Jorie Graham. Rompiente

Jorie Graham_Rompiente  Jorie Graham-

“Hay sonidos que el planeta siempre hará incluso si no hay nadie para oírlos” escribe la poeta norteamericana Jorie Graham. Su exigente y poderosa escritura se dirige tanto a nuestra inteligencia como a nuestra sensibilidad, a nuestra percepción corporal, animal. En Rompiente se abre un interrogante respecto a la condición humana entre un “planeta que se apaga” y su historial de violencias y estragos. Devastación ecológica irreversible que, para la poeta, corre paralelo al fraccionamiento sensible que acontece en aquellas micro-transformaciones personales a lo largo de la vida más íntima y cotidiana. Los poemas de este libro hacen visible el entrelazamiento entre el canto a la naturaleza devastada y el propio quebrantamiento de la poeta en una sintaxis audaz. Rompiente es la crónica de una “contemplación dinámica” en la que se desdibujan –o mejor, se erosionan– las fronteras entre un yo-poeta y un otro-naturaleza, entre el que percibe y lo percibido…  “No hay dos mundos separados para Jorie Graham, la naturaleza y el yo, sino uno solo”, señala Eduardo Moga, “la confusión de uno es la confusión del otro, el renacer de uno es el renacer del otro”. Necesidad de nombrar aun balbuciendo, de boquear, de confiar “en la posibilidad de la palabra pese al desasosiego respecto a un género humano que lleva impreso en su ADN la semilla de la autodestrucción” escribe Marta Sanz en una reflexión sobre literatura y política. Los poemas de Jorie Graham giran sobre ese pivote entre lo subjetivo y lo político. “Vamos a tener que resolver esas cuestiones en un marco amplio que es un marco político también… La idea de objetividad, de subjetividad, el futuro del planeta, son cuestiones que tienen una naturaleza política, apunta Jorie Graham al final de la presentación de su libro en la Casa Encendida (ver el vídeo al final de esta entrada). “La relación en el poema entre lo subjetivo y lo objetivo acaba siendo una cuestión que se parece mucho a cómo gestionamos esa misma relación en el ámbito político… A pesar de que todos lo gestionamos de un modo diferente, nunca, sin embargo, hemos convivido tan íntimamente con el desastre…”

Nota necesariamente rabiosa: AHRRRR! No he podido copiar el siguiente poema respetando su forma: están suprimidos aquellos sangrados pronunciados tan característicos de la obra de Jorie Graham, esas brechas-rompiente en el flujo de su escritura. Por lo visto el programa de WordPress no reconoce los espacios en blancos como útiles y los suprime ipso facto!!! Imperdonable! Os pido por lo tanto que hagáis un esfuerzo de imaginación y de re-creación lectora para reconstituirlo como es debido. Sirvan estas fotos de las páginas del poema (clickar en ellas) de botón de muestra!

jorie-graham_buclerompiente_jorie-graham

rompiente_jorie-graham-2

Bucle de retroalimentación positiva

Estoy escuchando en este silencio que precede. Olvida
todo, empieza a escuchar. Punto de inflexión, punto
de ignición,
chimeneas convectivas en los mares que Groenlandia delimita. Hace tiempo [hubo allí trueno y
salvas en las cuatro esquinas del horizonte, era la
guerra.
En el Infierno vacían de arena tus manos, te dicen que las llenes de polvo e intentes
pensar las Aguas Profundas del Atlántico Norte
que asimismo contienen
aportaciones del Mar del Labrador y arrastres de otras masas de agua, intenta pensar un
colapso completo, en la corriente del Atlántico, en la
circulación termohalina, esto
ocurrirá,
los peces mueren de hambre en la Gran Barrera de Coral, la nueva Era de las [Extinciones ha
llegado
dice el silencio-que-precede—no sabes lo que
se acerca, un tiempo
más allá de lo creíble. ¿Quién es uno cuando uno se llama a sí mismo
uno? Una orquesta se apaga. Tenemos otros planes
para tu verano es la canción. También para tu
invierno. Quizá las esclusas de Isigny
resistan, iré a
verlas
mañana. Aprenderé cuanto hay allí sobre este mi cónyuge, el futuro, aquí en mi
tierra la casa de mis padres, el jardín de
seguir pensando
en ellos, no existe nada más de hecho que el
pasado, cuenta los días cuenta las ciudades que
has
visitado, incluso lo que viene a mantenerte en vela, o el rocío cuando por fin [duermes—¿podrás algún
día penetrar en lo extraño, el nombre que es tuyo, que
“es” tú?—
el lugar donde los muertos te abrazan, y puedes sentirlo, el sabor de la
amargura, y querrías hablar por toda tu especie pero
se reirían de ti—los nombres y la especie—hasta el aire enrarecido se reiría es [lo que
hace mira—
pluma, ciénaga invisible,
retroalimentaciones positivas—y otra vez las chimeneas, y cómo es que al rayo [de sol se lo asimila
libremente, y acaso podía ser de otra forma para
este huésped
nuestro invitado,
nosotros que empezamos como manos, magia de dedos, levantando umbrales [nuestros piedra a piedra,
piel desplegada entre la vida y la muerte,
siempre alzando humo para hacer propicia la estrella que podría oscurecerse, [compensadla pronto
antes que os mate, piensa más y más en ella,
hasta que tus mismos pies estén
exhaustos no sólo tu
corazón–la
piel, la carne, el calor, la tierra, el grano, el sonido del canto de cada pájaro [escuchado a través de los
milenios, las estrategias del otoño para con el invierno, esquirlas de tiempos [de ensoñación, belleza
punzante, sí, siempre fuimos
vulnerables a la
belleza, por qué no iba a ser
así—las maravillas del tiempo cuando pasa y las cosas crecen, y los desgarros [de la muerte
cicatrizan, y llegan las flores que uno puede
mirar solo
un instante
más, asimilarlas, y la mente
se encuentra insegura otra vez, llama, algo le cuelga la llamada, tal que así, [escuchas
cómo el receptor se apaga, la corriente y su final,
un algo más que sonríe en otro lugar de otro mundo,
nosotros en La Gran Agonía otra vez, la hora en que la vida terrestre vuelve a [ser casi por completo
erradicada—debemos ser pacientes—debemos esperar—es un
hermoso atardecer, un poco de comida un poco de bebida—
saldremos
al porche y el atardecer vendrá a envolvernos, descarado,
parpadeante, abundante, como si nos descubriera,
todo dentro y fuera debajo del alero, hasta la hierba que parece empujar [dentro de este mundo
nuestro como si brotara de
añoranza por él,
reluciente.

Jorie Graham. Rompiente, Bartleby editores: Madrid, 2014. Trad. Rubén Martín.

jorie-graham

Extractos del prólogo del libro Rompiente por su traductor, el poeta Rubén Martín:

Jorie Graham (Nueva York, 1950) es sin duda una de las voces ineludibles de la poesía norteamericana viva. Es autora de once poemarios entre los que destacan Hybrids of Plants and Ghosts (su ópera prima, 1980), The End of Beauty (1987), Materialism (1990), The Errancy (1997) [La Errancia, DVD, 2007], Swarm (2000) o el más reciente hasta la fecha, Place (2012), que la ha convertido en la primera estadounidense en ganar el prestigioso certamen británico Forward Poetry Prize. Este reciente galardón se añade a un imponente listado de reconocimientos, entre ellos el premio Pulitzer por su antología The Dream of Unified Field en 1996.

Su hacer poético, inseparable de la indagación en otros ámbitos de la cultura (ya desde sus inicios planteaba el diálogo lírico con pensadores y artistas: Platón, Leibniz, Giotto…), trasmite tanto una sensibilidad exacerbada como la impresión de que detrás de cada poema suyo hay una inteligencia extraordinariamente poderosa y esquiva, capaz de cuestionar los esquemas más arraigados. Éste, cuyo título hemos traducido como Rompiente (Sea Change, 2007), es su décimo trabajo y uno de sus poemarios más emotivos. […]

Esta consciencia de un desastre ecológico irreversible, con el contrapunto de la esperanza representada por una joven acacia recién apuntalada (que reaparecerá varias veces a lo largo del poemario), toma una presencia tal que recorre todos los poemas como una corriente subterránea. El goce del presente, de la naturaleza, con toda su exhuberancia sensorial –auditiva, visual, gustativa, táctil, olfativa: pocas escrituras más saturadas de sensación que esta–, toma su intensidad en relación a la inminencia de “un tiempo más allá de lo creíble” (‘Bucle de retroalimentación positiva’, p. 131) que amenaza no solo la vida tal como la conocemos, sino el sentido mismo de la escritura y los significados del lenguaje:

estamos dispuestos a pensar en otra cosa,

mientras a nuestra espalda se aproxima al

fin el día de los

               días, en que todo a lo que has puesto nombre acaba siendo arrinconado, la entera ex-

               presión material de lo que llamamos definiciones…

(‘Día libre’, p. 105)

Aquí sigue el prólogo:
http://www.joriegraham.com/rompiente_prologo

https://vimeo.com/89702939

Rompiente, título en castellano de Sea Change (2007), nos muestra a una poeta imprescindible, de una sensibilidad exacerbada, que nunca ha eludido la interacción entre la palabra escrita y otros ámbitos de la cultura contemporánea. Participaron en la presentación Mark Strand, Eduardo Moga y el traductor de Rompiente, el también poeta granadino, Rubén Martín.

La paz de las cosas salvajes. Wendell Berry

 

Búho_mimetismo

 

Cuando el temor por el mundo crece en mí
y despierto en la noche ante el menor sonido,
preocupado por qué será de mi vida y de las vidas de mis hijos,
voy y me acuesto allí donde el pato
descansa en su belleza en el agua, y la garza real se alimenta.
Entro en la paz de las cosas salvajes
que no ponen a prueba sus vidas con la anticipación del dolor.
Entro en la presencia del agua quieta.
Y siento sobre mi cabeza a las estrellas ciegas al día
esperando con su luz. Por un momento,
descanso en la gracia del mundo, y soy libre.

 

The Peace of Wild Things

When despair for the world grows in me
and I wake in the night at the least sound
in fear of what my life and my children’s lives may be,
I go and lie down where the wood drake
rests in his beauty on the water, and the great heron feeds.
I come into the peace of wild things
who do not tax their lives with forethought
of grief. I come into the presence of still water.
And I feel above me the day-blind stars
waiting with their light. For a time
I rest in the grace of the world, and am free.

 

Medicine of the Wolf

Powerful, informative and moving. Please, please watch it.” Así define este documental la Dr. Jane Goodall.

En este hermoso e importante documental, la cineasta Julia Huffman viaja a Minnesota y al territorio del lobo para rastrear el profundo valor intrínseco del animal quizá más injustamente difamado sobre la faz del planeta. Medicine of the Wolf se centra en el trabajo del extraordinario ecologista de fama mundial, fotógrafo de National Geographic,  Jim Brandenburg, quien ha fotografiado y estudiado lobos durante 45 años –más que nadie en la historia. Convirtiéndose en nuestro guía, Brandenburg nos permite ver el mundo del lobo como nunca lo hemos visto antes. La película también nos da un mensaje importante: el lobo gris se debe preservar, está en la lista de especies en peligro de extinción.

http://www.medicineofthewolf.com

http://wolvesofdouglascountywisconsin.com/2015/08/20/the-film-society-and-minnesota-made-presents-medicine-of-the-wolf-at-the-minneapolis-convention-center-september-10-2015/

Hainuwele, la Mujer Salvaje de Chantal Maillard

Mujer-árbol

He visto a Hainuwele. Su rostro dentro de un árbol como dentro de una vaina. Era un árbol grueso, de ramas vigorosas. Dancé con los brazos en alto, la cabeza enfundada, como ella, en la capucha del abrigo. La hierba resplandecía bajo el hocico de los caballos jóvenes.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

*

… [Hainuwele] es mi alter ego más querido. Vive en mí aun cuando la pierdo, lo cual ocurre con frecuencia y, en el estado de confusión en el que me deja su pérdida, me conforta saber que tarde o temprano volveré a encontrarla. Para recuperarla, me basta con percibir el olor de los helechos en los bosques europeos o el sonido de las hojas secas, olfatear el viento del norte cuando llega a la costa cargado de olores o, simplemente, contemplar un animal. […]

*

Si preguntan quién soy, contesto:
vibro a mayor velocidad que un árbol.

*

Si pregunto a los hombres
qué es aquel cuerpo inmenso
que vibra al otro lado de los bosques,
me contestan: “el mar”.
Si te pregunto qué es el mar,
me dices:
“un animal de lluvia que sin tregua recorre
la distancia infinita que de sí mismo le separa”.
Quieres ponerme a prueba, pretendes confundirme.
Sé que aquel cuerpo inmenso
eres tú
cuando sales del bosque
y arrojas tu saliva sobre el mundo.

*

ayer cae la lluvia
mañana leopardos

Las niñas cantan amasando el barro
en la ribera.
Como un felino el lago eriza
su pelaje manchado y se estremece
bajo la lluvia parda.

Ayer nace mi padre
mañana nazco yo

Sonríes sobre el agua.

Chantal Maillard. Hainuwele y otros poemas.Tusquets, 2009 (1ª edición de Hainuwele, 1990)

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/02/16/hainuwele-la-mujer-salvaje-recobrada/

Artemisa: El espíritu indómito de cada mujer. Jean Shinoda Bolen en Barcelona

Jean Shinoda Bolen en Barcelona_Dic.2015  Taller Artemisa_Shinoda Bolen

Fuimos juntas (uno de los grupos al completo y varias mujeres de otras manadas) a la presentación del último libro de la psicóloga junguiana Jean Shinoda BolenArtemisa. El espíritu indómito de cada mujer. Para rendir homenaje a Artemisa, la diosa griega de los bosques, la señora de las bestias, nuestra Mujer Salvaje.

El acto, muy concurrido, tuvo lugar en la preciosa gompa (“sala de meditación”) de la Casa del Tibet bajo la atenta mirada de los Mil Budas. Fue presentado (¡ampliamente!) por el director de la editorial Kairós, Agustín Pániker. El filósofo Jordi Pigem oficiaba de traductor de Jean Shinoda Bolen, quien de pie, suave y firme, fue bosquejando las grandes líneas del mito de la diosa Artemisa que entroncó con el de la atleta Atalanta, una simple mortal también cazadora y corredora de fondo. El día siguiente la psicóloga ofreció un taller sobre el arquetipo de Artemisa en la universidad Pompeu Fabra.

 

Agustín Pániker_Shinoda Bolen_Jordi Pigem

 

Dejaré constancia de una simpática sincronicidad que nuestro grupo presenció. Después de finalizar el acto, cuando nos dirigíamos hacia un local para cenar, nos encontramos en la calle con un hombre que acababa de encontrarse un lobo de madera abandonado en la acera! No quiso desprenderse de él, ¡no! Pero le hicimos una foto al lobito! La diosa, bajo una de sus múltiples manifestaciones, salió a nuestro encuentro. ¡Qué más se puede pedir!

 

Lobito fusta

 

Creo que la mejor manera de rendir homenaje a Artemisa será trasladando algunos fragmentos del libro de la psicóloga que enlazan con nuestra Mujer Salvaje y con algunos de los temas que trabajamos en el taller, bajo la imagen auspiciosa de la diosa Ártemis como pótnia therón, “señora de las bestias”. (Crátera. Ca. 570)

 

Artemis_señora de las bestias

<< “El espíritu indómito de cada mujer. (Del latín in + dominare: domeñar; incapaz de ser sometido o domado)

El espíritu indómito es un atributo de las mujeres que tienen a Artemisa como arquetipo activo. En la mitología Artemisa es la diosa griega de la caza y la Luna, conocida como Diana para los romanos. Fue la hermana gemela de Apolo, el dios del Sol, y la primera en nacer. Como diosa de la caza, se desenvolvía por la naturaleza armada con un arco y un haz de flechas acompañada por sus perros cazadores, sola o con varias compañeras, ninfas que había elegido. Artemisa acudió al rescate de su madre y fue protectora de las muchachas en la perpetrad y de los animales jóvenes. Las embarazadas le rezaban para que aliviará sus dolores… La diosa acudía rápidamente en ayuda de los que estaban bajo su protección y castigaba a los que querían herirles o faltarles al respeto. Artemisa es una predisposición arquetípica a las relaciones igualitarias y fraternales con los hombres, da un sentido de hermandad a las mujeres, representa la capacidad de apuntar a un objetivo lejano o enfrentarse a un desafío y prefiere vivir en la naturaleza en lugar de en las ciudades.

[…] Artemisa personifica al arquetipo de la diosa virgen, una mujer que es una en sí misma psicológicamente. Puede ser virgen en el plano físico, o puede no serlo; puede tener cualquier edad. Su parte arquetípica conserva la autonomía de su vida anterior, aun cuando no se le permite exteriorizar su expresión. Puede necesitar guardarse para sí misma los sentimientos, los pensamientos y las fantasías sobre una vida distinta hasta que tiene la edad suficiente para abandonar una familia fundamentalista encabezada por un padre autoritario. O bien hasta que pueda unirse a otras mujeres para expresarse o protestar, como las mujeres de la India que se manifestaron contra las autoridades que ignoran la violación, las que se unieron al Alzamiento de los Mil Millones y bailaron por las calles para terminar con la violencia contra las mujeres o las que tomaron parte en los levantamientos de la Primavera Árabe.

[…] La naturaleza salvaje es un paisaje metafórico; es donde te encuentras en tu vida cuando estás entre una fase o una identidad mayor y la siguiente. Es hora de hacer tu propio camino, cuando no sabes lo que sucederá o cómo cambiarás. Es el momento de la transición. Puede ser la hora de confiar en el instinto o en una profunda curiosidad. Quizá descubras una parte importante de ti misma en esta naturaleza salvaje, o pierdas el rumbo y te pierdas tú.

La fase de la naturaleza salvaje a menudo sucede tras una muerte significativa, o cuando una relación termina, o tras abandonar una comunidad. […] Estás en la naturaleza salvaje cuando has abandonado “quien” eras, y no hay vuelta atrás. Es el momento en que no existe un rumbo definido que tomar y los demás tienen su opinión, pero no saben nada. Puede ser el momento de prestar atención a tu brújula interior de la intuición, mientras vas en la dirección por la que tu alma se siente atraída, o notas que tu cuerpo-psique reacciona a cada paso que das, o dejas que el “suave animal de tu cuerpo ame lo que ama” (del poema “Wild Geese”, de Mary Oliver); prestar atención, detenerse cuando se pueda de vez en cuando, como si se estuviera en un vecindario desconocido, avanzar cuando algo instintivo en ti te dice que todo está bien.

[…] Tras la muerte de Meleagro, la joven Atalanta regresa al bosque salvaje, a la naturaleza, que ha resultado más digno de confianza que su experiencia con la gente. Vagabundeando sola por este paisaje, Atalanta puede hacer el trabajo emocional del duelo y de la curación por la pérdida de Meleagro. La naturaleza es un buen lugar para ella para realizar este trabajo interior; quizá no lo es para todas las mujeres, pero sí para las cuales Artemisa es un arquetipo activo. En la naturaleza abundan los ejemplos sobre la vida y la muerte, sobre los ciclos y las estaciones. Todo se convierte en compost. La naturaleza es vasta; el ser humano es pequeño comparado con los grandes árboles y las montañas. Vivir en la naturaleza salvaje significa estar bajo el cielo durante el día y bajo el firmamento iluminado por las estrellas de noche. Al aire libre, la proporción influye y nos muestra que nuestra pérdida en concreto no es el centro del universo. Cuando una persona en duelo empieza a apreciar la belleza, que puede admirarse por todas partes en la naturaleza, y oye el canto de los pájaros y el sonido del agua, o disfruta de la luz y el calor del sol, la curación ha empezado. Los árboles ayudan. Hay consuelo cuando una se sienta a la sombra de un árbol escuchando el viento entre sus hojas, o rodeando con los árboles su tronco, o acercando la mejilla a su corteza.

Navegar sola a través del sufrimiento y el duelo es común cuando los valores de la sociedad dan por sentado que no tienes derecho a manifestar tu dolor. O que es una debilidad. O que es ofensivo para alguien que no puede tolerar el dolor en general o el dolor por esta pérdida en particular. Si estás bajo la protección de Artemisa y los arquetipos de la diosa virgen, que es una en sí misma, tienes el apoyo interior para ser tú misma, pero en privado. La naturaleza salvaje a la que te puedes retirar puede ser la naturaleza misma o tu mundo interior. […] Penetra en tu propia naturaleza salvaje para expresar el amor y la pérdida a través de aquello en lo que trabajas o a partir de lo que creas, escribiendo un diario, haciendo arte, rituales o poesía, o ve a la naturaleza a construir un túmulo o un laberinto con piedras, a crear espacios sagrados en playas, bajo los árboles, en lo alto de una colina o en las montañas. Eso es lo que hacen las personas Artemisa en el estado salvaje de la pérdida. Y así es como, pensando en la imagen de Artemisa con su perro y en las personas que he conocido y que han sentido la pérdida de un animal, se conduelen por él en privado y en la naturaleza, en lugar de sentirse avergonzadas, que es lo que sienten otros que han interioridad la visión de “¡Si sólo es un perro!”.

[…] Encontrarte psicológicamente en una naturaleza salvaje metafórica o inframundo es cruzar hacia tu propio mundo interior, un mundo que puede contener recuerdos dolorosos que habías dejado al margen y sentimientos que habías eliminado. cuando algo malo te sucede, corres el peligro de verte como una víctima, de deprimirte y quedarte estancada, o bien de verte dominada por la culpa y la rabia. Es mejor explorar este nuevo terreno, ver lo que hay, antes que rendirte. En la naturaleza salvaje metafórica, hay vastas regiones por explorar. En el informando, hay riquezas enterradas: son tus propios talentos y arquetipos por desarrollar, cualidades que los demás no habían aprobado o valorado y que pueden convertirse en fuentes de significado. Lo bueno y lo malo, el oro y la escoria que surjan de eso pueden influir en el próximo estadio de tu vida y permitirte identificarte más con quien eres en realidad y con la persona que puedes ser.

[…] Viajar prestando atención a tus sueños, recuerdos, sincronicidades, sensaciones e imágenes puede convertir cualquier viaje en un peregrinaje íntimo a la fuente de lo significativo.

[…] Otra naturaleza salvaje metafórica reside en tu propia creatividad, en la que los pensamientos, los sentimientos y las imágenes adoptan nuevas formas o se expresan de maneras que pueden conducir a descubrimientos y a obras creativas. Cualquier artista, escritor, músico, pensador creativo o investigador cuya proceso de creación le lleve a un territorio virgen se encuentra en esta naturaleza salvaje. Eso exige apartarse de las instituciones y de la habitual multitud de gente con la misma mentalidad… para ver las cosas con ojos distintos. Georgia O’Keeffe es un ejemplo de artista cuyo estilo distintivo surgió tras vivir la experiencia y las consecuencias de pasar un tiempo en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. Después de un viaje que hizo a Nuevo México, comprendió que ese era el paisaje que más cosas le evocaban y le inspiraban, y ahí fue adonde se mudó… Para Artemisa, la tierra del alma es el mundo natural.>>

Jean Shinoda Bolen. Artemisa. El espíritu indómito de cada mujer. Editorial Kairós, 2015.

Los dos poemas de Mary Oliver, The summer day (Dia de verano) y Wild Geese (Gansos salvajes) citados por Shinoda Bolen están en el blog lobuno. Los encontraréis respectivamente en https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/11/02/la-pregunta-de-mary-oliver-dime-que-planeas-hacer-con-tu-preciosa-salvaje-unica-vida/ y en https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/05/24/gansos-salvajes-mary-oliver/

Las fotos del acto son obra de varias mujeres de nuestros grupos lobunos (Jefa, Marie-Odile, Encarna… Gracias)

Diarios indios en escena. Chantal Maillard & David Varela

Diarios indios_teatro Cánovas Málaga

DIARIOS INDIOS EN ESCENA. Chantal Maillard & David Varela.
Al Teatro Cánovas, Jueves 10 de Diciembre a las 21h en Málaga.
(Entrada gratuita hasta completar aforo)

“Una ventana sobre el Ganges y un cuaderno de notas. Benarés. La sagrada ciudad de Siva a la que tantos acuden para conocerse o para morir. Benarés, la de los mil templos, la de Kali la oscura y la de Durga.

DIARIOS INDIOS EN ESCENA es una ventana abierta sobre el Ganges en tres tiempos. 1987-1988, momento en que la autora de los Diarios llega allí por primera vez; invierno 1999, cuando concluye la escritura de su Diario de Benarés, y 2008-2009, año durante el cual David Varela, con el libro Diarios indios en la mochila y la cámara en mano, filma Benarés, un mundo que respira entre el fuego y el agua, entre la vida y la muerte, en la crudeza de un universo atemporal, múltiple y fascinante, cuya intensidad vuelve a recobrarse como puro presente cuando, en escena, todo vuelve a acontecer.”

http://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-canovas/evento/diarios-indios-chantal-maillard-y-david-varela

Encontraréis en este archivo el proceso de la escritura de Diarios indios y el recorrido que llevó el cineasta David Varela a Benarés siguiendo la traza del texto de Chantal Maillard:

https://drive.google.com/open?id=0Bwid9JJWF4cLVF9oOU85TWpHMHc

https://www.facebook.com/chantalmaillardpoesia

El sutil vigor animal de Clarice Lispector

Clarice Lispector_Agua viva  perdersetambienescamino


Estoy entrando disimuladamente en contacto con una realidad nueva para mí y que todavía no tiene pensamientos correspondientes, y mucho menos aún una palabra que la signifique. Es sobre todo una sensación más allá del pensamiento.


¿Cómo explicarte? Lo intentaré. Es que estoy percibiendo una realidad sesgada. Vista a través de un corte oblicuo. Sólo ahora he intuido lo oblicuo de la vida. Antes solo veía a través de cortes rectos y paralelos. No percibía el insípido trazo sesgado. Ahora adivino que la vida es otra. Que vivir no es sólo desarrollar sentimientos densos; es un sortilegio mayor y más grácil, sin que por ello pierda su sutil vigor animal. Sobre esta vida insólitamente sesgada he puesto mi pata que pesa, haciendo así que la existencia fenezca en lo que tiene de oblicuo y fortuito y sin embargo al mismo tiempo sutilmente fatal. He comprendido la fatalidad del azar y no existe en eso contradicción.

La vida oblicua es muy íntima. No digo más sobre esa intimidad para no herir el pensar-sentir con palabras secas. Para dejar esa oblicuidad en su independencia desenvuelta. […]

¿La vida oblicua? Sé bien que hay un desencuentro leve entre las cosas, casi chocan, hay un desencuentro entre los seres que se pierden unos a otros entre palabras que ya casi no dicen nada. Pero casi nos entendemos en ese leve desencuentro, en ese casi que es la única forma de soportar la vida plena, porque un encuentro brusco cara a cara con ella nos asustaría, ahuyentaría sus delicados hilos de tela de araña. Nosotros somos de soslayo para no comprometer lo que presentimos de infinitamente otro en esa vida de la que te hablo.

Y yo vivo al margen, en un lugar donde la luz central no me quema. Y hablo muy bajo para que los oídos se vean obligados a estar atentos y a escucharme.


Clarice Lispector. Agua viva. Siruela, 2010: 73-75


De la ausencia de compasión al milagro de la humildad: El Club de Pablo Larraín

 

No es que vaya al cine con mucha frecuencia pero este mes, en el lapso de 15 días, fui a ver dos películas. Podría decirse, literalmente, que fui del cielo al infierno. El cielo fue la última película de la cineasta japonesa Naomi Kawase “Una pastelería en Tokio”, y el infierno fue El club, la nueva cinta del director chileno Pablo Larraín. A la vez drama y thriller, El Club pone el dedo en la brecha que Dios instauró entre la luz y las tinieblas, señalando magistralmente las penumbras del alma humana. El director chileno aborda con maestria, delicadeza, ironía y frialdad, los peores tabúes de la organización eclesiástica: pederastia y homosexualidad. Pone en escena a cuatro curas penitentes condenados a la exclusión (la condena se cumple de puertas para dentro), y una monja que les sirve de carcelera, ocultados por la Iglesia en un pueblo costero por su oscuro pasado de delitos y pecados. La llegada de un quinto “curita” desatará la violencia latente. A medida que transcurre la película, nos va faltando el aire como al galgo que en su entrenamiento, día tras día, hora tras hora, corre tras una presa ficticia sin poder alcanzarla jamás. La escenificación perturbadora se va volviendo asfixiante como el paisaje de bruma de este “invierno mental” (así lo califica el propio director). Miradas enfocando la cámara, confesándonos a nosotros, espectadores-testigos, sus pecados. Atmósfera de violencia soterrada que termina estallando. Salpicándonos. En un momento dado, salí incluso de la sala (¡pero aún así, vi de reojo la escena de la matanza de los inocentes galgos, oí el golpe seco!). Cuando terminó la película me quedé hundida en la butaca, sin leer siquiera los créditos que desfilaban en la pantalla, sin poder hablar con mi acompañante, sin lograr articular lo que había visto, lo que había sentido. El director, acompañado por un magnífico elenco de actores, consiguió plenamente su propósito. La película me incomodó, me violentó, me inquietó profundamente. Salí turbada, enojada. ¿Pueden purgarse los pecados? ¿Podemos salirnos del yo doliente, liberar el espíritu apresado, redimirnos? ¿Es suficiente pretender rendir cuentas solamente a Dios? ¿Pueden repararse los daños repudiando al verdugo? ¿Es posible desalojar el mal incrustado a golpes en el alma humana? Y ¿cómo lograrlo sin afinar, sin “armonizar de nuevo las cuerdas des-templadas de aquellas entrañas dañadas”?

El día siguiente, dos de los oblicuos textos de Chantal Maillard me proporcionaron la necesaria distancia para la observación. ¿Para la comprensión? Tal vez. Aquí los comparto.

 

PAPEL DE SEDA 

Usted –¡ah, es usted ; apareció de nuevo !– se me queda mirando. Hay cierta dulzura en su mirada. Llevo observándole desde hace algún tiempo. Cierto es que su estado le ha procurado esa demora necesaria para el perdón. Sí, tiene usted razón, ya sé que el perdón lo otorga quien puede, a imagen del dios de arriba. Rectifico pues: quise decir esa demora necesaria para la comprensión: en comprender hay un respeto que nunca se hallará en quien perdona. El respeto es a la comprensión lo que la dignidad al perdón. Matices del lenguaje, si se quiere. La dignidad es rígida y usted ha aprendido a permanecer de pie, flexible aunque le cueste. A fines prácticos, por supuesto.

*

En el huso de la cólera. ¿No? Haga un pequeño esfuerzo; es fácil. Concéntrese. Sitúese. Tiene una causa: búsquela. ¿La encuentra? No, ésta es la causa más inmediata; hay otra, anterior. A la causa mayor siempre se adhieren otras más próximas, punzantes, a las que aquella guía y anima con razones que parecen evidentes. La causa mayor tiene que ver con la herida en su origen, la de todos. Las demás también tienen que ver con ello, pero desde la pequeñez de la existencia, que siempre es individual.

*

Sienta el dolor del otro en su violencia. ¿Cuántas sensaciones antiguas se suman en una sensación? Sienta el dolor del otro en su violencia porque es allí donde su propia violencia acaba: él es la diana para la flecha.

Si, apartado en sus propios márgenes, toma distancia del mí, percibirá algo así como un crujir de papel de seda: ese sonido, el de las entrañas dañadas, desafinadas, désaccordées: en su acuerdo de cuerdas, desunidas.

Nadie crece si no es afinando, armonizando las cuerdas que, sometidas a los embates del exterior, se destemplan y pierden el tono.

*

Ya no hay espacio entre los gestos. Estos huecos que hacen el tiempo –o la conciencia del tiempo, en realidad es lo mismo–. Y ahora que no hay tiempo, decide exponer a la observación el instrumento que entretiene la ilusoria tramoya del drama. Pero observar ¿en qué espacio, si no hay tiempo? ¿O lo sigue habiendo, puesto que hablamos?

*

El universo, tejido de causas y causas de sus causas, zozobra. Todos zozobramos. Nada hay que nos sostenga, ni los hombros de un Atlas, ni la mano de un Dios, ni la tortuga-Visnu. Considere cuánto daño hicieron las iglesias, cuánto la necesidad de creer, cuánto el miedo, y cuánto la avaricia. Cuánto dolor causa nuestra ignorancia. Considere. Iniciemos el duelo.

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Detrás de un arbusto, le pareció entrever un objeto pálido. Ha pasado de largo. Del camino, o del texto. Se detiene. Quiere volver atrás. Hace el ademán de volverse. No lo haga, siga adelante. No lo sepa, no. Deje, siempre que pueda, algo sin saber, algo sin ver del todo, algo sin entender. No se vuelva. Deje que la ignorancia acuda a la conciencia y realice en usted el milagro de la humildad.


LA TENDENCIA DEL OJO

Todos éramos inocentes. La primera vez que herimos. La primera vez que matamos. La primera vez.

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¿Qué víctima no es culpable? ¿Qué verdugo no es víctima? Inextinguible la rueda de la acción. La existencia-rueda. Y fuera de ella ¿qué? El eco de los desamparados, verdugos y víctimas de todos los que fuimos, de todos los que somos y habremos de ser.

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Séneca: “Perdoné a uno por su dignidad, a otro por su bajeza; cuando no encontré ninguna razón de misericordia, me perdoné a mí mismo”.

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Cuidar los actos, su intención: la tendencia del ojo. Todo aquello que miramos deja en el ojo un residuo que se extiende por todo el organismo.

Un organismo ciego, el que formamos con todo y entre todos. Cuidarlo es cuidarnos, destruirlo es destruirnos.

Chantal Maillard. La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

 

La cura. Chantal Maillard

 

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Atrás. La mano sobre el pecho donde a veces las otras acuden. Inicio el descenso de la memoria. Pues de descender se trata aunque, de acuerdo con la apreciación del tiempo sucesivo en el estado de vigilia, se lo llamaría retroceder. Sigo bajando hasta que me encuentre con algún obstáculo, algo que me impida pasar con soltura entre las imágenes. Ahí está. Me detengo. La mano. Atiendo. Y acude una sensación. Percibo el miedo. Hay fuego en la chimenea. La niña juega con los rescoldos. Los papeles arden, las cenizas revolotean y terminan posándose en su pelo como copos de nieve sucia. Ceniza delatora. No juegues con el fuego: una orden, la primera orden de un padre al que acaba de conocer. Una prohibición es suficiente para que se repare en el objeto prohibido: había fuego y se podía jugar con él. La confianza, tan reciente y endeble, puesta a prueba y, luego, la transgresión. La niña tiembla. Percibo el temblar. Entonces le hablo, le dicto los gestos. La guío hacia él, hacia el regazo nunca ofrecido, nunca deseado. Y son ellas, ahora, todas ellas, las que ponen su mano múltiple en el pecho del padre donde, inesperadamente, percibo algo insospechado: la razón o raíz de su retraimiento, de su tristeza, su íntima condena. Su soledad, también. La niña lo abrazó. Por su mediación, yo le abracé. Su consuelo, ahora, es en mí, y de ambos su paz. Que los muertos descansen en paz significa que hemos de curarles, procurarles la paz con la cura.

Lo que hacemos aquí, se hace en otra parte. Lo que se hace ahora, se hace en otros tiempos.

[…]

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Somos más de una, somos muchas.
Y los tiempos de una existencia son reversibles.

Enviar a la que sabe hacia aquella que no sabe.
Hacerse compañía.

[…]

*

Necesidad de mediación. Se necesitan mediadores (dioses, ángeles, santos, animales y otros, según el código que se utilice) cuando se desconoce el poder de la voluntad –lo cual es sin duda un bien en épocas oscuras–. Quienes lo conocen saben que el invocado, quien invoca y la propia invocación son una misma cosa.

Acudo a ellas, las que fui, y mi presencia allí las cura en mí.
Retroacción para la cura.
¿Cómo arranca el movimiento circular? Con una convicción, una demanda y una escucha.
La fuente está donde la voluntad. No teniendo, entonces, se tiene. Quién hace daño deliberadamente, se seca.

Metáforas antiguas que podrán, sin duda, renovarse, pero cumplen, no obstante, su función, por el momento.

*

¡Duele tanto, a veces, el otro! Y no es en mí donde duele, el mí no interviene, sino en Mí. Pues el centro es en todos el mismo centro. Centro-corazón que, más allá de razón alguna, no necesita conocimiento.

*

Cuanto más dejas de ser más te acercas al núcleo común. Y cuanto más te acercas al núcleo común más férrea es la ética. Entonces tú ya no eres quien requiere tus cuidados sino todos ellos.
Ocurre en el alma una transformación. Ya nada es misterio.

[…]

Chantal Maillard. La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Fotografía de Franco Zecchin, Enfant de Mongolie

 

El cuenco del perdón. Chantal Maillard

 

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[…]

Me ensoñé. Una tras otra, desde la más antigua hasta la última. Con la mano derecha allí donde el latido, para curar su herida. Las niñas sucesivas, las niñas de la angustia, todas, la misma herida en el tórax pequeño. Allí puse la mano y acuné. Una tras otra, les fui durmiendo el miedo, apaciguando aquellos sobresaltos de invierno bajo cielos como sábanas duras. Y aquél era el milagro, que cada una de ellas fue sumándose, que en mí era yo más que una sola, y que la mano que acunaba vino a ser la de todas las que me precedían, hasta que la primera en mí las recibía, bendecida. Y que en virtud de esta multiplicidad, a medida que avanzaban en edad, más numerosas eran las voces, a la vez madres y amantes de la misma, y todas solidarias. Y así hasta llegar a la que pudo habernos cambiado a todas el destino. Por ella, por su cercanía, su presencia en la mente que razona, el obstáculo aún persistía, siendo así que su herida y la mía eran de idéntica naturaleza y procedencia.

Llegadas a este punto, me dormí. No sé cuánto tiempo real transcurrió bajo el sueño. Lo siguiente ocurrió de repente. Un golpe, una sacudida se hizo imagen. Así adviene el símbolo: como urdimbre de amor, como resultado. De un antebrazo vendado una mano y de esa mano, como brota una flor de su tallo, otro antebrazo vendado y así, en sucesión infinita, vertical, la columna de brazos iba elevándose de la misma manera que, antaño, de niña, aquella otra columna visionaria se irguiera desde el sueño. Mientras, en mi propia caverna, el corazón, dilatado, se licuaba, en ternuras confundido.

Columna infinita somos, troncos cuyas heridas son las hojas que al caer dejan señal y cicatriz. Sucesivamente, cada herida, en el ser que crece, va dando lugar a otra, y solamente si sabemos mantenernos unidas habrá consuelo para las que han de venir.

Pequeñas almas mías que acuno en la edad madura. Han esperado tanto que no sé cómo no llegó a quebrarse el eje endurecido de su tallo. Tanta espera, tanta angustia florecida, tanta estremecida mansedumbre tornada rebeldía.

Con el dolor presente hago crisol –pues aquí converge la savia.

Lo bebo todo entero. Para bien de las que he sido.

[…]

Chantal Maillard. La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Dibujo de David Escalona.