se esté de la cúspide, sino por el hecho de ser lo que se es, y siéndolo plenamente.

No puedo dejar de sorprenderme ante la poca amplitud de nuestro marco de indignación. Admiro demasiado las virtudes del animal perdido en mí y deploro demasiado las macabras inclinaciones del animal humano y la falta de coherencia de una racionalidad que, teniendo la lógica (y por lo tanto la justicia) por fundamento se empeña en proteger a ultranza la propia especie en detrimento de las demás y, consecuentemente, de la suya propia. No me siento superior a ningún ser por el hecho de formar parte de una especie que ha desarrollado su capacidad intelectual a expensas de la noción sistémica que a todo animal pertenece.

Nada es independiente. No puede destruirse una especie sin que la cadena entera padezca las consecuencias y, cuando esto ocurre, también peligra la supervivencia de la especie humana, lo cual es lamentablemente para muchos la única razón del cuidado que habríamos de tener para con el planeta y la única que nos libra, a quienes hablamos de ello, de ver alzarse algunos hombros o dirigírsenos sonrisas complacientes. Razón de especie que remite al cerco limitado de nuestro territorio y sitúa la aplicación de la justicia en el espacio exiguo de nuestra balanza. Así de estrecho es nuestro marco[2].

¿Será demasiado amplio el sentido de la equidad desde el que pudiera entenderse que el derecho a la vida, a la libertad y al territorio de supervivencia no nos concierne tan sólo a los seres humanos?

La muy antigua fórmula de reciprocidad compartida por tantas tradiciones: “no le hagas a los demás lo que no quisieras para ti” podría volver a pensarse desde la ética del “semejante” pues, ¿quienes son “los demás”? Tanto en el Talmud como en el libro de Tobías se trata de los demás hombres, por supuesto. Confucio era bien explícito al respecto: “lo que no desees que te hagan a ti, no lo hagas a los demás hombres“. La ética del Buddha, en cambio, era más abarcante: “Todos los seres vivos desean la felicidad. Todos temen la muerte. Comparándonos con los demás deberíamos abstenernos de herir o de matar”. ¿Será que el budismo no piensa dentro de los parámetros de la equivalencia lógica? No, sigue siendo una equivalencia, sólo que aquí la semejanza no se mide atendiendo al rostro (ese rostro capaz de responder, como diría Derrida) sino atendiendo a algo más radical: la condena a morir y el temor al sufrimiento y a la muerte.

Haber nacido, haber aparecido, haber caído al tiempo, por un tiempo, desde el abismo de la no-vida merece, por el sufrimiento que de hecho implica, el respeto del morituri te salutant. Y el sufrimiento añadido que, en los seres humanos, deriva de su capacidad de anticipar el declinar irremediable, la conciencia del acaecer, la caída, y su rechazo no nos hace más dignos de respeto que cualquier otro ser, tan sólo nos hace más desdichados.

_____________________

[1] Ref. en Chalmers, A.: Qué es esa cosa llamada ciencia, Siglo XXI, 1984, p. 77-78.

[2] Ha de quedar claro que la afirmación de la superioridad del ser humano sobre los demás no es propia de todas las culturas, lo es, ante todo, del individuo tecnocrático que habiendo dejado de poner su tekné al servicio de la supervivencia la pone al servicio del beneficio. Esto es lo que distingue las sociedades, fundamentalmente agrarias, basadas en el principio de subsistencia de aquellas otras basadas en el principio de productividad. El concepto, occidental y patriarcal, de la naturaleza como recurso explotable, productivo, inferior y dominable, es algo que no puede desvincularse de la tradición judeo-cristiana.


Texto extraído del articulo de Chantal Maillard, ‘Indignación’, publicado en Indignación y rebeldía, F.Duque y L.Cadahia (eds.), Abada, Madrid, 2013. El texto que recogemos es un fragmento de la segunda parte del artículo: II. El “semejante”, ligeramente ampliado respecto a la publicación que salió esta semana en el diario: http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/risa-senores-arma-defensiva_6_505759424.html. Procuraremos desde esta madriguera lobuna ir subiendo la totalidad de este artículo que espolea una reflexión y llama a un despertar, ambos ineludibles si decidimos finalmente, en lugar de expoliar, crecer sin medida y seguir alimentando un sistema injusto e irrespetuoso, “alinear nuestra inteligencia con la inteligencia de la naturaleza”, tal como lo solicitaba Joseph Beuys.


Animaliz-arte: Hieronymus Bosch

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Tráiler del documental “El Bosco, el jardín de los sueños”, coproducido por el Museo Nacional del Prado

Dirigido por José Luis López Linares, galardonado con tres premios Goya y nominado a los Emmy, este largometraje documental de 90 minutos se estrenará en las salas de cine coincidiendo con la apertura por parte del Museo del Prado de “El Bosco. La exposición del Centenario”, la muestra más importante organizada nunca en torno al artista con la que el Prado conmemorará el V centenario de su muerte.

En 2016 se cumplen 500 años de la muerte de El Bosco. Es casi el único dato sobre el autor de “El jardín de las delicias” al que podemos poner fecha precisa. “El Bosco, el jardín de los sueños” es una película sobre su cuadro más importante, y uno de los cuadros más icónicos del mundo: El jardín de las delicias.

https://www.museodelprado.es/actualidad/noticia/el-museo-del-prado-presenta-el-trailer-del/412ed6ba-bae7-4b4c-8fba-1ebc3f3cc7ab


 

Lo que somos. Lo que olvidamos. Chantal Maillard

Reflets d'eau ou oiseaux_foto Christine Arnaud


Cuando la mirada ha perdido la capacidad de ensancharse es fácil que se empiece a vivir según las ideas. La cura, sin embargo, no está fuera de alcance. Basta con volverse hacia el propio interior y escuchar. Al principio no oiremos nada, por la sencilla razón de que estamos inmersos en el discurso mental, identificados con él y con sus significaciones. El lenguaje nos envuelve como una segunda naturaleza, nos confundimos con él, y es tan difícil desasirse de él como mudar la propia piel. En un primer momento se hace necesario una cierta vocación de serpiente. Puede hacerse uso, entonces, de esta bien aprendida lección de objetividad que nuestra cultura nos brinda, aplicando el distanciamiento a lo que suponemos ser nuestro propio interior. Al abrirse la distancia, si el yo-observador se mantiene bien atento, agazapado en el margen, el discurso aparecerá como un zumbido de palabras. Oirá cómo los significados se tensan, invitando a la participación. Será preciso mantenerse alerta, resistiéndose a ello. Con el distanciamiento de las palabras empezará entonces a abrirse el espacio de silencio en el que podrá darse la escucha.

Recibir el mundo estéticamente, o poéticamente, es ser artista. Artista es aquel que sabe ensanchar la mirada y sabe escuchar, es aquel que sabe crear ese espacio interior en el que la realidad –la propia y la del mundo– acude en estado naciente, pues la realidad siempre está aconteciendo y su manera de darse a la conciencia es el aparecer. Artista es aquel que asiste al nacimiento eterno de las cosas y que, a veces, sabe mostrarlo. Artista es aquel que, en breves momentos, se desposee y, perdiéndose en la danza de lo viviente, alcanza la inmortalidad del universo. […] El artista es aquel que sabe salirse de sí. Salirse de sí: olvidarse a sí mismo, olvidarme del , olvidarme de que “yo” soy frente a lo otro. Y, curiosamente, en ese olvido de sí, en esa pérdida, lo que se recupera es esa extraña sensación de unidad, trascendidas todas las diferencias.

El piel roja, indudablemente, era un poeta. “No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos”, decía, “no hay ningún lugar donde pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos”. El piel roja adquiere su conocimiento por participación, unidos el sentir y la razón. Todos hemos sido poeta alguna vez, cuando el tiempo no era algo que hubiera que llenar sino el arco que describe el sol, el astro-luz que sigue cumpliendo su círculo bajo el sueño. Todo niño ha conocido esa sensación de pertenecer al acontecer, cuando la responsabilidad del tiempo concreto era de los adultos, ellos, los que sabían cómo enseñarte a morir poquito a poco, con precisión, metódicamente.

La ecología es el discurso de lo que se ha retraído, y ese discurso es “arte”, “literatura”, “escritura” en general. Lo que se ha retraído es el conocimiento del movimiento circular, del cumplimiento de nuestra órbita universal, el íntimo sentir de la conjunción de la vida y la muerte en el gesto, un gesto cíclico que no nos pertenece y que conforma el universo. […]

Lo que se ha retraído no es, en definitiva, lo propio de cada cual a diferencia de los otros, sino aquello que por ser precisamente lo más común no puede ser comunicado, pues donde no hay distancia no hay espacio para la comunicación. Aún así, estamos a punto de perder, para nosotros mismos, aquel último reducto. Lo retraído también se nos está retrayendo a la propia conciencia. […]

“Escritura” es toda tarea representativa que logre, mediante la modulación de la materia o de los signos, reconstruir el puente que une el universo natural que cabe en nuestros ojos, en nuestros oídos, en nuestra piel, con el universo interior que también es marisma, es duna, es pinar, y cíclicamente muda sus paisajes al ritmo de las mareas y las estaciones.

Esa escritura, el logos de lo retraído, no podrá darse, no podrá seguir dándose, si desaparecen los territorios de nuestro entorno que nos invitan a la escucha, aquellos donde el rocío sigue temblando en la hierba al amanecer, donde el viento descubre las raíces de los troncos, donde el agua es madre; lugares cuyo poder consiste en despertar en nosotros el recuerdo de lo que somos: una duna que avanza sepultando un pinar, una ave carroñera sobrevolando los prados, un nido de focha que flota en la marisma, el lucio que espejea bajo el sol, menguando día a día, el fango y la tierra cuarteada, un alcornoque que soporta el peso de docenas de nidos de cigüeñas, un lince que mide con su cuerpo la distancia entre la vida y la muerte, el ganso que recibe su impacto en el aire. Lo que somos. Lo que olvidamos. Lugares que desde la esfera pública tenemos la obligación de proteger porque haciéndolo estamos defendiendo el propio fundamento de lo público. Sólo quien se conoce a sí mismo puede gobernarse y sólo quien puede gobernarse a sí mismo puede gobernar un pueblo. Lo político, en su sentido original, es lo que atañe a la polispor tanto, al fundamento de lo humano: la articulación de su hábitat, su formalización y la conservación de su equilibrio. Nadie que no tenga conocimiento de lo retraído podrá defender la polis. La política ha de ser un arte, y su discurso –¡qué lejos estamos de ello!– una ecología. Para ello, como todo arte, ha de generarse a partir de la íntima comprensión de aquella estructura constituyente yo-mundo. Con esta sabiduría del oikos, con esta “ecosofía”, y desde la conciencia doliente de la lamentable y grotesca degradación de su institución, al ámbito público le corresponde evitar que la “escritura”: el arte, la poesía, tenga que recurrir a viejos moldes, a recuerdos color sepia o a las deprimentes muestras de ecología kitsh (naturaleza domesticada para visitas organizadas) para decirnos, en voz baja, lo que fuimos. A todos nos corresponde, desde esta conciencia semi-apagada que aún nos queda, hablar en público desde lo más privado, desde el grito del ave que aún desgarra, a veces, nuestra garganta.

Chantal Maillard. La razón estética: 246-248. Editorial Laertes, 1998

Fotografía: Christine Arnaud, Reflets d’eau ou oiseaux.