La ira transformada es poder. La ira transformada es fuerza.

cuerpo sabiduria


 

En la edad media quemaron a nueve millones de mujeres por brujería. Esta locura fue alimentada por la Iglesia Católica, duró cien años y ha sido bien documentada. No es infrecuente que mujeres que están recuperando sus verdades personales tengan pesadillas en las que son quemadas.
[…]
Rupert Sheldrake, biólogo británico, postula que todo el pasado de la tierra existe a nuestro alrededor en forma de campos electromagnéticos de información, o “campos morfogenéticos”. Cuando un atleta bate por primera vez un récord mundial, señala, generalmente ha trabajado durante años para lograrlo, y suele decirse que eso no se podía hacer, que era humanamente imposible; en otro tiempo se creía por ejemplo que nadie podría correr una milla en menos de cuatro minutos. Sin embargo una vez batido el récord, de pronto los atletas de todo el mundo comienzan a batirlo a su vez. Sheldrake explica que la primera persona que bate ese récord mundial cambia el campo morfogenético que rodea ese récord, facilitando así a otros iguales ese rendimiento entrando en el nuevo campo morfogenético.
Mujeres del todo el mundo están encontrando el valor para romper el campo morfogenético de vergüenza, miedo y dolor. […] Romper el silencio requiere valor. No conozco a ninguna mujer que haya destapado su fuente interior de poder sin pasar por el miedo, muchas veces con la sensación de que pondría su vida en peligro por decir la verdad.

[…] No conozco ninguna manera de sortear ese miedo aparte de pasar por él con la ayuda de otras que también lo han experimentado y ya están al otro lado. Millones de sanadoras, y los hombres que las han apoyado, han muerto por decir la verdad. No es extraño que tengamos miedo, dada la historia colectiva. Cuando negamos ese miedo o descartamos su presencia en otras, lo único que hacemos es darle más poder. Experimentar el miedo que tenemos colectivamente es un paso muy importante para la sanación; no hemos de juzgarlo ni en nosotras mismas ni en las demás.
[…]
Cuando sanamos, gracias a sentir nuestras aflicciones y alegrías, sana la Tierra. […]
Nuestros sueños personales no son sólo nuestros, son los que la Tierra sueña a través de nosotras. Los deseos de nuestro corazón son los deseos de la Tierra, son lo que Ella nos pide que hagamos. El sistema adictivo nos ha dicho que “si no duele no vale la pena hacerlo, sin sacrificio no hay beneficio”. Pero lo cierto suele ser justamente lo contrario. Si lo que hacemos no nos procura ninguna alegría, ningún placer, ningún sentido de finalidad, ninguna satisfacción, no vale la pena hacerlo. Nuestro estado de salud es el barómetro de esto. Nuestras células saben lo que necesitamos saber. ¡Escuchémoslas!

[…] Los sueños que sueña la Tierra a través de ti son distintos de los que sueña a través de mí. Pero yo necesito oír tus sueños y tú necesitas oír los míos […]; si no, no tenemos la historia completa. Durante toda la historia escrita, la Tierra y el mundo natural han sido considerados femeninos, con “recursos vírgenes” para ser “explotados”. Lo que les ocurre a las mujeres individualmente y lo que le ocurre a nuestro planeta están ligados. La degradación personal y colectiva de la naturaleza, de las mujeres y de lo femenino está llegando a su fin.
La ciencia, tal como se practica en la actualidad, no nos va a salvar. Le falta la voz de la intuición, la voz femenina, la voz que habla desde nuestro cuerpo. Ahora necesitamos equilibrio. Necesitamos encarnar la sabiduría que se filtra a través de todas nosotras, incluyendo lo que nos dicen nuestra mente corporal y nuestra guía interior.
En la portada de un número reciente de la revista Ms. aparece una multitud de mujeres y el título: “rabia + mujeres = poder”. Este mensaje me produjo desagrado, hasta que comprendí el potencial que contenía. Ciertamente, la rabia y la furia de las mujeres silenciadas son poder cuando se usan como combustible para el cambio. Pero deben ser un poder procedente de dentro, un poder totalmente conectado y centrado, no una ira dirigida contra alguien o algo. La ira transformada es poder. La ira transformada es fuerza.


Christiane Northrup. Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer. Ed. Urano, pp. 823-826


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