Los humanos solo somos uno más. Francis Hallé

El botánico Francis Hallé cree que ha llegado el momento de reconocernos como otra más de las especies que habitan el planeta. Su libro ‘La vida de los árboles’ sostiene que. como depuradoras de aire, son herramientas de futuro con un pasado arraigado

ANATXU ZABALBEASCOA – 3 NOV 2020 – 

Ilustración de Francis Hallé para un taller en la Fundación Cartier de París,
Ilustración de Francis Hallé para un taller en la Fundación Cartier de París.

“Solo me dedico a plantar árboles: sé que soy demasiado viejo y que no disfrutaré de sus frutos ni de su sombra, pero no veo una manera mejor de ocuparme del porvenir”. Jean Giono escribió esto en El hombre que plantaba árboles (1953).

Lo único que pide un árbol es que se le deje en paz. Discretos, totalmente pacíficos y extraordinariamente autónomos, los árboles son muy útiles para los humanos. Por eso el biólogo y botánico Francis Hallé (82 años) lleva media vida tratando de demostrarlo con libros y conferencias. La que dio en 2011, La vida de los árboles (Gustavo Gili), acaba de ser traducida por Cristina Zelich. En ella parte de que el 90% de la biomasa, es decir, el peso acumulado de todo lo que está vivo, está compuesto de árboles. Para afirmar que si eres comerciante, pescador, músico, arzobispo o médico, tarde o temprano tendrás la impresión de estar perdiendo el tiempo. Solo existe una excepción: si plantas árboles seguro que lo que haces está bien.

Hallé deja claro que no todo el mundo valora igual la importancia de los árboles. Cuenta que en Esperando a Godot (1952) Samuel Beckett hace decir a Estragón, uno de sus personajes: “el árbol no sirve para nada, solo puede servir para que uno se ahorque”. Y recuerda que, siendo presidente de Estados Unidos, cuando Ronald Reagan fue a visitar las secuoyas de California, la visita fue breve: “vista una, vistas todas”, dijo.

Él remite al ensayista y poeta Francis Ponge para establecer que “los animales equivalen a lo oral y las plantas a lo escrito”. Por eso cita una frase certera de Valéry, “el árbol deja ver su tiempo”, escrita en el Diálogo del árbol. Para Hallé, un árbol es “el tiempo hecho visible”.

Los humanos solo somos uno más

Algunos árboles son potencialmente inmortales. El Pinus Longaeva, californiano, tiene 5.000 años. Germinaron cuando los faraones egipcios construían las pirámides. Aunque Hallé señala que el más antiguo actualmente es un acebo real que está en Tasmania y data del Pleistoceno, la era geológica anterior a la actual: tiene 43.000 años. Está convencido de que se encontrarán más antiguos.

Nelson Mandela pasó 27 años encarcelado en la isla de Robben, frente a la Ciudad del Cabo. Siempre contó que logró sobrevivir gracias a los bidones donde cultivaba plantas. Comenzó sembrando para sus compañeros de celda. Luego pasó a hacerlo para todos los prisioneros. Terminó plantando para toda la isla de Robben. También árboles frutales. “Estoy en prisión, pero mis plantas son libres”, dijo. Y Hallé recuerda que “los árboles necesitan muy poco y logran mucho”. No solo frenan el viento, también dan sombra y frutos, protegen las cosechas, vallan sin separar, también son fundamentales para terminar con la polución. Consumen CO2. Un árbol es una depuradora de aire. También parece un salvoconducto frente al cambio climático, basta con unas hectáreas de bosque para que llueva.

Tenemos 26.000 genes. Nacemos y morimos con ellos. Pero algunos se desactivan con el paso de los años. El arroz tiene muchos más genes que nosotros porque esta más evolucionado. El genetista Axel Kahn explica por qué: “Intentad pasar el invierno con los pies metidos en agua fría, alimentándoos exclusivamente de un sol pálido de dióxido de carbono. Nuestro genoma es demasiado pequeño para alcanzar ese tipo de rendimiento. Las plantas son mucho más resistentes que nosotros porque tienen muchos más genes. “Han ido más lejos en su dirección que nosotros en la nuestra”, añade Hallé.

Ilustración de Francis Hallé para 'The Atlas of poetic botany'.
Ilustración de Francis Hallé para ‘The Atlas of poetic botany’. MIT PRESS

El libro es en realidad una conferencia que el botánico y biólogo dio hace una década e incluye las preguntas del público y las respuestas del conferenciante. En él habla de la comunicación entre los árboles, algo que hacía reír al mundo hasta que en 1990, en la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica, Wouter Van Hoven demostró que las acacias caffra se comunicaban para evitar ser devoradas por los antílopes Kudús. Lo hacían cambiando la bioquímica de sus hojas, volviéndose tóxicas y poniéndose a favor del viento. No son las raíces la vía de comunicación de los árboles, son sus hojas que, en un tamaño diminuto, también se encuentran en las raíces.

Los árboles son testigos del tiempo. Y el tiempo ha enseñado a acompañarlos, a tratarlos y a aprovecharlos. Hallé explica por qué en Suiza una casa hecha de madera puede durar cientos de años y por qué pueden existir hasta chimeneas de madera: “Hay que cortar la leña para la calefacción en la fase creciente y la madera para los edificios en la decreciente”. En pleno invierno, cuando la luna es invisible, es cuando los leñadores que trabajan para hacer Stradivarius talan sus árboles.

Buda Gautama supo ver la generosidad de los árboles: “Tan generosos que ofrecen su sombra a quienes van a cortarlo”. Y Hallé lo cuenta en su libro. Al diferencia de Mandela, él no ha vivido nunca en la cárcel, pero durante la ocupación alemana vivió con su familia (de nueve personas) en un terreno que no medía ni una hectárea. Su padre, que era agrónomo, cultivó plantas para todos, incluso para sus vecinos. Desde entonces, desde su infancia, para Hallé los árboles son el lugar donde sacar frutos y leña. “Son la solución. Siempre lo serán”.

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Poder del sueño

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Los seres humanos siempre se han sentido cautivados por los sueños y por el misterioso poder que transmiten sus imágenes. El antiguo Egipto nos ha legado insólitos sumarios de fragmentos oníricos, cada uno acompañado de su puntual interpretación, que se remontan al segundo milenio a.C. Dos son las grandes perplejidades que a lo largo de los siglos han fascinado a la imaginación humana: por una parte, el significado que tienen los sueños en relación con nuestra vida y personalidad; por otra, el grado de realidad que podemos atribuirles. Por ejemplo, algunos durmientes acceden a imágenes oníricas premonitorias que luego son constatadas con toda exactitud en el mundo de la vigilia. Este dilema plantea la duda ontológica de si un sueño es igual de real que los hechos que acontecen en nuestra vida. Todas estas cuestiones gravitan sobre los textos literarios de la presente antología, que se inicia con un sugerente corpus inédito de antiguas narraciones chinas y prosigue con una notable nómina de autores occidentales tan heterogéneos como Apuleyo, Prosper Mérimée, Edgar Allan Poe, Théophile Gautier, Ambrose Bierce, Ksaver Šandor Gjalski, Jean Lorrain, Rudyard Kipling, H. G. Wells, Oliver Onions, W. Somerset Maugham, Bruno Schulz, Vladimir Nabokov, Louis Golding, Henry Kuttner y C. L. Moore, Luisa Mercedes Levinson, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Bernard Groethuysen.

Poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois, Atalanta, 2020.

En portada: Escena de una bacanal, Richard Dadd, 1862.

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Os recuerdo que acerca del mundo de los sueños encontraréis también en Atalanta, El mundo bajo los párpados de Jacobo Siruela.

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Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Encuentro Internacional on-line Las líneas de su mano, organizado por el Gimnasio Moderno de Bogotá, Colombia.

Chantal Maillard conversa con Stéphane Chaumet, traductor al francés de Escribir.

Emitido en directo el 9 de septiembre 2020.

Chantal Maillard en el Festival internacional de Poesía de Medellín

 

 

Para las.os que no habéis podido ver y escuchar la lectura que ofreció Chantal en el Festival de Medellín (minuto 17), así como una pequeña presentación y entrevista que le hace al inicio uno de los organizadores del Festival.

 

 

En la traza de Marguerite Yourcenar

 

Extractos de Sur les traces de Marguerite Yourcenar
Docu-ficción, 2011, dirigido por Marilù Mallet.
Premio del público FIFA 2011.

Sur les traces de Marguerite Yourcenar” nos invita a un viaje fabuloso a través del espacio y el tiempo, para descubrir una personalidad rica, compleja y fascinante.

“El enfoque delicado, sensible y conmovedor, sin desbordes de lágrimas, de Marilù Mallet (“Journal inachevé” [Diario inacabado], “Double portrait” [Retrato doble]) vuelve a hacer maravillas en esta exploración de la vida y obra de una de las más grandes figuras literarias del siglo XX. A lo largo de este viaje de gran belleza visual, gente de varios lugares muestra su admiración y cariño, deshojando a su Margarita para que conozcamos o queramos más a aquella cuyo rigor histórico nunca sofocó su genio literario. Marilù Mallet adjunta a su filmografía otro magnífico retrato de una dama “.

—André Lavoie, Le Devoir, 8 de octubre de 2011—

El DVD ALL ZONES ya está disponible en el Centre International de Documentation Marguerite Yourcenar en Bruselas (cidmy.be) al precio de 20 euros con gastos de envío incluidos. Pedirlo a: info@cidmy.be o cidmy@skynet.be

https://www.facebook.com/pg/Sur-les-traces-de-Marguerite-Yourcenar-193078174063204/about/?ref=page_internal

 

Margarite Yourcenar. Memorias de Adriano

Villa Adriana_creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano_en el siglo II

 

«Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres; y los libros…. En cuanto a la observación de mi mismo, me obligo a ella, aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin.»

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«Hacia 1941 descubrí por casualidad, en la tienda de un comerciante neoyorquino, cuatro grabados de Piranesi, que G… y yo compramos. En uno de ellos, una vista de la Villa Adriana que me era desconocida hasta entonces, aparece la capilla Canope, de donde fueron tomados en el siglo XVII el Antínoo de estilo egipcio y las estatuas de sacerdotisas de basalto que hoy se ven en el Vaticano. Estructura redonda, pulida como un cráneo, de donde penden algunas malezas como mechones. El genio casi mediúmnico de Piranesi ha intuido la alucinación, las extensas rutinas del recuerdo, la arquitectura trágica de un mundo interior. Durante muchos años me detuve a contemplar esta imagen casi todos los días, sin por ello volver sobre mi antiguo proyecto, al que creía haber renunciado. Tales son los curiosos subterfugios de lo que se llama olvido.

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«Esforzarse en lo mejor. Volver a escribir. Retocar, siquiera imperceptiblemente, alguna corrección. «Es a mí mismo a quien corrijo —decía Yeats— al retocar mis obras.»
Ayer, en la Villa, pensé en los millares de vidas silenciosas, furtivas como las de los animales, irreflexivas como las de las plantas: que han vivido entre Adriano y nosotros: Bohemios del tiempo de Piranesi, saqueadores de ruinas, mendigos, cabreros, aldeanos refugiados entre escombros. Al borde de un olivar, en una senda antigua y con escombros, G… y yo nos encontramos ante el lecho de cañas de un campesino, ante el bulto de las ropas colocado entre dos bloques de cemento romano, ante las cenizas de su fuego recién apagado. Sensación de humilde intimidad bastante similar a la que se siente en el Louvre, después del cierre, a la hora en que los catres de tijera de los guardas aparecen entre las estatuas.

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«Lugares en los que se ha elegido vivir, residencias invisibles que uno se construye al margen del tiempo. Yo viví en Tíbur, tal vez allí muera, como Adriano en la Isla de Aquiles.

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«No. He vuelto a visitar la Villa una vez más, con sus pabellones para la intimidad y el reposo, sus vestigios de un lujo sin fasto, lo menos imperial posible, de rico aficionado que se esfuerza por unir las delicias del arte a los placeres campestres; he buscado en el Panteón el lugar exacto al que llega un rayo de sol de la mañana del 21 de abril; he vuelto a transitar, a lo largo de los corredores del Mausoleo, la ruta fúnebre tan frecuentada por Chabrias, Celer y Diótimo, amigos de sus últimos días. Pero he dejado de sentir a esos seres, su inmediata presencia, esos hechos, esa actualidad; permanecen cerca de mí, pero desordenados, ni más ni menos como los recuerdos de mi propia vida. Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas.»

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«Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…».

Marguerite YourcenarMemorias de Adriano (1951), trad. Julio Cortázar (1982), Edhasa.

Imagen: Villa Adriana, en Tibur (actual Tívoli), creada como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el siglo II.

 

Marguerite Yourcenar. Aprender

Yourcenar

 

<< Yo, como todo el mundo, he atravesado demasiadas crisis interiores, y también exteriores, para no haber guardado gratitud a los grandes escritores del pasado o del presente que me aportaron su ayuda al mostrarme que también ellos habían conocido preocupaciones y angustias análogas o, al contrario, sosteniéndome con su propia firmeza. Que yo haya venido a ser para ciertos lectores, como usted, una autora de libros que ayudan, es una gracia o una ventura a la que no acabo de acostumbrarme.
Hace usted bien en leer, releer morosamente un libro: hay que impregnarse de las obras que amamos, como un músico se impregna de una música en la que está trabajando. >>

Marguerite Yourcenar, Cartas a sus amigos. (Ésta va dirigida a Martine Petit), 1976, Alfaguara. Traducción de María Fortunata Prieto Barral.

 

<< Lo mejor para las turbulencias del espíritu, es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender. >>

Marguerite Yourcenar, Sources II (notes de lecture), édition d’Élyane Dezon-Jones, Collection Les Cahiers de la NRF, Gallimard, 1999.

 

 

Marguerite Yourcenar y la ecología

Petite plaisancePetite Plaisance, el hogar de Marguerite Yourcenar (©Laure Poinsot)

 

“Uno se da cuenta de que este abuso de la Tierra por el hombre no data de ayer. El hombre siempre ha utilizado sus recursos, muchos o pocos, para generar muy a menudo el vacío en torno a él. Las grandes civilizaciones, como la de Mohenjo-Daro, que precedió a la India, o la de Babilonia, dejaron desiertos tras de sí. Había inmensas aglomeraciones urbanas, toda clase de comodidades que consideramos modernas, una gran población viviendo en condiciones…, en fin, aglomeraciones muy apeñuscadas y probablemente grandes intercambios de comercio y leyes complicadas entre una población y otra, pero todo esto se vino abajo, quedando sólo algunos caseríos miserables en medio de desiertos sin agua: como siempre, se había abusado de los recursos, se destruyeron las selvas para construir los grandes monumentos, y la revancha de la naturaleza llegó relativamente rápido, tal vez muy lentamente en términos humanos, pero muy rápidamente en términos planetarios. “

“Evidentemente, la cultura será cada vez más mezquina por la fuerza de las cosas, y es sobre todo la sensibilidad la que tiende a embrutecerse, así como se degrada un objeto que se ha golpeado demasiado. Y luego, finalmente, lo que hay que decir y jamás perder de vista, es que incluso antes de que todas las cosas se hayan producido, o mientras se estén produciendo, podría haber una destrucción de la vida misma, un empobrecimiento tan grande de la vida. Al ritmo que vamos, no estamos para nada seguros de que permitiremos a la vida, libre o no, desarrollarse en nuestro mundo; en este muy pequeño planeta. No digo en el universo, el universo se nos escapa.”

Marguerite Yourcenar. Entrevista con Laurence Cossé, 1984, en Marguerite Yourcenar y la ecología. Un combate ideológico y político, Andrea Padilla Villarraga y Vicente Torres Mariño (compiladores). Universidad de los Andes, 2007.

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Marguerite Yourcenar vivió durante 27 años en Petite Plaisance, la casa que compró con su pareja Grace Frick en 1950 en el noreste de Estados Unidos. Antes de su muerte en 1987, había expresado el deseo de que esta casa estuviera abierta al público durante el verano. Fue su amiga Joan E. Howard quien nos mostró esta pequeña casa de madera en la península de Mount Desert, donde también fue enterrada. Nos revela los motivos que llevaron a esta escritora de origen belga, la primera mujer admitida en la Academia Francesa, a elegir Nueva Inglaterra como lugar de vida y escritura.