The Faraway Nearby: Georgia O’Keeffe and the New Mexico Landscapes

Georgia O’Keeffe, en 1976, hablando acerca del significado que The Far Away tenía para ella, se refirió a “a beautiful, untouched lonely-feeling place”.

okeeffe_faraway-nearby Georgia O’Keeffe. From the Faraway, Nearby. Oil on canvas, 1937


Chantal Maillard escribe también acerca de ese “muy lejos” en La mujer de pie. Lo llama “la lontananza”:

   Como si todo se hubiese detenido. Por mucho que parpadee o bata palmas no vuelve a haber lo que antes hubo. En realidad, usted no sabe lo que ha pasado, simplemente parece que algo falta, que algo había y ahora falta. Usted trata de acordarse de cosas que han ocurrido, cosas como el morir, que cuando le roza a uno deja un rastro de ceniza en el hombro y en las manos, a veces en los muslos, y un velo se posa sobre todos los objetos de la casa. Pero no, no es eso, no es nada de eso. Y, entonces, piensa que tal vez sean cosas que no pudo saber, ni ver, ni oír, ni entender de ninguna manera porque no es a usted a quien le han ocurrido y, no obstante, le atañen en lo más oscuro, más abajo del pensar o del imaginar. Cosas que en algunas, aunque raras, ocasiones se le han aparecido en un destello, al abrirse una brecha en los tiempos vacíos o en el gesto de alguien que, de repente, por un instante, desistió de sí mismo. Cosas como ésas son las que le hacen comprender que usted no es quien dice ser, ni tampoco, por supuesto, quien dicen que ha sido sino, antes bien, todos aquellos que no ha sido. Y es la voz de todos ellos, su gemido, lo que usted, sin saber, padece más adentro.

*

   Entonces, entrecierra los ojos como para el recuerdo, o para percibir un punto remoto en el horizonte. Lontananza: el tiempo que se tarda en recorrer el espacio que nos separa de lo que fuimos. Un tiempo largo –longtemps– el de la lejanía. El isleño acostumbra a hacer este gesto: levanta la cabeza y fija un punto sobre el mar en dirección a algo que no ve pero que está, sabe que está. Y así se queda, detenido, perdido para el aquí, suspendido, por un tiempo. Y así también nuestros ancianos, sentados en un banco o en una butaca del salón, se detienen, al principio durante unos instantes, que luego se convierten en horas, y después en días, con la mirada fija en algún punto del aire. Ese punto es su lontananza.


Les paysages éclatants de Georgia O’Keeffe

GUY DUPLAT, ENVOYÉ SPÉCIAL À LONDRES | Publié le dimanche 2 octobre 2016 sur La Libre.be


La Tate Modern consacre une grande exposition, complète et convaincante, à la grande peintre américaine Georgia O’Keeffe (1887-1986). Figure essentielle du XXe siècle et de la peinture américaine, elle a souvent été ramenée à ses seuls tableaux de fleurs agrandies. Elles sont devenues des icones populaires, en posters, avec leur chromatisme vigoureux et leur sensualité voilée. Beaucoup (des hommes) y ont vu des connotations sexuelles qu’elle-même a toujours refusées avec vigueur.

L’expo à la Tate replace cette série dans un parcours très créatif, singulier et magnifique sur la fin avec ses paysages de désert d’une beauté stupéfiante. Une exposition, reflet de la personnalité forte de cette femme farouchement indépendante qui mourut presque centenaire.

Elle était née dans le Wisconsin et y vécut ses douze premières années dans la ferme de ses parents, baignée par le jaune des blés et le rythme de la vie rustique. Tôt, elle décide de devenir artiste et, à vingt ans, en 1907 elle poursuit ses cours à New York, y découvrant l’avant-garde européenne exposée par la galerie d’Alfred Stieglitz, la « 291 » sur la Fifth avenue. C’est là qu’elle admire Rodin, Cézanne et Matisse et apprend à lire Kandinsky. Elle deviendra la compagne puis l’épouse du photographe et galeriste Stieglitz.

 Oriental Poppies, 1927

Pourquoi des fleurs

Ses premiers travaux, inspirés des écrits de Kandinsky, partent du réel mais sont des compositions abstraites. Quand elle s’installe à New York avec Stieglitz et devient sa muse, si souvent choisie comme sujet de ses photos–nue ou habillée, elle change encore radicalement et peint de manière très réaliste la ville, ses gratte-ciel, son port. Avant de changer encore et de se lancer dans ses célèbres séries de fleurs fortement agrandies peintes dans des couleurs posées en épaisseur, donnant une consistance presque charnelle.

Des fleurs à la fois quasi abstraites et très précises, dans des verts pâles, des roses et des rouges. On y a vite vu, inspirés par les théories freudiennes, des connotations sexuelles, à ces étamines et pistils géants. Elle s’est toujours opposée violemment à cette interprétation. « Une fleur, dit-elle, c’est relativement petit. Une fleur, l’idée de fleur, cela parle à tout le monde. Pourtant, d’une certaine manière personne ne voit vraiment une fleur, c’est si petit et cela prend du temps. Alors moi, je vais la peindre en grand et les gens seront si surpris qu’ils prendront le temps de la regarder même à New York où les gens sont si occupés. »

En 1927, elle a 40 ans, subit deux délicates opérations au sein et vit mal que Stieglitz s’intéresse à une autre femme. Elle part alors au Colorado, puis au Nouveau Mexique qu’elle sillonne avec la femme de Paul Strand et avec le photographe Ansel Adams. Elle découvre les canyons profonds, les sommets boisés, les déserts dramatiques et la lumière intense des déserts. « Au Nouveau-Mexique, dit-elle, ce n’est pas la lumière qui tombe sur les choses mais les choses qui apparaissent dans la lumière. »

Black Mesa Landscape, New Mexico 1930

Presque abstraits

Dans les quelque soixante années qu’elle passera là, elle tentera surtout de cerner ces paysages. Seuls les formes des os blanchis au soleil apparaissent nets. Ou alors, c’est le contour d’une porte ou d’une maison en adobe. Le reste est une variation de bruns et de blancs, de formes liquéfiées par la lumière, d’aplats ponctués de tâches et de failles.

Elle combine les crânes de bêtes trouvés dans le désert et les paysages qui retrouvent la beauté de certaines estampes japonaises. La lumière se fait vaporeuse et brillante. Georgia O’Keeffe découvre la beauté d’un ciel moutonneux vu d’avion. Parfois un orage menace au lointain. Parfois, ses tableaux retrouvent l’abstraction.

Une peinture méditative qu’elle pratiqua jusqu’à sa mort à 99 ans, à Santa Fé, aux portes du désert.

Georgia O’Keeffe, Tate Modern, jusqu’au 30 octobre 2016

http://www.lalibre.be/culture/arts/les-paysages-eclatants-de-georgia-o-keeffe-57f0c9fccd70871fc42427ad

Perejaume: “El arte implica resistencia”

Caminar como práctica artística. Dejar de hacer como acto productivo. Enmarcar trozos de naturaleza para desmuseizar nuestra percepción del mundo. Despintar para escapar del exhibicionismo del arte. Perejaume nos invita a una excursión por los límites del arte y del lenguaje. También por los confines de Algunos árboles, la exposición que inaugura el próximo jueves en la galería Nogueras Blanchard de Madrid. Aunque rehúye las entrevistas, acepta perderse en esta emboscada.

BEA ESPEJO | 09/09/2016 |


Perejaume. Foto: Martín García Pérez

 

Hablar con Perejaume (San Pol de Mar, Barcelona, 1957) es como subir una montaña. Tiene mucho de viaje épico. Implica poner en juego todas nuestras capacidades y ampliar el punto de vista desde el cual miramos el mundo. Perderse significa encontrarse y esconderse implica exponerse. A ratos, él mismo se convierte en montaña. Incluso las cuestiones de orden cultural parecen ser absorbidas por el orden natural. Pasa en su estudio, una casa perdida en el monte en la que los árboles invaden el espacio donde dibuja y escribe. Allí, lo arbóreo baila y él florece en una curiosa relación de parentesco. Una mímesis forestal que se ha colado hasta en sus últimas obras.

Perejaume nos sitúa en un lugar poco común, tenso, donde una obra aparece y desaparece reclamando tiempo y recogimiento. Lejos de buscar una estética de la contundencia, sus dibujos, pinturas, instalaciones, vídeos y libros se instalan en el otro extremo: en el silencio y en el escuchar, en el contacto directo y los pequeños gestos. A lo largo de los años, ha realizado acciones mínimas y en lugares casi inaccesibles y ha expuesto en espacios deliberadamente alejados del circuito del arte: desde dejar ir un globo aerostático con un poema impreso hasta recorrer a pie los contornos de Madrid. Hasta en los proyectos más ambiciosos, como la retrospectiva que le dedicó el MACBA en 1999, jugó al escapismo con Dejar de hacer una exposición.

Sin jerarquía territorial alguna, he tratado de habitar y generar lugar, cuanto más cercano mejor, explicarme a través de él. Despintar, desdibujar o deshacer son algunas de las estrategias con las que reflexiona sobre los límites de la representación artística y del espacio del museo, así como sobre la necesidad de restablecer una relación directa con la naturaleza, los objetos y el territorio. Sin mediaciones. Sin explicaciones. Sin entrevistas. Perejaume se escurre en cuanto vislumbra un interrogante. “La del autor delante de la obra es una posición incómoda”, dice. Así que le invito a que nos coloquemos detrás.

Pregunta.- ¿Sabe quién es Perejaume?
Respuesta.- En su página web (www.perejaume.cat) tan sólo pone: ‘Perejaume. No sabemos gran cosa de él. Nació en el año 57 y aún dibuja y escribe’.

P.- Veo que opone su misma resistencia. Y una obra de arte, ¿está hecha para comunicar?
R.- Relativamente. Tan importante como su función comunicativa es su función de resistencia. Cuando una obra de arte nos interesa es porque están muy equilibrados los aspectos seductores que tiene con los aspectos de resistirse que también tiene. Por eso se mantiene en el tiempo.

P.- Viajemos 40 años atrás, a su época de estudiante.
R.- De mi generación hay pocos artistas que estudiaran Bellas Artes porque entonces tenía bastante desprestigio la escuela. Yo opté por hacer una formación más teórica por la historia del arte, la filosofía. Hice los cursos pero no recogí nunca los títulos, porque fue más una formación entre amigos que un trabajo intelectual profundo. A veces todavía sueño si me falta alguna asignatura de tan incompleta que fue. Digamos que la mía fue y sigue siendo una formación esencialmente local, muy cercana al mundo inmediato. Cualquier palmo de mundo tiene el mismo valor y ninguno es igual al vecino. Sin jerarquía territorial alguna, he tratado de habitar y generar lugar, cuanto más cercano mejor, explicar ese lugar, explicarme a través de ese lugar…

P.- Escritura e imagen van siempre juntas en ese viaje. ¿Dónde le llevan?
R.- Siempre me he sentido atraído por la visualidad verbal que es capaz de asociar cosas muy heterogéneas. ¿Que es, en realidad, la semejanza? Ciertos mecanismos metafóricos permiten dilatar la semejanza, desplazarla o reblandecerla como una sustancia pictórica apta para las más distantes asociaciones, para las más urgentes o reveladoras.

P.- Cuéntenos su hábitat de trabajo, su día a día.
R.- Vivo delante del mar, pero cada mediodía cargo la bicicleta en el coche y un amigo me sube a Can Basuny, en pleno bosque. Por la noche desciendo los 600 metros prácticamente sin tocar el pedal. Hago exactamente el mismo camino del agua, casi cada día de cada día. Creo que la cultura es repetición: la mímesis, el patrón métrico, la secuencia rítmica, el gusto y el regusto… La novedad solamente es potente cuando consigue mover o conmover esa regularidad. Inventar no es más que transformar. La novedad pura no es asimilable, como tampoco es posible la repetición pura porque nunca nada llega a repetirse exactamente.

 

Un frame del vídeo Rondó, 2016

P.- ¿Los suyos son relatos paisajísticos?
R.- Alerta con la palabra ‘paisaje’. Aparece en el siglo XVIII como una subordinación de la naturaleza a la cultura. Prefiero defender una tierra no tan ligada a la visualidad y al confort. Hace tiempo que vengo sustituyendo ‘paisaje’ por campo. Campo aplicado a cualquier tipo de espacio, al agrícola, pero también al urbano o al más agreste, con esa idea agraria de participación de cultivo, de imbricación absoluta.


P.- Sus últimas obras nos llevan hasta Algunos árboles. Así se titula su próxima exposición en la galería Nogueras Blanchard. ¿Por qué árboles?
R.- Obreda (Obraleda) es un libro inaugural en esa correspondencia de árboles con obra y de obras con árboles. También lo es en la intención de dar al conjunto de mis imágenes y textos una posible articulación forestal. Más recientemente, en un libro aún inédito, Treure una marededéu a ballar (Sacar la imagen de una Virgen a bailar), transito a través de la talla y la policromía de imágenes de María, con especial atención a la potencia imaginativa que, a los árboles, se les otorga desde la antigüedad. Por otro lado, mi taller está en pleno bosque y el mismo taller plantea una relación paradójica entre obras y árboles, entre mi manualidad y la de las encinas, entre los árboles que querría haber hecho y la mata de árboles que se acerca e intenta entrar en el taller y emboscarlo de nuevo. El bosque combate el esfuerzo humano para dejar rastros, lo hace de una manera discreta pero rigurosa. La última mano será la suya.

 

P.- Es reacio al formato de la entrevista. Ha sido difícil convencerle…
R.- Me resulta arduo este esfuerzo que se le exige al creador para que presente y difunda su propio trabajo. Echo de menos una cierta elegancia que permita actuar más discretamente. Hace sólo unos años, una sociedad más agraria que la actual tenía presente la imagen mortal de una semilla constantemente expuesta a la luz. Ahora, en una sociedad mucho más mediática, a las formas expositivas de promoción y de divulgación no se les plantea ningún límite, es como si fueran inocuas. En realidad, tanto en un caso como en otro, y en relación a la ocultación, el resultado no es tan distinto. La agraria es una ocultación previa, seminal. La tecnoindustrial es una ocultación por acumulación, por desprecio. Me resulta arduo el esfuerzo que se le exige al creador para que difunda su propio trabajo. Echo de menos actuar más discretamente.

P.- ¿Y el espectador?
R.- Cuando veo tantas entrevistas a los autores ocupando los espacios de la crítica o de presentación de sus trabajos, pienso en el papel que juegan como receptores de su propia obra. Evidentemente que la intención es seducir a un posible lector o espectador, pero no es menor la función de pasar la obra así, sin otro comentario o resumen que el que el propio autor propone. Naturalmente, cuanto más densa o extensa es una obra, más se acude a los autores para que la resuman ellos mismos. Todo esto es perfectamente explicable en un contexto tan vasto de producción que no permite ser asimilada.

Exponerse y esconderse

P.- ¿Es posible, pues, exponerse y esconderse?
R.- La idea de exponer y esconderse, o mejor aún, la de llegar a exponer el mismo esconderse, puede resultar algo enigmática pero es real. La fascinación de las obras que nos seducen proviene en buena medida de esta resistencia que comparten con la naturaleza profunda de la vida. Existe una parte considerable de vida oculta que vive de ocultarse. “No hay noche que no tenga luz, pero está oculta”, dice el maestro Eckhart. Sorprende hasta qué punto muchos libros publicados llevan hoy la fotografía de su autor. No sé que aporta de sustancial esta intimidad. Un primer plano del rostro para qué si, sobretodo en determinados libros de literatura, estamos en otra naturaleza de encuentro. También existe otra idea potente que es la de esconderse, no de los demás, sino en los demás. Joan Miró la definió perfectamente: “El arte puede morir, lo que realmente cuenta es que haya esparcido gérmenes sobre la tierra (…) No es una obra lo que importa, sino la trayectoria del espíritu durante la totalidad de la vida, no lo que se ha hecho, sino lo que deja entrever y facilita de hacer a los demás, en una fecha más o menos lejana”.

@bea_espejo



Los panes y los peces de Chantal Maillard

hokusai-katsushika_peces y hojas rojas


 –¿A quién le servirán mis conocimientos? –se lamentó el filósofo–. Empeñé mi vida en un inmenso esfuerzo de lógica,  imperioso y solitario. Se averiguó inútil para la resolución de las cuestiones metafísicas, pero imprescindible para conocer los límites del conocimiento y valioso, sobremanera, para dilucidar cuestiones inmediatas. ¿Qué continuidad habrá, ahora, para tan largo empeño? Inútil es el saber que no se entrega. Soy como un panadero que, encerrado en su sótano, siguiese amasando pan a diario, lo cociera y lo colocara en los estantes a los que nunca nadie tendría acceso; cuando, al sentarse una tarde, a solas, contemplase las baldas repletas de panes cubiertos de verdín y comprendiese lo inútil de su empresa, ¿qué haría entonces el panadero?

 –¡Basta de lamentaciones! –exclamó el poeta–. El ejemplo no es adecuado. Comer pan es una necesidad; pensar, en cambio, es un esfuerzo cuyos logros a menudo son amargos; ¿a quiénes iba a interesar? Mejor únete a mí, canta tu dolor, tu gozo si lo hallaras, todos se reconocerán en tus palabras, las cantarán contigo, las seguirán cantando después de ti y hallarán en ellas consuelo.

  El filósofo levantó los ojos; había en ellos ternura y compasión.

 –Si comiesen mi pan –le dijo al poeta dulcemente–, no necesitarían hallar consuelo. Lamentándose se amparan entre todos y eso les hace fuertes, lo sé, pero ¿para qué utilizarán su fuerza? Si comiesen mi pan sabrían de la inutilidad de todas las guerras. El pan que amaso en secreto equilibra el universo.

El poeta lloró. Luego dejó de llorar.

  –Enséñame, –le dijo.

  Y de lo que hablaron fue de los límites del lenguaje, de las definiciones correctas, de la lógica que rige el pensar.

  Después de mucho tiempo, el filósofo le preguntó al poeta:

  –¿Qué has aprendido?

  –A no llorar –contestó el poeta. Y le señaló un pez de aletas doradas cuya cola guiaba como una quilla su cuerpo irisado bajo el agua. El filósofo se sentó a su lado.

  Y de lo que hablaron fue de los días, de las nubes que pasan, de los ojos de los peces, del latir bajo el pelambre cálido de los mamíferos.

Chantal Maillard. Bélgica: 125-126. Pre-Textos, 2011

Imágenes: Hokusai Katsushika (1760-1849), Peces y hojas rojas. 


Georgia O’Keeffe, una solitaria en tierras infinitas

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https://elpaissemanal.elpais.com/documentos/georgia-okeeffe-una-solitaria-tierras-infinitas/


“Donde estaba me parecía que podía ver todo este mundo… y me gusta sentir el viento de cara cuando llego a lo alto.” Georgia O’Keeffe

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“Pinta siempre lo que sientes de lo que ves” le decía Georgia a su hermana Catherine

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Quería pintar el desierto y no sabía cómo… así que me traje a casa los huesos blanqueados como símbolo del desierto. Me parecen tan bellos como cualquier otro objeto… Los huesos parecen penetrar incisivamente hasta el centro de algo intensamente vivo en el desierto aunque sea vasto y vacío e intocable… e ignore la bondad con toda su belleza. (Catálogo exposición An American place, enero 1939)

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… y un paseo virtual de 23 minutos por la exposición de la Tate Modern donde todas podréis así meter el hocico y que, pronto, algunas de nosotras tendremos el enorme gusto de ir rastreando in situ, of course:
https://www.facebook.com/plugins/video.php

 

 

Georgia O’Keeffe at Tate Modern

Georgia O’Keeffe 360 | The Tate Modern

Aquí encontraréis otro vídeo de presentación de la exposición de la O’Keeffe que pronto, entrado el otoño, iremos a olfatear, a saborear, rastreando a la huesera: http://uk.blouinartinfo.com/news/story/1446143/video-a-tour-of-georgia-okeeffe-retrospective-at-tate-modern

http://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/talks-and-lectures/curators-tour-georgia-okeeffe

 

Animaliz-arte con Johannes Stötter

El trabajo de bodypainting del artista y músico Johannes Stötter (1978, Tyrol del sur, Italia) me recordó la frase de aquel filósofo y monje budista, Nagarjuna, quien dijo, allá por la India del siglo II, “las cosas no son lo que parecen”… Los vídeos muestran cómo se superponen mente y percepción. ¿Acaso tiene sentido concebir a un yo al margen de los otros (animales)?

https://www.facebook.com/johannes.stotter.7

http://www.johannesstoetterart.com

 

 

Fabienne Verdier: cuando el ojo escucha

Fabienne Verdier_Juilliard«Marche bleue», 2015, encre, pigments et vernis sur toile, 180 x 363 cm. © DR


“Siempre escuché en la línea pictórica algo así como una línea sonora. Siempre percibí la línea sonora como una construcción pictórica. Así que fui a la escuela Juilliard con esta pregunta: ¿En el momento preciso de su creación,  pintura y música podrían ser “tocadas” al mismo tiempo?      

Fabienne Verdier, “The Juilliard Experiment”, 2016.


En el otoño 2014, Fabienne Verdier fue invitada a abandonar la soledad de su taller para ser la primera artista visual invitada en residencia en la Juilliard School de Nueva York. En el corazón de su exploración estaba la posible sincronía entre música y pintura. Su investigación se centró en romper las acostumbradas fronteras entre la expresión musical y el lenguaje de la pintura. Embarcada en varios experimentos con profesores y estudiantes de la prestigiosa institución de artes escénicas y musicales, pudo llegar a la constatación de que el músico no sólo escucha sino que ve, y que el pintor no sólo ve sino que escucha. El ojo de la pintora escucha. Y todo está dicho. O casi.

 Fabienne_Verdier_2015_5-594x1100 Fabienne Verdier_the_julliard_experiment

El documental filmado por Mark Kidel es testimonio de estos intercambios iniciales con Darrett Adkins, Kenn y Barron, William Christie, Philip Lasser y Edith Wiens y sus jóvenes músicos en el estudio-laboratorio que Fabienne Verdier improvisó en el campus de Juilliard. Y también se hace testigo de la posterior fase de la obra en el taller de la pintora inspirada por todas estas ricas experiencias. Para lograr expresar esta nueva exploración fronteriza con toda la precisión que requería, Fabienne Verdier inventó –como suele hacerlo en cada uno de sus retos pictóricos– unas herramientas inéditas: “construí unos pinceles muy anchos con el fin de expresar la más mínima vibración de lo que podía sentir en el espacio“. La distribución del documental está prevista para esta primavera 2016. Una alegría!

http://fabienneverdier.com

http://www.juilliard.edu/journal/1412/artists-triptych-inspires-compositions

En esta antigua entrada encontraréis parte de nuestra trayectoria siguiendo los pasos de Fabienne Verdier y algunos vídeos más sobre esa pintora-calígrafa y su proceso pictórico:

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2013/10/18/fabienne-verdier-peindre-linstant-2/