Henri Michaux: Escritos sobre pintura

Portada Michaux_Ch-M.

 

“Michaux escribió, viajó, dibujó, pintó. Escribió como se odia, con la fuerza del «contra» para sobrevivir y, después, para vivir más intensamente, para vibrar más alto. Pero halló la escritura demasiado convencional, henchida la palabra con demasiada cultura, demasiado lastre, así que empezó a pintar. Pintó para «descondicionarse».  Pintó como se grita, para gritar mejor, y para expresar aquellas vibraciones del espíritu que no tienen correspondencia adecuada con el lenguaje. Los infinitos son lugares demasiado intensos para la palabra.

[…]

Experimentarse a sí mismo, convertirse en experimento, convertirlo todo en experimento, ver para saber, saber para verse construir, para ver construirse el mundo. Experimentarse para dar cuenta de una realidad que se construye al tiempo que se deshace, como el propio ser, a su ritmo, ritmos que son ondas, ondas que son materia, materia que es espíritu y que se observa a sí mismo…”

Chantal Maillard

Henri Michaux. Escritos sobre pintura. Edición, traducción y prólogo de Chantal Maillard. Nueva edición revisada y ampliada. Vaso Roto, 2018.

¡Muy pronto en las librerías!

 

Del 21 de febrero al 14 junio 2015, la Fondation Jan Michalski expuso en Suiza 70 obras realizadas entre 1937 y 1984 –muchas de ellas expuestas aquí por primera vez– del escritor, poeta y pintor de origen belga, Henri Michaux.

“Sólo quise que mis trazos fuesen signos no tanto de las repercusiones de la vida como del discurrir de la vida, del fraseo de la vida.”

Henri Michaux

 

 

Añado el enlace de una reseña de José María Parreño sobre Escritos sobre pintura que salió el 25 de mayo en El Cultural:

http://www.elcultural.com/revista/letras/Escritos-sobre-pintura/41083

 

David Escalona: “Aquello que excede la razón, puede ser tratado desde el ámbito estético o artístico”

 

David Escalona es Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Granada tras defender su tesis “El cuerpo accidentado en el arte”.  Actualmente es uno de los artistas residentes en el Künstlerhaus Bethanien de Berlín. Los años cursados en la Licenciatura de Medicina de la UMA marcan su trayectoria artística, siendo el cuerpo, la enfermedad, la discapacidad o la fragilidad de nuestra existencia, temas que vertebran su producción artística.

 

“No trato de hacer una apología del desorden, del dolor o de la herida. Tampoco trato de abordar la discapacidad desde la Arte-terapia. No pretendo incidir en el arte como proceso curativo, sino en el conflicto y en la contingencia como germen de la creación o apertura a nuevas posibilidades en el arte y en, prácticamente, todos los ámbitos de la vida”, escribe el artista.

 

Lleva a cabo con Chantal Maillard, Premio Nacional de Poesía,  el proyecto transdisciplinar “Dónde mueren los pájaros”, que tiene por tema los inocentes, los silenciados, los invisibles u olvidados que viven sin ser notados y mueren sin que lo sepamos, solos detrás de una cortina, en una cama de hospital, en tierra de nadie, bajo los escombros de su casa o, como los pájaros, en pleno vuelo.

 

“Inocente es quien muere y, a veces, el que mata, pues cada uno de nosotros puede situarse, según dicten sus circunstancias, en uno u otro lado de esa frontera. No obstante, la Herida es compartida por todos, siendo anterior a estas diferencias, a todas las diferencias”, escribe Chantal Maillard. 

 

Las obras que componen este proyecto se ofrecen como sordas interrogaciones en la compleja trama de una violencia cada vez más generalizada y cuya historia tan sólo parece poder atenuarse con la conciencia de la fragilidad compartida y el desamparo que toda existencia entraña. 

David concibe el arte como un extraño artefacto que puede comunicarnos con realidades complejas no necesariamente inteligibles. Piensa que aquello que excede la razón, puede ser tratado desde el ámbito estético o artístico. Como afirma David Escalona “el arte es un lenguaje con sus propias “leyes”, cuyo contenido es inseparable de su medio de expresión. El artista piensa haciendo (modelando, dibujando, pintando o realizando una performance). Y este hacer o actividad corporal genera ideas imprevisibles y afectos –y viceversa–, de tal complejidad que es imposible expresarlas con palabras. Pero, debido al logocentrismo de nuestra cultura, lo que no puede ser conceptualizado, suele subestimarse, siendo relegado al ámbito de la ficción o de la inexistencia (la del no-ser)… las obras pueden llegar a ser un accidente-acontecimiento que tambalee nuestras certezas y nos obligue a pensar, pudiendo efectuar una transformación en el individuo, aunque a veces inapreciable.” 

www.davidescalona.com

 


  
  
  
  
  
  
  
  

 
  
  


  


  
  
  
  

 

 



   
  
  
  
  
   
 
  


  
  
  
  



La expulsión de lo distinto. Byung-Chul Han

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) es la sensación del pensamiento alemán y considerado una gran estrella en el campo de la filosofía y sucesor aventajado de Roland Barthes o Peter Sloterdijk.

Nacido en Corea del Sur, pero afincado en Berlín desde hace años, Byun-Chul Han es de esos pensadores a los que hay que leer y pensar.

Su especialidad: desmenuzar los males del mundo actual. Exhibicionismo digital, competencia laboral y demanda de transparencia política forman parte del menú.

 

BYUNG CHUL HAN Byung-Chul Han

 

El filósofo surcoreano, una de las voces autorizadas para diseccionar la sociedad del hiperconsumismo actual, dio a conocer un nuevo libro con la tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, de esta manera, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.

 

“En vez de pasear tranquilamente, la gente se apremia de un acontecimiento a otro, de una información a otra, de una imagen a otra.” Byung-Chul Han

 

Byung-Chul Han (Seúl, 1959) asegura tener una fórmula propia de resistencia política que no convierte en categoría pero comparte encantado: no tiene smartphone, no hace turismo —”el turista viaja por el infierno del igual, circula como si fueran mercancías”—, en su hogar en Berlín solo escucha música analógica (“tengo un jukebox y dos pianos de 400 kilos”, confiesa), no trata a sus estudiantes de Filosofía de la Universidad de las Artes de Berlín como a clientes y ha dedicado tres años de su vida “a cultivar un jardín secreto”, cuya experiencia revelará en el libro Elogio de la tierra.

 

BYUNG CHUL HAN 2Byung-Chul Han

 

“Estamos en la Red, pero no escuchamos al otro, solo hacemos ruido”

Byung-Chul Han

 

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alerta el académico formado y afincado en Alemania.

El filósofo, autor de libros como La sociedad del cansancio o Psicopolítica (publicados por Herder), se dio cita ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, España, para hablar de la última traducción de su obra, La expulsión de lo distinto, y de su próximo libro, Elogio de la tierra.

 

BYUNG CHUL HAN 4Byung-Chul Han

 

A continuación, compartimos información de un magnífico artículo pubicado en El País y firmado por Carles Geli a propósito de la reciente visita que ha hecho Han a Barcelona.


Autenticidad

Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

Autoexplotación

Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

Big data

“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

Comunicación

“Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

Jardín

“Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.

 

Narcisismo

Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

BYUNG CHUL HAN la expiulsion de lo distinto

 

Otros

Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

Refugiados

Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

 

Tiempo

Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

 

http://blogs.cccb.org/veus/tag/byung-chul-han/?lang=es

 

Libros de Byung-Chul Han digitalizados y disponibles en castellano en Internet:

La sociedad del cansancio (2010; traducido en el 2012)

La agonía del Eros (2012; traducido en el 2014)

La sociedad de la transparencia (2012; traducido en el 2013)

En el enjambre (2013; traducido en el 2014)

El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse (2014; traducido en el 2015)

Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2014; traducido en el 2014)

 

http://culturainquieta.com/es/inspiring/item/13388-la-expulsion-de-lo-distinto-por-byung-chul-han.html

 

 

Los horizontes pictóricos de Ilse Gradwohl

Ilse Gradwohl_Shifting Landscapes_diptico_2007 Shifting Landscapes (díptico), 2007, Óleo sobre tela, 170 x 300 cm

 

“Los desprendimientos del silencio”

“Al contemplar los cuadros de Ilse Gradwohl, el espectador percibe una quietud que deja entrever, en una textura, una línea o un trazo apenas esbozado, una tensión áspera. Es que en la tela ha tenido lugar la lucha de la forma. Lo que se muestra a primera vista es sólo la superficie debajo de la cual se intuye una  sucesión de abismos y epifanías: sombras y huellas de una intrincada y laboriosa fragua. En apariencia, los cuadros nos narran un vacío; sin embargo, al dejarnos poseer por su rotunda y delicada presencia, sutilmente nos impresionamos al ver que cada cuadro rebosa intensidad, al convertirse en el ritual de la revelación de los movimientos interiores de Ilse Gradwohl.

Ilse Gradwohl_Tierra verde_2016. Óleo sobre tela_60 x 180 cmTierra verde, 2016. Óleo sobre tela. 60 x 180 cm.

La mayoría de sus cuadros tienen un formato que le permite a la artista jugar con el espacio. Sin embargo, su tamaño es engañoso; en la superficie de cada uno, moran la inmensidad y, al mismo tiempo, los alientos detenidos en la tela. Lo más grande y lo más fugaz: hundimientos, destrucción; rumores que contienen emociones abisales, respiraciones. En la búsqueda de la quietud, la forma crece, se destruye y se transforma en la fuerza del silencio. Detrás de cada desprendimiento, representación de la muerte, brilla la esperanza. En los cuadros de Ilse Gradwohl coexisten las caídas y la fortaleza, el resplandor y la oscuridad.

Sobre su obra, Juan García Ponce escribió: “Hay un estado de silencio y una necesidad de romperlo”. La belleza de los cuadros que conforman esta exposición es innegable: son los desprendimientos del silencio de la artista, de Ilse Gradwohl.”

José Antonio Lugo

http://www.macay.org/exposicion/129/horizontes#

 

 

Ilse Gradwohl nace en Gleisdorf, Austria, en 1943. Desde 1973 reside en México. Realiza estudios de artes visuales en La Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores. En 1997 realiza un viaje a Sudáfrica, Kenia y Etiopía donde trabaja con jóvenes artistas en talleres y realiza exposiciones en cada uno de éstos lugares. Su obra forma parte de colecciones de museos de México, Alemania y Austria. Ilse Gradwohl es una de las pintoras abstractas no geométricas más complejas y sutiles, que ha desarrollado su obra fundamentalmente a partir de tres medios o procesos técnicos: la pintura, el monotipo, la gráfica y el dibujo.

Muestra de su trabajo aquí:

http://www.artesehistoria.mx/artistadelmes-descripcion.php?id=264

 

 

 

Imagen del mito. Joseph Campbell

https://issuu.com/atalantaweb/docs/69_-_campbell_issuu

 

Traducida por primera vez a nuestra lengua por la editorial Atalanta en 2012, Imagen del mito es una de las obras fundamentales del gran mitólogo norteamericano Joseph Campbell. Este libro hace un extenso recorrido por la mitología de las culturas de todo el mundo a lo largo de más de cinco mil años de historia y 423 ilustraciones del arte de Mesopotamia, Egipto, India, China, Europa, Oceanía o la cultura olmeca mexicana.

Campbell distingue dos maneras de elaborar mitos: la de las tradiciones populares de las culturas iletradas, relativamente simples, y la de las culturas más complejas que han desarrollado la escritura, como es el caso de las tres grandes religiones universales: budismo, cristianismo e islam. Traza líneas esenciales de todas estas mitologías y de la enorme influencia que han ejercido en el mundo, mostrando, a través de un cuidadoso análisis de los textos y las imágenes, las importantes diferencias que existen entre la cultura asiática y occidental con respecto a la idea del mundo como sueño, el orden cósmico y los ciclos y eones del tiempo, el símbolo del loto y la rosa, las transformaciones interiores del yoga y la psicología jungiana, para terminar con el sacrificio ritual y el despertar.

Imagen del mito es un inmejorable acercamiento a la comprensión del significado profundo que tienen los mitos del pasado, tan ajeno y desconocido para el lector de hoy, pues, si cualquier mitología se muestra en su forma exterior y literal como una serie de fábulas, contemplada desde el ángulo interior y simbólico se revela como una sucesión de realidades psicológicas llenas de sabiduría espiritual.

Joseph CampbellImagen del mito, trad. Roberto Bravo, Editorial Atalanta, 2012.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Imagen_del_mito

Doris Salcedo: ” ‘Palimpsesto’ es una acción de duelo, como lo es toda mi obra”

La Premio Velázquez Doris Salcedo convierte la superficie del Palacio de Cristal en un gran palimpsesto desde el que velar a inmigrantes que perdieron su vida intentando atravesar el Mediterráneo

Doris Salcedo en el Palacio de Cristal (Foto: Isabel Permuy)

Entrevista de jdguardiola para Siete de Un Golpe, 20 0ctubre 2017

 

Está cansada. Lleva largas jornadas trabajando en su propuesta para el Palacio de Cristal, que a su vez han sido el resultado de años de investigación, desde que en 2010 recibiera el Premio Velázquez que llevaba aparejado una exposición en Museo Reina Sofía. Además, Doris Salcedo (Colombia, 1958) es reacia a las entrevistas. Con esta creadora internacionalmente conocida gracias a la «grieta» que introdujo en la Tate  (Shibbolet), casi no sería necesario charlar. En ella se cumple a la perfección la máxima de que la obra se explica por sí sola. Además, en el silencio. Pero es un placer conversar con ella, descubrir qué es Palimpsesto, su pieza específica para Madrid y cómo funciona. Conocer de primera mano su compromiso con aquellos que, como ahora nosotros, no pueden pronunciarse, charlar como lo hacemos nosotros, tranquilos, una mañana soleada en el Parque del Retiro.

–¿Por qué le cuesta tanto hablar a Doris Salcedo?

– Es como si me retorcieran un brazo. Y es porque el lenguaje jamás podrá capturar lo que es una imagen. Siempre se transmitirá una idea equívoca de lo que es un proyecto artístico. Una obra de arte está siempre mucho más allá de lo que se puede pensar, de lo que se puede verbalizar, de lo racional… Va por otra parte. Cada vez que se habla de una obra de arte se la disminuye.

– ¿Por qué decidió hacerse artista Doris Salcedo? ¿Por qué consideró que esta era la mejor forma de solidarizarse con el oprimido en lugar de ser periodista, misionaria o trabajadora social?

–En realidad, tampoco fue una decisión racional. Es algo que siempre fue conmigo. Desde que tengo memoria es algo que pensé hacerlo. El artista no elige. Hay una realidad que se impone. Más bien el que elige es el que quiere hacer una guerra o el que inventa una imagen fantasiosa del enemigo para atacarlo. Ellos son los que trabajan con la imaginación. Nosotros, los artistas, estamos atendiendo a la realidad.

  Detalle de “Palimpsesto”

– Así que Doris Salcedo no podría haber sido escritora, aunque sí que recurre mucho en sus títulos a la literatura, a Paul Celan…

– Imposible. Soy muy torpe en el uso del lenguaje. No podría ser escritora. Además yo estoy trabajando desde un lugar muy precario, estoy trabajando una experiencia que no es mía. Eso convierte el relato en algo incompleto, una historia fragmentada, algo que lo doy pero lo borro, que se ve pero no se ve… Una cosa paradójica. El arte hace profecía del lenguaje.

– La realidad social y política de su país se ha convertido en muchas ocasiones en punto de partida de su trabajo; en otras, ha dirigido la mirada al exterior, como aquí. ¿Cómo influyen los contextos, el conocerlos de cerca o de lejos?

– El ser colombiana me ha dado una cercanía al horror. Está ahí, hay que pensarlo, no puedes situarlo en un punto ciego como sí que se puede hacer en otros países. Cuando yo comencé a trabajar hace treinta años, el contexto colombiano era marcadamente negativo con relación al resto del planeta. Eso hoy ha cambiado. Y no es tanto que el contexto colombiano haya mejorado como que el mundial ha empeorado. La guerra civil se desborda y, como decía Hannah Arendt en 1963, esta ya está en todas partes. Agamben también explica que en este momento, cosas como lo que hemos vivido esta semana en Las Vegas,son resultados de una guerra civil, de acciones fratricidas. Por eso yo considero que no hay diferencias entre contextos.

Y yo me pongo muy enfática en cuanto a las cuestiones de identidad. A mí no me interesa hacer obras acerca de los que son como yo, de mujeres morenas con el pelo encrespado… No. A mí me interesa hacer una obra que exceda y que transcienda y que atraviese la identidad. Desde Colombia, un país pobre del que poco se menciona su dignidad como nación, en el que en la imagen construida y estereotipada parece que todos son narcotraficantes, lo que a mí me interesa es que estamos pensando y haciéndole un seguimiento a aquellas vidas perdidas que han salida de África, de Siria o del Kurdistán, y que, tratando de llegar a Europa, mueren en el mar. No tuvieron un ritual funerario, nadie les llora… Nosotros desde Colombia estamos tratando de hacer esa triangulación en una obra marcadamente postidentitaria.

– ¿Es esa la mejor definición de “Palimpsesto”, su propuesta para el Palacio de Cristal?

– Es dificil definir esta obra. A mí lo que más me interesa es ofrecer una acción de duelo. Porque recordar siempre es un acto de memoria. Recordar es una acción, como guardar un duelo también requiere de una actividad. La acción de duelo sería para mí la definición más clara de esta obra. De ésta y de toda mi producción, con la que de a poquito voy construyendo cierta poética del duelo. Solo así podremos recuperar algo de la dignidad que perdemos cada vez que estos actos terribles ocurren.

– Aquí tampoco hay materiales cotidianos, aquellos con los que construye sus esculturas. ¿El material de referencia en esta obra es el olvido, la desmemoria?

– Lo que dice es muy acertado. Por eso el título es Palimpsesto. Ésta es una obra en la que trabajo con la memoria, pero sobre todo con el olvido. Me estoy ocupando del carácter inconsistente de nuestra memoria. Somos seres incapaces de recordar. La tragedia de ayer olvida la de hace un mes, que a su vez borraba la de hace dos… Dejamos que todas esas tragedias se apilen sobre nuestros hombros, sobre algo que llamamos “pasado” y que nunca termina de pasar, porque forma nuestro presente. Por eso la obra consta de una capa de nombres que están escritos sobre la arena que pertenecen a emigrantes que murieron antes del año 2000 y, sobre ésta, para formar el palimpsesto, surge una segunda capa de nombres de emigrantes que se ahogaron a partir del 2011 hasta el 2016, la cual se crea con agua. La obra viene, presenta el nombre y se va. Por un lado, deja clara nuestra inconsistencia para recordar, pero también la persistencia en el dolor de aquella madre que seguro que perdió a su hijo, del que ha perdido a un ser querido. Es la persistencia del duelo. El duelo viene, se repite, salta en el momento menos esperado. El tiempo del duelo es extraño: puede que hayan pasado diez años pero para una madre que perdió a su hijo es como si solo hubieran pasado dos o uno, o tres días.

 Doris Salcedo, Palimpsesto, Palacio de Cristal, Museo Reina Sofía, Detalle de “Palimpsesto” (Foto: Isabel Permuy)

– Sin embargo, la memoria funciona como mecanismo de defensa: es selectiva y dulcifica hasta lo terrible. ¿Eso lo tiene en cuenta?

– Yo creo que en el trabajo están las dos cosas: por un lado, la necesidad imperiosa de ser conscientes de que la vida ha de continuar y, por tanto, olvidar; pero queda otro imperativo, que es el de recordar, honrar al ser querido. El arte siempre maneja opuestos que se están negando mutuamente. El arte es pura contradicción. Y esos opuestos, el arte los presenta de una manera muy especial. Estas vidas fueron robadas en un contexto horrible, siempre. Pero ese ser que murió también tenía aspectos maravillosos, había aspectos maravillosos en la vida de ese ser que deben ser rescatados. Por eso es importante para mí que la obra rezume cierta belleza. A pesar de señalar aspectos terribles, es importante subrayarla, y que se encuentre en esa tensión entre recordar y olvidar, entre el horror y lo genuino.

– En la Tate, donde instaló una de las piezas que le dio más notoriedad, nos obligaba a mirar al suelo, como aquí. Allí hablaba de la arrogancia del edificio. ¿Ocurre aquí lo mismo?

– Es importante cambiar la perspectiva. Cuando las personas entran en edificios que son bellos o que en términos de ingeniería consideran difíciles de construir, la tendencia es tender a un cierto narcisismo. No somos los autores, pero reconocemos que los hombres somos capaces de levantar obras como esas. Ese narcisismo a mí me desagrada profundamente. Por eso en la Tate decidimos “no ver” el edificio y colocar en un punto ciego lo que consideramos despreciable, abyecto, aquellas vidas que aceptamos que están vivas pero que no tienen vida. Sabemos que las personas que vienen en las pateras, las que recordamos en el Palacio de Cristal, están vivas, que palpitaba su corazón, pero, ¿que tengan vida personal? ¿que tengan derecho a ser amados, a leer poesía, a disfrutar con un baile? Todo eso lo bloqueamos. Yo lo que quisiera es que mirando hacia abajo, de pronto, hacia esas vidas que han sido declaradas aún en vida socialmente muertas, nos situemos frente a ellas y que respetemos y reconozcamos por un instante ese nombre que da la singularidad a todo un universo que nosotros decidimos no ver.

– Por cierto, y hablando de “Shibbolet”: ¿Es para usted la obra más significativa de su carrera?

– Yo trabajo muy juiciosamente para cada una de mis obras, y todas ellas representan un momento importante. A cada una le dedico mucho tiempo, mínimo dos años y medio, tres años, cinco en el caso de esta de Madrid… Por eso no puedo responder afirmativamente.

– ¿Cuál sería la que más le ha tocado a usted?

– Tal vez “Unland”, que eran tres mesas bordadas con cabello humano, la acción de duelo tal vez más conmovedora. Fue un trabajo de muchos años, de muchas personas, en este desperdicio de tiempo absurdo que es bordar sobre la madera hacíamos un llamamiento sobre el desperdicio de vidas. Honrar eso, pensar en eso.

– Su trabajo se asienta sobre conceptos como el de violencia y olvido. ¿Cuál es más doloroso?

– Yo creo que van de la mano. Si no hubiera olvido no habría violencia. La una no existe sin la otra. Si hubiéramos valorado las vidas perdidas hace muchos años habría cesado la violencia.

– Dice que la meta de la violencia es dejar marca. La del arte, todo lo contrario. ¿Para qué sirve el arte entonces?

– La violencia es una representación absurda. Y eso lo sabe Hollywood, también los dictadores y los asesinos. Dejan una huella sobre el ser que atacan. El arte es todo lo contrario porque opera en el silencio, en lo invisible. Opera como en el vacío. Tiene que haber un vacío para que en ese momento se produzca una comunicación entre el espectador y la memoria de esa vida destruida que carga la obra. Pero si la memoria de esa vida destruida es explícita simplemente nos encontramos con el horror y no con la vida que fue destruida. Lo que yo trato, pues, es crear un silencio lo más radical posible. Y hacer la obra lo más invisible posible para que se llene de las memorias que deberían llegar. Es como si mi labor fuera puramente técnica y el resto, que es la obra, el encuentro con esa interface, que eso lo haga el espectador. El acto creativo es suyo, y es maravilloso que quiera dar el paso y hacerlo posible.

  Doris Salcedo, Palimpsesto, Palacio de Cristal, Trabajos de preparación de la pieza (Isabel Permuy)

– Pero, ¿cómo crear imágenes con el arte tan potentes como las que genera la violencia constantemente? ¿Es ese el objetivo?

– Yo sí creo que así debe ser. Yo sí creo que se puede. Pero porque para mí todo arte es sagrado. Y el de todas las culturas, no solo el occidental. Ahora, eso tiene que ir acompañado de una ética, una estética que busque el respeto a la vida. Una quisiera que las normas de respeto a la vida se emplearan para incluir más vidas. Porque la normatividad que manejamos ahora se aplica para defender sólo a unas pocas: las de la gente blanca, de los países desarrollados… Y los demás nos quedamos fuera. Sería maravilloso que eso se ampliara.

– Esta instalación llega como consecuencia de la concesión del Premio Velázquez 2010. Lo cierto es que se ha dilatado en el tiempo. En cualquier caso, dice que usted necesita de mucho tiempo para llevar a cabo el trabajo de fondo de cada una de sus obras. ¿Cómo ha sido el de esta pieza?

– Nunca es algo que se le pasa a una por la cabeza de repente, ni es una ocurrencia, desde luego. Es en 2012 que yo empiezo a hacer entrevistas, a investigar, de forma que para 2013 ya tenía la propuesta, y el resto de los años ha sido tratar -y esto siempre es igual, para todas las obras- de pensar en términos de materiales, y no necesariamente en términos de una idea racional con una lógica verbal. Se trata más bien de cómo la materia va permitiendo ser fiel a un testimono que me ha sido dado o a la experiencia que estoy tratando de señalar. Por eso este es un proceso larguísimo de ensayo y error, muy tedioso, de mucho cuidado, entrevistando, dibujando, estudiando a poetas y filósofos, investigando más que como un periodista, como si se tratara de un detective. Y luego comienzo a llevar a cabo un trabajo con un equipo de colaboradores que generosamente me ayudan hasta, equivocándonos y acertando, alcanzamos la imagen final.

– ¿Funcionan de alguna manera los paneles como lápidas?

– Yo no quiero ver estos paneles en el Palacio de Cristal como losas o lápidas. Yo quería que la propuesta se incluyera y entendiera como una parte del edificio. El resultado es simplemente un palimpsesto.

– Cuando recogió el Velázquez afirmó que somos responsables de nuestro pasado. ¿Cómo debemos lidiar con él para que no se convierta en una losa que no permita avanzar?

– El pasado se mantiene vivo en la medida en que lo pensamos. Al reescribirlo desde el presente, allí cambia. Benjamin dice que puede darse un momento mesiánico en el que el pasado salte y, si lo logramos, si capturamos esa imagen que brilla por un segundo, conseguimos traerla y que forme parte de nuestra vida. Eso es lo que busca hacer esta obra…

– ¿Es optimista con el futuro de su propio país?

– Sí. Yo creo que en este momento tan complejo que vivimos en Colombia y el mundo hay que ser optimista. El pesimismo lo capturó la extrema derecha con una retórica populista. A nosotros nos corresponde ser optimistas. Con respecto a Colombia, es maravilloso que 7.000 hombres hayan entregado sus armas y que estén cumpliendo lo firmado, cosa que todo el mundo dudaba.

– ¿Le ha influido de alguna manera en su trabajo? ¿El cambio de contexto le ha afectado?

– Es que el contexto no ha cambiado. Hay 7.000 hombres menos en armas, las historias siguen ahí y hay otros focos de violencia que estaban en sordina porque este era un ruido mucho más alto. Las FARC eran ese ruido enorme que todo lo ensordecía, pero hay muchos otros conflictos que están ahí. Es naif pensar que logramos la paz. No: logramos 7.000 hombres menos. Pero queda una cantidad igualmente violenta, queda una herida social muy fuerte, y otras fuentes de violencia enormes. Hay inequidad. Colombia es el país con mayor inequidad de la América Latina. Es el país con mayor concentración de la Tierra y eso traerá seguro problemas a futuro.

– Y con el de la humanidad: ¿es optimista con el futuro de la humanidad o nos terminaremos matando los unos a los otros?

– Si hay seres humanos y estamos haciendo obras de arte, si estas, como en mi caso, hacen referencia a la muerte, eso significa que hay seres vivos que las hacen y que hay seres vivos que las están recibiendo. Eso es el triunfo de la vida sobre la muerte. Y podríamos casi hablar de una vida eterna porque si continúa el arte seguirá declarando que la muerte murió.

  Doris Salcedo por Isabel Permuy

Doris Salcedo. “Palimpsesto”. Palacio de Cristal (MNCARS). Madrid. Parque del Retiro, s/n. Comisario: Joao Fernandes. Coordinación: Soledad Riaño. Hasta marzo de 2018.

Texto ampliado del publicado en ABC Cultural el 7 de octubre de 2017

Entrevista a Doris Salcedo («Palimpsesto». Palacio de Cristal)

https://es.wikipedia.org/wiki/Doris_Salcedo

 

Una propuesta para tiempos difíciles: Chantal Maillard recupera La razón estética

 

Razón estética

 

“La conciencia colectiva de nuestras sociedades y su universo simbólico van siempre acompañados de unas determinadas categorías de la sensibilidad que varían de una época a otra y de las que derivan otras tantas maneras de entender el mundo. Si he aceptado el reto de una reedición de este libro después de veinte años es porque sigue pareciéndome importante que podamos percatarnos de estas variaciones –que son, por otra parte, indisociables de las fluctuaciones sociales– y de cómo estas van surgiendo al par que los valores que adoptamos. Una educación de la sensibilidad es, ahora más que nunca indispensable. La política no la hacen los partidos ni las agrupaciones, sino los individuos. Y si quienes gobiernan –formen éstos parte del demos o de aquellos que detentan el poder económico o el poder a secas– no han aprendido a conocerse, mal podrán gobernar. Para gobernar es preciso saber qué somos o qué estamos siendo más allá de nuestro personaje. Toda moral bien construida requiere de un fundamento extra-moral y este tiene que ver con el conocimiento de uno mismo, algo que tan sólo puede iniciarse con la observación de la propia mente. La razón estética es sin duda una propuesta para tiempos difíciles. Que sea viable o no dependerá del interés que pongamos en que esta educación se lleve a cabo.”

 

Chantal Maillard. La razón estética. Nueva edición, revisada y ampliada con un nuevo apéndice por la autora. Galaxia Gutenberg, septiembre 2017. (Primera edición 1998)

La imagen de la portada es de Lucian Freud, Bat, 1961 (?). Watercolour. 331 x 241 mm.

http://www.galaxiagutenberg.com/libros/la-razon-estetica/

La sal curativa de Motoi Yamamoto

Motoi Yamamoto (山本基) es un artista japonés nacido en 1966, en Onomichi, que actualmente vive y trabaja en Kanazawa.  
Lo peculiar del artista nipón es que utiliza sal como material para construir sus obras. En Japón, la sal es un elemento de purificación. Por eso se considera un material indispensable en los rituales de la muerte: se suele entregar un puñado de sal a los asistentes al final de los funerales para que limpien su cuerpo tras asistir al entierro. Así, esparciendo los granos sobre ellos mismos, alejan los males espíritus y los aspectos negativos.
 
Yamamoto comenzó a utilizar este elemento cuando su hermana menor murió de cáncer cerebral con apenas 24 años. Tras el trágico fallecimiento, el artista construyó enormes y detallados laberintos de sal como ejercicio necesario para su recuperación.  Utilizar la sal como material exclusivo en sus instalaciones tiene para él un claro significado memorístico. De hecho, el artista pensaba que este material podía ayudarle a recordar los momentos vividos con su hermana, seguir la huella de aquellos recuerdos escondidos en su memoria.

Obras artísticas elaboradas con sal

Obras artísticas elaboradas con sal

Pero sobretodo, Motoi Yamamoto utiliza la sal –símbolo de la vida y de la muerte, elemento conector con la naturaleza– para purificar los espacios que interviene. Durante horas, Yamamoto dibuja en el suelo con una botella de plástico a la que añadió un caño por donde se vierte la sal empleada en armoniosos e intrincados patrones de hipnótica belleza. A su minucioso trabajo, casi obsesivo, a la repetición de su gesto ritual que se vuelve mantra, hay que añadir la elección del laberinto (o formas laberínticas) en sus creaciones (océanos, jardines flotantes, surcos de agua, universos cósmicos…). Crear o recorrer un laberinto representa, en todas las culturas del planeta, un rito de iniciación en el que superar una prueba para lograr así transformarse y renacer; en el caso de Yamamoto la prueba sería mantener viva la memoria de su hermana y compartir sus recuerdos con nosotros.


“Dibujar un laberinto con sal es como seguir el rastro de una memoria. Las memorias parecen cambiar y dispersarse con el tiempo. De cualquier modo, lo que busco es la forma de tocar un momento precioso dentro de mis memorias, algo que no puede conseguirse mediante textos o imágenes. Siempre sigo silenciosamente el rastro, que es tanto controlado como descontrolado a partir del punto de inicio, tras haberlo completado.”

Es enorme la carga expresiva que el artista japonés consigue plasmar en cada una de sus obras. Haciéndonos partícipe de su experiencia personal, Motoi Yamamoto logra atraparnos tanto a nivel estético como emocional. Su arte da en el blanco: convierte una vivencia íntima en una experiencia universal en la que todos podemos reconocernos. El artista nipón hace de su arte una cura que, sanando a uno, cuida la herida de todos.


http://www.motoi.biz

 

 

Nancy Huston: “Para los seres humanos es imposible vivir fuera de la ficción”

Nancy Huston, una de las grandes figuras del panorama intelectual francés, publica en España La especie fabuladora (Galaxia Gutemberg), uno de sus textos más emblemáticos cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano.

JACINTA CREMADES | 06/07/2017


Nancy Huston

En el extremo este de París, al final de un pasaje sin salida, entre una casa de pisos y un descampado poblado de arboles frondosos, vive, como en una casita de Hansel y Gretel, la escritora canadiense Nancy Huston (Calgary, Alberta, 1953). El pasaje donde se encuentra la casa encantada tiene el nombre de un ilustre español nacido en Menorca (Orfila). Al llamar a un timbre escondido bajo una rama de un árbol que abraza la fachada en estos días de intenso y pegajoso calor, se oye un grito de una ventana en el segundo piso: “¡Ahora bajo!”. Es la autora, que se asoma sonriente, con una espontaneidad y alegría contagiosas.

Nancy Huston, mujer del recientemente fallecido Tzvetan Todorov entre 1981 y 2014, es una de las grandes figuras del panorama intelectual francés. Aquél en el que se introdujo gracias a su sensibilidad e inteligencia, cuando llegó allá por los años 70 y con apenas 20 años. Huston fue alumna de Roland Barthes, participó en movimientos a favor de la Liberación de las mujeres y empezó una carrera de ensayista que luego derivó hacia la creación. Desde siempre, la música acompaña a esta mujer de gesto desgarbado y figura elegante. Es la autora de más de una decena de novelas entre las que se encuentran Les Variations Goldberg (1981), Lignes de faille (2006) o Bad Girl (2015), obras de teatro y ensayos como Marcas de nacimiento (1998) o Reflejos en el ojo de un hombre (2012).

Estos días la editorial Galaxia Gutemberg publica La especie fabuladora, uno de sus textos más emblemáticos y cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano. Publicado inicialmente en Francia en 2008 le preguntamos a la autora ¿por qué ese texto y no otro?

Respuesta.- Se trata de los misterios del recorrido de los libros. Es un libro que ya ha sido traducido a dos o tres idiomas y me siento muy feliz con esta publicación, aunque es cierto que mi pensamiento ha evolucionado desde entonces. Estoy trabajando en estos momentos en un libro que trata de la suspensión de la empatía y me doy cuenta de que hay que tener un cierto nivel de vida para alcanzar la empatía novelesca que alabo justamente al final de La especie fabuladora. Si hoy tuviera que reescribir el ensayo, no formularía esos pasajes de la misma manera.

P.- ¿Qué efecto le produce el ver reaparecer este libro?
R.- Es uno de mis ensayos preferidos. Me cambió tanto. Estaba apasionada mientras lo escribía. Confieso estar encantada cada vez que me anuncian una nueva traducción.

P.- En La especie fabuladora, nombre que no solamente da al ensayo sino también a la especie del ser humano, parte de la problemática de que el hombre es lo que es gracias a la ficción, su manera de ver el mundo se crea a través de las historias. ¿En eso, somos una especie única?
R.- Sí, el libro desarrolla exactamente esta misma idea. Pertenecemos a la única especie que ha elaborado una segunda realidad con el fin de sobrevivir. Pienso que son las ficciones las que agrupan a los hombres, que esta cooperación y colaboración de los seres humanos fue fundamental e indispensable para la supervivencia de nuestra especie. Es lo que llamo el Arque-Texto: esta manera de enfrentar el “nosotros y los otros”, los otros representan el mal y nosotros el bien. Es fascinante que los seres humanos siempre hayan hecho lo mismo, pero también que siempre hayan vivido con sus mentes imaginarias, engendrado un segundo nivel de realidad, hilado los acontecimientos en historias, visto causalidades en todas partes, incluso allí dónde no había ninguna. Cuando truena el cielo, los animales no piensan nada. No se preguntan quién lo ha hecho, por qué lo ha hecho, qué hemos hecho para merecer esto; mientras que el ser humano sí.
Después, cuando al final de algunos cientos de miles de años las condiciones económicas permitieron la eclosión de la ciencia, descubrimos que había causas en vez de razones. Cuanto más ha ocupado la ciencia el espacio de la religión y la mitología como explicación de la realidad, tanto más el espacio imaginario ha sido liberado para el nacimiento de la novela. En las sociedades modernas, individualistas, en las que la gente ya no cree tanto ni en la magia ni en el mundo divino que nos rodea, hemos sentido la necesidad de crear otras maneras de ficción, no solamente a través de la novela, sino también en el teatro, el cine…

P.- Y esas historias que la humanidad se cuenta desde tiempos inmemorables, ¿se repiten de alguna manera a través del tiempo y del espacio?
R.- Pues la verdad es que podemos suponer que hay un aspecto darwiniano en el hecho de que, en todo el mundo, los niños adoren las historias de guerra y las niñas las historias de amor.

P.- La especie fabuladora empieza por un capítulo en el que está usted rodeada de mujeres en la cárcel que le hacen preguntas sobre el porqué de la literatura. ¿El libro es una respuesta a estas mujeres?
R.- Absolutamente, es el verdadero origen del libro y no solamente una astucia para contar una historia al principio del ensayo. En este preciso momento, algo milagroso ocurrió. De repente, entre una de las preguntas de estas mujeres y el comienzo de mi respuesta, tuve en un instante la revelación del libro. En efecto, una de las presas me preguntó: “¿por qué inventar historias cuando la realidad es tan increíble?” y me di cuenta de que los crímenes pasionales o políticos por los cuales estas mujeres estaban en la cárcel también tenían sus raíces en la ficción. Ficción no quiere decir mentira, sino un relato que permite dar un sentido gratificante o satisfactorio a un acontecimiento.
Para los seres humanos, es imposible vivir fuera de la ficción. Porque tenemos conciencia del tiempo contrariamente a los demás animales, construimos relatos que nos permiten existir y avanzar. El hecho de saber que nuestro tiempo es limitado marca toda la diferencia. Nuestra vida se constituye, de cierta manera, en un “story line”.

P.- Leo en su ensayo “Los seres humanos son magos que se ignoran” y me parece una frase emocionante. ¿Podría hablarnos un poco más sobre ella?
R.- Es un hecho que existe desde la infancia. Los niños juegan a pretender ser otra cosa u otra persona. Jamás un animal se divertiría intentando ser otro animal. Los niños no saben que son magos. Juegan de forma espontánea e ignoran el sentido del juego. Cuando hablamos de la historia de Francia, por ejemplo, o del cristianismo, o del socialismo, de lo que sea, un elemento novelesco muy fuerte se pone en marcha.

P.- En su ensayo habla de la necesidad del otro, me refiero al proceso de transmisión del lenguaje, del aprendizaje, más que a la idea de convivencia.
R.- En soledad, un ser humano no puede convertirse plenamente en ser humano, ya que pensamos con las palabras y las palabras nos vienen de los demás. Sin palabras, es imposible acceder al pensamiento. Nuestro ser se nutre de miles de años de evolución de nuestro idioma (o de nuestros idiomas si hablamos varios); es ya una gran presencia del otro en nosotros mismos, a pesar de que prefiramos olvidarnos de ello. Cuando los nihilistas (que llamo profesores de la desesperanza) dicen “paso de los demás, no necesito a los otros”, no están siendo solamente arrogantes, sino además falsos.

P.- Algunas de sus novelas, de sus ensayos autobiográficos, tratan del tema de la identidad: ¿tiene usted la impresión que tras haber vivido en diferentes países, inmersa en diferentes culturas, tiene usted diferentes identidades?
R.- Tengo sobre todo la impresión de que los exilados, los expatriados, son más conscientes de ello que los demás. Si vivimos en una sociedad tradicional en la que los roles están distribuidos de antemano, en la que cada uno hace lo que han hecho sus parientes del mismo sexo, si nunca viajamos, no cambiamos jamás de lengua, de religión, etc., no se puede uno dar cuenta de esas potencialidades. De hecho diría que tampoco se pueden escribir novelas. Es imposible imaginarse una novela creada en una sociedad de gente absolutamente pegada a una identidad tradicional.

En realidad, la novela depende estrechamente del colonialismo. Nace en los países que poseían colonias, como Inglaterra, Rusia, Francia o España. Por un lado, porque estas colonias traían riquezas y nos dejaban tiempo para educarnos, el ocio y reflexionar sobre estas maravillosas máquinas que son las novelas… y, por otro lado, porque gracias al colonialismo pudimos comprender el carácter relativo de la identidad. Por mi parte, mis identidades están bastante próximas unas de otras. Es cierto que el hecho de haber nacido al oeste de Canadá, haber vivido en Estados Unidos, luego en Francia, pero también en el campo de Francia, en el Berry (en esa época bastante “retrasado” y supersticioso), últimamente en Suiza (también en el campo en donde la gente continúa creyendo en la brujería) ¡ha enriquecido mucho mi mirada sobre el mundo! Sin embargo, mirar a Canadá con los ojos de Nueva York o a la inversa… también me convierte en alguien frágil.

P.- ¿Define usted esta mirada como multicultural?
R.- No todos los novelistas escriben bajo estas energías. Pero si pensamos en las grandes escritoras de estos últimos años, Chimamanda Ngozi Adichie, Taiye Selasi, Arundhati Roy, Zadie Smith… tienen a menudo un pie en el mundo occidental y un pie en otro lugar. Los novelistas franceses en cambio tienden a ser tremendamente egocéntricos y me fatiga en ellos tanta belleza de estilo sin historia.

P.- En su novela autobiográfica Bad Girl (2015), habla usted de sus padres. La voz de la narradora se dirige a su ser previamente al nacimiento. Se pregunta sobre lo que fue y en cómo se convirtió en escritora. ¿Cuándo empieza a fraguarse la identidad?
R.- En la novela no me desdoblo, sino que le doy a la pequeña Dorit otro nombre que el mío, sin esconder que hablo de mí misma. Creo que es importante darle otro nombre, ya que se trata de una ficción. He cambiado tanto desde mi infancia que utilizar el “yo” hubiera podido inducir a error. En Bad Girl hablo de la construcción de la identidad pero tomando al lector como testigo para que entienda lo que ocurre. Me convierto en lectora de mi propia vida, con mis datos genéticos, una especie de locura que me vino de mi abuela alemana, el don musical de mi madre que fue una magnífica pianista, y las historias, aquellas que me contaron y aquellas que no me contaron y que tuve que descubrir por mí misma. Estamos moldeados y fascinados por todo ello. Somos el producto, no solamente del cuerpo de nuestros padres sino de las historias que arrastran, tanto personales como políticas.

P.- ¿La fascinación que dice sentir por la historia, es por la historia de su familia o por la historia en general, aquella que se convertirá en literatura?
R.- Siento un placer físico cuando entro en una historia. Reconocer, desde el segundo capítulo a los personajes. Tener una imagen de quienes son. Para mí, como explico en La especie fabuladora, es la prueba de que estamos programados para ser criaturas de ficción, porque somos personajes los unos para los otros. ¡Por eso la novela funciona tan bien!