La joven nacida. Hélène Cixous

Louise Bourgeois_10 a.m Is When You Come To Me


¿Dónde está ella?

Actividad/pasividad,
Sol/Luna,
Cultura/Naturaleza,
Día/Noche

Padre/madre,
Razón/sentimiento,
Inteligible/sensible,
Logos/Pathos.

Forma, convexa, paso, avance, semilla, progreso.
Materia, cóncava, suelo (en el que se apoya al andar), receptáculo.

Hombre
————
Mujer

Siempre la misma metáfora: la seguimos, nos transporta, bajo todas sus formas, por todas partes donde se organiza un discurso. El mismo hilo, o trenza doble, nos conduce, si leemos o hablamos, a través de la literatura, de la filosofía, de la crítica, de siglos de representación, de reflexión.

El pensamiento siempre ha funcionado por oposición,
Palabra/Escritura
Alto/Bajo

Por oposiciones duales, jerarquizadas. Superior/Inferior. Mitos, leyendas, libros. Sistemas filosóficos. En todo (donde) interviene una ordenación, una ley organiza lo pensable por oposiciones (duales, irreconciliables o reconstruibles, dialécticas). Y todas las parejas de oposiciones son parejas. ¿Significa eso algo? El hecho de que el logocentrismo someta al pensamiento (todos los conceptos, los códigos, los valores, a un sistema de dos términos, ¿está en relación con (la) pareja, hombre/mujer?

Naturaleza/Historia,
Naturaleza/Arte,
Naturaleza/Espíritu,
Pasión/Acción.

Teoría de la cultura, teoría de la sociedad, el conjunto de sistemas simbólicos –arte, religión, familia, lenguaje–, todo se elabora recurriendo a los mismos esquemas. Y el movimiento por el que cada oposición se constituye para dar sentido es el movimiento por el que la pareja se destruye. Campo de batalla general. Cada vez se libra una guerra. La muerte siempre trabaja.

Padre/hijos               Relaciones de autoridad, de privilegio, de fuerza.
Logos/escritura       Relaciones: oposición, conflicto, relevo, retorno.
Amo/esclavo            Violencia. Represión.

Y nos damos cuenta de que la “victoria” siempre vuelve al mismo punto: Se jerarquiza. La jerarquización somete toda la organización conceptual al hombre Privilegio masculino, que se distingue en la oposición que sostiene, entre la actividad y la pasividad. Tradicionalmente, se habla de la cuestión de la diferencia sexual acoplándola a la oposición: actividad/pasividad.

¡Eso es una mina! Si revisamos la historia de la filosofía –en tanto que el discurso filosófico orden y reproduce todo el pensamiento– se advierte que: está marcada por una constante absoluta, ordenadora de valores, que es precisamente la oposición actividad/pasividad.

Que en la filosofía, la mujer está siempre del lado de la pasividad. […]

Ella no existe, ella no puede ser; pero es necesario que exista. De la mujer, de la que él ya no depende, sólo conserva este espacio, siempre virgen, materia sumisa al deseo que él quiera dictar.

Y si interrogamos a la historia literaria, el resultado es el mismo. Todo se refiere al hombre, a su tormento, su deseo de ser (en) el origen. Al padre. Hay un vínculo intrínseco entre lo filosófico –y lo literario: (en la medida en que significa, la literatura está regida por lo filosófico) y el falocentrismo. Lo filosófico se construye a partir del sometimiento de la mujer. Subordinación de lo femenino al orden masculino que aparece como la condición del funcionamiento de la máquina.

La puesta en duda de esta solidaridad entre el logocentrismo y el falocentrismo se ha convertido, hoy en día, en algo urgente –la puesta al día de la suerte reservada a la mujer, de su entierro– para amenazar la estabilidad del edificio masculino que se hacía pasar por eterno-natural; haciendo surgir, en lo que se refiere a la feminidad, reflexiones, hipótesis necesariamente ruinosas para el bastión que aún detenta la autoridad. ¿Qué sería del logocentrismo, de los grandes sistemas filosóficos, del orden del mundo en general, si la piedra sobre la que han fundado su iglesia se hiciera añicos?

¿Si un día se supiera que el proyecto logocéntrico siempre había sido, inconfesablemente, el de fundar el falocentrismo, el de asegurar al orden masculino una razón igual a la historia de sí misma?

Entonces, todas las historias se contarían de otro modo, el futuro sería impredecible, las fuerzas históricas cambiarían, cambiarán, de manos, de cuerpos, otro pensamiento aún no pensable, transformará el funcionamiento de toda sociedad. De hecho vivimos precisamente esta época en que la base conceptual de una cultura milenaria esta siendo minada por millones de topos de una especie nunca conocida.

Cuando ellas despierten de entre los muertos, de entre las palabras, de entre las leyes.

Érase una vez…

De la historia que sigue aún no puede decirse: “sólo es una historia”. Este cuento sigue siendo real hoy en día. La mayoría de las mujeres que han despertado recuerda haber dormido, haber sido dormidas.

[…]

Helène Cixous, La joven nacida, in La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura. Prólogo y traducción de Ana María Moix. Ed. Anthropos, 1995, reimpresión 2001. (La fecha de publicación original en Paris de este texto de Cixous es 1975.)

Imágenes: Louise Bourgeois, “10 a.m Is When You Come To Me” (détail), 2007

Louise Bourgeois_10 a.m Is When You Come To Me

 

 

La sal curativa de Motoi Yamamoto

Motoi Yamamoto (山本基) es un artista japonés nacido en 1966, en Onomichi, que actualmente vive y trabaja en Kanazawa.  
Lo peculiar del artista nipón es que utiliza sal como material para construir sus obras. En Japón, la sal es un elemento de purificación. Por eso se considera un material indispensable en los rituales de la muerte: se suele entregar un puñado de sal a los asistentes al final de los funerales para que limpien su cuerpo tras asistir al entierro. Así, esparciendo los granos sobre ellos mismos, alejan los males espíritus y los aspectos negativos.
 
Yamamoto comenzó a utilizar este elemento cuando su hermana menor murió de cáncer cerebral con apenas 24 años. Tras el trágico fallecimiento, el artista construyó enormes y detallados laberintos de sal como ejercicio necesario para su recuperación.  Utilizar la sal como material exclusivo en sus instalaciones tiene para él un claro significado memorístico. De hecho, el artista pensaba que este material podía ayudarle a recordar los momentos vividos con su hermana, seguir la huella de aquellos recuerdos escondidos en su memoria.

Obras artísticas elaboradas con sal

Obras artísticas elaboradas con sal

Pero sobretodo, Motoi Yamamoto utiliza la sal –símbolo de la vida y de la muerte, elemento conector con la naturaleza– para purificar los espacios que interviene. Durante horas, Yamamoto dibuja en el suelo con una botella de plástico a la que añadió un caño por donde se vierte la sal empleada en armoniosos e intrincados patrones de hipnótica belleza. A su minucioso trabajo, casi obsesivo, a la repetición de su gesto ritual que se vuelve mantra, hay que añadir la elección del laberinto (o formas laberínticas) en sus creaciones (océanos, jardines flotantes, surcos de agua, universos cósmicos…). Crear o recorrer un laberinto representa, en todas las culturas del planeta, un rito de iniciación en el que superar una prueba para lograr así transformarse y renacer; en el caso de Yamamoto la prueba sería mantener viva la memoria de su hermana y compartir sus recuerdos con nosotros.


“Dibujar un laberinto con sal es como seguir el rastro de una memoria. Las memorias parecen cambiar y dispersarse con el tiempo. De cualquier modo, lo que busco es la forma de tocar un momento precioso dentro de mis memorias, algo que no puede conseguirse mediante textos o imágenes. Siempre sigo silenciosamente el rastro, que es tanto controlado como descontrolado a partir del punto de inicio, tras haberlo completado.”

Es enorme la carga expresiva que el artista japonés consigue plasmar en cada una de sus obras. Haciéndonos partícipe de su experiencia personal, Motoi Yamamoto logra atraparnos tanto a nivel estético como emocional. Su arte da en el blanco: convierte una vivencia íntima en una experiencia universal en la que todos podemos reconocernos. El artista nipón hace de su arte una cura que, sanando a uno, cuida la herida de todos.


http://www.motoi.biz

 

 

Emmeleia | Dead Can Dance

Canción dedicada a las participantes del taller La Ascesis creadora

 

Sota mono tratao no trateja mon
Uto traja satija totaja tom
Ima toja satao no trateja mon
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom
Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom

Suta mono tratao na trateja ton
Uto traja satija totaja ton
Ima toja satao uno trateja ton
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom

Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom

Suta mono tratao na trateja ton
Uto traja satija totaja ton
Ima toja satao no trateja ton
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom
Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom

 

Emmeleia es una palabra griega ἐμμέλεια que significa “armonía” o “gracia”. Era el nombre de la danza ceremonial y solemne de la tragedia en el teatro de la antigua Grecia. La letra de la canción deriva de la habitual glossolalia de Lisa Gerrard, pero aquí, para cantarla con Brendan Perry, escribió una versión fonética mucho más estructurada. Os he añadido la transcripción escrita pero en ella no se puede reconocer ningún idioma.

La canción Emmeleia pertenece al álbum de Dead Can Dance, Into the Labyrinth.  

Ruido blanco. Chantal Maillard | Fabienne Verdier

Fabienne_Verdier_Bruits_blancs_2016Fabienne Verdier, Bruits blancs, 2016. Acrylic and mixed media on canvas, 180×272cm

 

El canto de las cigarras.
El sonido de las agujas de un reloj.
El sonido del péndulo de un reloj.
La lluvia cayendo sobre un tejado de zinc.
El viento silvando por las rendijas de una puerta.
El goteo de un grifo.
El agua de una fuente.
Las olas del mar en calma.
Desgranar cuentas de cristal.
Repetir frases o palabras sin sentido.
Repasar la tabla de multiplicar.
Imaginar formas geométricas.
Recordar una canción infantil.
Cantar una nana.
Aprender un texto de memoria.
Pulsar las teclas de una máquina de escribir.
El canto de las cigarras.
El canto de las cigarras.
El sonido de la lanzadera bajo la urdimbre.
El sonido de un tambor africano.
El sonido del pedal de una máquina de coser.

 

*****

 

Regular, continuo, como el de una piedra que en eterno vaivén rebotase en las paredes de un abismo. Abrió los ojos. Salvo la rendija de la puerta entornada, la habitación estaba a oscuras. Imposible averiguar de dónde provenía. Estaba por todas partes o en ninguna, e iba en ceceando. Gritó. La rendija iluminada se ensanchó: No pasa nada, estabas soñando, dijo la abuela. La luz que enmarcaba su silueta daba brillo a su cabello tempranamente encanecido. Entornó la puerta: la luz retornó a su tamaño habitual. Se arrebujó bajo las mantas y cerró los ojos pero, al poco, el ruido volvió a producirse, y cuando más aterrorizada la tenía, más intenso. La madre acudió. Se sentó en la cama. Escuchó el silencio. Luego, procurando tranquilizarla, preguntó dulcemente por la naturaleza de aquel sonido.

*

El sonido de la aguja atravesando el cuero a cortos intervalos.
El sonido del dedal empujando la aguja.
El sonido de la hoja de afeitar desgarrando la piel siguiendo la linea de la tiza.
El sonido de la máquina de coser.

El sonido del corazón en la oscuridad.

 


Chantal MaillardLa mujer de pie: 118-119. Galaxia Gutenberg, 2015


 

Nancy Huston: “Para los seres humanos es imposible vivir fuera de la ficción”

Nancy Huston, una de las grandes figuras del panorama intelectual francés, publica en España La especie fabuladora (Galaxia Gutemberg), uno de sus textos más emblemáticos cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano.

JACINTA CREMADES | 06/07/2017


Nancy Huston

En el extremo este de París, al final de un pasaje sin salida, entre una casa de pisos y un descampado poblado de arboles frondosos, vive, como en una casita de Hansel y Gretel, la escritora canadiense Nancy Huston (Calgary, Alberta, 1953). El pasaje donde se encuentra la casa encantada tiene el nombre de un ilustre español nacido en Menorca (Orfila). Al llamar a un timbre escondido bajo una rama de un árbol que abraza la fachada en estos días de intenso y pegajoso calor, se oye un grito de una ventana en el segundo piso: “¡Ahora bajo!”. Es la autora, que se asoma sonriente, con una espontaneidad y alegría contagiosas.

Nancy Huston, mujer del recientemente fallecido Tzvetan Todorov entre 1981 y 2014, es una de las grandes figuras del panorama intelectual francés. Aquél en el que se introdujo gracias a su sensibilidad e inteligencia, cuando llegó allá por los años 70 y con apenas 20 años. Huston fue alumna de Roland Barthes, participó en movimientos a favor de la Liberación de las mujeres y empezó una carrera de ensayista que luego derivó hacia la creación. Desde siempre, la música acompaña a esta mujer de gesto desgarbado y figura elegante. Es la autora de más de una decena de novelas entre las que se encuentran Les Variations Goldberg (1981), Lignes de faille (2006) o Bad Girl (2015), obras de teatro y ensayos como Marcas de nacimiento (1998) o Reflejos en el ojo de un hombre (2012).

Estos días la editorial Galaxia Gutemberg publica La especie fabuladora, uno de sus textos más emblemáticos y cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano. Publicado inicialmente en Francia en 2008 le preguntamos a la autora ¿por qué ese texto y no otro?

Respuesta.- Se trata de los misterios del recorrido de los libros. Es un libro que ya ha sido traducido a dos o tres idiomas y me siento muy feliz con esta publicación, aunque es cierto que mi pensamiento ha evolucionado desde entonces. Estoy trabajando en estos momentos en un libro que trata de la suspensión de la empatía y me doy cuenta de que hay que tener un cierto nivel de vida para alcanzar la empatía novelesca que alabo justamente al final de La especie fabuladora. Si hoy tuviera que reescribir el ensayo, no formularía esos pasajes de la misma manera.

P.- ¿Qué efecto le produce el ver reaparecer este libro?
R.- Es uno de mis ensayos preferidos. Me cambió tanto. Estaba apasionada mientras lo escribía. Confieso estar encantada cada vez que me anuncian una nueva traducción.

P.- En La especie fabuladora, nombre que no solamente da al ensayo sino también a la especie del ser humano, parte de la problemática de que el hombre es lo que es gracias a la ficción, su manera de ver el mundo se crea a través de las historias. ¿En eso, somos una especie única?
R.- Sí, el libro desarrolla exactamente esta misma idea. Pertenecemos a la única especie que ha elaborado una segunda realidad con el fin de sobrevivir. Pienso que son las ficciones las que agrupan a los hombres, que esta cooperación y colaboración de los seres humanos fue fundamental e indispensable para la supervivencia de nuestra especie. Es lo que llamo el Arque-Texto: esta manera de enfrentar el “nosotros y los otros”, los otros representan el mal y nosotros el bien. Es fascinante que los seres humanos siempre hayan hecho lo mismo, pero también que siempre hayan vivido con sus mentes imaginarias, engendrado un segundo nivel de realidad, hilado los acontecimientos en historias, visto causalidades en todas partes, incluso allí dónde no había ninguna. Cuando truena el cielo, los animales no piensan nada. No se preguntan quién lo ha hecho, por qué lo ha hecho, qué hemos hecho para merecer esto; mientras que el ser humano sí.
Después, cuando al final de algunos cientos de miles de años las condiciones económicas permitieron la eclosión de la ciencia, descubrimos que había causas en vez de razones. Cuanto más ha ocupado la ciencia el espacio de la religión y la mitología como explicación de la realidad, tanto más el espacio imaginario ha sido liberado para el nacimiento de la novela. En las sociedades modernas, individualistas, en las que la gente ya no cree tanto ni en la magia ni en el mundo divino que nos rodea, hemos sentido la necesidad de crear otras maneras de ficción, no solamente a través de la novela, sino también en el teatro, el cine…

P.- Y esas historias que la humanidad se cuenta desde tiempos inmemorables, ¿se repiten de alguna manera a través del tiempo y del espacio?
R.- Pues la verdad es que podemos suponer que hay un aspecto darwiniano en el hecho de que, en todo el mundo, los niños adoren las historias de guerra y las niñas las historias de amor.

P.- La especie fabuladora empieza por un capítulo en el que está usted rodeada de mujeres en la cárcel que le hacen preguntas sobre el porqué de la literatura. ¿El libro es una respuesta a estas mujeres?
R.- Absolutamente, es el verdadero origen del libro y no solamente una astucia para contar una historia al principio del ensayo. En este preciso momento, algo milagroso ocurrió. De repente, entre una de las preguntas de estas mujeres y el comienzo de mi respuesta, tuve en un instante la revelación del libro. En efecto, una de las presas me preguntó: “¿por qué inventar historias cuando la realidad es tan increíble?” y me di cuenta de que los crímenes pasionales o políticos por los cuales estas mujeres estaban en la cárcel también tenían sus raíces en la ficción. Ficción no quiere decir mentira, sino un relato que permite dar un sentido gratificante o satisfactorio a un acontecimiento.
Para los seres humanos, es imposible vivir fuera de la ficción. Porque tenemos conciencia del tiempo contrariamente a los demás animales, construimos relatos que nos permiten existir y avanzar. El hecho de saber que nuestro tiempo es limitado marca toda la diferencia. Nuestra vida se constituye, de cierta manera, en un “story line”.

P.- Leo en su ensayo “Los seres humanos son magos que se ignoran” y me parece una frase emocionante. ¿Podría hablarnos un poco más sobre ella?
R.- Es un hecho que existe desde la infancia. Los niños juegan a pretender ser otra cosa u otra persona. Jamás un animal se divertiría intentando ser otro animal. Los niños no saben que son magos. Juegan de forma espontánea e ignoran el sentido del juego. Cuando hablamos de la historia de Francia, por ejemplo, o del cristianismo, o del socialismo, de lo que sea, un elemento novelesco muy fuerte se pone en marcha.

P.- En su ensayo habla de la necesidad del otro, me refiero al proceso de transmisión del lenguaje, del aprendizaje, más que a la idea de convivencia.
R.- En soledad, un ser humano no puede convertirse plenamente en ser humano, ya que pensamos con las palabras y las palabras nos vienen de los demás. Sin palabras, es imposible acceder al pensamiento. Nuestro ser se nutre de miles de años de evolución de nuestro idioma (o de nuestros idiomas si hablamos varios); es ya una gran presencia del otro en nosotros mismos, a pesar de que prefiramos olvidarnos de ello. Cuando los nihilistas (que llamo profesores de la desesperanza) dicen “paso de los demás, no necesito a los otros”, no están siendo solamente arrogantes, sino además falsos.

P.- Algunas de sus novelas, de sus ensayos autobiográficos, tratan del tema de la identidad: ¿tiene usted la impresión que tras haber vivido en diferentes países, inmersa en diferentes culturas, tiene usted diferentes identidades?
R.- Tengo sobre todo la impresión de que los exilados, los expatriados, son más conscientes de ello que los demás. Si vivimos en una sociedad tradicional en la que los roles están distribuidos de antemano, en la que cada uno hace lo que han hecho sus parientes del mismo sexo, si nunca viajamos, no cambiamos jamás de lengua, de religión, etc., no se puede uno dar cuenta de esas potencialidades. De hecho diría que tampoco se pueden escribir novelas. Es imposible imaginarse una novela creada en una sociedad de gente absolutamente pegada a una identidad tradicional.

En realidad, la novela depende estrechamente del colonialismo. Nace en los países que poseían colonias, como Inglaterra, Rusia, Francia o España. Por un lado, porque estas colonias traían riquezas y nos dejaban tiempo para educarnos, el ocio y reflexionar sobre estas maravillosas máquinas que son las novelas… y, por otro lado, porque gracias al colonialismo pudimos comprender el carácter relativo de la identidad. Por mi parte, mis identidades están bastante próximas unas de otras. Es cierto que el hecho de haber nacido al oeste de Canadá, haber vivido en Estados Unidos, luego en Francia, pero también en el campo de Francia, en el Berry (en esa época bastante “retrasado” y supersticioso), últimamente en Suiza (también en el campo en donde la gente continúa creyendo en la brujería) ¡ha enriquecido mucho mi mirada sobre el mundo! Sin embargo, mirar a Canadá con los ojos de Nueva York o a la inversa… también me convierte en alguien frágil.

P.- ¿Define usted esta mirada como multicultural?
R.- No todos los novelistas escriben bajo estas energías. Pero si pensamos en las grandes escritoras de estos últimos años, Chimamanda Ngozi Adichie, Taiye Selasi, Arundhati Roy, Zadie Smith… tienen a menudo un pie en el mundo occidental y un pie en otro lugar. Los novelistas franceses en cambio tienden a ser tremendamente egocéntricos y me fatiga en ellos tanta belleza de estilo sin historia.

P.- En su novela autobiográfica Bad Girl (2015), habla usted de sus padres. La voz de la narradora se dirige a su ser previamente al nacimiento. Se pregunta sobre lo que fue y en cómo se convirtió en escritora. ¿Cuándo empieza a fraguarse la identidad?
R.- En la novela no me desdoblo, sino que le doy a la pequeña Dorit otro nombre que el mío, sin esconder que hablo de mí misma. Creo que es importante darle otro nombre, ya que se trata de una ficción. He cambiado tanto desde mi infancia que utilizar el “yo” hubiera podido inducir a error. En Bad Girl hablo de la construcción de la identidad pero tomando al lector como testigo para que entienda lo que ocurre. Me convierto en lectora de mi propia vida, con mis datos genéticos, una especie de locura que me vino de mi abuela alemana, el don musical de mi madre que fue una magnífica pianista, y las historias, aquellas que me contaron y aquellas que no me contaron y que tuve que descubrir por mí misma. Estamos moldeados y fascinados por todo ello. Somos el producto, no solamente del cuerpo de nuestros padres sino de las historias que arrastran, tanto personales como políticas.

P.- ¿La fascinación que dice sentir por la historia, es por la historia de su familia o por la historia en general, aquella que se convertirá en literatura?
R.- Siento un placer físico cuando entro en una historia. Reconocer, desde el segundo capítulo a los personajes. Tener una imagen de quienes son. Para mí, como explico en La especie fabuladora, es la prueba de que estamos programados para ser criaturas de ficción, porque somos personajes los unos para los otros. ¡Por eso la novela funciona tan bien!



Animaliz-arte: El libro de la selva

Gabriel-Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y lobos

Raksha, la madre loba adoptiva de Mowgli. La loba le puso ese nombre, “Mowgli”, que significa “la rana”, dado que el cachorro humano no tenía pelo.

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Baloo

Mowgli y el risueño oso Baloo

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Bagheera

Mowgli con la protectora pantera Bagheera

 

Gabriel Pacheco_El libro de la selva_Mowgli y Shere Kahn

Mowgli con el temible tigre Shere Kahn

 

El libro de la Selva de Rudyard Kipling, recreado por las preciosas ilustraciones de Gabriel Pacheco en la editorial Sexto Piso, 2013

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/El_libro_de_la_selva